Tuesday, February 10, 2009

BUSCANDO UN BESO A MEDIANOCHE

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Lo que tiene el azar, que a veces, pocas, se mueve esquivando la ley de Murphy y la tostada cae al suelo de todos modos, pero cae por el lado correcto.

Domingo por la tarde. El ansia de cine consigue ganar la batalla al pijama y nos preparamos para asistir a la aventura que ha preparado David Fincher sobre la curiosa vida de Benjamin Button. Pero la crisis se ha tomado un descanso justo ese día – hoy mismo aparece en el periódico la noticia sobre la falta de asistencia a las salas de cine españolas, pero no debieron constatarla precisamente este domingo – y nuestra falta de previsión, hace que nos encontremos todas las salas en las que se emite la película repletas hasta las trancas.

Así que, desmoralizados, escogemos una sala que no esté marcada en rojo y que tenga alguna película que no noquee a ninguno de los que vamos. Tras un par de intentos fallidos, escogemos una comedia independiente de la que ninguno hemos escuchado hablar demasiado: “Buscando un beso a medianoche”. Y mira tú por donde, la jugada nos sale bien, nos echamos unas risas, asistimos a diálogos y personajes trabajados y salimos los tres con la sensación de haber visto un buen film.

La historia se centra en el día de nochevieja de un adolescente deprimido por la ruptura con su novia, que aún no ha conseguido superar, y por la falta de trabajo, tras mudarse a Los Ángeles movido por la intención de darle un empujón a su carrera de guionista. Tras una experiencia algo vergonzosa con su compañero de piso y su novia, animado por estos, cuelga un anuncio de contactos en una página de internet al que contesta una chica algo desequilibrada con la que vivirá una intensa jornada.

La baza que dota a la película de una gran calidad, es la cercanía que desprenden cada uno de los personajes y de la mayoría de las escenas. Aunque su faceta cómica exagera las situaciones, estirándolas hasta exprimirles la sonrisa o la carcajada, el que más y el que menos puede verse reconocido en ellas. Lo que estamos viendo, al fin y al cabo, son dos personas que se conocen, se gustan y emprenden una batalla dialéctica en la que intentan ganar puntos para impresionar o encandilar a su acompañante.

En ese día saturado de aventuras, conversaciones, sentimientos y descubrimientos, podemos ir recogiendo ideas que vamos relacionando – ya sabéis cómo va esto de las relaciones en el cerebro humano, que a veces están cogidas con pinzas – con vivencias propias, lo que provoca nuestra empatía con lo que vemos y, finalmente, es lo que provoca la carcajada. Como en los grandes monólogos de Agustín Jiménez o Luis Piedrahita, lo que más gracia nos hace es vernos reconocidos y parodiados en sus historias.

Alex Holdridge es el encargado de escribir el guión y poner en imágenes esta historia de diálogos entrelazados e irónicos y, buceando por IMDB, veo que no es su primera vez, sino que es su tercera película para el cine con temática similar. Así como la tercera vez que trabaja con los dos actores protagonistas, Scoot McNairy y Sara Simmonds. Quizá sea este buen rollo entre los tres el que otorga a la película de ese aire de pandilla, como si fuese un amigo el que nos estuviese relatando su extraño día, ambos sentados en la penumbra de una pequeña cafetería, mientras el café se enfría en nuestra taza.

De momento, como esperaba, Fincher y su película ya me han dado una primera alegría, aunque fuera de manera indirecta y de pura chiripa. Ya me va cayendo bien el señor Button, ya.

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Tuesday, January 27, 2009

ATRAPADO EN EL TIEMPO

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Por 25 pesetas cada una, díganme títulos de películas que han dado lugar a expresiones populares… ¡Tiempo! Tic tuc tuuuu, tic tuc tuuuuu (transcribir la música del 1,2,3 no es fácil, creedme).

“Terminator” con “Sayonara, baby”, “”E.T.” con “Mi casa, teléfono”, “La guerra de las galaxias” con “Que la fuerza sea contigo”, “Atrapado en el tiempo” con “El día de la marmota”, “Scatergories” con “Aceptamos barco”. ¡Ding, ding, ding! El fallo casi me duele, es un anuncio de la tele.

