30/06/2008

EL INCREIBLE HULK

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Cada superhéroe del gigantesco universo con millones de ramificaciones, sub-argumentos y relaciones personales complejas que ha ido construyendo la editorial Marvel con el paso del tiempo, tiene un carácter y una psicología propia, por no hablar de los diferentes tratamientos que han sufrido dependiendo del guionista que les tocó en suerte cada vez. Por ello, cada acercamiento a un nuevo personaje debería ser estudiado con detenimiento, para cuadrar el tono y la historia sin enfurecer a millones de espectadores en potencia.

No se debería tratar de igual forma los problemas personales y mundanos de Peter Parker por pagar el alquiler y ayudar a su tía mientras limpia Nueva York de villanos enfundado en el traje del trepamuros, que las aventuras más livianas de los 4 fantásticos o los conflictos sobrehumanos de un semi-dios como Thor. No toda traslación superheróica a la pantalla puede tener el tenebrismo de Batman (en este caso de DC y no de Marvel) ni el humor cachondo de Hellboy (salido de la pluma del genial Mike Mignolla).

Por eso, cuando se pensó por primera vez en adaptar el conflicto interno de Bruce Banner a la pantalla, un tipo que soporta la maldición de convertirse en una enorme bestia verde y estúpida cuando se cabrea, se pensó en algún director que supiera mostrar ese duelo interior entre el hombre y la bestia. La elección del filosófico Ang Lee no parecía mala, a priori, aunque el resultado fuera un galimatías que no hiciera honor al personaje.

En esta nueva entrega, que niega o ignora la anterior película, se ha optado por una mezcla entre espectáculo y profundidad, escogiendo a un director joven con capacidad para desenvolverse en el género de acción (Louis Leterrier, director de “Danny the dog”, con Jet Li pegando leches, o la segunda parte de “Transporter”) y un actor perfecto para esa clase de papeles duales, en los que se tiene que mostrar dos caras de una misma moneda (Edward Norton, que dio forma al bipolar personaje de “Las dos caras de la verdad” o al nazi reconvertido en “American history X”).

El resultado se acerca mucho más al concepto que tengo del conflicto Banner/Hulk que la película de Lee. En ésta, tras un prólogo resumido en los títulos de crédito iniciales, se muestra a Bruce viviendo escondido en Brasil, tratando de pasar inadvertido e intentando, por un lado, dominar su ira para no dar rienda suelta al monstruo y, por otro, investigando la manera de erradicar a su alter ego para siempre.

Todo se complicará cuando vuelvan a dar con su pista y tenga que volver a Usamérica, para reencontrarse con su antiguo amor, someterse a un experimento que podría convertirle de nuevo en una persona normal y, ya de paso, enfrentarse a un bicharraco enorme y con peor mala uva.

La acción no es tanta como parece indicar el trailer, salvo una colosal pelea final en la que se juega con unos efectos especiales fuera de serie. Pero en realidad, gran parte del metraje versa sobre las ralladuras mentales de Banner y su relación “kingkongeana” con su novieta.

Los actores, por su parte, dan lo que se espera de ellos. Norton es un genio de la interpretación y se echa a la espalda cualquier papel, Liv Tyler pone mohines como nadie, Tim Roth se limita a poner cara de malo y William Hurt borda sus escasos minutos en pantalla.

Atención al epílogo tras los títulos de crédito. Marvel se dirige pausadamente hacia un objetivo que puede dar lugar a una de las películas más complicadas y más caras de la casa, la reunión del grupo de superhéroes más conocidos de la editorial. ¿Tendremos próximas películas de Thor y Capitán América para ir completando el grupo?

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27/06/2008

PASO DE TI

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Hasta ahora no había visto ninguna de las comedias de la llamada factoría Apatow, el escritor, director y productor que se supone que ha revolucionado el género de humor en los usamérica con un humor accesible, gamberro e identificable.

Empezó la racha con “Virgen a los 40”, continuó el éxito con “Supersalidos” y “Lío embarazoso” y ahora la mitad de las comedias que nos llegan del otro lado del charco salen de esta pandilla de cachondos mentales.

