10/02/2008

MONSTRUOSO

Photobucket

Es curioso que dos películas de concepción tan similar como “REC” y “Monstuoso” hayan aparecido en las carteleras con tan poco lapso de tiempo entre ellas… y también una suerte. Me imagino que si llegan a estar separadas, sin ninguna duda, a la segunda se la habría acusado de falta de originalidad, de plagio de ideas, como seguramente ocurra en la mente de los espectadores usamericanos cuando les llegue el remake de la española, ya que el público medio de por allá es incapaz de implementar en el lobanillo una película doblada o subtitulada.

Estas dos películas tienen otro rasgo en común que, con el tiempo, las convertirá en obras recordadas y, por qué no, incluso podría convertirlas en películas de culto, signifique lo que signifique tal epíteto. Dicha característica compartida son las reacciones extremas, encendidas y encontradas que han provocado a su paso. Salvo una minoría, el público se ha definido claramente en fervientes admiradores y furibundos detractores. A casi nadie dejan indiferente y suelen dar mucho que hablar.

A pesar de que “REC” se instala en el terror más primitivo y “Monstruoso” se decanta por el género de monstruos (valga la redundancia) o de catástrofes, comparten, de una manera mucho más cercana que otra de las que se suelen mencionar, “El proyecto de la bruja de Blair”, una forma de rodar que aboga por el realismo en el cine fantástico, que introduce al espectador en la acción de una forma brutal poniendo la cámara en manos de uno de los protagonistas, con las virtudes y defectos que este tipo de grabación puede tener.

Está claro que aquel al que moleste la filmación hipocondríaca y temblorosa de un tipo que filma y escapa de un bicho al mismo tiempo, odiará la película, se saldrá constantemente del argumento y acabará mareado por imágenes borrosas y, en muchos casos, que no enfocan hacia nada útil. Sin embargo, el que sea capaz de sentir esas imágenes confusas y rápidas como una forma de escapar junto a los protagonistas, se encontrará con una película emocionante, tensa, con personajes con los que fácilmente podemos identificarnos y sin más pretensión que la de mantenernos pegados a la butaca sin pestañear y, si tiene suerte, crear un universo de acólitos y leyenda a su alrededor.

El argumento, en este caso, es lo de menos. Un pretexto, enorme y malvado, para contemplar la isla de Manhattan destruida, la cabeza de la estatua de la libertad cercenada – idea que se le ocurrió a J. J. Abrahams, ideólogo de “Perdidos”, “Alias”, “Felicity” y, por supuesto, la cinta de la que hablamos, así como productor, tras ver el poster de ”1997: rescate en Nueva York” – y una pandilla de adolescentes tratando de salvar sus vidas y rescatar a una de sus amigas. Sin embargo, hasta este enorme y destructivo animalejo está concebido de forma excepcional, mostrándose de refilón y fugazmente la mayor parte del film, acentuando la sensación de desamparo y desconocimiento de los protagonistas y del público.

Sobresaliente también su campaña de marketing, bombardeando la red con noticias veladas, trailers y posters sin título y construyendo todo un universo a su alrededor que se ocupó de que el boca a boca – o, en este caso, el tecla a tecla – se extendiese por todo el mundo como una gigantesca e imparable plaga y, de paso, captar una legión de admiradores aún antes de que se estrenase la película.

El resultado final es un experimento con el sabor que dejan los productos que se elaboran con mimo, con el propósito de hacer bien las cosas. Quizá algo masacrada en su país de origen, ante un grueso del público que no disfruta con esta clase de experimentos, pero que está funcionando de maravilla en el resto de los países en los que se estrena.

Si aún no la has visto, ya sabes que tendrás que escoger camiseta: ¿te apuntas a la aventura del proyecto Cloverfield o pasas de otra de bichos y adrenalina?

Leer critica de Monstruoso en Muchocine.net
Posted by Heitor at 17:08:06 | Permanent Link | Comments (10) |

11/01/2008

BLADE RUNNER. THE FINAL CUT.

Photobucket

Vaya por delante que no soy un mega fan del clásico de Ridley Scott, con trillones de visionados a mis espaldas, capaz de desmenuzar cada escena para sacar cada gota de filosofía que se pueda encontrar detrás de sus atractivas imágenes. Tan solo la había visto una vez, hace mucho tiempo (en esta misma galaxia) y los recuerdos que atesoraba cuando entré en el cine para ver esta última edición del perfeccionista director, eran erráticos y caprichosos. Escenas sueltas, algún diálogo, la banda sonora… y poco más. Así que se puede decir que me he enfrentado de una forma casi virgen (solo la puntita) a este lavado de cara de Blade Runner, por lo que no soy capaz de establecer diferencias significativas, más allá de la evidente ausencia de la voz en off que narra las aventuras de Deckard. Seguramente esto genera envidias en fans de la peli, pues ya me gustaría a mi que me borraran los recuerdos de películas como “Psicosis” o “El golpe” para enfrentarme a ellas por primera vez.