Efectivamente, no son tantas las películas que dejan huella en la población añadiendo nuevas muletillas y menos aún las que acuñan una nueva definición para una sensación que todos hemos tenido pero que no había poseído un nombre propio hasta su estreno. ¿Quién no se ha levantado algún día gris de tormenta de la cama para ir a trabajar pensando en que su vida se basa en repetir una y otra vez el mismo día?

Dicha sensación se transmite a la perfección con el horrible día que Phil Connors, un presentador del espacio climatológico de una cadena nacional pagado de sí mismo, egoísta, grosero, respondón, ingenioso, tacaño y misántropo, está condenado a vivir una y otra vez en el pequeño pueblo de Punxsutawney (que levanten la mano los que hayan intentado pronunciarlo y se hayan mordido la lengua), hasta que se conoce al dedillo cada uno de los acontecimientos que tienen lugar en cada pequeño rincón de la localidad.

Con esta premisa el director, Harold Ramis, el listillo y atolondrado gafotas de “Los cazafantasmas”, consigue, con su ex compañero del trío de luchadores contra lo paranormal Bill Murray, una de las comedias románticas más acertadas de los 90, construyendo la transformación de un personaje como si de un moderno Mr. Scrooge se tratase y poniendo muy nervioso al espectador con variantes de un bucle repetido hasta la saciedad (más de uno ha sufrido un patinazo en el lóbulo temporal intentando escuchar el “I got you, babe” de Sonny & Cher tras ver la película).

A pesar de que el tal Phil es una pena de ser humano, en seguida nos ponemos de su lado gracias a esa mezcla de descarnada y cruel ironía y ternura que desprende Bill Murray. La variedad de cambios de mentalidad del protagonista es enorme: el asombro de no creerse que pueda estar pasando un suceso tan descabellado, la desesperación y consiguiente cabreo, el pataleo que le hace saltarse todas las normas sociales, la rendición y consiguientes suicidios, el aprovechamiento del día en su beneficio y finalmente la redención, aprovechando su nueva situación para ayudar a los demás, con la consiguiente caída libre hacia el final feliz y la almibarada moraleja.

Una película hecha para el lucimiento de un Bill Murray pletórico, capaz de producir empatía con el papel de un canalla ocurrente y dueño de un opaco brillo de payaso perdedor en sus ojos capaz de cautivar finalmente a la chica, una cualidad que Sofía Coppola explotaría mucho más tarde en “Lost in translation”.

Desde la primera vez que la vi, hace ya unos cuantos años, un montón de secuencias para el recuerdo se han quedado grabadas en mi mente; Phil sentado frente al televisor acertando las preguntas del juego antes de que se produzcan, tocando el piano para Rita en la abarrotada sala de fiestas, luchando inútilmente por la vida del mendigo, moldeando la imagen de la chica de la que se ha enamorado en hielo, raptando a la marmota y dejándola conducir mientras escapan de la policía, dejando caer la tostadora en la bañera… pero por encima de todo, una frase:

“Quizá Dios también hace trampas. Quizá lo que pasa es que lleva tanto tiempo aquí que lo sabe todo”.

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Friday, January 23, 2009

CUANDO ELLA ME ENCONTRÓ

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Helen Hunt siempre me pareció la clásica vecina de al lado. Pero no la buenorra a la que vas a pedir sal albergando la vana esperanza de que con una sonrisa cautivadora te diga que traspases el umbral, que dicho condimento lo guarda en un cajoncito de su habitación, sino la madre de dos niños que ves entrar todos los días con las bolsas de la compra y a la que acudes cuando pretendes que alguien haga de niñera de tus hijos, porque sabes que es una persona responsable.

En el cine la veía de una forma parecida; sin unas aptitudes excepcionales pero con una presencia lo suficientemente honesta como para quedar bien en cualquier papel de chica cercana, capaz de hacer creíbles sus problemas. Nada de sonrisas profident, ni cuerpos esculturales, ni ademanes de diva.

