13/05/2008

BATMAN FOREVER

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Domingo por la tarde, te tiras en el sofá y lo único que te apetece es una peli que no exija demasiado trabajo para la materia gris. Así que uno piensa en mamporros, historias planas, chicas guapas y poca línea de diálogo. Tenemos dos opciones, o una porno o una de acción, así que optamos por la segunda, que tiene la clase de mamporros que nos interesa en este momento.

Revisando la dvdteca, me acuerdo de que en algún momento, quizá inspirado por este post de Lete, acabé comprando “Batman forever” y no había vuelto a revisarla desde su estreno en los cines. ¿Tenían razón las masas cuando afirmaban que la película no valía ni un bat-dólar o coincidiría con Lete pensando que la opinión generalizada se veía empañada por el truño que Shumacher dirigió a continuación sobre el caballero oscuro y que protagonizó George “Ocean” Clooney? Era el momento de comprobarlo.

Convencido de que al menos pasaría un rato agradable viendo a Val Kilmer enfundándose en el traje negro (no lo interpretéis mal, marranotes), repasé mentalmente las obras de Shumacher (el director, no el piloto) que había visto. Saltando “Batman & Robin”, una de las peores películas de superhéroes que han llegado a los cines, había visto “Línea mortal”, una peli que marcó mi infancia por lo acojonado que estuve con esos estudiantes jugando en la frontera de la muerte, “Elegir un amor”, un pastel con Julia Roberts y música de Kenny G. que se dejaba ver bastante bien, “El cliente”, probablemente la mejor que he visto de este hombre, “Tiempo de matar”, de aquella época en la que decían que el McConaughey iba a ser el nuevo Paul Newman (juas), “8mm”, un thriller normalito con Nicholas “Pelucón” Cage, “Llamada perdida”, más un ejercicio de estilo cortito y aprovechado que otra cosa y “El número 23”, un agobiante thriller y un cambio de registro para Jim Carrey que disfruté bastante. La media superaba el aprobado, esto no podía estar tan mal.

Tardé muy poco en darme cuenta de que mi último pensamiento distaba mucho de ser correcto. El inicio de la aventura, es uno de los peores arranques cinematográficos que he visto en mi corta vida. Tratando de emular a los cómics o a la mítica serie de los “Punch”, “Ouch” y “Splaaaash”, Batman trata de dar caza a Dos Caras, sin presentar personajes, sin tratar de dar cierta credibilidad a la escena y con un sentido del humor pueril y absurdo. Aquello pintaba mal.

Efectivamente, el resto de la película se me presentó cargada de sinsentidos, con una estética pulp totalmente alejada de las anteriores películas de Tim Burton, con un Val Kilmer soso y sin ganas que nos hace echar mucho de menos a Michael Keaton, con un Tommy Lee Jones histriónico, tratando de imitar todo el rato al inimitable Jack Nicholson, con una historia de amor entre Val Kilmer y Nicole Kidman fallida y sin garra, con la introducción de un Robin que nunca debió nacer en las páginas del cómic (Lete, aquí sí coincidimos de pleno) y sobre todo, con una trama con el invento de leer mentes de Edward Nygma (E. Nygma… estos guionistas de cómics siempre tan creativos) demasiado fantasiosa y absurda. ¡God bless Nolan por recuperar el espíritu!

¿Alguna cosa hay que me haya gustado de la película? Pocas, pero alguna hay. Jim Carrey dota a Acertijo de su personalidad y le da vida a ese bastón, con sus imposibles poses de dibujo animado y hay alguna referencia a la serie que tiene su gracia:

-“Holy rust iron, Batman” (Santo hierro oxidado, Batman).

- “What?” (¿Qué?)

- “This island is made of iron and is full of holes” (Esta isla es de hierro y está llena de agujeros).

Más o menos, ¿eh?, así de memoria.

En definitiva, me uno al pueblo llano al pensar que Schumacher la cagó dos veces al tratar de dar su punto de vista al oscuro Batman… eso sí, una de las veces más diarréicamente que otra.