No creo que nadie necesite que le refresque el argumento, pero, por si acaso, ahí va un resumen. En un futuro oscuro y lluvioso, el ser humano ha conseguido avanzar de tal manera en la industria de la robótica y la ingeniería genética que se han conseguido fabricar seres que copian de una manera casi perfecta la anatomía y la mente humana, mejorándola en ciertos aspectos. Estos seres, llamados replicantes, son empleados en trabajos peligrosos. Tras ser declarados ilegales en nuestro planeta tras un motín, se crea un cuerpo de fuerzas especiales dedicados a “retirarlos”. Rick Deckard es uno de estos Blade Runners, que tendrá que abandonar su retiro para localizar y retirar a tres replicantes particularmente brutales.

La película está basada en un relato del psicotrópico Philip K. Dick y es una gran mezcla entre cine futurista, cine negro y propuesta filosófica sobre los temas recurrentes de Dick, la existencia, la muerte, el destino… aunque, en mi simpleza, no soy capaz de verle tanta lectura como afirman sus fans. Lo que sí veo es una potencia visual impresionante, ayudada en gran parte por el raro y magnífico “score” de un Vangelis en absoluto estado de gracia, con piezas inolvidables e imperecederas.

No hay que olvidar que “Blade runner” apareció en las pantallas en 1982, es decir, un año antes que “El retorno del Jedi”. Si las comparamos (aberración, lo sé, permitidme la licencia) en cuanto a efectos especiales y potencia visual, “Blade Runner” ha envejecido de un modo mucho menos evidente. La impresionante secuencia inicial, con una ciudad oscura, sucia, con vehículos surcando el cielo en un caos ordenado, enormes chimeneas lanzando llamas a la cargada atmósfera o el acercamiento al palacio del creador, un inmenso ziggurat tecnológico, son escenas que hacen palidecer a muchas películas hechas hoy en día.

Otro aspecto tremendamente acertado es la mezcla entre la ambientación futurista y la del cine de gangsters de los años 30, como esa sala de policía que hace que retrocedamos de un plumazo a la época de James Cagney o Humphrey Bogart (el prota se llama Rick, igual que el personaje de “Bogie” en “Casablanca”), la persecución de una replicante entre el denso tráfico de la ciudad o el diseño de vestuario, que contrasta con los coches voladores o los paraguas con mango de sable laser. Todo un intento de ofrecernos una visión ajada de las cosas en un mundo mucho más adelantado, como si ya hubiésemos visto todo eso y no llegara a llamarnos la atención.

Una película inmortal, con escenas que se quedan adheridas a nuestra mente, como el enfrentamiento final entre Deckard y el replicante Roy Batty, el monólogo final, la prematura muerte del filosófico androide y el vuelo de la paloma, una serie de secuencias tan afortunadas que son capaces de elevar una película a un nivel superior, colocando al film, a pesar de un ritmo lento y, a mi modo de ver, en determinadas ocasiones demasiado parado, en un pedestal en el mundo de la ciencia ficción y en un modelo para mucho cine que llegó después.

Leer critica de Blade runner en Muchocine.net
Posted by Heitor at 12:16:18 | Permanent Link | Comments (5) |

13/05/2007

COCOON

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Hacía ya mucho que no ponía otra peli de aquella sección titulada “Las películas con las que crecí”, es decir, aquellas cintas, casi todas de los 80, que me tenían con los ojos abiertos como platos delante de la caja tonta, con los cabezales del vídeo chirriando y que han dejado huella en la memoria quizá más allá del Alzheimer. Unas películas que me traen un aroma antiguo y muy agradable a tardes con Espinete, a piques jugando a los trompos (o la peonza, para los que no son de Vigo), a aquel primer ordenador Amstrad CPC 6128 o a enormes aventuras en bicicleta en aquellos tiempos en los que nadie llevaba casco.

La serie la inauguré con “D.A.R.Y.L” hace como mes y medio (algún día me pondré a asignar etiquetas a los posts para encontrar mejor las cosas), una película bastante desconocida por lo que pude ver en los comentarios, y con un chaval protagonista, Barret Oliver, que siempre me pareció un actorazo, pero que decidió dejar muy pronto su carrera en el cine para dedicarse a otras cosas (para los fans de Burton, que somos unos cuantos, podemos encontrar a esta chaval en su corto Frankenweenie).

