03/03/2008

NO ES PAÍS PARA VIEJOS

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No soy un fan acérrimo de los hermanos Coen. Algunas de las películas más aclamadas de su filmografía, como “Fargo” o “Muerte entre las flores” no me dijeron nada en su momento y, por el contrario, algunas de las menores como “El gran salto” y “O Brother!” sí que consiguieron cautivarme. Por lo tanto, me suelo tomar sus nuevos estrenos, por mucho que vengan precedidos por las alabancias de la crítica, con una buena dosis de escepticismo.

Pero esta vez, el western sosegado, la violencia con pausa, el slasher reconvertido o lo que diablos sea esa mezcla que han conseguido los dos hermanos, me ha atrapado desde el primer minuto. Desde el primer minuto, sí, pero no hasta el último.

Joel y Ethan Coen construyen una historia de perdedores, de seres humanos que creen estar de vuelta de todo pero que se ven superados continuamente por las circunstancias. De tipos duros, que se enfrentan a las adversidades de frente para ser machacados por la espalda. De personajes sin escrúpulos con férreos códigos de honor y un buen número de personalidades complejas, llenas de baches y aristas.

Llewelyn Moss es un tipo rudo, de los que caminan durante horas por el desierto sin notar el calor y viven en una caravana junto a una chica a la que quieren sin demostrarlo demasiado. Sus problemas empiezan cuando encuentra una matanza en medio del desierto en lo que parece un intercambio frustrado de droga y una maleta llena de dinero, que se llevará sin pensarlo demasiado.

El problema es que no es el único que sabe de la existencia del dinero. Un despiadado y psicótico asesino llamado Anton Chigurh le seguirá la pista en una lenta y persistente persecución por donde quiera que vaya, sembrando el camino de muerte y destrucción.

Detrás de ambos, intentando poner orden en los acontecimientos, un veterano sheriff apura los últimos días antes de su jubilación aportando una mirada cínica y descreída a los acontecimientos.

La película discurre lenta y obstinadamente por la violenta persecución, mostrando a unos personajes en estado de gracia. Javier Bardem está perfecto en su papel de malo malísimo, aunque no sé hasta que punto merece dicho rol el oscar más que el de su compañero de reparto, Josh Brolin (que nostalgia cuando uno lo imagina con la cinta de deporte en la cabeza en las aventuras de “Los Goonies”), igualmente magistral en su creación de un personaje rudo y obstinado.

En medio de ambos, Tommy Lee Jones borda un personaje al que ya nos tiene acostumbrados y por ello no llega a sorprendernos. Uno imagina que cuando se mete en la piel de estos tipos sarcásticos y de vuelta de todo no está interpretando, sino mostrándose natural ante las cámaras.

La trama no presenta demasiados diálogos, pero los pocos que hay complementan la historia de un modo único. Las conversaciones consiguen llevar al espectador desde la angustia hacia la carcajada en décimas de segundo, con ese peculiar sentido del humor de los dos cineastas.

Tanto dichos diálogos, como los tres personajes, me mantienen totalmente absorto en la historia hasta llegar al desenlace de la misma, momento en el que el guión toma un brusco giro hacia unos derroteros que provocaron que me dispersase de forma brutal, esperando un nuevo giro que diese forma a un final que nunca llega.

Ni entendí el último tramo del guión, ni me atrapó, ni sé que es lo que intentaban los Coen, pero ni siquiera esta tara de la película mitigó la sensación de haber presenciado un film de una fuerza increíble.

No sé que pasará con la próxima, pero en su última obra, los Coen me han dejado más que satisfecho.

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Posted by Heitor at 16:28:54 | Permanent Link | Comments (8) |

18/04/2007

RIO BRAVO

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Continuando con mi aprendizaje sobre clásicos de todos los géneros, esta semana santa he podido ver uno de los más famosos westerns realizados en Hollywood y una de las películas favoritas de mi padre, Río Bravo, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por John Wayne y Dean Martin.

No he visto demasiadas películas de vaqueros en mi vida, pero las pocas que recuerdo me han gustado. De pequeño, por alguna extraña razón, me encantaba la trilogía de Sergio Leone con Clint Eastwood compuesta por “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”. Esas historias simples, de tipos salvajes, con un código de honor tan particular, cabalgando por las llanuras de Almería enmarcados por la genial música de Ennio Morricone me parecían muy emocionantes.

Aparte de estas tres películas y alguna que otra de Bud Spencer y Terence Hill, tan solo recuerdo haber visto la obra maestra que realizó Clint Eastwood sobre un par de cazarecompensas retirados titulada “Sin perdón”. Así que no fue ningún trabajo acercarme a “Río Bravo”, sabiendo que mis experiencias anteriores en el género no me habían decepcionado.

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Todo un acierto. Sus dos horas y cuarto de película se me hicieron cortas asistiendo a una historia que supone como pocas un canto a la amistad incondicional en una situación de gran tensión, rodeada de frases brillantes y situado en un pequeño escenario que tan solo comprende el saloon del pueblo, la comisaría y una de las calles.


Todo comienza con una larga escena sin diálogos en la que se ve a un tipo con pinta dePhoto Sharing and Video Hosting at Photobucket estar sufriendo un mono por falta de alcohol y sin un duro en el bolsillo entrar en un bar. Otro hombre, con cara de malas pulgas lo observa y le tira una moneda en una de las escupideras para quedarse a observar si el primero es capaz de rebajarse a cogerla. Cuando está a punto de hacerlo, el sheriff del pueblo entra en escena dándole una patada a la escupidera y desencadenando una breve pelea en la cual el cabrón de la moneda asesina a uno de los clientes a sangre fría.