Cuando leí que había dado el salto a la dirección pensé que su película tenía que ser cuando menos resultona. No lo olvidemos, es una chica responsable, habrá cogido un guión con el que empatizara, se habrá rodeado de actores que la arropen, la película se desarrollará sin estridencias y pausadamente… como si alguien preparase un té con pastitas para la merienda.

Efectivamente, a esto se parece “Cuando ella me encontró”, a una merendola rodeada de amigos, contando historias y riéndose. Una comedia romántica con puntitos de tragedia que no emociona pero sí convence. Una historia pequeña que se hace algo más grande gracias al cartel con el que cuenta, esto es, la propia Helen Hunt en el papel protagonista, el muy británico Collin Firth como el potencial y perdido nuevo novio de la muy perdida protagonista, Matthew Broderick – ¿qué le ha pasado a este chico desde que se ha divorciado de la sex on the city woman Sarah Jess que ha envejecido más rápido que Walter Donovan tras escoger el grial incorrecto (aviso: chiste para frikis; no consumir si no se poseen artículos de Star Wars o camisetas que sólo entiende el 3% de la población)? – como el infantiloide y más perdido aún ex marido de miss Hunt y la impagable y descacharrante Bette Midler con el papel más jugoso de la película, la recién descubierta madre, estrella mediática, mentirosa compulsiva y poseedora de una vitalidad tan enorme que golpea sin piedad al resto de personajes que la rodean.

La historia cuenta un trocito de vida de April Epner, una chica que es adoptada de bebé por una familia judía y que se instala en una profunda crisis con treintaymuchos cuando muere su madre adoptiva, descubre que su madre verdadera es una loca señora que conduce un programa matinal visto por millones de espectadores, su marido la deja agobiado por unas responsabilidades de adulto que no quiere tener, conoce a un divorciado bastante atolondrado que tiene que hacerse cargo de dos niños y le da por pensar que se le está pasando el arroz en la aventura de parir nuevos seres. Todo un cúmulo de agobios que la zarandean de un lado para otro.

El resultado se traduce en algo más de hora y media de humor judío, situaciones que oscilan entre la ternura y la sonrisa de forma suave y liviana y el convencimiento de algo que ya sospechábamos: que Helen Hunt es una chica responsable, una de las listas de la clase que sale bien parada en cualquier empresa en la que se embarque. Sin destacar de manera endiosada pero de una forma solvente.

No se a vosotros, pero a mí esta chica me cae bien.

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Friday, June 27, 2008

PASO DE TI

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Hasta ahora no había visto ninguna de las comedias de la llamada factoría Apatow, el escritor, director y productor que se supone que ha revolucionado el género de humor en los usamérica con un humor accesible, gamberro e identificable.

Empezó la racha con “Virgen a los 40”, continuó el éxito con “Supersalidos” y “Lío embarazoso” y ahora la mitad de las comedias que nos llegan del otro lado del charco salen de esta pandilla de cachondos mentales.

Había leído que “Paso de ti” no era la mejor de las comedias de la productora, lo que hace que tenga muchas ganas de ver las anteriores, pues ha habido un buen número de momentos en los que me he partido de risa con las penas de un tipo vago, guarrete y torpe abandonado por una superestrella de la televisión.

La historia parte de ese hecho. Peter Bretter, músico frustrado y holgazán de vocación, es abandonado por su novia Sarah Marshall, gran estrella de la televisión de una de esas series horribles con argumento calcado de un capítulo a otro, de la forma más humillante y vergonzosamente graciosa posible.

A partir de ahí, el pobre Peter tratará de ovidar a su ex a toda costa organizando un viaje sin planificar al archipiélago Hawaiano, algo que nunca haría en su anterior etapa de novio casero, con tan mala suerte que por allí andará Sarah con su nuevo novio roquero, un “sex simbol” con filosofía zen y bastante imposible de odiar.

Así, todo está envuelto en el clásico celofán con pinta de comedia romántica convencional, pero con varios detalles que la diferencian de sus primas pastelosas y predecibles.

