29/04/2008

CASHBACK

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Tras un montón de películas vistas sin tener que pensar en qué contaba sobre ellas, volvemos de nuevo al tajo. A darle a la neurona para aburriros con mis paranoias post-film que nunca despejan la duda de si deberíais gastaros la pasta en ir a ver la película. Espero sacar tiempo todas las semanas para dejar nuevas aportaciones en Nunca Jamás, aunque no sea con la frecuencia de los buenos tiempos.

Para el regreso, la película elegida es “Cashback”, un cortometraje convertido en largo que viene precedido por una de las peores campañas de marketing que he visto nunca. Carteles horribles y sinopsis que no se corresponden en absoluto con la realidad son las armas de las que ha dispuesto esta obra del novato Sean Ellis para llegar al público. Menos mal que, en este caso, el boca a boca y la buena acogida en algunos festivales ha decidido a bastante gente para pagar los 7 eurazos de la entrada, porque si no hubiera durado en cartelera lo mismo que una alabanza a Zapatitos en Telemadrid.

Así que, superando el terror hacia el póster promocional, donde se muestra a una mujer en tetas en mitad de un supermercado, he ido a ver la película y lo que me he encontrado es una mezcla de géneros bastante variopinta, un argumento con buenas bases pero demasiado estirado, a mi juicio, y un ramillete de actores jóvenes muy resultones.

El argumento: un chaval sufre insomnio por culpa de haber roto con su novia, así que, mientras intenta aprovechar ese tiempo extra de vida trabajando en un supermercado en el turno de noche, se da cuenta de que es capaz de detener el tiempo a voluntad. Así, aprovecha para admirar la belleza a su alrededor y alimentar su espíritu de pintor y para reflexionar en como evoluciona la vida a su alrededor, con el aliciente de estar rodeado de personajes bastante variopintos.

Ah, sí, durante unos diez minutos de la película (que dura algo más de hora y media), se cuenta como el protagonista, admirador absoluto de la belleza femenina (y quién no), puede, en esos periodos de tiempo congelado, desnudar a las chicas que se encuentra para dibujarlas en su cuaderno. Pero parece que esto es lo único que ha llamado la atención a una gran parte de los críticos que he leído, así como al lumbreras al que encargaron el cartel.

Lo cierto es que, a pesar de la anécdota, la película discurre en un pausado ritmo de película independiente, con algún deje hacia la tragicomedia romántica y muchos gags que se aproximan de forma asombrosa hacia un humor bastante español y muy poco británico, del estilo friki que podíamos contemplar en películas como “La fiesta”.

Los personajes se dividen claramente entre los dos protagonistas, encarnados por Sean Biggerstaff, conocido por compartir colegio con Harry, Hermione y compañía y Emilia Fox, habitual en papeles victorianos en la televisión británica, que forman la parte racional de la película y el puñado de frikis que ponen la nota delirante y acumulan los momentos más graciosos de la trama, como el salido amigo del prota, los absurdos compañeros de trabajo en el supermercado o el histriónico y prepotente jefe.

Como nota negativa, en algunos momentos, noté demasiado que el film nacía de un corto, ya que hay partes demasiado estiradas para poder llegar a rellenar la hora y media larga de película. Si se hubiese quedado en 15 minutos menos, tampoco hubiese pasado nada.

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18/03/2008

I'M A CYBORG, BUT THAT'S OK

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En este caso, para la siguiente película vista en el festival, reconociendo que aproveché unos momentos par descansar la vista y el cerebro, daré paso a mi corresponsal y enviado especial a pelis de alto contenido surrealista. Adelante Carlos:

Es la primera vez que salgo del cine sin poder decir con seguridad si me ha gustado la película o no, lo cual es un punto a favor de la película, por lo que finalmente podría decir que sí me ha gustado, pero eso significaría que pierde el punto a favor que le otorga el hecho de ser la única película que no sé si me ha gustado, por lo que entro en un bucle del que no puedo salir. También es la primera vez que una película hace que entre en un bucle, lo que sería otro punto a favor. Mejor que decida otro si me ha gustado.

El punto de partida de la película es, como poco, original. Una joven que se cree un cyborg, aunque nunca se le ha revelado su función, es ingresada en un manicomio. Allí, se niega a comer y conoce a un chico, tan loco como ella, que intentará ayudarla, tanto en la búsqueda de su cometido en la vida, como en su problema alimenticio.

