Friday, August 21, 2009

ICE AGE 3: EL ORIGEN DE LOS DINOSAURIOS

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Se acabó el pterodáctilo de los huevos gigantes de oro. La primera película de la saga, allá por 2002, introdujo a la Twenty Century Fox en el juego de la animación, con una cuidada historia situada en la edad del hielo, en la que unos animales extinguidos tenían que devolver a un bebé humano a su familia. Una serie de cortos promocionaban la cinta, en los que una ardilla adicta a las bellotas la liaba parda.

Tres películas más tarde, después de una segunda parte en la que todo seguía funcionando bastante bien, la magia se ha acabado y la única que se sigue salvando es Scrat, la ardilla tontorrona, que está pidiendo a gritos una película propia. Aunque, teniendo en cuenta que es el mimo de la función, sin diálogos, tan sólo pura esencia clown, haría falta la pericia de un Pixar para poder llevarla a buen término (no sé cómo me arreglo, pero siempre menciono a Los Genios cuando hablo de cualquier película de animación).

En esta ocasión, Mani, Diego, Elli y las comadrejas tendrán que rescatar a Sid, el atolondrado perezoso, de un mundo perdido repleto de peligrosos dinosaurios a la vez que asistiremos a la aventura de la paternidad en la que se embarcan los mamuts. En este mundo frondoso y oculto (recuerda un poco al paraíso que buscan los dinosaurios de “En busca del valle encantado”) conocen a Buck (al que pone voz Simon Pegg, del que justo hablamos en el anterior post), una especie de cruce entre Tarzán y el personaje de Robin Williams en “Jumanji”, ágil, temerario y totalmente tarado. Vamos, un lider nato que se convierte en el mejor personaje de la película, con permiso de Scrat.

El argumento es muy simple, para no despistar a pequeños y el humor también se ladea hacia el infantilismo, con lo que los niños grandes apenas contamos con un par de carcajadas en todo el metraje. El resto oscilará entre la sonrisa y la condescendencia, lo que la pone en un plano muy inferior a las anteriores entregas.

Como todas la últimas películas para enanos, también tiene versión tradicional y plana y versión 3D con gafas rayban último modelo (con lo que si llevamos al infante de turno, siempre podemos dedicarnos a sacarle fotos para la posteridad), aunque en esta, prácticamente lo único que consigue es una profundidad de campo de la que nos olvidamos una vez metidos en la trama. Se nota que no se pensó en las posibilidades de las tres dimensiones mientras se planificaba la película, ya que la cámara no se mueve buscando sorprender, sino que simplemente adapta una historia en 2D al hecho de tener profundidad. Así como en “Los mundos de Coraline” eché de menos las gafas, en esta lo que eché de menos fueron los euros que faltaban en mi bolsillo por haber elegido la modalidad gafotas.

Así que, si tienes un habitante en tu casa de entre 3 y 7 años, no lo dudes, acompáñalo a ver las aventuras de los habitantes de la era glacial, se lo pasará en grande con las gansadas de sus protagonistas más mímicos. Si no, sigue aguantando un poco más. Los globos de la nueva maravilla de Pixar ya se ven asomar por encima del horizonte.

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Wednesday, August 19, 2009

UP

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De nuevo, el peregrino, acude al Pórtico de la Gloria a través del camino de Santiago, el religioso se acerca a La Meca, el caballero atiende a la llamada del grial, Batman se enfunda el traje negro al ver perfilarse su bat-señal entre las nubes. Toda esta chorrada inicial para decir que por fin me acerqué a disfrutar el estreno que espero cada año con impaciencia, el del nuevo truco que se traen bajo la manga los magos de Pixar.

Para entrar en harina rápidamente y que los lectores no me acusen de dar vueltas alrededor de mi cansina enfermedad verborréica, comenzaré por la conclusión: estos tipos lo han vuelto a lograr. Han vuelto a ofrecernos una historia original, con personajes de los que enamorarse, con un tratamiento hacia los infantes que no rebaja su capacidad intelectual, con momentos de humor ingenioso y otros de una ternura infinita y con un gusto por los detalles que ralla el perfeccionismo crónico. Sin embargo, esta vez no he alcanzado la plenitud casi cósmica con la que suelo salir de sus películas, sino que, habiendo momentos imborrables, hay otros que son, quizás, los más infantiles de todas sus películas. ¿Es esto malo? Más bien diferente. Mientas que los proyectos de persona de la casa disfrutarán más que nunca con pájaros de colores, perros parlantes y chistes fáciles de digerir, yo habré notado que al todo le falta un puntito para coronarse en nueva obra maestra de la animación.

