EL ÚLTIMO STARFIGHTER
Hoy volvemos con una sección que parecía que había quedado olvidada en un rinconcillo del blog. Una sección con olor a naftalina, a chicles bang-bang, a gaseosa de La Pitusa y a Frigopies. Estamos hablando, como no, de “películas de mi infancia”.
Esta vez nos vamos a mediados de la década de los 80. “El retorno del Jedi” acababa de confirmar el éxito de las películas de ciencia ficción con la gran acogida que supuso el fin de la trilogía galáctica. También empezaba a florecer la industria de los videojuegos, con títulos míticos como el Space invaders, en el que una nave en la parte baja de la pantalla tenía que dar cuenta de las naves más tontas y con menos pixels del mundo, que iban bajando en una simétrica formación.
Como siempre pasa, cuando algo triunfa, salen imitaciones por todas partes y para un chaval de 8 años con una enorme imaginación y predilección por las aventuras fantásticas, esto era estupendo. Película que salía plagada de naves espaciales, batallas intergalácticas y malos con toneladas de maquillaje, pues película que acababa siendo alquilada en el videoclub del barrio.
Con especial cariño, vaya usted a saber por qué, recuerdo una que llevaba por título “El último Starfighter” y que es probable que casi nadie haya oído nombrar jamás. Esta película tenía todos los ingredientes deseables, adolescente que vive una aventura y se convierte en un héroe, malos malísimos con ganas de conquistar el universo y toques de humor diseminados a lo largo de la historia. La calidad de cómo estuviese todo esto juntado es otra historia, pero por aquel entonces era capaz de meterme en la trama con demasiada facilidad para que esto me importase.
El argumento era el siguiente. Un chaval llamado Alex, que vive en un perdido campamento de caravanas, con su madre y su hermano pequeño, se siente atrapado en un lugar que no le corresponde. Mientras espera la oportunidad para volar hacia una universidad de alguna ciudad importante y una vida llena de oportunidades, pasa su tiempo entre ayudar a sus vecinos y las partidas a una máquina de marcianitos llamada Starfighter.
El día en el que Alex, consigue batir el record de la máquina y acabar el juego, un extraño personaje aparece en un coche extrañamente parecido al de “Regreso al futuro” (que se estrenó el mismo año) y le dice que el videojuego era una prueba para reclutar pilotos capaces de salvar el universo. Así que allá que se marcha Alex, dejando en la tierra una unidad Beta de sí mismo, es decir, un robot con su apariencia, para que sus vecinos y parientes no sospechen nada de nada.
Reconozco que esta es una película de esas que no envejecen demasiado bien. De todas formas, vista veinte años después, será por aquello de la nostalgia, sigue teniendo un regusto muy agradable. El personaje secundario, una especie de tortuga sin caparazón que se hace amigo del protagonista, la unidad Beta, que como si fuera el extraterrestre de “Starman” (de la que hablaré algún día), tiene puntos muy curiosos cuando se enfrenta al desconocimiento de los hábitos humanos o ese final tan típico y pretendidamente romanticón provocaron que revisionase esta película con una sonrisa en los labios.
Da gusto volver a sumergirse en los recuerdos infantiles de vez en cuando. Una terapia barata y efectiva para todo el que haya tenido una infancia medianamente feliz. Seguiremos repitiendo.