El director, Park Chan-Wook, famoso por las escenas extremadamente duras y violentas de su trilogía sobre la venganza: “Sympathy for mr. Vengeance” – película sobrevalorada hasta extremos insospechados –, “Oldboy” y “Sympathy for lady Vengeance”, intenta dejar en un segundo plano, que no eliminar, este tipo de escenas. A cambio, ofrece algunos planos con alta carga poética – como cuando él le ofrece a ella unos calcetines que al frotarlos le permiten volar hacia mundos imaginarios – y otros con un peculiar sentido del humor – como las escenas en los que ella recarga su batería y se refleja en las uñas de sus pies, o cuando él consigue robar la habilidad “pin-ponil” de otro de los internados –.

Los actores están bien – al protagonista, Rain, lo podremos ver en el esperado regreso a la dirección de los hermanos Wachowski, con “Speed racer” –, la fotografía es bonita y de tonos cálidos, sobra algún secundario algo cansino y unos cuantos (bastantes) minutos de metraje y los efectos especiales están muy conseguidos, para redondear esas escenas oníricas en los que ella se ve a sí misma como cyborg. No sabría decir nada del resto de aspectos técnicos (sonido, montaje y esas cosas), y el que se encargó del vestuario tampoco se comió mucho la cabeza: pijama blanco para enfermos y enfermeros.

En definitiva, la película es demasiado lenta para ser graciosa y demasiado absurda para ser conmovedora. Se queda en una especie de limbo (genérico y formal) en el que reina el aburrimiento, y del que sólo te sacan algunas escenas especialmente líricas, o especialmente impactantes, o una pequeña siesta en el caso de los débiles de espíritu.

 

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12/03/2008

EL GRAN HOMBRE DE JAPÓN

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El humor no es tan internacional como se cree, o por lo menos no todo el humor. Quizá grupos como tricicle, o algunos clowns, que basan su espectáculo en la mímica, logren provocar risas en diferentes culturas con el mismo éxito, pero cuando entramos en otros estilos de comicidad, la cosa va por barrios. Esta película debe de ser uno de esos casos, ya que Hitoshi Matsumoto, un cómico muy conocido en Japón, salta a la pantalla grande protagonizando una película con algunos puntos sumamente graciosos, pero aburrida en demasiados momentos.

El país del sol naciente tiene una concepción del mundo bastante diferente a la nuestra. Su cultura cinematográfica y su mitología están plagadas de monstruos, diablos, demonios y héroes que me resultan muy difíciles de comprender y abarcar y su paciencia muchas veces me desquicia. Esos planos largos y pausados que abundan en su cine me ponen muy nervioso.

La historia de “El gran hombre de Japón” es la de un tipo gris, aburrido y egocéntrico que pertenece a una estirpe de defensores de la isla contra los monstruos que la asolan día sí y día también, con la capacidad de aumentar drásticamente de tamaño cuando recibe chorrocientos mil voltios a través de sus pezones. Así tendrá que luchar contra los monstruos más absurdos que se puedan inventar librando al país del desastre intentando que los resultados de las audiencias de las peleas no sigan bajando en picado, a la vez que su reputación.

Gran parte de la película está rodada como un largo y aburrido documental en el que se entrevista al personaje, mientras éste da respuestas cortas e insulsas. La entrevista se corta cada vez que Dai Nipponjin – el protagonista – recibe una llamada de las autoridades para transformarse en gigante y estas son las partes más divertidas de la película, pues cada monstruo al que se tiene que enfrentar es más absurdo que el anterior. Las peleas son de lo más estúpido y algunas conversaciones en medio de la batalla son francamente hilarantes.

Pero donde Matsumoto da la campanada es en el último tramo de la película, cuando lo invade un espíritu puramente “Montypytoniano” y todo se transforma en un no parar de puntos surrealistas que llenó la sala del cine de una mezcla de carcajadas e incredulidad, rematando la historia a un nivel mucho más alto de lo que había empezado, lo que fue de agradecer.

Si Matsumoto hubiese optado por imprimir a toda la cinta de ese humor absurdo, dejando tan solo las peleas con las abominaciones y el final estrella, posiblemente estaría dando forma a otra crítica totalmente diferente, pero las casi 2 horas de película se hacen demasiado largas, las entrevistas interminables y el personaje acaba siendo bastante repelente.

No creo que llegue a las carteleras españolas, pero aquel que quiera echarse unas risas en una aburrida tarde de domingo, con la posibilidad de acelerar el DVD en las partes aburridas, esta rarísima comedia es una posible opción.