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30/04/2008

IRON MAN

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Ayer, a la abogada y a mí, nos cayó un regalo con la forma y el glamour de un preestreno que no esperábamos. Como dicen que es de bien nacido ser agradecido, la forma más natural de empezar este post dedicado al hombre de hierro es agradeciendo el detallazo a Ibán, por habernos cedido un par de pases VIP que nos permitieron pasearnos por la alfombra roja (sin conseguir sacar ni un solo flash de los fotógrafos) y estar a pocos pasos de distancia de famosos de tanto relumbrón como Emma Ozores, Gemma Ruiz o Lorena, ganadora de O.T. Como veis, la palabra “glamour” se queda corta para describir el evento.

Fuera ironías, lo que sí mereció la pena fue poder disfrutar antes que el gran público (un día antes, al menos) de una gran adaptación a la pantalla grande de uno de los héroes más míticos y queridos de la casa Marvel, al que mi amado Spiderman llama “cabeza de lata”, el héroe maldito hecho a sí mismo, sin mutaciones, sin picaduras de insectos, sin radiaciones fortuítas: Tony Stark, alias Iron Man.

La estructura de la película es simple. Millonario aburrido, alcohólico, fabricante de armas y ausente de moral es secuestrado y se da cuenta de que su vida no tiene mucho sentido. Como es un manitas y tiene pasta y tecnología punta para jugar, se hace un traje de hierro para zurrar a los malos sin compasión. Tras las clásicas pruebas, empieza a cogerle el tranquillo, para al final enfrentarse a un archienemigo más grande y más fuerte en una soberbia batalla final.

En efecto, como digo, la fórmula de la película es la vista en mil y una ocasiones, tanto en el cine, como en los libros o hasta en los videojuegos. Pero da igual, porque en este caso, el carisma de un Robert Downey Jr. al que el traje le viene como un guante, los toques de humor finamente engarzados con acción y efectos especiales a raudales y todos y cada uno de los actores secundarios, funcionan a las mil maravillas.

La introducción es lo suficientemente larga como para que nos interese lo que le pase al protagonista. La construcción del traje se toma con tiempo y los personajes tienen tiempo a definir sus personalidades, lo que denota un guión trabajado, sin las prisas y la falta de inteligencia de algunos de los subproductos heroicos que poblaban la cartelera hace poco, como la infame “Spiderman 3” o el capítulo que supuso el desmantelamiento de la franquicia de los 4 fantásticos.

Parece que los fabricantes de imágenes se dan cuenta, de vez en cuando, de que una buena peli de acción y fantasmadas no puede constar solamente de eso, imágenes e imágenes generadas por ordenador a ritmo vertiginoso que bombardeen al espectador. Sin una historia medianamente hilada, sin personajes que conecten con el público, sin un descanso entre rijostio y rijostio, la película se transforma en un sinsentido adrenalínico pero sin interés.

La nota negativa la pone quizá la química, o más bien la ausencia de química entre Gwyneth Paltrow, que hace de la eficiente secretaria de Stark, y Robert Downey, quienes juntos protagonizan algunos diálogos bastante cogidos por los pelos.

A pesar de esto, parece que tenemos nueva franquicia por delante. Esperemos que el gigante verde de Edward Norton nos depare un sabor tan dulce como el que deja el hombre de hierro.

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24/02/2008

JOHN RAMBO

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Cuando íbamos al colegio, el cine se vivía de otra manera. Bastaba con que te pusieran delante a un tipo duro pegando tiros, una banda sonora que elevara el nivel de las imágenes y un par de secuencias de videoclip, para que un personaje se convirtiera en un icono y en semanas de conversaciones sesudas de recreo sobre lo que molaría ser uno de aquellos tipos duros. Si encima el personaje cuajaba y salían un par de secuelas, tenías un arquetipo de héroe asentado en la memoria por el resto de tus días.

Uno, afortunadamente, va evolucionando y, aunque recuerda con cariño ciertas figuras de su infancia, algunas van perdiendo nitidez en la foto. Si uno repasa aquellas películas que de canijo hacían que te construyeras un fuerte inexpugnable detrás de los sofás utilizando todos los cojines de la casa, hay algunas que resultan ahora infumables (no quiero ni recordar lo mala que fue aquella serie llamada “El guerrero americano”, con Michael Dudikoff y lo enganchado que estaba a sus secuelas).

