NUNCA LLUEVE ETERNAMENTE
Para la segunda entrega de la sección de “escenas” he escogido una película que tiene más de leyenda que de cinematográfico. En su día se dijo que era una de las mejores adaptaciones de cómic jamás realizadas (puede que esto sea mucho decir), pero la verdad es que supuso todo un acontecimiento, más por el dolor y la sorpresa que acompañaron el rodaje.
En 1994 vio a la luz “El cuervo”, película basada en el cómic de James O’Barr del mismo nombre, dirigida por el poco prolífico Alex Proyas. Para el papel protagonista sonaron nombres como River Phoenix o Christian Slater, pero al final el tesón y las ganas de Brandon Lee, hijo del mítico Bruce Lee, le dieron el papel.
La obsesión de Brandon Lee por dotar al personaje de la oscura personalidad que poseía en las páginas del cómic, hacía que leyese una y otra vez las historias, imitando las poses y consiguiendo una actuación soberbia. Su logrado papel, unido al diseño de la película, siempre de noche, con una lluvia perpetua y geniales planos en movimiento, que más tarde Proyas volvería a explotar en la curiosa “Dark city”, provocan que la película enganche a pesar del limitado interés de la historia.
El argumento trata sobre el asesinato de una pareja de novios en la noche de Halloween por parte de una banda de maleantes que los quiere echar de un viejo ático. Al cumplirse un año del suceso, en la siguiente noche de Halloween, el espíritu del protagonista, Eric Draven, es devuelto a la tierra por un cuervo para vengarse de quienes lo mataron.
Una de las últimas escenas que se rodaron fue el flashback que muestra la terrible matanza. En ella, Eric vuelve a casa para ver como los maleantes están violando y golpeando a su prometida. Acto seguido, uno de los agresores le dispara para a continuación arrojarlo por la ventana. Lo que tenía que haber sido una bala de fogueo, fue en realidad una bala real, olvidada en el tambor del revolver al hacer el cambio de unidad de filmación. Aquel fue el final de Brandon Lee, que, al igual que en la película, se iba a casar con su novia a las pocas semanas.
Al margen de la fascinación que surgió por la película a causa de este hecho, todo el metraje está plagado de frases oscuras e ingeniosas y escenas con una estética muy de cómic (“Soy policía y digo que no se mueva o es hombre muerto” “Y yo digo que estoy muerto… y me muevo”). Mi preferida, la que hoy os traigo, es la siguiente.
El cuervo entra por una ventana y se dirige hacia uno de los tipos que habían profanado su hogar y segado tanto su vida como la de su novia. Eric se dirige hacia Fun-boy con un desagradable rasgueo de guitarra y pone una mano en el cañón de la pistola mientras le susurra: “Dispara Fun-boy, seguro que me matas”.
Fun-boy le mira y le espeta: “oye tío, ¿te has mirado la cabeza? Necesitas la ayuda de un profesional, ¿sabes?”.
El rugido de un disparo provoca eco en la habitación y Eric pega un alarido de dolor mientras Fun-boy, aún con los efectos de la droga en su mente, pega un grito de júbilo. Poco a poco la cara de Eric empieza a transformarse en una malévola sonrisa y mientras mira a su atacante a través del agujero de su mano, éste se va cerrando.
Fun-boy exclama asustado: “¡Santo Cristo!”.
Eric Draven, con una sonrisa excéntrica repite: “Santo Cristo”. Luego empieza a acercarse a él mientras el otro vuelve a dispararle una y otra vez y empieza a hablar, con la perenne y loca sonrisa en la cara.
“Si ya te lo sabes dímelo. Cristo va y entra en un hotel. Tres clavos le da al posadero y le pregunta: ¿tiene cruces libres?”.
En el último disparo de Fat-boy, Eric reacciona y le da un manotazo a la pistola haciendo que el drogado asesino se vuele la pierna.
Eric pega un salto y se queda en cuclillas en la cama mirando con curiosidad a Fat-boy.
- ¿Duele?
- ¡Coño claro!