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11/03/2008

REBOBINE POR FAVOR

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Ya tenía clasificado al rarito de Michel Gondry en la lista de directores interesantes después de haber visto esa obra maestra llamada “Olvídate de mí”, unos cuantos e innovadores videoclips y la inclasificable “La ciencia del sueño”. Mi impresión sobre él era la de un tipo inquieto y muy creativo, con capacidad de sorprender en cada nuevo proyecto, seguramente un tipo que acabaría siendo irregular por lo arriesgado de sus propuestas. En fin, un cineasta al que merecía la pena seguir la pista. Pero lo que no me esperaba de él, es que me ofreciese una de las mejores comedias que he visto en los últimos tiempos, capaz de hacerme llorar de risa como no lo habían hecho en una sala de cine desde tiempos remotos.

El argumento, probablemente hubiera provocado que mis ganas de ver la película fueran nulas si no hubiese conocido a su creador. Un par de colegas bastante limitados, se hacen cargo de un videoclub de barrio que se resiste a dar el paso al DVD mientras su dueño está fuera. Tras el absurdo intento de uno de ellos de sabotear una estación eléctrica y quedar magnetizado, borra todas las cintas del videoclub por accidente, con lo que tendrán que volver a rodarlas ellos mismos para que el negocio no acabe de hundirse.

Con esta idea de base, dos cómicos en estado de gracia como el acelerado Jack Black – cansino en muchas de sus películas pero desternillante en ésta – y el rapero y actor Mos Def, se enfrentan a situaciones exageradamente hilarantes llenas de guiños cinéfilos al cine de los 80 y 90. Si habéis visto películas como “Los cazafantasmas” o “Robocop” os partiréis de risa con las ocurrencias de los dos tarados, pero si encima sois de los que presumís de recordar las películas escena a escena entonces probablemente necesitéis reanimación cardiopulmonar al no poder frenar la carcajada en algunos momentos.

Gondry sigue fiel a su estilo y mezcla su pasión por la tecnología y los efectos digitales con un gusto muy personal hacia las escenas “bricomaníacas”. El creador del “bullet time” – el conocido efecto en el que la cámara gira ralentizando el tiempo que hizo famosa a la película “Matrix” – tiene una capacidad infinita para rodearse de un atrezzo de lo más raro y construir escenarios a mitad de camino entre lo onírico y lo artesanal y el argumento le viene al pelo para dar rienda suelta a su creatividad visual y su personal sentido del humor.

Quizás el empacho de carcajadas en el tramo medio de la película provoca un bajón hacia la parte final, donde la gamberrada toma un leve giro hacia la crítica a una sociedad acelerada, adicta a todo lo que suponga una novedad o una evolución y demasiado cruel hacia los pequeños creadores en detrimento de las grandes empresas, que juegan con ventaja. El discurso se vuelve más blandito y enfila hacia un desenlace que intenta jugar con la emoción de lo que hemos visto. Pero en ese momento, lo que el cuerpo me seguía pidiendo era continuar con el desmadre, cosa que no pasa.

De todas formas, en ese punto ya no hay quien me quite la sensación de haber pasado uno de los mejores ratos delante de una pantalla en mucho tiempo. Ese es el momento en el que la peli acaba, obvio el final y me dispongo a recordar los incontables gags con mi compañero/a de butaca, llegar a casa y escenificarlos a quien tenga delante, sacar el tema en los botellones…

Que social vuelve esto de la risa.

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04/02/2008

JUNO

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Normalmente, elijo las películas que voy a ver al cine después de haber leído sobre todas las posibles opciones. 6 euros (de media) no es moco de pavo como para andar equivocándose muchas veces y, aunque hay géneros en los que me sigo lanzando de cabeza y sin flotador (el terror y la ciencia ficción son pruebas evidentes), normalmente sé de qué van las películas antes de escogerlas. Por eso, a posteriori, tengo la oportunidad de comparar lo que dicen las críticas de los profesionales (y amateurs, por qué no) con lo que yo acabo opinando.

Es evidente que siempre hay y va a haber puntos discordantes. En un debate que tuve hace poco en un foro, se presentó la discusión de si el cine se puede valorar objetivamente o si, por el contrario, la visión, los gustos y las vivencias de cada espectador lo hacen imposible. Yo optaba más por la segunda opción y, por eso, entiendo y agradezco que cada película tenga su público y que un film que a mí me encante pueda a otro aborrecer.

En el caso de “Juno”, leí una serie de opiniones coincidentes en unas cuantas ocasiones, estas sí dadas por la crítica “profesional”, que no consigo entender. Algunos estudiosos del cine, señalaban los diálogos demasiado listillos de la protagonista, con la respuesta ingeniosa siempre a punto, el aire antiabortista de la cinta y el intentar explotar su factura independiente al rebufo de éxitos como “Pequeña Miss Sunshine”, de una manera negativa. Pero antes de entrar en estos puntos, señalemos de qué va la peli.