Pues bien, en esta nueva entrega de la sección volvemos a encontrarnos con Barret Oliver, aunque esta vez en un papel secundario. Se trata de “Cocoon”, una amable película de 1985 (el mismo año en el que salió “D.A.R.Y.L.”) que Eli y yo nos metimos entre pecho y espalda la tarde del viernes, tratando de compensar los nervios que le hice pasar con “Los abandonados”.

“Cocoon” es una película que mezcla amistad, camaradería y amor con una dosis de cine de ciencia ficción. Me recuerda un poco a “Cuenta conmigo”, aquella película sobre la amistad en la adolescencia en la que participaba River Phoenix, pero en versión de jubilados. Tres ancianos que viven en una residencia de Florida tienen un pequeño secreto. Todos los días se cuelan en una mansión cercana para disfrutar de su magnífica piscina hasta que un día se encuentran con que unos extraños les chafan la aventura cuando alquilan la casa. Lejos de abandonar las excursiones, deciden seguir disfrutando de su descubrimiento en ausencia de los nuevos inquilinos para descubrir que poco a poco van notando una palpable mejoría en sus respectivos achaques y enfermedades.

Es una historia sencilla, donde lo que prima es mostrar a la pandilla de jubilados disfrutando de la vida, exprimiéndola como si fueran unos quinceañeros, intentando compaginar su vitalidad con el infrenable avance hacia el ocaso. La diferencia de caracteres de los protagonistas nos sirve para observar las diferentes maneras de enfrentarse al paso del tiempo, sintiéndonos atraídos por estas magnéticas personalidades de la misma forma que el nieto de uno de ellos (Barret Oliver), que se siente más cómodo con su abuelo y sus colegas que con los chavales de su edad.

Gran parte del mérito de que la película funcione tan bien son los actores. Don Ameche, Jack Gilford o Jessica Tandy (inolvidable en su escarizado papel en “Paseando a Miss Daisy”) son algunos de los abueletes, Brian Dennehy como uno de los extraños o el algo cargante Steve Guttemberg (el prota de las primeras películas de la saga “Loca academia de policía”) como un capitán de barco. Todos (menos quizá Guttemberg) construyen personajes de los que te encariñas rápidamente, que consiguen emocionar cuando los vemos recuperar de repente su juventud o a medida que vamos descubriendo secretos. Consiguen que deseemos ser parte de su pandilla, de llegar a viejos como ellos, rodeado de tus amigos y con ganas de seguir viviendo, de seguir yendo de pesca, o apuntados a clases de aerobic o viviendo alguna aventura, por pequeña e inocente que sea.

En definitiva, esta es una de esas películas que puedo ver una y otra vez sin llegar a cansarme, por su simplicidad, capacidad para dejar un regusto de lo más agradable y facilidad para emocionar. Un dulce caramelo para los sentidos.

Posted by Heitor at 01:27:00 | Permanent Link | Comments (9) |

17/04/2007

SUNSHINE

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

 

 

Volvemos con la sección de preestrenos Fnac, esta vez patrocinada por Jorge, que amablemente nos ha cedido su asiento mientras él veía como la lluvia chafaba sus planes (pa que luego digan que en Madrid no cae ni gota). Estoy convencido de que Murphy y él comparten genes.

Con una semanita de adelanto nos hemos metido entre pecho y espalda “Sunshine”, de Danny Boyle, una peli que esperaba con gran expectación. La historia ambientada en el espacio, por una parte y el director, por otra, me hacían pensar en que era muy difícil que me desagradara y así ha sido. Una película que he disfrutado de principio a fin, llena de tensión, efectos especiales y un pequeño poso para reflexionar acerca de que coño pintamos en este planeta.

La historia es simple. El sol se muere y con él el planeta en el que vivimos. Para poder reactivar la estrella se envía una nave (llamada Icarus II, que ya hay que tener ganas de arriesgar con el nombre. Como deberes para casa, repasar la historia de Icaro de la mitología griega todo el que esté interesado) que porta en su interior una bomba capaz de desencadenar una reacción suficientemente potente para que el astro siga aportando luz y calor.

Las sensaciones de agobio que iban creciendo dentro de mí a medida que se desarrollaba la historia me recordaban un poco a las que sentí la primera vez que vi “Alien, el 8º pasajero” o las de “2001, una odisea en el espacio”, por diferentes razones. La fría nave, los pasillos vacíos, el silencio del espacio o la escasa tripulación en su largo viaje tienen ciertos parecidos con la peli de Ridley Scott. Todo esto contribuye a crearte un mal rollo, una sensación de que pueden empezar a ir mal las cosas en cualquier momento que hacía que se adueñase de mí una intranquilidad continua. Por otra parte, la voz de la nave que atiende las peticiones de los tripulantes, me hacía pensar en el inquietante Hal9000 de la peli de Kubrick, aunque sin su mala leche.