El primero es el mimo con el que Jason Segel, guionista y protagonista de la cinta, trata a su personaje, un tipo con mala suerte con el que todos nos podemos identificar en algún momento, aunque lo que se nos cuente esté siendo exagerado. Un tipo enamoradizo, sensible y con bastante sentido del ridículo que se enfrenta a personajes que dan bastante juego, como la joven pareja de recién casados con problemas para consumar el matrimonio, el camareta fumeta, el camarero fan incondicional del artista de rock, el mejor amigo raro…

Grandes bazas son también los actores elegidos. Desde el ya mencionado Jason Segel, entrañablemente patético, pasando por Kristen Bell, que está muy bien haciendo de estrella caprichosa, Mila Kunis, con unos ojazos impresionantes y enamorando al protagonista o Russell Brand, un presentador, actor y humorista británico que borda el papel de roquero chalado y ex adicto a todo.

Poco a poco todo va encajando hacia donde sabemos que se dirige de antemano, pero muchos de los gags hacen que merezca la pena el viaje.

En definitiva, tenemos la clásica comedia romántica, resultona y bastante predecible pero asentada en un guión trabajado, plagado de humor gamberro. Para desconectar el cerebro y sentir una pizca de vergüenza ajena del pobre protagonista.

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Sunday, March 16, 2008

PENELOPE

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En el festival de cine fantástico no sólo había espacio para las películas frikis de argumento inabordable, para idas de olla de japoneses pretendidamente graciosos y minimalismos varios, sino que las superproducciones usamericanas también tenían un espacio en el que hacerse hueco. Una de ellas fue la fábula blandita y moralizante con protagonismo absoluto de la otrora reina del universo del rarismo, Christina Ricci.

La historia parte de un argumento propio de cuento infantil, para ir desarrollándose en el género de la comedia romántica de alto presupuesto a lo largo de algo más de hora y media que se pasa en un suspiro.

Penelope es una adolescente encerrada en su mansión de papis ricos por culpa de una maldición lanzada sobre todas las féminas de la familia, que las condena a nacer con nariz y orejas de cerdito hasta que alguien de su misma condición la quiera exactamente cómo es. De esta manera, tendrá que sufrir constantes audiencias con jóvenes ricos casaderos, orquestadas por su superficial madre, hasta que de con aquel que no sólo se quede en la superficie y se enamore de su bondadoso carácter.

No hay nada realmente novedoso ni en argumento, ni en la puesta en escena, ni puñetera falta que hace. La cuidada ambientación, la sensación de que esta vez no están tratando al espectador como si tuviera un coeficiente por debajo de la media, la cuidadísima ambientación y un buen puñado de actores muy resultones son suficientes como para saciar las expectativas de los enganchados al romanticismo.

Christina Ricci es una buena actriz y demuestra que no sólo se la puede sacar partido en papeles de marginada o desequilibrada y es capaz de emocionar con el típico papel de tristona protagonista con corazón de oro. James McAvoy da la perfecta réplica de galán gamberro, con esa mirada desvalida que consigue arrancar sin esfuerzo los suspiros de la sección femenina del patio de butacas. Catherine O’Hara – la madre de “Solo en casa” o la histérica de “Bitelchús” – es el prototipo de madre hiperprotectora y agobiada. Reese Witherspoon se coge esta vez un pequeño papelito de macarrilla que apenas da tiempo a disfrutarla y Peter Dinklage demuestra ser uno de los pocos actores enanos capaces de hacernos olvidar su estatura a base de capacidad de actuación.

La película mezcla humor y desengaños amorosos en la estudiada proporción de este estilo de películas y el final no ofrece lugar a la imaginación, por lo tanto los que sean alérgicos al género ya saben que van a sufrir de lo lindo si tienen la obligación de acompañar a su pareja. Sin embargo, los que no renieguen del exceso de azúcar podrán disfrutar de una producción muy superior a la media de pasteladas que suelen asolar la cartelera cada año.