Sin embargo hay otras películas de acción que aguantan el paso de los años. Ahí están los casos de “Depredador”, “La jungla de cristal”, “Kickboxer” (aunque solo la primera de ellas), o la que nos trae hoy a toda esta disertación, los traumas del ex boina verde John Rambo.

La primera de las películas nos traía un argumento que quizá tenía más de denuncia de la guerra que de acción sin sentido, con un traumatizado ex combatiente que traía en jaque a una pequeña comunidad. Paradójicamente, las dos siguientes secuelas, parecían una apología de la guerra en una trama de acción vertiginosa muy lograda, en la que la figura de Rambo se elevaba hacia la categoría de superhéroe y que nos trajo secuencias antológicas como aquellas flechas explosivas tan increíbles o su colegueo con los por entonces bravos y heróicos guerreros talibanes.

Para el resurgir de la saga, quizá Sylvester Stallone quiso mezclar la denuncia de aquel primer título con la acción sin límites de las dos siguientes secuelas y, como suele pasar en estos casos, el producto se queda un poco en tierra de nadie, sin definirse enteramente en ninguna de las propuestas y, por lo tanto, dejando algo insatisfechos a ambos tipos de público.

Cuando finalizó la proyección, el poso que me dejó no me lo esperaba. Yo creía que me iba a encontrar con el mazas de Rambo repartiendo estopa a diestro y siniestro durante toda la película y, por el contrario, “John Rambo” tiene una introducción a los acontecimientos que se extiende hasta la mitad del metraje, en la que se tratan de mostrar los sentimientos y los traumas del ex militar, que vive pacíficamente en Birmania (hay que ver el ojo que tiene el tipo para elegir destinos turísticos asolados por dramas de lo más sangriento).

Para cuando empieza el reparto de pasaportes rumbo al infierno, quizá estaríamos dispuestos a continuar explorando la psique de Rambo, aunque fuera a base de diálogos más bien flojos y pretendidas respuestas inteligentes llenas del vacío más absoluto, pero damos la bienvenida a la acción pura y dura y nos arrepantigamos en la butaca a la espera de la carnaza.

Efectivamente, Stallone no defrauda a la hora de mostrar salvajadas filmadas a ritmo trepidante. El gore se adueña de la pantalla y nos ofrece cabezas reventadas, sangre por litros y diversas formas de despedazar adversarios, pero toda esta acción se condensa en apenas un cuarto de hora, con lo que nos deja con el sabor de boca de que, a pesar de haberse cargado a todo un ejército, Rambo se ha vuelto un poco descafeinado.

¿Quién me iba a decir a mí, que iba a salir de esta película con la sensación de no haber visto demasiada acción? De momento, en el ranking de abuelos inadaptados, John McClane le gana la batalla por goleada al otro John, el melenudo, el del labio torcido: John Rambo.

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13/02/2008

BATMAN

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Tranquilos, seguro que muchos de los habituales aún recordáis la chapa que os di con el reportaje de "Batman". Ahora he vuelto a hacer una crítica para Muchocine y el especial de Tim Burton, aunque más resumida.
Así que, el que quiera el revivir el tostón sobre el caballero oscuro, que se vaya aquí.
Si por el contrario, queréis la nueva crítica, más cortita y apta para todos los públicos, que vaya aquí.
Esto se está pareciendo a un libro de "Elige tu propia aventura"...
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10/02/2008

MONSTRUOSO

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Es curioso que dos películas de concepción tan similar como “REC” y “Monstuoso” hayan aparecido en las carteleras con tan poco lapso de tiempo entre ellas… y también una suerte. Me imagino que si llegan a estar separadas, sin ninguna duda, a la segunda se la habría acusado de falta de originalidad, de plagio de ideas, como seguramente ocurra en la mente de los espectadores usamericanos cuando les llegue el remake de la española, ya que el público medio de por allá es incapaz de implementar en el lobanillo una película doblada o subtitulada.