Sin embargo, los genios no cesan sus destellos de perfección. El prólogo de la película, no es sólo uno de los ejercicios cinematográficos más redondos, concisos y emotivos del mundo de la animación, sino del mundo del celuloide, en general. En menos de diez minutos, Pete Doctor y Bob Peterson, los directores y guionistas de “Up”, son capaces de plasmar en imágenes, sin apenas diálogo, una de las más bellas y longevas historias de amor. Un verdadero prodigio de narración, donde nos da tiempo a sentir con el protagonista los nervios de un amor infantil, el amor puro y sin fisuras hacia otro ser humano, las alegrías y decepciones, los logros y los proyectos rotos, los miedos y las esperanzas. Diez minutos de excelencia que valen por películas enteras, por millones de besos de tornillo y por billones de encendidos, pasionales y ardientes discursos.

A partir de ese momento, una vez que nos han situado en el contexto de una vida, comienza la historia de un tierno cascarrabias con una sola idea en la cabeza: la de cumplir el sueño que él y su mujer no han podido cumplir juntos. Un viaje iniciático emprendido por un octogenario, con el carácter y la apariencia del Spencer Tracy de “Adivina quien viene a cenar esta noche” que aún tiene muchas cosas que aprender y un inocente chaval que busca la atención de un padre ausente. Un torbellino de colores, gags e imaginación desplegado ante nuestros ojos a la vez que se van moviendo con maestría, diferentes sedales que consiguen atrapar en sus cebos a cualquier espectador presente en la sala.

De nuevo, tenemos la posibilidad de verla en 3D, sin que esto sume demasiado valor, ya que en ningún momento pretenden los autores colocar la espectacularidad por encima de la historia, salvo en unos preciosos y detallistas paisajes que provocan que tengamos ganas de atarnos unos cuantos globos a la silla del trabajo y dejarnos caer por alguna tierra paradisíaca.

Lo malo de todo esto, es que vuelve a faltar un año para asistir al siguiente regalo de la que se está convirtiendo, pasito a pasito, en la más grande fábrica de sueños animados de la historia.

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Tuesday, August 18, 2009

LOS MUNDOS DE CORALINE

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Pues ya hemos agotado la primera parte de las vacaciones. Qué razón tenía Einstein cuando hablaba de la relatividad temporal. Hay que ver lo lentas que pasan algunas horas y lo rápido que pasan otras. En fin, vayamos al tajo con una de las películas que pasaron por nuestra cartelera hace poco.

Henry Selick es uno de los casos de abducción de portada más claros de la historia del cine. Un tipo bajo cuya batuta se orquestó una de las más bellas, imaginativas y poderosas películas de animación del mundo del celuloide y a pesar de ello un enorme desconocido entre el público medio, fagocitado su nombre por un pequeño genio con pelos de loco y gafas imposibles.

La película en cuestión es “Pesadilla antes de navidad”, la joya de animación stop-motion (que no es más que la creación de animación con figuras reales que se va realizando foto a foto, con más paciencia que un santo) cuya imaginería salió de la mente de Tim Burton. La historia, el humor y los personajes tienen su estilo hasta tal punto de que se acabó vendiendo como “Pesadilla antes de navidad de Tim Burton”. Sólo los que estuvieron en el larguísimo rodaje sabrán qué parte de la genialidad se debe al oscuro Burton y qué porcentaje de magia proviene de la dirección de Selick (algo así como las dudas razonables que existen en la dirección de “El tercer hombre”, película dirigida por Carol Reed, pero con un aire “Orsonwellesco” muy evidente).

Después de la joya pesadillesca (en todos los sentidos), Selick se zambulló en un cuento del prolífico Roald Dahl y filmó “James y el melocotón gigante”, una película entrañable y entretenida pero desprovista de la genialidad de la anterior. Las dudas sobre su capacidad para extraer magia de su chistera de director se instalaron definitivamente en la mente de la cinefilia mundial cuando salió a la palestra su siguiente trabajo, “Monkeybone”, un insulso y fallido híbrido de animación y personajes reales protagonizado por Brendan Fraser.