Por razones no aclaradas, la sarcástica, ácida e independiente Juno, de 16 años, se queda embarazada después de su primera relación sexual. Tras valorar fríamente las opciones a su disposición, decide seguir adelante y entregar a su hijo en adopción a una pareja que esté buscando un descendiente sin conseguirlo. En tono de comedia ácida, la película explora las relaciones de Juno con los distintos personajes que la rodean: el padre comprensivo, la madrastra defensora a ultranza, el “inseminador” tímido y bonachón, la pareja de ricachones que optan a recibir el hijo en adopción o la amiga íntima que la apoya en todo, acompañándola en su cambio físico y mental a lo largo de los 9 meses de gestación y algo más.

La guionista, Diablo Cody (nombre de guerra de Brook Busey), consigue una mezcla perfecta de carcajadas y momentos algo más trágicos, pero es el sentido del humor el que se acaba imponiendo en una historia deliciosa, perfectamente asentada sobre los hombros de un pequeño genio de la interpretación, la increíble Ellen Page.

Descubrí a esta menuda actriz, que este mes cumple 21 años, en la desasosegante “Hard Candy” donde me impresionó, admiré como robaba las poquitas escenas en las que salía en “X-Men 3: la decisión final” y en “Juno” ha acabado de enamorarme. Page es una de esas escasas actrices que parecen haber nacido para la actuación, poseedoras de una naturalidad aplastante y un magnetismo fuera de lo común. Si a eso le unimos una personalidad modesta y calmada (según cuentan los que la conocen) y una enorme capacidad para elegir buenos papeles, nos encontramos ante un inicio más que prometedor.

Repasemos ahora los puntos que había enumerado al principio del texto sobre las taras que algunos críticos señalaban de la película. En primer lugar, los diálogos inteligentes y las respuestas ingeniosas que siempre tiene a punto la protagonista. Me llama la atención que los críticos que ponen a parir esta característica de la película probablemente alaben los rápidos diálogos de los films de Cary Grant o de Katherine Hepburn y Spencer Tracy, y sean los que lloran porque ya no existen guiones trabajados como los de antes. Probablemente comparar dicho cine de la época dorada con “Juno” sea una desfachatez por mi parte, pero no creo estar tan alejado de la realidad. Es cierto que las respuestas rápidas de una adolescente de 16 años no suelen ser tan mordaces e inteligentes, pero no creo que sea realismo lo que se pretende, sino, precisamente, un guión ágil y mordaz, capaz de mostrar un tema espinoso como el embarazo no deseado con sentido del humor y sin caer en la sensiblería.

Con respecto al aire antiabortista, no he visto el panfleto por ninguna parte. Solamente una escena hace referencia a tal cuestión y es el momento en el que Juno se decide por la opción de la adopción en vez de la del aborto, al encontrarse a una compañera del instituto haciendo una solitaria campaña a las puertas de la clínica. A ver si vamos a ser ahora tan modernos, que con estar a favor del aborto no nos llega y vamos a criticar el resto de opciones disponibles, cayendo en el mismo error de quien se opone a su legalización.

Por último el esnobismo de cargar ahora contra las cintas independientes. El gafapastismo lleva ahora a criticar las películas de grandes presupuestos, las que llevan muchos efectos especiales, las que llevan pocos y decorados de cartón piedra, las de poco presupuesto y aire independiente… hasta llevar esa mirada a un punto que no deja disfrutar de ninguna película que el público acoja en su mayoría. Son estos críticos, que sólo se enamoran de la película iraní lenta y olvidada los que acaban por cansarme, con su aire elitista y, valga la redundancia, criticón.

Yo por mi parte, disfruté de la película como pocas, con un guión y unos personajes tan trabajados y atractivos que no soy capaz de encontrarle ni un solo pero. Soy así de fácil.

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21/01/2008

8 MUJERES

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La había pospuesto un número infinito de veces por pereza o por dejadez, pero al fin, la recomendación de mi compi de proyecto ha dado a su fin con un veredicto esperado: aunque coincidamos en un amplio gusto cinematográfico, algo probado en nuestras excursiones a los cines Renoir, seguiremos teniendo nuestros particulares lados oscuros irreconciliables. Carlos no será fácil que disfrute con mis gustos de terror y acción descerebrada y yo no compartiré así como así su gusto por los personajes extravagantes y las historias complicadas del cine europeo.