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Tuesday, November 6, 2007

EL GENIO DEL AMOR

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Hay veces en las que una película se queda clavada en la retina, anclada tan solo por unas cuantas escenas. Puede que el resultado final haya sido del montón, una más entre las muchas sesiones de videoclub que se amontonan en la memoria, sin embargo esos escasos fotogramas vuelven de vez en cuando a la memoria haciendo que aflore una sonrisa.

Este es el caso de “El genio del amor”, una comedia romántica, del montón aunque divertida, que cuenta entre sus actores con gente tan solvente como Tim Robbins, Meg Ryan, Walter Matthau o Stephen Fry. La historia, tampoco es nada revolucionaria. Un inteligente mecánico de coches (Robbins) se enamora de una joven (Ryan) prometida en matrimonio con un estirado psicólogo (Fry). Cuando el mecánico acude a casa de la muchacha tratando de conseguir una cita, averigua que ésta es sobrina del mismísimo Einstein (Matthau), que con su pandilla de genios despistados tratará de ayudar al resuelto enamorado.

La película es la clásica comedia de enredos y malentendidos, con protagonistas que caen bien al primer gag y secundarios que enriquecen el guión, pero hay dos escenas en concreto, totalmente descacharrantes (al menos para mí, que soy un tipo fácil… felicidades chicas), que le imprimen una importancia especial en mi filmoteca mental.

Una de ellas, muy breve, es el grupo de vejetes intentando chivarle una fórmula a Tim Robbins por mímica, sin que el cursi personaje de Fry se entere. La otra es parecida; Robbins haciendo un test en un salón de actos mientras la anciana cuadrilla le va soplando las respuestas de forma escandalosa. Vamos, dos tremendas chorradas que consiguieron partirme de risa.

Con este absurdo post inauguro una nueva etiqueta que no es seguro que albergue más entradas: Escenas, o lo que es lo mismo, películas olvidables con escenas imborrables. Toma ya.

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Wednesday, July 25, 2007

HISTORIAS DE FILADELFIA

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Ayer vimos la película que el señor Ferreiro tuvo a bien regalarle a Magú por su cumpleaños, la comedia de enredos “Historias de Filadelfia”. Una peli dirigida por George Cukor (“My fair lady”, “Mujercitas”) y con un elenco de lujo que incluye a Katherine Hepburn (“La reina de África”, “La costilla de Adán”), Cary Grant (“Con la muerte en los talones”, “Arsénico por compasión”) y James Stewart (“Anatomía de un asesinato”, “El invisible Harvey”).

“Historias de Filadelfia” está incluida en la lista de las 100 mejores películas americanas de la historia elaborada por el American Film Institute y lo cierto es que para tener este importante curriculum me decepcionó un poco. No es que no funcione como comedia, ya que lo hace, con situaciones realmente hilarantes, ni que cojee en las interpretaciones, que son su punto fuerte, sino en una trama de fondo que no me llegó a enganchar del todo. Quizá sea debido a la época en la que fue rodada y haya que mirarla con la distancia e inocencia que requiere, pero había discursos y situaciones que me resultaban difíciles de observar sin que un leve rubor mental apareciese.

La historia trata sobre una mujer de la alta sociedad que va a contraer matrimonio con un hombre que no la hace del todo feliz y recibe la visita de su ex marido, y un par de frustrados periodistas de la prensa rosa que reciben el encargo de hacer una crónica de la fastuosa boda. Los problemas, las quebraduras de cabeza y las situaciones rocambolescas no tardarán en aparecer provocando que la protagonista empiece a tener serias dudas del paso que está a punto de dar.

Como decía al principio, lo mejor de la película son sus interpretaciones. Katherine Hepburn tiene una cantidad de recursos y matices casi infinita. Es capaz de interpretar a una mujer fuerte en apariencia, con una coraza blindada hacia los demás y un halo de deidad que la hace inalcanzable para al segundo siguiente mostrar a una mujer vulnerable, insegura y necesitada de un cariño que ella misma se empeña en alejar. Una sola mueca de la Hepburn vale por toda una película de muchas otras actrices.