Ocho años después de aquel último intento por conquistar a la audiencia, Selick vuelve a la senda abierta por Jack Skellington, el rey de las calabazas, con una historia oscura e hipnótica, quizá demasiado siniestra para gran parte de los niños que se atrevan a acercarse a los mundos de la resuelta y atrevida Coraline. Vuelve a esa dualidad luz-oscuridad que puebla los mundos “Burtonianos”, aunque Selick se posiciona en un extremo diametralmente opuesto. Cuando para Tim Burton la vida real es gris, aburrida y cruel y el tenebroso mundo de lo fantástico es divertido y magnético, para Selick las tornas cambian totalmente. A pesar de que el otro lado del espejo pueda parecer repleto de luminosidad y diversión, está construido con engaños y maldad y es en la cotidianeidad de una casa vieja y unos padres insulsos donde de verdad se encuentra el amor y la chispa de la vida (pequeño anzuelo para el patrocinio del blog a cargo de alguna famosa bebida de extractos).

De nuevo, me lío. Más de medio post y aún no he dicho de que va la peli. Solucionémoslo: Coraline es una niña que se acaba de mudar al auténtico centro de ninguna parte, a una casa vieja, grande y descuidada, rodeada por vecinos de lo más estrafalario, un chaval bastante raruno y unos padres demasiado ocupados delante de la pantalla del ordenador como para prestar atención a su revoltosa hija.

Pero una pequeña puerta disimulada en la pared la lleva por las noches a una dimensión paralela, en donde sus otros padres son atentos y divertidos, donde su amigo raruno es mucho menos pesado y más alegre y donde sus vecinos la colman de atenciones. Sin embargo, algo parece no cuadrar. No hay más que mirar a los ojos de sus nuevos amigos para darse cuenta que su mirada tiene algo de terrorífico.

Continuando la moda imperante, la película viene con el atractivo de poder disfrutarla en 3D y se nota que su planificación está orientada a hacerla muy vistosa en este sentido. Con el ajetreo de las últimas semanas, cuando llegó el momento de acudir al cine, ya no encontré ninguno en el que me dieran las gafas mágicas y me perdí el festival visual que esto podía suponer. Aún así, Selick se apunta un gran tanto en su empeño por recuperar el prestigio que le ha sido esquivo, con una historia que podría recordar al causante de sus males. Esperemos que, esta vez, la gente empiece a recordar su nombre.

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Thursday, April 30, 2009

PONYO EN EL ACANTILADO

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¿Os cuento un chisme? Así, en plan secretito, entre vosotros y yo, sin que se entere nadie más. Pues un amigo de un amigo del primo del vecino de un rotulista de tebeos ánime que conoce al que le recoge la ropa para el tinte al sobrino de Miyazaki, me ha contado de buena tinta que Hadao Miyazaki… sí hombre, ya sabéis, el abuelote responsable de películas como “La princesa Mononoke” o “El viaje de Chihiro”. ¿Situados? Bien, pues, como decía, Hadao Miyazaki  últimamente no se hablaba mucho con su hijo, Goro Miyazaki, depués de que el primero dijera del segundo, cuando empezó a hacer su film de debut, “Cuentos de Terramar”, que no estaba preparado para embarcarse en un proyecto de ese calibre. Pues me ha contado, que se ha basado en su hijo, para dar forma al niño protagonista de su nueva película, a ver si limaban asperezas. Y visto lo visto, no es por malmeter, pero si el hijo no le perdona después de parir un personaje tan delicioso, es que no tiene corazón.

El caso es que Miyazaki ha dejado de lado la parte oscura y profundamente metafórica de sus últimas películas para construir un cuento para niños, más sencillo pero no por ello más simple: la historia de un pez enamorado de un niño que quiere volverse humano para estar con él. Una fábula en donde no hay malos, los personajes caen simpáticos (que lance la primera piedra el que no quiera achuchar a Ponyo todo el rato, que será catalogado como ser inerte carente de sentimientos) y en la que le queda tiempo para plasmar alguna de sus constantes, como el respeto a la naturaleza, los personajes femeninos con gran carácter o su manía de tratar a los niños como si fueran seres pensantes y no animales con el raciocinio de una ameba, como hacen muchas películas de animación.

Una animación tradicional cuidada y plagada de detalles, una banda sonora envidiable a cargo de Joe Hisaishi y la frondosa imaginación de Miyazaki vuelven a brillar en la historia del pececillo enamorado. De nuevo toman forma ante nuestros ojos personajes entrañables, criaturas que cambian de aspecto con la maleabilidad del blandi-blup y entrevemos la extensa mitología que tienen en el país del sol naciente.