Estas dos películas tienen otro rasgo en común que, con el tiempo, las convertirá en obras recordadas y, por qué no, incluso podría convertirlas en películas de culto, signifique lo que signifique tal epíteto. Dicha característica compartida son las reacciones extremas, encendidas y encontradas que han provocado a su paso. Salvo una minoría, el público se ha definido claramente en fervientes admiradores y furibundos detractores. A casi nadie dejan indiferente y suelen dar mucho que hablar.

A pesar de que “REC” se instala en el terror más primitivo y “Monstruoso” se decanta por el género de monstruos (valga la redundancia) o de catástrofes, comparten, de una manera mucho más cercana que otra de las que se suelen mencionar, “El proyecto de la bruja de Blair”, una forma de rodar que aboga por el realismo en el cine fantástico, que introduce al espectador en la acción de una forma brutal poniendo la cámara en manos de uno de los protagonistas, con las virtudes y defectos que este tipo de grabación puede tener.

Está claro que aquel al que moleste la filmación hipocondríaca y temblorosa de un tipo que filma y escapa de un bicho al mismo tiempo, odiará la película, se saldrá constantemente del argumento y acabará mareado por imágenes borrosas y, en muchos casos, que no enfocan hacia nada útil. Sin embargo, el que sea capaz de sentir esas imágenes confusas y rápidas como una forma de escapar junto a los protagonistas, se encontrará con una película emocionante, tensa, con personajes con los que fácilmente podemos identificarnos y sin más pretensión que la de mantenernos pegados a la butaca sin pestañear y, si tiene suerte, crear un universo de acólitos y leyenda a su alrededor.

El argumento, en este caso, es lo de menos. Un pretexto, enorme y malvado, para contemplar la isla de Manhattan destruida, la cabeza de la estatua de la libertad cercenada – idea que se le ocurrió a J. J. Abrahams, ideólogo de “Perdidos”, “Alias”, “Felicity” y, por supuesto, la cinta de la que hablamos, así como productor, tras ver el poster de ”1997: rescate en Nueva York” – y una pandilla de adolescentes tratando de salvar sus vidas y rescatar a una de sus amigas. Sin embargo, hasta este enorme y destructivo animalejo está concebido de forma excepcional, mostrándose de refilón y fugazmente la mayor parte del film, acentuando la sensación de desamparo y desconocimiento de los protagonistas y del público.

Sobresaliente también su campaña de marketing, bombardeando la red con noticias veladas, trailers y posters sin título y construyendo todo un universo a su alrededor que se ocupó de que el boca a boca – o, en este caso, el tecla a tecla – se extendiese por todo el mundo como una gigantesca e imparable plaga y, de paso, captar una legión de admiradores aún antes de que se estrenase la película.

El resultado final es un experimento con el sabor que dejan los productos que se elaboran con mimo, con el propósito de hacer bien las cosas. Quizá algo masacrada en su país de origen, ante un grueso del público que no disfruta con esta clase de experimentos, pero que está funcionando de maravilla en el resto de los países en los que se estrena.

Si aún no la has visto, ya sabes que tendrás que escoger camiseta: ¿te apuntas a la aventura del proyecto Cloverfield o pasas de otra de bichos y adrenalina?

