Thursday, September 10, 2009

SPAMALOT

Photobucket

De vez en cuando, aparece una obra, ya sea en la cartelera cinematográfica o en la agenda teatral, en donde la alquimia producida por la mezcla de ingredientes, sabemos que es infalible. La calidad de los condimentos es tan elevada y el chef tan virtuoso que el resultado final no puede defraudarnos. Esta vez el menú se fraguó en tierras catalanas y esperábamos ansiosos a que apareciera por fin por Madrid. Por fin ha llegado.

Veamos cuales eran las características. Teatro + musical + comedia. Por esa parte no pinta nada mal para mis gustos (bastante amplios de miras, por otra parte), pero lo gordo viene cuando pensamos en los artífices: Monty Python en la obra original + Tricicle en la adaptación y dirección. De ese mejunje sólo puede surgir una cosa: la dislocación maxilar producida por dos horas de carcajada continua.

Spamalot es una locura del Monty Phyton más musical, Eric Idle, el tipo que canta la famosa tonadilla “Always look on the bright side of life” de “La vida de Brian”. Basándose en la película del grupo titulada “Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores”, construye un musical con numerosos sketches realizados por él y sus compañeros a lo largo de su larga vida dedicada al humor y se propone hacer una parodia de esa variedad teatral que tan de moda se ha puesto últimamente. El resultado es una explosión de surrealismo, talento y mucho, muchísimo humor.

La historia comienza cuando el rey Arturo de Inglaterra, recorre la isla para reclutar caballeros que le ayuden en sus andanzas. Por el camino, se encontrará con Lancelot, un guerrero tosco y pendenciero con un secreto oculto, el valiente Robin, un tipo que sabe que dos no pelean si uno corre más, sir Gallahad, un campesino republicano que será convertido a la monarquía por la belleza de la dama del lago y sir Bedevere, un tipo sabio pero con serios problemas de incontinencia gaseosa. Juntos irán en la busca del Santo Grial, ya sabéis, la copa que aparece al final de “Indiana Jones y la última cruzada” y que salva al bueno de Connery de la muerte en el templo de Petra.

Tricicle ficha a unos actorazos cómicos para meterse en la piel de estos descerebrados denotando un ojo igual de bueno para montar sus obras mímicas que para conseguir fichajes estrella. Los que más me impresionaron son Jordi Bosch, veterano actor de teatro, que encarna a Arturo Pendragón, un rey atontado y encantado consigo mismo, incapaz de tomar la más mínima decisión, Ignasi Vidal (actor y tremendísimo cantante) y Fernando Gil (el portero alto de la serie “La tira”), los dos más versátiles y más humorísticos de la obra, que se apoderan de sir Gallahad y sir Lancelot además de pasar por algunos otros delirantes personajes (los personajes del francés cabrón y del padre del príncipe Herbert son increíbles), Victor Ullate (el director del reality “Fama, a bailar”), quizá el más sosete pero con algún diálogo bastante bueno, Dulcinea Juárez, con una voz portentosa y moldeable (le da igual cantar un baladón que un aria que un tema flamenco, ¡que tía!) y una vis cómica genial (se nota que tiene tablas la muchacha)  y que interpreta a la dama del lago y Julian Fontalvo (tremendo actor teatral, de doblaje y cantante que interpretó a Brit y Galileo en el musical “We will rock you” y que a veces se da un aire enorme a Rick Moranis) que lo borda como el sirviente del rey. Todos ellos vigilados por un Dios de pies enormes y voz profunda y ligeramente conocida…

Es difícil destacar un solo momento. Una rana que aparece cuando menos te lo esperas, un gallo de Troya, franceses destemporizados, canciones que se mofan de todo sin complejos, caballeros que no saben cuando han perdido una batalla, interacción con la orquesta y el público, todo vale con tal de hacer reir y, es curioso como, chistes que no funcionan en la pantalla grande, cuajan perfectamente encima de un escenario.

Muchas gracias a la bella abogada por regalarnos dos horas de absoluta y despreocupada felicidad, un tesoro más valioso que todos los “corteingleses” del mundo.

P.D. Para animar a la gente a acercarse al teatro, aquí os dejo la transformación metafísica de sir Gallahad, con el tema de amor que todo musical que se precie debe incluir.

Posted by Heitor at 09:58:38 | Permalink | Comments (6)

Friday, October 24, 2008

GREASE, EL MUSICAL DE TU VIDA

Photobucket

Seguro que a estas alturas, ya nadie se sorprenderá por una nueva excentricidad que ponga sobre mí, pero sí, yo era de los que de pequeño se veía en la tele al Travolta meneando los pantalones de cuero por Sandy o al Swayce levantando a Baby en el lago para que aprendiera a dar el salto del águila aquel y no podían dejar de menear los pies y ponerse a bailar por la habitación. ¿He dicho de pequeño? En realidad todo el mundo sabe que aún no he crecido del todo.