Una película perfecta para acercar a una sala de cine a los más pequeños, como hace tiempo que no se hacen. ¿Cuál es la última película de animación tradicional, genuinamente infantil que recordáis, en la que los mayores no tuvieran la impresión de estar tirando dos horas de su vida al contenedor de basura? A la espera del resurgir de la sección de animación artesana de la Disney, si es que llega a producirse, el mago nipón es uno de los últimos reductos que resisten a la idiocracia generalizada en el espacio cinematográfico dedicado a los más pequeños.

Si tenéis alguna excusa en forma de hermano, sobrino, hijo o niño prestado por debajo de los ocho años, no dudéis en dar el paso al frente para acompañarlo a una sala. Si no, no os queda otro remedio que admitir que a veces, os encanta seguir sintiéndoos niños.

 

P.D. para Palita: aquí tienes una buena oportunidad para acercarte a una de las películas de nuestro trato en pantalla grande. Si por casualidad llega a algún cine de la ciudad compostelana, no pierdas la oportunidad.

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Tuesday, March 3, 2009

VALS CON BASHIR

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¿Frikismo o experimentación? Pues depende del punto de vista, pero si me dicen hace 15 años, cuando veía cómo el “Chuache” repartía guantazos o las aperturas de patas de Van Damme, que iba a pagar por ver en el cine un documental israelí de animación en versión original sobre la guerra del Líbano, probablemente me hubiera partido de risa en la cara del adivino. Si encima me hubiese asegurado que me iba a gustar, probablemente hoy no estaría aquí escribiendo esto por haber muerto a consecuencia de la falta de oxígeno en el cerebro, de las carcajadas.

Aunque, bien pensado, si de peque disfrutaba con una obra tan rompedora, extraña y poética como “Fantasía”, de Walt Disney, el salto hacia la peli que hoy trato tampoco es para tanto. ¿Llevaba ya el frikismo en mi mapa genético? ¿El “gafapasta”, nace o se hace?

Dejémonos de psicología para tarados y vayamos al lío.

La película es un vehículo para que Ari Folman, su director y guionista, exorcice los demonios que le rondan desde que, a principios de los ochenta, le tocara hacer la mili durante la guerra del Líbano en el ejército israelí. Por aquel entonces, se produjo una sangrienta matanza en Sabra y Chatila, en la que centenares de refugiados palestinos murieron a manos de las armas israelíes. Se supone que Folman coincidió en el espacio y el tiempo con este deplorable episodio, pero su mente ha bloqueado cualquier imagen relativa al hecho. Tan sólo pequeñas fotos mentales de una playa, unos cuantos compañeros en el agua y poco más.

Hace mucho tiempo que no ha pensado en esta laguna en su memoria, pero la conversación con un amigo, en la que le relata un extraño sueño, en el que es perseguido por 26 perros, inicia un viaje por sus recuerdos. Las entrevistas con otros compañeros presentes en el ejército aquella época, servirán como guías hacia el descubrimiento.

El planteamiento del director intenta un acercamiento a la catástrofe desde la exposición, más que desde la denuncia. No se posiciona ideológicamente, ni siquiera moralmente. No son necesarios discursos para demostrar que la guerra es una característica estúpida inherente al ser humano, ni el hecho de que asesinar a sangre fría personas indefensas es una aberración. Ari Folman se limita a dejar hablar a sus interlocutores, permitir que fluyan sus miedos y plasmar sus palabras en dibujos, a veces puramente oníricos, a veces crueles, pero nunca buscando la parte morbosa de sus historias.

Los dibujos, a caballo entre el formato flash, la animación tradicional y una pizca de 3D, le sirven a Folman para poder acceder a las ensoñadoras imágenes que los entrevistados tienen en su cabeza, mundo al que, por medio de la imagen real, hubiese sido incapaz de introducirse. Asimismo, los tonos cálidos y las metáforas visuales sirven para distanciarse de un hecho tan crudo como lo es cualquiera relacionado con una guerra, centrándose más en la psicología de los personajes y sus laberintos mentales que en sucesos concretos, a los que podríamos acceder a través de cualquier hemeroteca, o tirando de Mr. Google.