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31/12/2007

SOY LEYENDA

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Las buenas ideas abundan en el cine. De hecho solo hay que echar un vistazo a los largometrajes que circulan por el mundo, un buen ejemplo de buenas ideas, muchas de ellas muy bien llevadas a cabo. Si encima, la idea se saca de una conocida novela, leída por millones de personas y llevada al cine en dos ocasiones anteriores, uno se asegura casi por completo que la parte fundamental de la historia no va a ser mala. El problema suele presentarse al rodear ese núcleo de una historia atractiva.
En este caso se parte de la novela superventas de Richard Matheson “Soy leyenda”, que con cambios sustanciales introducidos, relata como un científico del ejército se convierte en el último hombre sobre la tierra, siendo el único ser humano inmune a un virus que convierte a los hombres en una especie de vampiros rabiosos sin otro cometido en su existencia que el de comerse a sus congéneres sanos.
Además se puede conferir a la historia de un interesante halo catastrofista y de advertencia al atribuir la propagación del virus al propio ser humano, contando que éste es en principio una mutación de un virus mortal que en principio va a ganar la batalla contra el cáncer. No está mal la premisa para abrir un debate de la lucha del hombre contra la naturaleza o de la eterna búsqueda de la inmortalidad.
El problema viene cuando todo se queda a mitad de camino entre géneros y es en este momento cuando uno sale del cine convencido de que no ha visto absolutamente nada. Se inicia la trama observando la vida de Robert Neville a solas con su perra de una forma que nos recuerda a Náufrago, la lucha de un tipo intentando no volverse loco con su soledad. De vez en cuando nos asaltan flash-backs del intento de Neville de salvar a su familia en un drama vertiginoso. También asistimos a los esfuerzos del protagonista por encontrar la cura del virus y arreglar todo el desagisado que se ha causado. El género va cambiando hacia la mitad, convirtiéndose al terror cuando debe escapar de los zombies, para asentarse hacia el final en la acción pura y dura y nuevamente el drama en los últimos compases.
El resultado es el temido, al final has visto un batiburrillo de ideas de las que es muy difícil quedarse con nada, salvo con la actuación de un Will Smith que ya había demostrado que es capaz de cargar una película a sus espaldas, pero que no tiene un ojo demasiado clínico a la hora de elegir guiones que no sean de comedia.
Por su parte, Francis Lawrence, el director que ya nos había traído la entretenida “Constantine”, demuestra por momentos que es capaz de filmar con buen pulso, pero es muy difícil hacer algo que valga la pena con un guión que no sabe lo que quiere, que tiene más momentos de relleno que de historia.
Por último, un apunte para los directores que pretendan acongojar al personal (como si lo fueran a leer). La abogada se decidió a venir conmigo a pesar de que los vampiros eran personajes de la película y estuvo bastante más asustada en las partes en las que Will Smith recorre casas vacías y habitaciones oscuras que en las que al fin el vampiro de turno asoma su careto generado por ordenador (sin contar el clásico susto a base de subida de volumen y aparición rápida de bicho en pantalla, que funciona incluso si el bicho de turno es Bambi). ¿Aún no han aprendido que el terror de calidad funciona de esta manera?
Aunque, como al final no llegué a ninguna conclusión del género en el que estaba instalado la peli, quizás no era esto lo que se pretendía.

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08/12/2007

BEOWULF

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Robert Zemeckis se está metiendo en una espiral de preciosismo formal ausente de contenido que está empezando a resultar cargante. Espero que tan solo sea el comienzo de una etapa, los resultados de una experimentación los que llevan al director a poner todo su empeño en la parte técnica olvidando la parte fundamental de una película, la historia y espero también que se vaya solucionando con el tiempo.

Pasaba algo similar con los primeros videojuegos, en los que el afán por crear algo nuevo daba productos sumamente simples. Tan solo hay que recordar el primer videojuego de la historia, consistente en un par de barras que se movían verticalmente y una pelota cuadrada. Aunque ahora que lo pienso, aquello resultaba de lo más adictivo.

No pasa lo mismo con la nueva película basada en la técnica “Performance capture”, que en román paladino viene siendo grabar actores reales, para luego capturar sus imágenes digitalmente y crear un personaje virtual. Sin ninguna duda, este modo de animación sumado a que puede verse en 3D en algunas salas, es lo mejor de la película. Todo lo demás, huele a mediocre.

La técnica de Zemeckis mejora a pasos agigantados. Lo que en “Polar express” eran simples dibujos que se parecían a caras conocidas aquí pasa a un nuevo nivel. Las expresiones de los actores están muy logradas y todos ellos son fácilmente inidentificables. Ray Winstone, Angelina Jolie, Anthony Hopkins, Robin Wright-Penn o John Malkovich son convertidos en personajes de leyenda, los detalles visuales son cuidados al máximo y las imágenes en 3D rallan la perfección. Todo ello posibilita batallas espectaculares, personajes imposibles y escenarios épicos, pero todo se empaña por el nulo ritmo de la película.

