05/03/2007

CARTAS DESDE IWO JIMA

 

Completado el… ¿como se puede llamar? Binomio, dúo, bilogía. En fin, que ya he visto las dos visiones del maestro Clint Eastwood sobre la ahora famosa batalla de Iwo Jima.

“Banderas de nuestros padres” veía el conflicto desde el punto de vista americano, y dividía la trama entre lo vivido en la isla y el regreso de tres marines a Usamérica que son elevados a la categoría de héroes para conseguir fondos destinados a la propia guerra.

En este caso toda la trama se centra en la isla, sobre ella y bajo ella. Pocos días antes del desembarco americano se produce la llegada del general japonés que liderará a su ejército en la imposible misión de contener a un enemigo que les desborda en número y armamento. Para ello elabora una táctica que va contra la experiencia y la tradición de oficiales de más edad y menor rango que aceptan a regañadientes las órdenes del nuevo.

En esta historia mucho más contenida que su pariente rica (“Cartas…” contó con un presupuesto 40 millones de dolares menor que “Banderas…”) Eastwood disecciona tres tipos de personalidades dentro del ejercito japonés encerrado en la isla. Por una parte dos oficiales que conocen la cultura americana, han pasado en el país rival una parte de sus vidas y tienen amigos allí. Estos hombres se ven divididos entre una cultura que en realidad admiran, y la lealtad hacia su imperio, sin que esto les haga menos eficientes en su obligación.

Por otra parte están los oficiales nipones que nunca han salido de su país, que entienden a la cultura americana como infinitamente inferior y que se rigen por un código de conducta basado en el honor y las tradiciones.

En tercer lugar se encuentran los soldados adolescentes, que se enfrentan a un destino ya conocido. Saben que no podrán salir vivos de aquella isla y se ven en medio de un imperio con unas normas estrictas acerca del deber y el propio instinto de supervivencia.

Con estos ingredientes el director, con gran ayuda de un acertadísimo guión de la escritora norteamericana de origen japonés Iris Yamashita, construye una historia de personajes complejos, sin buenos ni malos, demostrando que hijos de puta los hay en todas partes y en todos los bandos. La cámara del director se va paseando de puntillas entre los sueños y las preocupaciones de los personajes, sobre todo del general japonés, interpretado de forma magistral por Ken Watanabe. Entre su cara pública y las íntimas cartas que le manda a su esposa y los dibujos que le va haciendo a su hijo, comprendiendo en gran medida las aristas de una persona leal a su imperio pero con una sensibilidad y una cultura mayor que la de los hombres que le rodean.

Sin efectismos ni material lacrimógeno adicional consiguió llegar a tocar mi fibra sensible mucho más de lo que lo pudo hacer el guión tramposo de “En busca de la felicidad”. Una estructura sencilla para meterse en la complejidad de los sentimientos y las personalidades humanas. Todo ello acompañado de una fotografía parecida a la de “Banderas de nuestros padres”, gris, triste, con tonalidades de fotografía antigua y una música minimalista e igualmente desesperanzadora compuesta por Kyle Eastwood, hijo del dire, y Michael Stevens.

Una película redonda, que eleva aún más la categoría de Clint Eastwood como director (que lo mismo le da rodear con equipo japonés que traducir a Morricone desde el italiano en el escenario de los Oscar) y que sigue poniendo en entredicho el oscar a mejor película y mejor director de Scorsese y sus “Infiltrados”.

 

Posted by Heitor at 12:43:53 | Permanent Link | Comments (0) |

10/02/2007

BANDERAS DE NUESTROS PADRES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El tío Eastwood tiene una buena mano para crear películas. Pueden ser obras maestras, o simplemente pueden ser buenas, pero desde que le dio por empezar a dirigir aún no he visto una película de él que no me haya gustado, sobre todo de las posteriores a 1992, cuando dirigió “Sin perdón”, su primera genialidad. A partir de ahí un cúmulo de buenas historias. “Un mundo perfecto”, “Medianoche en el jardín del bien y del mal”, “Space cowboys”, “Mystic river” o “Million dollar baby” fueron las que más pegado a la silla me dejaron.

La peli a la que hoy me refiero empezó su gestación el 29 de febrero del 2004, en una fiesta tras los oscars. Clint Eastwood había descubierto una novela de James Bradley, hijo de uno de los marines protagonistas de una famosa fotografía en la que levantaban una bandera americana en la isla de Iwo Jima, llamada “Banderas de nuestros padres”. Clint Eastwood se enamoró enseguida de la historia, y quería rodarla, pero Steven Spielberg se había adelantado comprando los derechos. Esa noche Eastwood se fue a casa con la promesa de Spielberg de que coproducirían la película y él sería el encargado de rodarla.

La verdad es que no me extraña el interés de Eastwood por la historia, porque no tiene ningún desperdicio. La trama se desarrolla en tres puntos temporales diferentes. Uno se centra en la isla de Iwo Jima, un enclave estratégico muy importante para el desarrollo de la guerra del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, debido a su pista de aterrizaje en medio del océano. En esta isla un grupo de marines levanta una bandera americana y son inmortalizados en una foto que cambiará sus vidas.

El segundo hilo temporal se desarrolla cuando estos marines llegan a Usamérica y son fríamente utilizados por los politicuchos del país para conseguir dinero y cambiar la mentalidad del pueblo con respecto a una guerra interminable (¿os suena esto de algo?).