Tan sólo en los últimos segundos de la cinta, la animación deja paso a unos instantes de realidad, en el momento en el que la urna que mantiene las imágenes de la tragedia aisladas de las neuronas que pueblan el consciente de Folman, estalla vertiendo todo el horror, la impotencia y la tristeza de un nuevo sinsentido en la historia de una raza de la que, en ciertos momentos, dan ganas de darse de baja de forma irrevocable.

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Thursday, December 11, 2008

BOLT

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La sombra de las camisas hawaianas de John Lasseter es alargada. Tanto que, viendo que Pixar revolucionaba la animación mundial de forma tan sólida y aplastante, los de Disney, tras no dejar escapar la gallina de los huevos de oro comprando la compañía del flexo, propusieron al niño grande que se ocupara de enderezar el legado de tito Walt. Lasseter no se lo ha pensado dos veces y los cambios se han notado a la primera de cambio.

Llegó, vio, no le gustó lo que vio y la montó. Cogió una película que ya se había empezado a hacer, cambió el guión, cambió el enfoque, provocó algún enfado y alguna dimisión en la empresa y consiguió algo que hacía mucho tiempo que no veíamos, una película animada de Disney que convenciera, hiciera reír y con la que no nos dieran ganas de mandar a los guionistas a una terapia con electroshock. ¿Estaremos ante el resurgir de la empresa?

Bolt se acerca en la concepción a las películas de Pixar, pero conserva ese aire infantil, ese estilo blandito y esa visión moralizante de los clásicos de Disney. Está más dirigida a los espectadores más pequeños de la familia, con su secundario cómico y loco, su protagonista heróico y su moraleja final bien clara, para que no haya despistes.

Bolt es un perro mutado genéticamente, capaz de correr a tropecientasmil zancadas por segundo, con una fuerza descomunal, rayos láser en los ojos y un ladrido destructor que puede acabar con un ejército entero en menos que maúlla un gato… o eso es lo que él cree. En realidad, como el Truman de “El show de Idem”, vive en un mundo irreal, engañado para que su interpretación canina sea lo más real posible.

Así que se ha creído su condición de superperro y vive pendiente de que a su dueña, una niña actriz explotada por un agente sin escrúpulos (aquí igual he redundado un poco), no la toque ni un pelo el malvado Ojoverde, el malo maloso de la serie. Así que cuando, al estilo de los seriales de Batman de los años 70, el capítulo acaba con el rapto de la niña, Bolt se escapa del set para rescatarla. El problema es que en el mundo real sus poderes no parecen funcionar.

La secuencia de arranque es espectacular, con un dechado de acción propia de los inicios de las películas de Bond, acción a raudales llena de detalles cómicos y gadgets que nos ponen sobre aviso de lo que es la realidad del can, para a continuación meternos de lleno en la verdadera aventura, en la que se introduce al resto de personajes, el hamster loco de admiración, la gata cínica y descreída y unas cuantas palomas descacharrantes.

Acción, momentos tristes y reconciliación emocionante, la fórmula mil y una veces utilizada por Disney pero llevada a buen puerto. Una crítica hacia la manipulación de los niños actores, hacia el abandono de las mascotas y el eterno canto a la amistad, puesta en grano gordo para que no se les escape a los infantes.

A ver si Disney sigue por el mismo camino y vuelve a tratar con dignidad la animación tradicional, que los gráficos por ordenador y los efectos 3D están muy bien, pero seguro que una historia de las de antes, con dibujos de los de antes harían saltar las lágrimas a más de un nostálgico. De momento lo van a intentar con “La princesa y la rana” con una protagonista negra. Veamos si les sigue saliendo bien la jugada.

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Monday, September 15, 2008

WALL-E (BATALLÓN DE LIMPIEZA)

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Así como muchos esperan todos los años con impaciencia la puntual cita del genial Woody Allen con su película de turno, yo, que me distingo por tener gustos mucho menos refinados que el grueso de mis compañeros de blogs cinéfilos, espero cada año con impaciencia la nueva película de Pixar, el gran dios de la animación.

Hasta ahora, no me han decepcionado nunca y ya son unas cuantas pelis desde aquella asombrosa corriente de aire fresco y renovado que supuso “Toy Story”. Luego vinieron “Bichos”, “Toy Story 2”, “Monstruos S.A.”, “Buscando a Nemo”, “Los increíbles”, “Cars” y “Ratatouille”. Ocho películas imprescindibles, ocho dianas, ocho despliegues de talento que han colocado a la empresa de John Lasseter en la cima de la animación a mucha distancia de sus perseguidoras.