La historia, sacada del más famoso poema épico anglosajón, narra las aventuras del rey Beowulf, un héroe obsesionado por pasar a la historia por sus hazañas… y eso es todo. Una batalla al principio, otra cortita en medio y otra al final y el resto son diálogos sin profundidad y puro y duro relleno. Nada nos hace fijar la atención en las andanzas de los personajes salvo la curiosidad de ver las tetas virtuales de Angelina Jolie en 3D.

Hacer una película épica no consiste en incluir un par de personajes mitológicos o de leyenda, unas cuantas peleas bien coreografiadas y un héroe cachas y atormentado. Un mínimo de historia debe hilar las partes de acción si se quiere conseguir que al espectador le importe algo que el héroe viva o muera. Puede que sea el poema inglés el que no da para más, pero aún así, un buen guionista debería saber separar el trigo de la paja y rellenar, de forma creativa, las partes en blanco. Si para algo me ha servido “Beowulf” es para darme cuenta de lo buenas que me parecieron la trilogía de “El señor de los anillos” o “300”.

Esperemos que el señor Zemeckis finalice su experimentación técnica y vuelva a hacernos pasar los buenos ratos de películas como “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, “Forrest Gump” o la trilogía de “Regreso al futuro”. De momento, lo que sacamos en claro con “Beowulf” es que la señorita Jolie está aún mejor de dibujo animado que en carne y hueso… que ya es decir.

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15/09/2007

LA JUNGLA 4.0

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Aviso a navegantes, para todos aquellos que tengan intención de ir a ver la peli. Estamos hablando de una gran fantasmada. Enorme, excesiva, tremenda. Imaginad una película de James Bond y multiplicadlo por tres. Así que todo al que lo ilógico de una película de acción exagerada le moleste que siga mi consejo y se ahorre los seis euros de la entrada.

Dicho esto, continúo para todos aquellos que disfrutamos con los saltos de “Chuache” en “Mentiras arriesgadas” o los gadgets del clásico Bond o los clásicos héroes que tras una paliza tan solo muestran un hilillo de sangre en la comisura de la boca, sin un solo cardenal. Para nosotros está hecha esta secuela de la socarronería del genial John McLane. Una de las mejores películas de acción que he visto en mucho tiempo, con un aire y unos diálogos que ya creía perdidos y un Bruce Willis en absoluto estado de gracia que hace funcionar cada uno de los chascarrillos que suelta por esa bocaza de policía de vuelta de todo. A pesar de sus 52 años el bueno de Bruce da el tipo en cada carrera, en cada pelea en cada salto y en cada escena física.

Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con una peli de buenos y malos, de polis y cacos, de héroes y villanos. Hacía mucho tiempo, también, que no disfrutaba de esta forma una persecución, o una pelea a puñetazo limpio o un tiroteo (nota para Otro de Sanci: por alguna razón mientras escribo este post he pensado en ti. No creo que te defraude lo más mínimo).

Mark Bomback, era un desconocido para mí hasta la fecha, pero pasará a ser un nombre a seguir después de firmar la historia y el guión de “La jungla 4.0”. Lo mismo sucede con Len Wiseman, que antes de adjudicarse la dirección de la cinta que estamos tratando tan solo tenía en su haber la muy decente “Underworld” y su secuela “Underworld evolution”. Entre estos dos tipos rescatan a un John McLane que vuelve a encontrarse en el lugar menos adecuado en el momento menos oportuno. Han pasado unos cuantos años desde la última entrega y nuestro héroe se ha convertido en un detective que ha visto ya casi de todo, con la lengua más afilada que nunca y la capacidad para cabrear al malvado de turno tan fresca como el primer día.

En esta ocasión el enemigo no viene de fuera de las fronteras Usaméricanas sino que reside en el interior. Un programador que ha trabajado para el gobierno trata de vengarse del maltrato sufrido por éste creando un caos total en el país anulando su sistema informático y por lo tanto, controlándolo prácticamente todo. Las comunicaciones, las fuentes de abastecimiento, las cámaras, el tráfico, todo depende de una red central informática y por lo tanto todo es susceptible de ser manipulado. El miedo y la desinformación se convierten en el mayor peligro de los ciudadanos que se ven desorientados y desnudos ante la falta de seguridad.