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Este es el punto de partida que da pie a ir descubriendo la antigua amistad entre el borrachín, apodado Dude (Den Martin) y el sheriff Chance, que junto a un viejo carcelero al que llaman Stumpy (un genial Walter Brennan) tendrán que custodiar al asesino sabiendo que su acaudalado hermano hará todo lo posible por sacarlo de allí. Poco a poco irán apareciendo otros personajes que ayudarán al sheriff en su cometido, como el joven Colorado (Ricky Nelson), un rápido pistolero que se pondrá de su parte, la hermosa jugadora de cartas Feathers (Angie Dickinson) o Carlos (Pedro González), el camarero mexicano y fiel aliado de Chance.

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Cuando iba por la mitad del metraje, de repente acudió a mi memoria una película más moderna con un argumento semejante. Unos cuantos tipos, resistiendo en una comisaría, con un malo maloso a su cargo e intentando resistir mientras los compinches de éste intentan liberarlo. Todo esto sonaba como la conocida obra de John Carpenter “Asalto a la comisaría del distrito 13” (la cual he de decir que no he visto, pero sí el remake que llevo a cabo el realizador Jean-François Richet). Efectivamente, leyendo por ahí comprobé que Carpenter sacó de aquí la base de su historia, incluyendo como montador del film a un tal John T. Chance (el mismo que el personaje de John Wayne) cuando en realidad lo había hecho él mismo.

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Es curioso que la idea de hacer “Río Bravo”, surgiera a raíz de las feroces críticas que tanto Howard Hawks como John Wayne habían hecho de otra famos película del Oeste dirigida por Fred Zinnerman y protagonizada por Gary Cooper: “Solo ante el peligro”. Hawks opinaba que un sheriff auténtico jamás pediría ayuda a nadie por grande que fuese el lío en el que estuviera metido, así que decidió hacer una película en donde sucediese todo lo contrario. Un sheriff que rechaza la ayuda de todo el que se la brinda y aún así nunca llega a estar solo.

La elección de John Wayne para el papel principal fue evidente e inmediata, pues el actor ya había trabajado varias veces con Hawks y ambos eran muy amigos. Para el del compañero borrachón el agente de Dean Martin, al que le encantaban los westerns, le propuso al director si lo podía tener en cuenta, a lo que Hawks contestó que hablaría con él a las nueve y media de la mañana del día siguiente. El agente expresó su preocupación, diciendo que no sabía si Dino podría estar a esa hora a lo que el realizador le contestó que si quería estar allí en algún momento, que fuese a esa hora. Al día siguiente, a las nueve y media en punto, Dean Martin apareció en la reunión acordada. Hawks se sorprendió cuando el actor le dijo: “Bueno, estoy un poco reventado. Ayer hice un espectáculo hasta pasada medianoche en Las Vegas; me levanté temprano, alquilé un avión para llegar hasta aquí y me ha costado mucho cruzar la ciudad”. Inmediatamente el director le dio el que según los críticos, y el propio Dean Martin, constituyó el mejor papel de su carrera.

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Para el papel del joven Colorado Hawks, que también era productor de la película, recurrió a un cantante llamado Ricky Nelson que por aquel entonces tenía bastante tirón entre el público juvenil. Así, con dos cantantes en el reparto, no podía faltar un pequeño número musical en el que Colorado y Dude, ayudados de la harmónica del viejo Stumpy, cantan un par de canciones para aliviar la tensión antes de la tormenta mientras el sheriff contempla la escena con una sonrisa en los labios. Un buen ejemplo del canto a la amistad del que hablaba al principio.

Completan los personajes principales, el secundario cómico y la chica. El primero es el eficaz secundario Walter Brennan, probablemente el secundario más premiado de la historia de Hollywood (tres oscars en su haber). Un tipo que sacaba mucho partido a sus dientes de quita y pon (había perdido los suyos en un accidente) que construye el personaje de un viejo lisiado y simpático que media entre la amistad de Dude y Chance. En el papel de la chica tenemos a una jovencísima Angie Dickinson en su primer papel medianamente largo, a los que seguirían una extensa carrera en cine y televisión sin demasiados reconocimientos.

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Después de “Río Bravo”, Howard Hawks haría una especie de remake más oscuro llamado “El dorado”. Cuando la gente le comentaba cuanto se parecían las dos películas Hawks contestaba sin dudar: “No me importa lo más mínimo si alguien piensa que es una copia, porque la copia hizo más dinero que el original, y yo quedé muy satisfecho de ella […]. Cuando llegamos a un momento determinado de Río Bravo, teníamos que elegir entre tirar por esta dirección o por esa otra. Pero tomábamos notas para acordarnos. Al final teníamos notas suficientes para hacer otra película, así que la rodamos”.

En fin, esta película es una gran oportunidad de ver a Dean Martin en su mejor papel, alejado de los clásicos roles de vividor que le asignaron durante toda su carrera, y de ver a John Wayne en la plenitud de su carrera y admirar esa singular forma de caminar que tan bien quedaba en pantalla y que le convirtió en el cowboy más famoso de todos los tiempos.

Posted by Heitor at 15:57:22 | Permanent Link | Comments (14) |