Esta película fue un acontecimiento en Francia, pues reunía por primera vez a un buen número de las grandes damas del cine galo en una película extraña, mezcla del cine heredero de las novelas de Agata Christie y el melodrama musical. Grandes intérpretes de varias generaciones como Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Fanny Ardant, Emmanuelle Beart, Virginie Ledoyen o Ludivine Sagnier componen una obra de teatro filmada, en la que 8 mujeres tratan de descubrir al asesino del único hombre de la casa.

En una mansión aislada por la nieve, ocho mujeres descubren el cadáver del marido de una de ellas. Tanto esta mujer, como su madre, su hermana, sus hijas, su cuñada o las criadas de la familia pueden esconder alguna razón para haber asesinado al hombre a sangre fría. Entre sorpresas y números musicales, las mujeres tratarán de esclarecer el misterio descubriendo las miserias y secretos de una familia muy poco usual.

Cada una de las actrices da vida a un personaje femenino, todos repletos de excentricidades, oscuros secretos y deseos ocultos en una trama que comienza de una manera clásica, recordando a películas como “10 negritos”, pero que a medida que avanza empieza a ser poseída por el espíritu de algún guionista de telenovelas. La historia se complica estableciendo relaciones imposibles entre las mujeres o dando lugar a giros de guión inesperados de tal forma que echaba de menos entre los personajes a algún Luis Alfredo o escuchar a las protagonistas hablando con el clásico acento venezolano.

Por si esto no fuera suficiente para asombrar al público, al ver a actrices del calado de las del film, habituales de un cine denso y dramático, navegar en un guión tan psicotrópico, cada cierto tiempo se desarrolla antes los perplejos ojos del espectador un número musical que poco aporta a la trama, sin ningún interés musical y con coreografías que llegan a provocar en algunos momentos la vergüenza ajena. Ver a la Deneuve mover los brazos en un intento de sensualidad al ritmo de una canción plomiza es una rareza tan digna de presenciar como de olvidar.

Es posible que haya quien se tome todo como una parodia a este tipo de películas y disfrute con el lucimiento de unas actrices que son capaces de llenar la pantalla con diálogos que en otras bocas provocarían la huida, pero yo fui incapaz de contemplar la pantalla con esa perspectiva. Así como disfruté con los números musicales de “El otro lado de la cama” o con las hilarantes intrigas detectivescas del clásico “Un cadáver a los postres”, me aburrí de forma soberana con el ir y venir de unos personajes sin chispa, incapaces de sacarme una sonrisa ni de involucrarme en una historia demasiado marciana para mi gusto.

No sé como se vería el guión sobre el papel, ya que es imposible deducir el éxito de una película a priori, pero me resulta bastante complicado pensar que todas estas actrices hayan visto en una historia semejante una buena película, a no ser que accedieran bajo coacción o bajo elr peso de un montón de billetitos verdes.

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20/01/2008

BITELCHÚS

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Después del susto gordo de la ópera prima de Tim Burton, vamos con la obra que hizo que empezara a enamorarme del universo único de este rarito del cine.

Allá por 1986, tras el estreno de “La gran aventura de Pee-Wee” y su – para mí del todo inexplicable – éxito de taquilla en Usamérica, Burton había empezado a trabajar en un guión para la Warner sobre una posible adaptación de Batman para la gran pantalla, pero el proyecto no acababa de recibir el total apoyo por parte de la compañía.

Al mismo tiempo, el director buscaba algún guión que se adaptase a sus gustos, para poder construir su segundo largometraje, con muy poca fortuna. Hasta que, pasados unos años, llegó a sus manos uno escrito por un tal Michael McDowell con el extraño título de “Beatlejuice” (traducido posteriormente en nuestro país como “Bitelchús”). Como por arte de magia, en aquella historia se concentraban de forma imaginativa los que se descubrirían con el paso del tiempo como las grandes obsesiones del director: la muerte, la dualidad entre el amable mundo de los fantasmas y el aterrador y tenebroso mundo real, los protagonistas excéntricos y/o marginados y la posibilidad de innovar con efectos especiales que supieran trasladar sus ideas únicas desde su bulliciosa mente hasta el espectador. Más tarde, una vez hecha la película, se encontrarían también elementos visuales que se repitirían a lo largo de su filmografía, como los trajes a rayas blancos y negros, las maquetas, los cementerios o, si nos fijamos en la escena en la que Betelgeuse aparece con un sombrero con forma de tiovivo, podemos ver hasta la cabeza de Jack Skellington en lo alto.