El tercero, un poco a modo documental, transcurre en el presente, cuando el hijo de uno de estos marines habla con quienes lo conocieron para dejar un testimonio escrito de cual fue la verdad vivida por estos hombres, considerados héroes, y que tan solo trataban de sobrevivir en medio de una guerra.

A través de una fotografía de tonos desvaídos, cercana al blanco y negro, Clint Eastwood aprovecha para mostrar las miserias de los altos estamentos gubernamentales, y la sencillez de un grupo de adolescentes intentando sobrellevar con bromas y camaradería, el hecho de perder todos los días a compañeros en medio de una matanza. Un grupo de chavales idolatrados por un país necesitado de héroes y modelos. De boca de uno de los protagonistas se plasma lo que de verdad sienten: “nosotros no somos héroes, tan solo intentábamos no recibir un disparo”.

Sin llegar al nivel de sus mejores películas, Eastwood logra crear un fiel retrato de su forma de pensar, con la ayuda de un puñado de buenos actores. Ryan Phillippe (“Se lo que hicisteis el último verano”, “Studio 54”), Barry Pepper (“Los tres entierros de Melquíades Estrada”, “La última noche”) o Jamie Bell (“Billy Elliot”) son los más conocidos, pero el reparto es inmenso.

También la forma de rodar del actor/director es casi perfecta, destacando en las escenas en medio de la batalla, con un desembarco en la isla que nos recuerda un poco al de “Salvad al soldado Ryan”, de Steven Spielberg. Los disparos provenientes de las armas japonesas parece que silbaban a mi alrededor, y que los aviones pasaban rozando mi cabeza, sintiéndome realmente en medio de las trincheras.

Ésta es la hermana mayor, porque mientras el guionista habitual de Eastwood, Paul Haggis, adaptaba el libro, el director empezó a preguntarse que sentirían los protagonistas del otro lado le la batalla, los soldados japoneses que resistían en los túneles de la isla. Habló con Haggis y éste se acordó de un guión que había leído sobre el asunto, de una chica llamada Iris Yamashita. Juntos, levantaron la otra historia, la que nadie cuenta, la parte de los vencidos.

Cuando Clint Eastwood acabó “Banderas de nuestros padres”, se puso inmediatamente con su hermana pequeña, la de menos presupuesto, y parece ser ésta ha superado a la mayor. Pero para constatarlo, habrá que ir a verla.

 

Posted by Heitor at 12:07:31 | Permanent Link | Comments (0) |

12/01/2007

APOCALYPTO

 

Otro preestreno en plan crítico famoso (vamos, sin soltar un duro). Ayer Fnac nos obsequió con un par de entradas para ver (esta vez con más de una semana de adelanto) Apocalypto de Mel Gibson.

Por todo lo que había leído, iba con la mente preparada para ver una elevada dosis de violencia, sangre, visceras, miembros cercenados, ojos colgando y algún lapo verde. Vamos, que esperaba que “Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro)” quedara relegada a una sosa peliculilla con flojas ideas gore.

Mi sorpresa fue bastante grande cuando no me encontré nada de esto. Si habeis visto “La Pasión”, del mismo director, contiene muchas más escenas peliagudas que esta. Diría que está al nivel de cualquier película moderna, y con un presupuesto tirando a alto, con temática bélica, como puede ser “Salvad al soldado Ryan”, “Gladiator”, “El último samurai”… vamos, que hay mucho donde escoger.

De todas formas, esto es lo menos importante. La historia se centra en el ocaso de la civilización maya. Una época en la que las rencillas entre las diferentes tribus facilitarán posteriormente una fácil conquista por parte de Colón y compañía. Esto se muestra mediante la historia de uno de estos mayas que ve como una tribu más belicosa y quizá más “avanzada” (estás comillas se aclaran al ver la peli. Da que pensar que la modernización, o industrialización casi siempre da lugar a barbaridades) aniquila a su pueblo para saciar a un dios sediento de sangre. Tema este bastante actual aún… cuando la religión debería servir para ser mejores personas, resulta que las iglesias (de todas las doctrinas en general, que nadie se de por aludido) engañan al pueblo para vivir de puta madre, liándola parda en muchos de los casos.

La película se diferencia claramente en dos partes, con un ritmo muy distinto. Para mi gusto la primera se alarga demasiado, haciendo que por momentos me costase mantener la atención mientras que en la segunda todo adquiere más velocidad y más interés, aumentando bastante el nivel.

En esta segunda parte propongo un juego a todo aquel que vaya a ver la peli, a ver si reconocéis los “momentos cinéfilos” que Barbur y yo observamos durante la misma.

- Momento “Forrest Gump” (bastante evidente y prolongado)

- Momento “El Fugitivo” (calcadito)

- Momento “La historia interminable” (¿cómo se llamaba aquel caballo?)

- Momento “Depredador” (ese Chuache)

- Momento “Mi chica” (vale, ésta un poco cogida por los pelos)

- Momento “Kill Bill” (sin la novia)

- Momento “1492: La conquista del paraíso” (faltaba la música de Vangelis)

Por último señalar, que al margen de que la película guste más o menos, la realización es absolutamente impecable. Los actores parecen verdaderos mayas traídos en una máquina del tiempo desde aquella época, las construcciones vuelven a tener la majestuosidad que debieron haber tenido, el vestuario, las armas, los poblados… todo está perfecto. Tan perfecto es, que preparaos a tener que leer los diálogos en subtítulos a no ser que entendáis el maya yucateco (que ya lo dudo).
Posted by Heitor at 18:17:52 | Permanent Link | Comments (6) |