Cary Grant es la elegancia personificada. Mucho más comedido que en otras comedias en las que participó, interpreta de manera soberbia a un cabroncete con sentimientos. Un tipo enamorado de una mujer con la que no puede parar de discutir. Son geniales las escenas en las que coincide y discute con James Stewart. Ambos son capaces de llevar el peso de cualquier película sin despeinarse y aparecen tan naturales delante de la cámara que cualquiera diría que estamos asistiendo a un rodaje con cámara oculta.

Y para rematar mi preferido, uno de los actores que más admiro, el tranquilote de James Stewart que interpreta aquí a un escritor frustrado que ha de ganarse el pan escribiendo para una revista sensacionalista. Impagable la escena en la que llega ebrio a casa de Cary Grant iniciando una pausada discusión mientras éste último le da la réplica con una socarronería y una ironía realmente desternillante mientras Stewart lidia con un hipo juguetón (observar vídeo al final). O como aquella otra en la que descubre la verdadera personalidad de Katherine, los dos borrachos en el jardín de ella, esgrimiendo un juego de miradas, insinuaciones y reproches en la víspera de la boda.

Solo por ver a estos tres actores juntos ya merece la pena la película. Por eso y por asistir a la magia de una comedia romántica que ya no se hace hoy en día, con diálogos rápidos y entretejidos, con un ritmo rápido y ágil y sin las situaciones cargadas de azúcar de las que adolece este género en la actualidad. Una película perfecta si no fuera por cierto grado de machismo, que quizá fuera normal en aquellos tiempos pero que ahora suena algo raro.

 

alt : http://www.youtube.com/v/8b39gIMMqr8

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Thursday, May 3, 2007

TÚ LA LETRA Y YO LA MÚSICA

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Hay géneros, tanto en el cine como en la música, que están totalmente devaluados, aunque cumplan su cometido. La función de una película de terror es asustar, la de un thiller de suspense, mantener en vilo al espectador y la de un drama conmover. En general, si vemos uno de estos géneros y nos provoca lo que hemos ido a buscar, nos sentimos satisfechos. Pero con una comedia romántica, aunque cumpla la función de hacer reír y conmover a partes iguales, siempre pensaremos que estamos ante una película menor.

Pasa tres cuartos de lo mismo con el género pop en la música. En general, los grandes entendidos consideran a este género como fútil, simple y sin empaque, a pesar de que The Beatles sean considerados como uno de los mayores grupos de la historia y a su vez sean padres de la música pop, con canciones simples y fáciles de escuchar (¿o me diréis que “she loves you yeh yeh yeh” tiene un mensaje profundo?).

Pues esta película trata fundamentalmente de eso. Es una comedia romántica, consciente de sus limitaciones pero bien desarrollada. Con un actor (Hugh Grant haciendo de Hugh Grant) en un papel que le viene como anillo al dedo, con un papel autoparódico pero muchas veces desternillante, con momentos muy divertidos (atención a los títulos de crédito, con un videoclip que consiguió arrancarme unas cuantas carcajadas) y con canciones pop pegadizas, muchas de ellas compuestas por Adam Schlesinger, uno de los compositores del grupo “Fountains of Wayne” y de la conocida canción “That thing you do!” de la película de Tom Hanks “The wonders”.

Un antiguo ídolo de masas de un grupo pop (llamado Pop, y con una estética muy similar a los Wham de George Michael) de los 80, llamado Alex Fletcher, se encuentra hoy en día medio olvidado por el gran público (¿Quién se acuerda de cómo se llamaba el otro miembro de Wham?), paseando su antigua fama por festivales de tres al cuarto y actuaciones para antiguas fans, ahora cuarentonas. Pero tiene la oportunidad de volver a lo alto de las listas cuando es seleccionado por la mega estrella adolescente Cora Corman (más grande que Christina Aguilera y Britney Spears juntas según el agente de Alex) para escribirle una canción. El problema es que él siempre se ha encargado de la música, y no tiene ninguna aptitud para llenarla de palabras. Ahí es donde entrará Sophie Fisher (Drew Barrimore), la chica hipocondríaca que le riega las plantas y poseedora de un don para la rima fácil.