Contra todo y contra todos ha de luchar McLane que ayudado por un joven informático y esporádico hacker (Justing Long) tiene que vérselas con un buen puñado de enemigos a cada cual más duro de roer, como los malvados que nos encontrábamos al final de cada una de las fases de aquellos primeros juegos de ordenador.

En los 130 minutos de duración asistiremos boquiabiertos a las increíbles habilidades del policía protagonista para destruir cuanto medio de transporte intenta darle caza o cae en sus manos, mientras nos partimos de risa con las ingeniosas réplicas que regala a sus adversarios. Todo esto funciona a la perfección gracias al rostro curtido y socarrón de Willis y al genial doblaje de Ramón Langa en la versión española. Esta debe ser una de las pocas ocasiones en las que ver la película doblada no desmerece ni lo más mínimo a su versión original (por lo menos a mí no se me ocurre ningún otro caso).

Los actores alrededor de Willis no están menos sembrados. El ya mencionado Justin Long cubre el papel de secundario friki, cómico y desvalido a la perfección. El malo malísimo, llamado Thomas Gabriel, está interpretado por Timothy Olyphant, que con una mirada de loco impresionante logra dar una réplica perfecta al protagonista. La amante y violenta compañera de Gabriel, Mai, lo interpreta la actriz oriental Maggie Q. y aunque pasa algo desapercibida tiene alguna escena para el recuerdo. Por último mención especial para el personaje interpretado por Kevin Smith, un friki informático apodado “el brujo”, coleccionista de figuritas de Starwars y en la línea de humor de este genial guionista y director.

Pues no me extiendo ya más. Tan solo volver a recalcar que me he divertido de lo lindo con este personaje totalmente antagónico al hierático Bourne, que ha conseguido rescatar de manera perfecta un tipo de acción salpicada de humor como no recordaba desde hacía ya mucho tiempo. De manera gloriosa, ha vuelto a resonar en la sala de cine ese mítico: ¡Yipee ka yei, hijo de puta!

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12/09/2007

LOS 4 FANTÁSTICOS Y SILVER SURFER

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Aquí van mis impresiones sobre otra de las pelis que me fui a ver durante el periodo estival, la segunda adaptación de la familia de superhéroes más famosos de la Marvel, los 4 fantásticos.

Está claro que no todos las adaptaciones de personajes de los comics tienen que ser oscuras y psicológicas como las genialidades de Christopher Nolan y Brian Singer con sus Batman y X-men. También pueden ser luminosas, llenas de gags y efectos especiales como la idea original con la que fueran concebidos. No todas las adaptaciones tienen que ser así, pero lo que tampoco puede ser es que esto suponga un descuido en el guión y su única sustentación sean los efectos especiales.

La segunda entrega de los 4 Fantásticos se queda a medio camino entre una mala y una buena película. Hay partes interesantes como el personaje de Silver Surfer (anteriormente conocido entre los lectores de comics españoles como Estrella Plateada) interpretado por el rey de los disfraces Doug Jones (también tras las máscaras del Fauno de “El laberinto del Fauno” o de Abe Sapien en “Hellboy”), o el de la Antorcha Humana del guaperas Chris Evans pero siempre al lado de la desastrosa Jessica Alba, paródica con esas lentillas azules o esa chapuza que han hecho al tratar de dar forma a Galactus, el devorador de mundos, en la pantalla.

El caso es que el mundo de los superhéroes da para mucho y hay ideas que son imposibles de trasladar a la pantalla (cosa que también pasa, por ejemplo, con el universo de Stephen King y así hay tan malas adaptaciones de sus libros). Hay enemigos que resultan ridículos fuera de las coloridas páginas de los comics e historias que son imposibles de adaptar. El problema de enfrentar a los héroes con enemigos prácticamente indestructibles sin una idea clara de guión provoca películas irregulares como esta.

Los momentos de sonrojo, como la escena del baile de Mr. Fantástico (bailes y superhéroes empiezo a pensar que deberían estar prohibidos, recordar Spiderman 3) se entremezclan con escenas de acción muy bien rodadas como la del helicóptero irrumpiendo en la boda o casi todas en las que aparece Silver Surfer. Unos minutos centrales muy interesantes contrastan con un final cogido por los pelos y con un intento de dramatismo tan fallido que uno acaba por desear algún mal a la parejita lider de la patrulla.