Los efectos visuales están especialmente bien conseguidos y según he leído por ahí, la historia tiene su base científica. ¿Cómo podríamos irnos acercando al sol sin que se nos achicharrase la nave? Sin estar explicado rigurosamente, podemos ver cual es la solución a esta pregunta.

Otra gran razón para ver esta película en pantalla grande, además de la fotografía y los efectos especiales, es el sonido. El sonido del espacio, del sol, de la nave. Un sonido sordo, envolvente, que más que entrar por los oídos, penetra a través de la piel, metiéndote de lleno en medio de la nave. Vamos, que todos los elementos de la cinta están cuidadosamente estudiados para intranquilizar.

Los actores, no demasiado conocidos. Chris Evans (la antorcha humana de “Los 4 fantásticos”), Cillian Murphy (el espantapájaros en “Batman begins”), Cliff Curtis (uno de los protas de “Whale rider”) o Rose Byrne (la típica cara de secundaria que suena pero no sabes muy bien donde ubicar), todos muy bien en unos papeles, poco desarrollados y algo estereotipados, que quizás son el punto flojo de la película.

En cualquier caso, un film muy digno para pasar uno de esos buenos malos ratos en una butaca de cine.

Posted by Heitor at 18:18:58 | Permanent Link | Comments (2) |

25/03/2007

D.A.R.Y.L.

 

Con este título podría comenzar una categoría que vendríamos llamando “Las películas con las que crecí”. Un buen puñado de films de la década de los 80 que dejaron imágenes grabadas en mi cerebro quizá por el resto de mi existencia. Estoy seguro que, si de vejete empiezo a perder las llaves, a no acordarme de donde he puesto las gafas, o a tener problemas para recordar el nombre de mis nietos, seguiré teniendo frescas algunas secuencias de estas películas que vi cuando la memoria aún no estaba repleta de información.

D.A.R.Y.L. está rodada en 1985, por lo tanto me pillaba a mí con 8 años y el pelo cortado bastante hippie, de un rubio casi blanco, lo que hacía que montase en cólera cuando los mayores me confundían con una niña. Por aquella época, cuando el VHS era ya el formato dominante habiendo vencido al sistema BETA, éramos socios de un videoclub, situado muy cerca de nuestra casa, llamado “Buho”, al que mis padres me llevaban de vez en cuando. Entrar en aquel mundo lleno de carátulas que invitaban a la aventura, a los viajes espaciales, a los tesoros enterrados, era algo único. Como si Indy se encontrase en una vieja biblioteca con miles de libros sobre enigmas por desenterrar.

Así fue como un día descubrí esta película de corte familiar, con argumento sencillo rozando lo esquemático pero que consigue atrapar al espectador, sobre todo si eres un chaval soñador de ocho años.

Todo comienza con una persecución, donde un automóvil huye de un helicóptero por un camino forestal. En un momento, el coche se detiene y de él se baja un niño, de unos 12 años, que se esconde en el bosque. Poco después el coche continúa y decidido se tira por un barranco.

Unos abueletes recogen al chaval y lo llevan al pueblo, donde lo examinan descubriendo que posee una habilidades fuera de lo común y una amnesia parcial que le impide saber quienes son sus padres o donde ha vivido. Mientras esperan a que alguien llegue buscándolo, el niño es confiado a una familia para que lo cuide, donde irá descubriendo la amistad, el amor de una familia y todo un espectro de sentimientos que nunca había experimentado… y hasta aquí puedo leer, ya que después todo desemboca en una aventura en la que todos se irán llevando sorpresas.

El chaval protagonista se llama “Barret Oliver”, y fue un increíble actor infantil que protagonizó algunos títulos memorables como “La historia interminable” o “Cocoon” y luego se retiró del mundo del cine para estudiar fotografía, algo bastante insólito en Hollywood.

Todo es muy inocente, desde los efectos especiales, hasta la misma trama cargada de buenos sentimientos, pero es una película que se deja ver con facilidad y te deja con una sensación muy agradable.

Es curioso, pero aunque hacía muchísimo que no la veía, parecía no haber pasado el tiempo. Recordaba cada escena de forma clara. Incluso había diálogos que me sabía casi de memoria. Está claro que lo que aprendemos de niños es difícil que se nos olvide. Si conservásemos esa capacidad el resto de nuestras vidas vaya chollo que iba a ser estudiar los exámenes.

 

Posted by Heitor at 13:16:39 | Permanent Link | Comments (5) |