Cuando me enteré de que llegaba a Madrid el musical de Grease, no lo dudé ni un momento. Aunque tuviera que cambiar el sonsonete tantas veces escuchado de las canciones en inglés (tell me more tell me more, you better shape up, the grease lightning y toda la parafernalia) por sus versiones en castellano, no podía perder la ocasión de ver la empalagosa historia de amor entre Sandy y Danny sobre un escenario… sobre todo si en el papel de Sandy teníamos a la impresionante Edurne.

Nada más entrar en el teatro, la sensación de regresión fue inmediata. Como si fuéramos Marty McFly cayendo en el baile del instituto donde sus padres se besaron por primera vez, nos encontramos con la edulcorada voz de Vince Fontaine, el locutor más famoso y deseado entre las adolescentes de la comarca, pinchando clásicos del blues, el soul y el rock and roll mientras las butacas se llenan.

Y por fin, el espectáculo comienza. La musiquilla de apertura se desliza entre las butacas dejando sonrisas nostálgicas a su paso y un murmullo de pies llevando el ritmo bien conocido. El cuerpo de baile se hace con el escenario, los personajes empiezan a aparecer, el espíritu está ahí… y empiezan los fallos y los aciertos.

La mayor diana, el impresionante casting de las Pink Ladies, las más malotas del instituto. Evidentemente, todos tenemos como referencia la película, así que cuando Marty, Jan, Frenchy y Rizzo empiezan a soltar sus primeras frases ante nuestros ojos, la aceptación es total. Mención especial para una chulesca Elena Gadel en el papel de Rizzo y una clavadísima Bealia Guerra en el de Marty, que provoca muchas de las carcajadas de la obra.

En la zona intermedia, nos encontramos con los integrantes de los T-birds, los rechuletas que beben los vientos por las chicas de las cazadoras color de rosa, junto con la propia Sandy. En ningún momento se ve que lo hagan mal, cumplen con su papel, tienen sus momentos de lucimiento y están graciosos… pero vistas las niñas, se nos quedan un poquito por debajo en carisma. Puede que porque sus papeles no den tanto juego, quien sabe.

Pero en la nota negativa, debo poner a su protagonista, Carlos Solano en el papel de Danny Zuko. No es que actúe mal, que no lo hace y muchísimo menos puede haber alguna crítica a las canciones que interpreta, que borda con una voz poderosísima. El problema es… que no es Danny Zuko, sino su hermano gemelo bueno y cándido. La chulería exagerada que John Travolta desplegaba cuando se encontraba en presencia de sus amigos, el macarrismo con el que trata a Sandy cuando es observado por los demás, desaparece completamente perdiendo una gran baza de la obra.

Salvando este tropiezo, “Grease, el musical de tu vida” (no entiendo muy bien la coletilla esta que le han puesto, que más parece propia de un musical sobre los Brincos) desfila en un suspiro ante nuestros ojos sin ninguna muestra de aburrimiento. Aunque supongo que el factor nostalgia es importante, así que el que no haya disfrutado de la peli en su niñez/juventud, quizá deba abstenerse a no ser que sea un loco de los musicales.

Ah, se me olvidaba… admirar a Edurne vestida de roquera en el tramo final, añade un valor incalculable al musical para el público masculino. ¡Buf!

Photobucket
Posted by Heitor at 13:15:27 | Permalink | Comments (7)

Saturday, October 4, 2008

LOS 39 ESCALONES

Photobucket

Esta vez cambio de registro para hablar, no de una película, aunque también fue una película, pero en este caso pasada a obra de teatro, pero con cambio de registro, o sea, que si antes era un thriller ahora se convierte en comedia, con aires de thriller aún así y con menos actores, pero muchos personajes… me estoy liando. Vayamos al principio.

Ha llegado a  nuestro país la adaptación teatral de “Los 39 escalones”, una novela de aventuras y espionaje de John Buchan que es más conocida por haber sido trasladada a la pantalla grande por Alfred Hitchcock, en su etapa británica, cuando se hallaba a punto de dar el salto a las colinas de Hollywood.

La obra original es una historia repleta de todos los atributos que le gustaban al gran “Hitch”: un protagonista de la calle envuelto en una trama que le viene grande, un montón de espías y organizaciones persiguiendo al pobre individuo y el clásico “Macguffin”, palabro que se inventó el director para hacer referencia al objeto u objetivo que desencadena la trama sin llegar jamás a concretarse de una forma clara. La típica excusa alrededor de la que gira la historia, tipo “he descubierto la fusión fría y tengo los planos en ese maletín negro misterioso”.

Un tal Patrick Barlow se ha encargado de trasladar el argumento de la peli de Hitchcock al género teatral, convirtiendo las aventuras del protagonista en una sucesión de gags y situaciones hilarantes, con una gran variedad de personajes interpretados tan sólo por cuatro actores. La cosa parece que no le ha ido mal, pues en Inglaterra ha conseguido el premio Lawrence Olivier y en los Usamérica un par de premios Tony.