La creación del guión final fue un proceso largo y complicado. Comenzaron el propio escritor, Michael McDowell, junto con un segundo guionista, tratando de dar forma a aquella comedia alocada llena de personajes inverosímiles y sin estructura definida, además del propio Burton intentando dar su propia visión y continuó con la contratación de un tercer guionista. Pero la verdadera personalidad de Betelgeuse surgió cuando Michael Keaton entró en el proyecto y conectó de pleno con la personalidad del director. El carisma, el sentido del humor, la improvisación, el gusto por la parodia y la energía de Keaton fueron los verdaderos artífices del genial personaje protagonista de la cinta y uno de sus mayores aciertos.

La historia de partida de la cinta es simple. Una pareja que vive en una enorme casa tiene un accidente al volver del pueblo y muere. A partir de entonces, convertidos en fantasmas se verán obligados a adaptarse a su nueva situación, sin poder salir de su casa e intentando echar a una familia de yuppies venidos de la ciudad que pueden hacer su larga espera eterna aún más interminable.

En sus excursiones al mundo de los muertos conocerán la burocracia del otro mundo, las catastróficas consecuencias de suicidarse y al bio-exorcista más gamberro, irreverente, marrano e irónico de la otra esfera o, ya en el de los vivos, acabarán haciendo migas con la hija de los nuevos habitantes de la casa, una adolescente depresiva y con tendencias suicidas interpretada por Winona Ryder.

En la película Burton da rienda suelta a su fértil imaginación, las transformaciones fantasmagóricas son tan grimosas como hilarantes, el mundo de Hades está repleto de planos extraños y perspectivas imposibles y las posesiones convierten – como bien dice uno de los personajes – la experiencia en un parque de atracciones. Burton consigue que tengamos unas ganas locas por darnos una vuelta por el otro mundo o buscarnos una pareja de fantasmas como amigos íntimos.

Pero por encima de todo, está la potente interpretación de un Michael Keaton pletórico e incansable. Un torbellino que da vida a un personaje único, entrañable y detestable a partes iguales, capaz de ser cruel de una manera divertida. Un personaje que, a pesar de no aparecer en largos tramos de la película, roba el protagonismo al resto de actores de una manera desproporcionada.

De nuevo, Burton eligió a Danny Elfman para que compusiera la banda sonora, y al igual que sucede con el director, Elfman da muestras de su verdadero potencial componiendo un “score” tan adecuado y rotundo que se convierte en un personaje más de la película.

En definitiva, la segunda intrusión de Burton en el largometraje supuso la confirmación del director y, para algunos espectadores, entre los que me incluyo, el comienzo de una devoción inquebrantable hacia su filmografía.

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06/01/2008

LA GRAN AVENTURA DE PEE-WEE

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Vaya desastre (ojo aún no estoy hablando de la película, pero sería un buen comienzo). Abro un especial sobre uno de mis directores fetiche y resulta que tardo como un mes en poner la primera reseña. No había excusa posible, así que ayer, con cierta ilusión, nos sentamos a ver la ópera prima del gran Tim Burton, una película de encargo titulada “La gran aventura de Pee-Wee”, la única del director que me quedaba por ver. No pasó mucho tiempo hasta que nos preguntamos si no nos habríamos equivocado de film. Nunca podría haber pensado que 90 minutos de Burton se podrían hacer interminables.

Corría el año 1984 y Tim Burton, con 26 años, había empezado a sonar en el mundillo cinematográfico tras los cortos “Vincent” y “Frankenweenie”. Al mismo tiempo, un cómico llamado Paul Reubens, triunfaba en la televisión con un singular personaje cómico bautizado como Pee-Wee Herman y la Warner quería lanzar a actor y personaje a la pantalla grande. “Frankenweenie” llegó a las manos de Reubens, que no tardó en ofrecer la dirección de la película a Burton.

La trama tenía cierto rollo Burton, un personaje extravagante, escenas surrealistas y una aventura muy fuera de lo común, pero evidentemente aquello era una película de encargo para el lucimiento del cómico, por tanto lo que Tim Burton pudo introducir se limitó a muy pocas escenas con su particular estética.

El argumento gira en torno al personaje de Pee-Wee Herman, un tipo asexuado, de voz aniñada, comportamiento extravagante y egocéntrico, siempre vestido con traje gris y pajarita roja. Una suerte de cruce entre Mr. Bean y Chiquito de la Calzada. Dicho personaje se verá envuelto en una aventura repleta de personajes estereotipados y planos en la búsqueda de su bien más preciado, una hortera bicicleta roja muy tuneada.

Desde el primer fotograma hasta el último, nos vemos inundados por la excesiva personalidad del personaje, de modo que si tras los cinco primeros gags, ya lo has empezado a odiar, como me sucedió a mi, acabas deseando no solo que Pee-Wee no encuentre su bicicleta, sino que acabe muriendo con grandes dolores en algún momento de su búsqueda.