Había leído que “Paso de ti” no era la mejor de las comedias de la productora, lo que hace que tenga muchas ganas de ver las anteriores, pues ha habido un buen número de momentos en los que me he partido de risa con las penas de un tipo vago, guarrete y torpe abandonado por una superestrella de la televisión.

La historia parte de ese hecho. Peter Bretter, músico frustrado y holgazán de vocación, es abandonado por su novia Sarah Marshall, gran estrella de la televisión de una de esas series horribles con argumento calcado de un capítulo a otro, de la forma más humillante y vergonzosamente graciosa posible.

A partir de ahí, el pobre Peter tratará de ovidar a su ex a toda costa organizando un viaje sin planificar al archipiélago Hawaiano, algo que nunca haría en su anterior etapa de novio casero, con tan mala suerte que por allí andará Sarah con su nuevo novio roquero, un “sex simbol” con filosofía zen y bastante imposible de odiar.

Así, todo está envuelto en el clásico celofán con pinta de comedia romántica convencional, pero con varios detalles que la diferencian de sus primas pastelosas y predecibles.

El primero es el mimo con el que Jason Segel, guionista y protagonista de la cinta, trata a su personaje, un tipo con mala suerte con el que todos nos podemos identificar en algún momento, aunque lo que se nos cuente esté siendo exagerado. Un tipo enamoradizo, sensible y con bastante sentido del ridículo que se enfrenta a personajes que dan bastante juego, como la joven pareja de recién casados con problemas para consumar el matrimonio, el camareta fumeta, el camarero fan incondicional del artista de rock, el mejor amigo raro…

Grandes bazas son también los actores elegidos. Desde el ya mencionado Jason Segel, entrañablemente patético, pasando por Kristen Bell, que está muy bien haciendo de estrella caprichosa, Mila Kunis, con unos ojazos impresionantes y enamorando al protagonista o Russell Brand, un presentador, actor y humorista británico que borda el papel de roquero chalado y ex adicto a todo.

Poco a poco todo va encajando hacia donde sabemos que se dirige de antemano, pero muchos de los gags hacen que merezca la pena el viaje.

En definitiva, tenemos la clásica comedia romántica, resultona y bastante predecible pero asentada en un guión trabajado, plagado de humor gamberro. Para desconectar el cerebro y sentir una pizca de vergüenza ajena del pobre protagonista.

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20/06/2008

EL INCIDENTE

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La nueva película del director indio M. Night Shyamalan lleva el título original de “The happening”, que se tradujo en nuestro país por “El incidente”, pero que bien podría haber sido “Lo que está pasando”. Algo bastante curioso en una película en la que la mayor parte del tiempo no sucede absolutamente nada.

La primera película que vi de Shyamalan fue “El sexto sentido”, como la mayoría de la gente y me pareció una de las mejores películas de suspense que había visto. Luego llegó “El protegido” y me despistó. Reconozco que fue culpa mía, por ir con ideas preconcebidas al cine. En este caso una segunda revisión de la cinta me demostró que la primera vez la había visto con malos ojos. Volví a reconciliarme con él.

Luego llegó “Señales” y al no esperarme nada, volvió a atraparme con su trama de serie B y esa familia rota, protegiéndose como podía de lo desconocido. Con “El bosque” y “La joven del agua” ya me pareció que la pretenciosidad de sus fábulas de realismo mágico empezaban a ganarle terreno a la historia en sí y en ambas salí del cine poco convencido, aunque las dos me parecieron entretenidas.

En “El incidente”, sin embargo, no hay nada que pudiera rescatar al salir de la sala. Ni la historia (o la ausencia de ella), ni la moraleja (demasiado pueril para mi gusto), ni las interpretaciones (están todos horribles), ni la realización (hay algunos momentos ralentizados que claman al cielo)… absolutamente nada me ha gustado en una de las películas más aburridas que he visto últimamente.