Ahora llegan con una atípica historia de amor entre circuitos y sistemas operativos. Dirigida por un habitual en los guiones de Pixar, Andrew Stanton, “Wall-E” supone un movimiento arriesgado, ya que es una película que apenas tiene diálogo en el primer tercio de su desarrollo, dejando el peso de la historia en la expresión facial y corporal de dos robots. Algo que a priori suena tremendamente complicado para una película de animación se transforma en una lección de sensibilidad, mímica y sentido del ritmo que tiene un aire al cine mudo clásico de Búster Keaton, Charles Chaplin o Harold Lloyd. Palabras mayores, amigos.

La historia comienza cuando la imagen se acerca a través del espacio a la Tierra. Nuestro planeta azul ha cambiado de color y, traspasando la basura cósmica que orbita a su alrededor llegamos a un mundo deshabitado, inundado por toneladas de porquería y con tormentas de arena azotándolo cada cierto tiempo. En medio de este ambiente inhóspito se mueve nuestro protagonista, Wall-E, un robot de limpieza al que alguien ha olvidado desconectar y que continúa apilando la basura y tratando de limpiar el desaguisado mientras desarrolla un marcado y simpático carácter.

En estas está cuando un suceso viene a perturbar su tranquila existencia. De una extraña nave aparece un robot nuevecito, brillante, con diseño Apple de última generación y bastante mala leche a primera vista. Pero los circuitos internos de Wall-E dan un vuelco, los LEDs se le ponen rojos y los microchips se le recalientan. No hay duda, el protagonista de esta historia se nos ha enamorado.

Así, por medio de estos dos protagonistas, Stanton desarrolla un cuento romántico enmarcado en una profunda denuncia del desmesurado consumismo y la apatía tecnológica en la que el ser humano del futuro ha caído, los peligros de dejarlo todo en manos de las máquinas y a favor de un ecologismo del que deja claro que nunca es tarde volver a abrazar, por muy mal que se hayan puesto las cosas.

Por si fuera poco, a los genios de Pixar les da tiempo a marcarse unos cuantos homenajes con “2001, una odisea del espacio” y dejarnos para siempre en la retina el baile espacial más romántico que hayamos visto, mientras demuestra que sigue siendo mucho mejor cuando anima personajes mecánicos o inventados que cuando lo hace con hombres de carne y hueso, a los que siempre suele prestar mucha menos atención, incluso en su importancia dentro del desarrollo de la historia.

Al acabar la película, no podemos evitar querer coger de la mano al que tengamos al lado (así que elegid bien a vuestra pareja) y pensar que aún estamos a tiempo de hacer algo antes de tener que tomar las de Villadiego dejando atrás un mundo repleto de merchandaising, objetos de rebajas y las últimas novedades en tecnología. Aunque probablemente se olvide muy rápido y acabemos en la cadena hamburguesera de turno coleccionando los mismos personajes que han intentado enseñarnos la lección. Complicaditos somos…

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Wednesday, July 23, 2008

KUNG FU PANDA

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Parece que cada crítica de película de animación que veo últimamente la empiezo igual. Si es de Pixar, alabando hasta el endiosamiento su guión, su sentido del humor y su perfección técnica y si no lo es… comparándola con las de Pixar.

Y es que la diferencia a la hora de abordar una película de dibujos entre la compañía de Luxo Jr. y el resto es tan abrumadora que parece que juegan en ligas distintas. Esto no quiere decir que “Kung Fu Panda” sea una mala película, tan sólo que desde que uno prueba el guiso de la abuela, hecho con mimo, puesto al fuego el tiempo suficiente, elaborado con materias primas de calidad superior y con su toque personal, el resto de guisos saben a poco.

En este caso, los responsables de “Shrek”, “Madagascar” o la infumable “Ratónpolis” se van hasta la lejana china para contar la historia de Po, un oso panda que sueña con ser un hacha del kung fu y pelear al lado de sus ídolos, “los cinco furiosos”.