Así comienza una carrera contrarreloj por lograr la canción que lance de nuevo al artista al número 1 de las listas, con el consabido flechazo entre los dos protagonistas, los malentendidos, las situaciones hilarantes y el final feliz que el género requiere.

Hugh Grant se mueve como pez en el agua en un personaje que ha ido labrando comedia a comedia, de los que caen simpáticos por el aire torpe y tímido que destila, llenando con facilidad todos los planos en los que sale. Por el contrario, Drew Barrimore se encuentra algo perdida, quizá debido a un personaje menos trabajado y eclipsado por el del cantante, que lleva todo el peso de la trama.

Efectivamente, se dan aquí todos y cada uno de los mandamientos de la comedia romántica y no nos trae nada nuevo… pero funciona, y hace que salgas del cine con una sonrisa en los labios. Y eso ya es todo un triunfo.

 

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Wednesday, January 10, 2007

THE HOLIDAY

 

Es obligado que existan comedias románticas de este corte. Tiene que haberlas, de la misma forma que tiene que existir en el mundo navidades, o gominolas cargadas de azúcar, o batidos de chocolate, o esas prendas de borrego que tanto gustito dan al tacto. No a todo el mundo le gusta, pero de vez en cuando pruebas una y no entra nada mal. Son cosas que te dejan un buen sabor de boca, que sabes de antemano como van a acabar y no te importa y con las que te encuentras sonriendo aún a tu pesar.

Como es lógico, las hay mejor y peor hechas, y en este caso me encontré con una película bien hecha. Unos actores bien elegidos, un guión que mantenía la atención y momentos equilibrados de comedia y de hacer pucheros. Al frente del tinglado, una directora que, sin ser un genio, es resultona. Consiguió que nos creyéramos al machote de Mel Gibson intentando entender la mente femenina en “¿En que piensan las mujeres?” y también consiguió ese extraño triángulo amoroso entre Jack Nicholson, Diane Keaton y Keanu Reeves en “Cuando menos te lo esperas”.

El argumento trata sobre dos mujeres, con sendos desengaños amorosos, que durante unas vacaciones de navidad se intercambian las casas. Una, Cameron Diaz, trabaja en Los Angeles como montadora de trailers de películas, y vive en una tremenda casa con todas las comodidades y modernidades que uno se puede hacer a la idea. La otra, Kate Winslet, trabaja en un periódico londinense como corresponsal de enlaces matrimoniales (o algo así) y vive en algún pueblecito inglés en una casita muy mona pero de mucho menor nivel que la anterior. Al cambiar de ambiente ambas conocerán gente que les harán recapacitar sobre sus vidas y cambiar de actitud.

Los actores ingleses están mucho mejor que los americanos, no sabría decir si en esta película o en el mundo del cine en general. Kate Winslet y Jude Law lo bordan, llegando a transmitir en cada momento lo que pretende la directora. Cameron Diaz y Jack Black les van a la zaga sin llegar al nivel de los primeros, pero también sin defraudar demasiado.

Tan solo un comentario negativo sobre un recurso que no pega ni con cola. En la parte de historia referente a Cameron Diaz, ya que ella es montadora de trailers, de vez en cuando sale una voz en off haciendo un pequeño trailer sobre su vida. No se a quien se le ocurrió esta tontería pero le podían meter un tijeretazo y todo quedaría igual o mejor. Por otra parte, ya que en la otra historia el personaje de Jack Black es compositor de bandas sonoras, se le da bastante importancia a la música, que está muy bien durante todo el metraje. Llaman la atención, el score de la peli (o sea, la musiquilla que recorre toda la película, hecha de forma ex profesa para la misma), y algunos momentos musicales, como en el que suena el estribillo de Mr. Brightside de The Killers, que me recordó un montón a Ani (una vez más, gracias por hacer que la descubriese).

Para finalizar, y como he dicho al principio, se trata de una película que debe existir, pero no recomendada para público intolerante a la glucosa y al romanticismo. Muy recomendable, por el contrario, a gente que esté en ese estúpido y gratificante estado mental que supone el enamoramiento, sobre todo si va acompañado.

 

Posted by Heitor at 14:29:43 | Permalink | Comments (1) »