A Madrid ha llegado con el reclamo de dos caras muy conocidas del mundo del cine y la televisión. Patricia Conde y Gabino Diego son el 50% del equipo que da vida a la colección de personalidades que desfilan por el escenario y Jorge de Juan y, el gran descubrimiento de la noche, el desternillante Juan Manuel Cifuentes, les acompañan en una de las obras más divertidas a las que he asistido.

Richard Hannay conoce a una atractiva agente británica que le habla acerca de un peligroso complot que pondrá en jaque la seguridad de Gran Bretaña. Cuando al día siguiente la encuentra muerta en su apartamento y descubre que es el principal sospechoso del asesinato, emprenderá una huida en la que tratará de desentrañar el misterio de los 39 escalones para limpiar su nombre.

A partir de este punto se desata la locura. Hannay se encuentra de repente esposado a una bella mujer con la que tendrá que compartir su aventura y se topará con cientos de personajes, interpretados casi todos por Gabino Diego y Juan Manuel Cifuentes en un prodigio camaleónico inagotable. Viajeros con una extraña verborrea, granjeros desconfiados, matones con poco cerebro, ancianos propietarios de un hostal, malos malísimos… incluso accidentes geográficos cambiantes se despliegan delante de nuestros ojos provocando que sea muy complicado no soltar la carcajada a cada momento.

El gusto por el surrealismo propio de Tricicle, mezclado con descacharrantes guiños hacia el cine del maestro y un libreto absolutamente redondo convierte a “Los 39 escalones” en un continuo disfrute y me mantuvo anclado en la butaca esperando con los ojos como platos y una perenne sonrisa en la cara al siguiente gag en un “crescendo” que parece no acabar nunca.

Si esta obra llega a vuestra ciudad, no dudéis ni un momento. La risa es una de las drogas más relajantes y beneficiosas que existen y pocas veces asistiréis a una dosis tan alta como en esta brillante parodia.

Posted by Heitor at 18:47:42 | Permalink | Comments (9)

Tuesday, February 26, 2008

GARRICK

Photobucket

Hemos esperado hasta las últimas semanas en la que la nueva obra de Tricicle estaba en cartel, pero al final, nos hemos decidido a acercarnos al teatro Gran Vía para admirar la tremenda imaginación de este trío catalán.

Recuerdo que descubrí a Tricicle en la televisión. Fue hace un porrón de años cuando, por La 2, pusieron unas cuantas de sus obras. Creo recordar que fue “Terrific” la primera que vi y recuerdo encadenar carcajada tras carcajada con las andanzas de sus personajes a través de su particular casa del terror.

Photobucket

Por el escenario empezaban a circular tipos de toda índole. El gracioso, el asustadizo, el sensato, una pareja madura, un par de adolescentes rebeldes y unos monstruos descacharrantes conformaban una de las obras más graciosas que recuerdo en un teatro.

No pasó mucho tiempo hasta que me puse a buscar el resto de sus actuaciones. “Exit”, “Slastic”, “Entretrés”… todas hacían gala de ese humor visual e inteligente que había descubierto en la primera. Tricicle pasaba a formar parte de mi sentido del humor de una manera natural.

Por fin, hace dos años, tuve la oportunidad de verlos en directo. Presentaban en la capital “Sit, o los increíbles hombres silla”. Si en la pantalla de televisión las risas eran constantes, verlos en directo suponía no poder parar. El público inundaba de carcajadas larguísimas el teatro y había veces que costaba contener los espasmos para atender al siguiente gag.

Photobucket

Cuando me enteré de que este año presentaban una nueva función, no dudé que acabaría volviéndolos a ver. El sábado, finalmente, fue el día elegido.

Con un decorado de lo más minimalista, Tricicle desgrana un descacharrante tratado sobre la risa, basándose en David Garrick, un escritor, actor y humorista del siglo XVIII que se hizo famoso por su teoría de tratar los males del ser humano mediante la risa.

Con esta excusa, el trío se luce en un buen número de sketches, en los cuales dan rienda suelta a su comicidad, histrionismo e imaginación.

Photobucket

Dos médicos en un ascensor estropeado, tres hombres embarazados, un mirón aguándole el día a un pintor, un cuento infantil inundado de efectos sonoros, un fakir con pocas ganas de pasar dolor, un enfermo muy imaginativo o una historia gráfica encima del escenario quedarán para siempre en mi memoria como un ejemplo de provocar la risa de una manera única.

A todo aquel que aún desconozca a estos tres genios quitapenas: Paco Mir, Carles Sans y Joan Gracia, les recomiendo una buena sesión de risoterapia con su nueva obra y, como no, a descubrir el resto de su hilarante currículo.

Posted by Heitor at 21:18:39 | Permalink | Comments (10)