La evasión de la prisión del malvado Tai Lung provoca que el maestro Oogway vaya a elegir a un nuevo “guerrero del dragón”, un luchador de kung fu perfecto, poderoso y valiente que descubra el milenario secreto del pergamino del dragón, pueda partirle la cara al malo y salvar a los habitantes del valle de su furia. El problema es que, parece que el sabio maestro chochea y elige al gordinflón y payaso Po para ocupar tal lugar, con el consiguiente cabreo del maestro Shifu y sus cinco alumnos.

A partir de ahí, nada novedoso. Gags visuales centrados en un personaje central simpático y torpón que gana con el excelente doblaje en castellano de Florentino Fernández, uno de esos tipos que parece que han nacido para ponerle la voz a dibujos animados. Una historia de superación, demasiado apresurada, que da la impresión de que todos podemos llegar a ser lo que queramos sin demasiado esfuerzo, tan sólo con sentido del humor y alguien que crea en nosotros. Y por último, una animación muy buena, tanto que nos mete sin dificultad en las luchas entre los animales.

El problema es que, tras una buena idea central, el guión se difumina paso a paso sin centrarse demasiado en nada. Los personajes que rodean al panda, que tan buen juego podían haber dado, se quedan en meros secundarios que apenas tienen frases ni tiempo para despertar simpatía en el público (¿como habrán aceptado Lucy Liu, Jackie Chan o Seth Rogen doblar tan sólo un par de frases en toda la película en su versión original y cuanto les habrán pagado por ello?). El protagonista absoluto es el panda y sus payasadas y parece que con eso está todo hecho.

En cuanto a las payasadas, pues hay de todo. En general son demasiado infantiles y se basan en ver a nuestro torpe protagonista golpeándose con toda clase de obstáculos, aunque hay alguna que sí consiguió arrancarme carcajadas, como la de la sesión de acupuntura, en la que creí que ni yo ni la abogada podíamos parar de reir.

El resultado final, es el que llevo pensando de las películas de Dreamworks Animation desde hace mucho tiempo. Que no le dedican el tiempo suficiente a pulir la historia, que son una mera fábrica de largometrajes animados sin verdadera alma, que se molestan más en mejorar técnicamente que en buscar la trama adecuada, que no acaban de considerar al público infantil como un ser del todo racional y que siguen tratando al género de animación como una obra menor, no comparable a un largometraje con actores reales.

Todo esto pesa en su contra y hasta que no acaben de entender que el género debe ser tratado con el mismo respeto que cualquier otro, seguiré comenzando mis críticas a sus largometrajes animados con una comparación.

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Friday, February 29, 2008

TMNT

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Primero fue la serie de dibujos en la televisión gallega. Aquella canción de entrada – “as tartarugas mutantes, viven nas cloacas…” – pasó a formar parte de mis melodías de series favoritas. Aunque los dibujos eran bastante malos, las diferentes personalidades de las tortugas eran suficientes para engancharse, unidas a esos malos malosos míticos, como el rinoceronte, el jabalí y el cruel Shredder.

Luego vinieron las películas con actores de carne y hueso y para los que por aquel entonces estábamos entre los 10 y los 15 años, fue una revolución. Unos pedazo tortugones a tamaño real, con más expresividad que actores como Dolph Lundgren y pegando unos saltos y unas patadas voladoras que ya le gustarían a Chuck Norris.

Hace unos meses llegó una nueva revisión de los héroes con caparazón, con animación por ordenador, nuevos adversarios y un argumento que trataba de devolver algo de esplendor a la saga. Un lavado de cara para rescatar a los personajes de siempre.

El argumento, el que sigue. En el cuartel general de las tortugas, la vida anda un poco revuelta. Leonardo lleva tiempo desaparecido en algún recóndito paraje, intentando adquirir suficientes conocimientos como para ser un buen lider. Raphael intenta canalizar su rabia persiguiendo malhechores en la noche, disfrazándose para no ser reconocido y convirtiéndose en un héroe local. Donatello da rienda suelta a su inteligencia y paciencia haciéndose cargo de un servicio de teleayuda de incidencias informáticas y Michelangello se gana el sueldo como animador en cumpleaños infantiles… disfrazado de tortuga.

Todos deberán volver a reunirse y limar sus diferencias ante una nueva amenaza para la humanidad que implica a unas cuantas estatuas vivientes, unos bichos muy feos que apenas dan juego y un chipimillonario que esconde un peligroso secreto. Bajo la batuta del maestro Splinter deberán aprender a pelear como uno solo para poder hacer frente a cualquier enemigo.