La trama empieza con unos suicidios masivos en pleno Nueva York, que empiezan a extenderse como una plaga entre la población. Es en ese momento cuando un profesor de ciencias se coge a su novia, con la que está pasando una mala racha, hacia algún sitio en el que puedan estar a salvo. De repente, en medio de la nada, pierden comunicación con el resto del mundo (algo que no cuadra demasiado con la explicación final) y siguen escapando, hasta que deducen la causa de los suicidios y continúan escapando. Tras haber escapado un rato más junto con algunos secundarios extravagantes, la plaga se detiene y dejan de escapar.

No digo que la idea no sea buena, pero sí que es una idea tan breve y definida que da para un corto de menos de diez minutos y nada más. Por lo menos si se pretende desarrollar una historia tan sólo en base a eso, porque la endeble crisis de pareja de los protagonistas o el heroísmo del secundario dando su vida por rescatar a su mujer, no cuenta en absoluto.

Pero, como he dicho, no es sólo el desarrollo de la “idea” (me niego a llamarlo argumento) lo que no me encajó en la película, sino ninguno de los elementos que la componen. Los actores están muy flojos, con especial atención a un Mark Wahlberg que intenta componer un personaje calmado, analítico y sensible, para lo cual adopta una voz atiplada y cursi que roza el ridículo. Zoey Deschanel se pasa toda la película abriendo mucho los ojos con cara de asombro (grandiosos ojos, por cierto) e incluso John Legizamo parece perdido en su breve papel.

Tampoco puedo dejar pasar alguna escena de los suicidios, como la del tío que se deja zampar por los leones, que si estuviese incluida dentro de una película gore, tendría su gracia, pero que al verla en un argumento pretendidamente serio y moralizante resulta totalmente fuera de contexto.

En fin, parece que tanto crítica como público se encuentran totalmente divididos con este incidente de Shyamalan, pero a mí me podéis poner con los que irán con mucho miedo a ver la siguiente película del director... si es que voy.

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19/06/2008

LILJA 4-EVER

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Hay ciertas películas en las que, al acabar, me quedo pensando en si el autor quiso mostrarme la cruda realidad para concienciarme o más bien, lo que ha intentado es generar en mí los sentimientos más tristes posibles a base de encadenar jugarretas y desgracias en el personaje protagonista.

Tampoco es que esto me parezca demasiado mal, pues si me gustan las que tratan de provocarme terror a base de sustos o las que intentan hacerme reir concatenando gags, ¿por qué iba a renegar de estas? Pero sí que pierdo algo de implicación en la historia cuando ésta no me parece que fluya de forma natural.

Este es el mayor problema que le he encontrado a “Lilja 4-ever”, la película más aclamada del sueco Lukas Moodysson. Aún siendo una historia que consiguió atraparme en determinados momentos, en gran parte gracias al trabajo de la actriz protagonista, el drama se va incrementando hasta tal extremo que llega a parecer forzado, lo que provocó que mi empatía con la Lilja del título no fuera total.

La historia trata sobre una resuelta chica de 16 años que es abandonada por su madre en Estonia mientras ésta se marcha con su nuevo novio a vivir a Usamérica. A partir de aquí empieza una lucha por la supervivencia plagada de todo tipo de tragedias. La madre no le envía dinero, su tía la echa de casa, una amiga la acusa de puta delante de todo el instituto y ella empieza a prostituirse para conseguir pasta.

En medio de todo este caos, su único salvavidas será el pequeño Volodja, un niño profundamente enamorado de ella que será el único que la respete y valore como se merece.

La película está narrada de un modo sencillo, directo y sin estridencias. Moodysson sabe bien lo que quiere contar y no se detiene en florituras. Lo que le interesa es la perra vida de Lilja y la denuncia de una situación tan denigrante y destructiva como es la trata de blancas y hasta donde puede aguantar en esa situación un espíritu alegre, optimista y casi imposible de rendir.

Pero si algo destaca en este mar de desgracias es la actuación de Oksana Akinshina, la actriz protagonista, que consigue mezclar en una sola personalidad fuerza y fragilidad, arrogancia y timidez, descaro y miedo, conformando un personaje lleno de matices y de fuerza, algo real en medio de tantas escenas dramáticas, que por sí solas podrían llegar a conformar un mundo casi de ciencia ficción.