¿Podemos encontrar algo del universo de Burton en este tinglado? Pues alguna que otra pincelada. Algún detalle surrealista como una ventana que da a una pecera, alguna calabaza de Halloween, algún sueño surrealista con escenarios que evocan al mundo de los muertos de “Beetlejuice” o una escena de fantasmas con una conductora que se convierte por breves instantes en un personaje de su imaginería personal. Lastima que estos detalles no basten para levantar una de las peores películas que he visto nunca.

La única parte salvable de la peli, aparte de estas dos o tres escenas, es la banda sonora, que supuso la primera de una larga colaboración entre Burton y Danny Elfman, tan solo rota en una de sus películas hasta la fecha. Burton era fan del grupo de Elfman, Oingo Boing Band, así que convenció al estudio para arriesgarse con la música. Elfman y Burton sintonizaron desde el primer momento y el compositor quedaría ligado, a partir de entonces, al mundo del cine, con su particular estilo de música.

Curiosamente, el director no tiene mi visión calamitosa del resultado. Según sus palabras, cuando se refiere a las malas críticas que salieron tras el estreno: “Salió en muchas de las listas de peores películas del año. Es curioso, pero yo veo la película y no me parece tan mala. Me encanta. Puede que tenga algunos momentos flojos, pero no está tan mal. Fue bastante devastador, nunca me había pasado eso”. O Burton es un espectador poco exigente (y la verdad es que ni yo, ni los que me conocen, me consideran demasiado exigente) o le resulta difícil ver con objetividad una obra suya, lo cual me parece muy normal.

Es una suerte que después de esto le ofreciesen la oportunidad de dirigir una película más personal, porque sino, hoy en día, puede que no estuviese escribiendo en este especial.


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27/12/2007

DIARIO DE UNA NIÑERA

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Yo que creía que iba a ver una comedia romántica y resulta que no, que los publicistas, los creadores de trailers o mis propios prejuicios, me habían engañado. Todo parecía que llevaba hasta el género: Scarlett Johansson en su versión más adorable, cuida al niño de una familia rica mientras se enamora del tío bueno de turno, en este caso Chris Evans, la Antorcha Humana de “4 Fantásticos”. Todo ello sacado de una novela usamericana escrita por mujeres, del tipo de las que parieron a Bridget Jones o las protagonistas de “Sexo en Nueva York”. Pero todo esto iba un poco más allá. Quizá no demasiado, pero sí lo suficiente como para tener a “Diarios de una nanny” más en cuenta de lo que en principio creía.
Annie Braddock acaba de licenciarse en Antropología y, a punto de zambullirse en el mundo laboral, está algo perdida. Su madre la empuja a que triunfe en la vida y se convierta en una mujer poderosa y autosuficiente, sin cometer los errores en los que ella haya podido caer y esto pasa por abandonar la utópica idea de la Antropología y entrar en el mundo de los negocios.
Por una casualidad Annie encuentra un camino fácil, que pasa por postergar cualquier decisión drástica sobre su futuro mientras desempeña un trabajo fácil y muy bien pagado, el de niñera de uno de los retoños de la típica familia adinerada del Upper East Side. Así empieza un estudio de las costumbres de la clase alta neoyorkina que sirve a los directores Shari Springer Berman y Robert Pulcini para diseccionar una familia (parece ser que) típica en esos ambientes, con madres no trabajadoras que son incapaces de sacar tiempo para un hijo que crece en brazos de las niñeras, mientras intentan contentar a un marido que divide sus intereses entre un trabajo absorbente y las amantes que van cayendo por el camino.
Así la película va discurriendo entre la comedia de situación y el drama familiar, ayudada por unos actores en absoluto estado de gracia. Laura Linney y Paul Giamatti encarnan con precisión a esa pareja desencantada con la vida, que vive de cara a la galería, discute a gritos en casa mientras exhibe la sonrisa perfecta en las fiestas de sociedad y pasa completamente de un hijo con evidentes carencias afectivas. Linney borda a la fría, elegante y neurótica Señora X y Paul Giamatti llega a dar mucho más miedo que muchos psicópatas de hacha en mano en el papel del Señor X, un tipo cínico, distante y pagado de sí mismo. Increíble la capacidad camaleónica de este actor, que se está revelando con paso firme como uno de los mejores secundarios de los últimos tiempos.
Las escenas cómicas y resultonas se van alternando con las de denuncia social de esa forma tan aséptica que sólo los usamericanos son capaces de conseguir. Tanto la protagonista, una Scarlett Johansson que se mueve bien en casi cualquier medio, como el resto de secundarios, léase el citado Chris Evans, la cantante Alicia Keys o la televisiva Donna Murphy cumplen a la perfección su cometido, haciendo que el resultado sea entretenido.
Así la película transcurre sin un solo pero hasta el final, donde la extraña glándula que impide a los cineastas americanos rematar un argumento con un final agridulce, vuelve a actuar. El síndrome de Walt Disney ataca de nuevo y es que parece que el espectador yanki va a sufrir convulsiones severas si una película deja algún hilo argumental sin su ansiado final feliz o si en una película de ciencia ficción o intriga se deja algo sin explicar. Así que, finalmente, todo el mundo aprende la lección y las vidas de todos transcurren por baldosas mucho más amarillas que cuando empezaron.
Lástima que no apliquen esto a la realidad.
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20/10/2007