La película es entretenimiento puro, sin demasiadas pretensiones, a ratos demasiado infantil en los diálogos y el planteamiento y con momentos de cierta intensidad argumental y dramática. Por eso se hace bastante irregular, como si hubieran intentado hacer un guión medianamente serio y al recapacitar hubiesen querido rebajar el tono para adaptarlo a los más pequeños.

De todas formas, es una gozada ver a las tortugas creadas digitalmente. La producción tiene mimo por el detalle y se nota la voluntad de intentar hacer una película digna. Aunque hoy en día, hay series de dibujos que llegan perfectamente a este nivel y lo sobrepasan.

En definitiva, una oportunidad para los fans de la saga de disfrutar una vez más con sus aventuras y emular a nuestro galápago favorito. El mío siempre ha sido Michelangelo, el payaso del grupo – por supuesto –.

¿Cuál es el vuestro?

Leer critica de TMNT: Las tortugas ninja en Muchocine.net

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Wednesday, February 27, 2008

EL CASTILLO AMBULANTE

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Introducirse en el mundo de Hayao Miyazaki es entrar en un universo paralelo donde lo extraño parece habitual, la magia se conjuga con lo artesanal, lo moderno se torna antiguo y al revés. Su imaginación parece no tener límites y sus historias nunca son lineales ni previsibles, sino sendas sinuosas donde tras cada recodo podemos encontrar nuevos pedacitos de territorio inexplorado. Alguien dijo alguna vez que el cerebro humano no era capaz de imaginar nada que no fuera mezcla o parte de algo que ya hubiese visto, pero esa regla no se cumple con el maestro de la animación nipona.

Intentar explicar, en pocas palabras, una historia de Miyazaki, es una tarea perdida. Sus cuentos se doblan y desdoblan en miles de pliegues, sus personajes evolucionan y se transforman y la acción se va moviendo de un lado a otro sin previo aviso. No hay buenos ni malos, ni MacGuffins que valgan. Todo es un canto a la libertad creativa, las moralejas se superponen y se destruyen entre ellas y al final, lo que queda, es la sensación de haber asistido a un nuevo e irrepetible cuento arropado por las sábanas de la imaginación del genio japonés.

En su última película, Hayao Miyazaki cuenta la historia de Sophie, una niña que tras una extraña maldición, se convierte en una anciana. Lejos de rendirse, Sophie coge el toro por los cuernos y se marcha en busca de ayuda, encontrando al mago Howl y su castillo ambulante.

A bordo de dicho castillo se topará con los más variopintos personajes, magos enfrentados de alucinantes poderes, tratará de huir de una cruenta y absurda guerra, se hará amiga de un elegante y silencioso espantapájaros y se encontrará con demonios milenarios.

Todo en el argumento parece concebido con el más cuidadoso mimo y mientras el azar guía las andanzas de los personajes, en realidad el espectador tiene la sensación de ser llevado de la mano con cuidado por un camino perfectamente definido. Lo que al principio parece un gigantesco y adorable caos acaba encajando de forma perfecta a medida que los personajes van aprendiendo, descubriendo sus emociones y evolucionando.

Miyazaki es el extremo opuesto a la linealidad y el esquematismo de Disney, aunque compartan ciertos valores universales. Quizá las enseñanzas traten de ser semejantes, pero los métodos escogidos no llegan nunca a cruzarse. Nada en “El castillo ambulante” pretende adoctrinar mediante discursos directos, sino que la metáfora se esconde entre la colorida y atrayente maleza de la narración.

Pocos directores me provocan las sensaciones que me provoca Miyazaki. No logro entender del todo sus películas, pero es algo que ni siquiera intento. No puedo por más que quedarme hipnotizado con sus dibujos, con sus historias, con su extraño y oriental sentido del humor.

Soy consciente de que no es un sentimiento generalizado, pues hay a quién estos argumentos pueden resultarle tediosos y confusos, pues la velocidad no es una de las cualidades del japonés. Sin embargo, quien sepa disfrutar de sus largometrajes como de una buena comida, masticando despacio y saboreando todos los matices, que se mezclan con armonía, se llevará consigo un pedacito de la sabiduría y buen hacer del enorme Hadao Miyazaki y podrá viajar plácidamente durante un rato en, como canta mi paisano Iván ferreiro, “una escena del viaje de Chihiro, con el Sincara dentro del vagón”.

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Posted by Heitor at 21:38:30 | Permalink | Comments (8)