En definitiva, es una película llamada a remover conciencias y a dejarnos clara una situación inhumana, que se sigue produciendo en las zonas más deprimidas de nuestro “primer mundo”, con una actriz protagonista brillante y que, aún así, no consiguió golpearme de forma contundente debido a una masificación de desgracias que complicó el que me identificara con lo que se me estaba contando.

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Posted by Heitor at 13:33:04 | Permanent Link | Comments (5) |

03/06/2008

ELEGY

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Isabel Coixet, por lo general, ha mantenido siempre a audiencia y crítica de una forma bastante polarizada, en dos bandos irreconciliables. Sólo por esta capacidad de generar amores y odios a partes iguales ya podemos decir que no es una directora anodina, sino que posee algo diferente y especial que provoca, a la hora de narrar sus historias, sentidas reacciones en el espectador, ya sea a favor o en contra, lo que para mí ya supone sumarle unos cuantos puntos.

Sin ser su defensor más acérrimo, las dos anteriores obras de la directora me habían cautivado. “La vida secreta de las palabras” y, muy especialmente, “Mi vida sin mí”, me habían golpeado con fuerza, llegando a sentir la desazón de dos protagonistas muy distintas, ambas magníficamente encarnadas por la que venía siendo musa de la directora, la actriz usamericana Sarah Polley.

Esta vez, Coixet cambia de musa, aunque sigue excavando en su particular mundo de personajes rotos, mutilados y perdidos, con la historia de desamor de un profesor de crítica literaria incapaz de creer en el compromiso y la fidelidad de por vida.

De repente estas creencias se ven sacudidas por su “affaire” con una ex alumna segura de sí misma y diferente a todo lo que ha pasado por su vida que lo volverá más dependiente y frágil de lo que jamás pensó que podría llegar a sentirse.

A través de los pensamientos del erudito protagonista y de las conversaciones con su mejor amigo, un poeta que se aferra a su matrimonio a pesar de sus múltiples infidelidades, se desgranan sus miedos y sus traumas, así como el resto de sus relaciones personales, con una amante tan descreída y solitaria como él y con un hijo que aún no le ha perdonado que abandonara su familia en pos de una vida más libre.

Sin embargo, lo que en las dos películas anteriores de Coixet antes citadas, fluye de manera natural, consiguiendo la empatía del espectador sin estridencias, llevándolo por el curso natural de los acontecimientos, aquí resulta forzado y artificioso, sobre todo hacia el final de la película, donde parece que la directora intente sacar la lágrima del espectador a toda costa añadiendo una tragedia que nada aporta al dibujo de los dos personajes principales.

Hasta ese momento crítico, en el que si uno no entra en el juego que nos propone la realizadora se ve fuera de la película, el super-glue que consigue unir todas las piezas de manera firme es la soberbia actuación de un Ben Kingsley inmenso, capaz de transmitir más matices en una frase de su suave y grave voz que muchos actores con largos discursos.

A Kingsley le acompañan una Penélope Cruz a la que no acabo de cogerle el punto en los registros dramáticos, que no desentona pero que tampoco me transmite todo lo que pienso que debería contener su personaje, un pequeño aunque exquisito papel que aprovecha al máximo el casi desaparecido Dennis Hopper, como fiel amigo del protagonista, que da lugar a algunos diálogos muy buenos y otra pequeña perla a cargo de Peter Sarsgaard, como el perdido y resentido hijo de Kingsley, también con alguna conversación memorable.

En definitiva, tengo la impresión de que Isabel Coixet intenta estar a toda costa al nivel de sus anteriores obras forzando demasiado la máquina, convirtiendo una historia sencilla en una telenovela demasiado artificial.

Puede que sea uno de esos casos en el que la maestra acaba siendo superada por la alumna, como demostró Sarah Polley con su gran debut tras las cámaras con “Lejos de ella”, en el que el espíritu de la catalana estaba mucho más presente que en esta supuesta elegía.

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Posted by Heitor at 11:27:59 | Permanent Link | Comments (13) |