Tim Story tiene aún mucho que aprender y mejorar y abarca tantas buenas ideas como malas. La constancia no es lo suyo, de momento, así que veamos si va aprendiendo de sus errores y mejorando su trabajo hacia cotas más elevadas.

Próximamente nos esperan nuevas adaptaciones de comics: Batman, Hulk, Ironman, Sub-mariner o Thor tendrán nuevos capítulos o comienzos de sagas. Seguramente mi alma de comiquero me obligará a ir a ver todas y cada una de ellas, pero ya veremos cuantas acaban mereciendo la pena.

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09/09/2007

LA JUNGLA DE CRISTAL

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“Cuatro millones de terroristas en el mundo y tengo que matar a uno que tiene pies de mujer”. Esta frase resume el espíritu de la saga de “La jungla de cristal” (traducción libre, como casi siempre, de su título original, “Die hard” que quedaba rara en las secuelas posteriores, pero todos asumimos), es decir, acción a raudales salpicadas por el peculiar humor del figura de John McLane, interpretado por el incombustible (y ligeramente fascistoide) Bruce Willis.

El caso es que ante el reciente estreno de “La jungla 4.0”, en casa nos decidimos a revisitar la primera de las aventuras del teniente McLane y de paso seguir ilustrando a Eli sobre los hitos del cine de acción, que anda un poco pez. Un post éste que también podría entrar dentro de la categoría de “Películas de mi infancia”, ya que aunque no recuerdo verla de estreno en el cine en 1988, sí que formó parte de los héroes adrenalínicos con auténtico carné de poli usaméricano de mi infancia, junto con otros como el Axel Foley de “Superdetective en Hollywood” o el Martin Riggs de “Arma letal”, ambas posteriores a La jungla.

La peli revolucionó en su momento las pelis de acción con un personaje atípico, con poca pinta de héroe y más de perdedor con demasiados problemas. Un pupas que, a su pesar, se ve envuelto en una trama en la que tendrá que vérselas con un grupo de terroristas sanguinarios que pretenden robar una caja fuerte hiper blindada en un edificio con tropecientosmil sistemas de seguridad. Un antihéroe con problemas en su matrimonio y una capacidad innata para sacar de quicio a todo aquel que le cabrea.

El argumento funciona como un reloj en gran medida gracias a la personalidad de los dos antagonistas, por una parte un Bruce Willis en estado de gracia, recién salido de la serie que lo había consagrado como gran caradura con estilo, “Luz de luna”, y por otra el enorme Alan Rickman, actor de teatro de corazón y gran villano del mundo del cine como podemos ver en “Robin Hood, príncipe de los ladrones” o la saga de Harry Potter con la encarnación del oscuro Severus Snape.

La película es un incesante encadenamiento de escenas de acción perfectamente filmadas que crearon un estilo que se mantuvo, quizás, hasta la llegada de Bourne y compañía, donde se empezaron a rodar con cámara en mano creando una nueva escuela (tan válida como la anterior). Aquí los malos son malísimos (y de la Europa del Este, como mandaba la tradición), los policías unos inútiles y los del FBI unos flipados sin cerebro que no hacen más que empeorar las cosas. Cada situación a la que se ve enfrentado John McLane es una vuelta de tuerca sobre la anterior, una fantasmada con gracia en la que la suerte influye en gran manera en el triunfo del héroe. Un punto de partida para una de las sagas de acción más entretenidas.

Como no se puede disfrutar con McLane saltando desde la azotea de un rascacielos tras haberse enrollado una manguera alrededor de la cintura, o lanzando una bomba atada a una silla por el hueco de un ascensor o cada vez que le suelta al malo de turno su típico “Yipee-ka-yei, hijo de puta” con un brillo burlón en sus ojos.

Así que ya estamos un poco más preparados para comprobar si McLane/Willis sigue en forma a sus 53 años aunque estoy seguro que su mueca de media sonrisa socarrona sigue funcionando a la perfección y de que saldremos de la sala, nuevamente, con los niveles de adrenalina por las nubes.

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