SIETE MESAS DE BILLAR FRANCÉS

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Buena racha con las películas españolas. Si la última vez elogiaba la propuesta arriesgada de Antonio Hernández y su película “Oculto”, esta vez le toca el turno a Gracia Querejeta y su emotiva historia sobre seres humanos intentando sobrevivir titulada “Siete mesas de billar francés”.

Querejeta aborda de una forma muy sencilla, técnicamente hablando, un guión que otorga la mayor importancia a los personajes y los diálogos. Evidentemente esto solo puede funcionar de una forma: si dichos diálogos fluyen con rapidez y sin dañar el oído y si los actores que los transportan son capaces de llegar de forma sincera hasta el público. Pues bien, ambos requisitos se cumplen con excelente nota.

La historia no tiene demasiado de particular o de original. Una mujer viaja con su hijo pequeño a Madrid para ver a su padre moribundo y al llegar se encuentra con que ya ha muerto, dejando un viejo salón de billares cubierto de deudas. Allí se encuentra con la pareja del padre, una mujer con mucho carácter y terca como una mula (como bien se encarga de repetir su madre en repetidas ocasiones) y con una tropa de amigos del padre dispuestos a ayudarla a sacar el negocio adelante. Para colmo, al volver de vuelta a Vigo (sí amigos, habéis oído bien, Ángela, la protagonista, vive en Vigo en un piso con unas bonitas vistas a las Cíes… que cinematográficos nos estamos volviendo) se encuentra con un marido policía buscado por sus compañeros por ciertos delitos de estafa, cohecho y pillería en general.

Pero el truco de todo esto, no está en lo que se cuenta, sino en como se hace. A pesar del tono dramático que se alcanza en ciertas partes de la película, el humor acaba saliendo siempre a flote, dejando una sonrisa estúpida en el momento en el que se encienden las luces.

Aunque los verdaderos artífices de que el mecanismo funcione con precisión son unos actores en absoluto estado de gracia, especialmente remarcado en el tremendo recital interpretativo que nos ofrecen la pareja de protagonistas, Maribel Verdú y Blanca Portillo. La primera se ha convertido en una de las actrices más creíbles y auténticas de nuestro panorama y borda un papel que podría haber caído en el sentimentalismo pero que por el contrario cae bien desde el primer minuto. La segunda es un auténtico monstruo cinematográfico, capaz de expresar un sinfín de matices con una media sonrisa y, como ya sabíamos de su época en “Siete vidas”, absolutamente desternillante en los momentos de comedia.

Arropando de forma perfecta a las dos actrices, un buen puñado de secundarios que ya querría para sí el nuevo rat pack de Clooney y Pitt. Ramón Barea, un tipo que no necesita más de una frase para provocar la carcajada, Enrique Villén, nuestro Marty Feldman patrio, con ese ojo díscolo tan reconocible y capaz de saltar de registro en registro de forma camaleónica, Amparo Baró, increíble y única en cada uno de los papeles que representa, representando como nadie la ironía y la mala leche, además de los desconocidos para mí Jesús Castejón, Raúl Arévalo y Lorena Vindel. ¡Pero si hasta el clásico niño pedante consigue caer bien!

En definitiva, dos pelis españolas seguidas que consiguen ilusionar e imprimir la esperanza de que nuestra industria puede estar dando un paso adelante. Y todavía falta por ver “El orfanato” y las que lleguen de Sitges. Aunque ya he oído por ahí que “Los cronocrímenes”, de Nacho Vigalondo, aún no tiene distribución por estos lares. A ver si vamos a tener que esperar a que los usamericanos nos traigan un remake para interesarnos por ella, que a veces somos muy gilipollas.

Posted by Heitor at 18:28:37 | Permanent Link | Comments (3) |
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