23/03/2008

LAS CRÓNICAS DE SPIDERWICK

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Ha habido un fallo en Matrix. Vamos, que esto tiene que ser un “déjà vu” enorme, porque si no, no me puedo explicar como me encuentro otra vez hablando de una saga de libros infantiles vendidos como rosquillas en usamérica, de una aventura fantástica en mundos imaginarios, de protagonistas infantiles, de magia, de hadas, de ogros malvados, de secretos familiares… Alguien en alguna oficina de Jólibu ha entrado en un bucle infinito del que no es capaz de salir.

Esta vez, la pentalogía literaria resumida en la película corre a cargo de los novelistas Tomi Diterzzili y Holly Black y el tono de la historia es más liviano que el de sus primos hermanos “Las crónicas de Narnia “, “Harry Potter” o “La brújula dorada”, para aquellos niños por debajo de los 9 años que no se atreven con la densidad argumental de éstas. Aunque trasladado a la pantalla, esto no se nota demasiado, dando como resultado una historia fantástica que nos suena a mil veces vista.

En este caso se relatan las aventuras de dos gemelos con personalidades muy diferentes – ambos interpretados por Freddie Highmore, el chaval de “Descubriendo Nunca Jamás” o “Charlie y la fábrica de chocolate” – a partir del momento en el que descubren, en su nueva casa, el cuaderno de campo de su tío bisabuelo Arthur Spiderwick, en el que recoge todas las criaturas fantásticas que viven en nuestro mundo, invisibles a nuestros ojos.

Ambos hermanos, Jared y Simon, deberán proteger el cuaderno de campo del malvado ogro Mulgarath, que lo necesita para poder acabar con todas las criaturas – algo a mi parecer un tanto absurdo y que no explican en ningún momento – ayudados por su hermana Mallory y, todo esto, mientras intentan adaptarse a la separación de sus padres.

Mark Waters, que también dirigió “Chicas malas” o aquella comedia romántica blandita titulada “Ojalá fuera cierto”, no nos ofrece ninguna sorpresa. Resumiendo cinco libros en una sola película, elimina cualquier punto que pudiera ser novedoso y la historia se limita a una sucesión de tópicos rodeados de cuidados efectos especiales y buenos actores que hacen lo que pueden en medio de un guión tirando a soso.

Además de Highmore, nos encontramos a Nick Nolte en un papel diminuto – de alguna forma hay que ganarse el sustento – como el malo malísimo de la historia, a David Strathairn – el presentador en la usamérica McCarthyana que finalizaba sus informativos deseándonos buenas noches y buena suerte – con otro secundario casi anecdótico o las voces de los cómicos Martin Short – el pardillo que recibía la cápsula exploradora en “El chip prodigioso” – o Seth Rogen, famoso últimamente por co-escribir la comedia “Supersalidos” o por protagonizar “Lío embarazoso”.

En definitiva, “Las crónicas de Spiderwick” es otra aventura más para chavales con facilidad para conformarse y para padres con vocación sufridora, sin grandes bondades pero también sin grandes pegas. Una más en un aluvión de historias para chavales que prefieren las imágenes a las letras. Esperemos que por lo menos sirva para aficionar a la lectura a unos cuantos y que comprueben que la imaginación puede llevarte mucho más lejos de lo que lo hace un entretenimiento visual de menos de dos horas.

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18/03/2008

I'M A CYBORG, BUT THAT'S OK

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En este caso, para la siguiente película vista en el festival, reconociendo que aproveché unos momentos par descansar la vista y el cerebro, daré paso a mi corresponsal y enviado especial a pelis de alto contenido surrealista. Adelante Carlos:

Es la primera vez que salgo del cine sin poder decir con seguridad si me ha gustado la película o no, lo cual es un punto a favor de la película, por lo que finalmente podría decir que sí me ha gustado, pero eso significaría que pierde el punto a favor que le otorga el hecho de ser la única película que no sé si me ha gustado, por lo que entro en un bucle del que no puedo salir. También es la primera vez que una película hace que entre en un bucle, lo que sería otro punto a favor. Mejor que decida otro si me ha gustado.

El punto de partida de la película es, como poco, original. Una joven que se cree un cyborg, aunque nunca se le ha revelado su función, es ingresada en un manicomio. Allí, se niega a comer y conoce a un chico, tan loco como ella, que intentará ayudarla, tanto en la búsqueda de su cometido en la vida, como en su problema alimenticio.

El director, Park Chan-Wook, famoso por las escenas extremadamente duras y violentas de su trilogía sobre la venganza: “Sympathy for mr. Vengeance” – película sobrevalorada hasta extremos insospechados –, “Oldboy” y “Sympathy for lady Vengeance”, intenta dejar en un segundo plano, que no eliminar, este tipo de escenas. A cambio, ofrece algunos planos con alta carga poética – como cuando él le ofrece a ella unos calcetines que al frotarlos le permiten volar hacia mundos imaginarios – y otros con un peculiar sentido del humor – como las escenas en los que ella recarga su batería y se refleja en las uñas de sus pies, o cuando él consigue robar la habilidad “pin-ponil” de otro de los internados –.

Los actores están bien – al protagonista, Rain, lo podremos ver en el esperado regreso a la dirección de los hermanos Wachowski, con “Speed racer” –, la fotografía es bonita y de tonos cálidos, sobra algún secundario algo cansino y unos cuantos (bastantes) minutos de metraje y los efectos especiales están muy conseguidos, para redondear esas escenas oníricas en los que ella se ve a sí misma como cyborg. No sabría decir nada del resto de aspectos técnicos (sonido, montaje y esas cosas), y el que se encargó del vestuario tampoco se comió mucho la cabeza: pijama blanco para enfermos y enfermeros.

En definitiva, la película es demasiado lenta para ser graciosa y demasiado absurda para ser conmovedora. Se queda en una especie de limbo (genérico y formal) en el que reina el aburrimiento, y del que sólo te sacan algunas escenas especialmente líricas, o especialmente impactantes, o una pequeña siesta en el caso de los débiles de espíritu.

 

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17/03/2008

DIARIO DE LOS MUERTOS

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Al contrario que otras cintas del festival de cine fantástico de Madrid, de corte poco propicio para el tema que se trataba, ésta sí se esperaba con ilusión. El argumento cuadraba perfectamente con el espíritu del evento, la sangre, las gamberradas y el humor negro parecía que harían las delicias de los espectadores y el director era un viejo conocido entre los amantes del cine de zombies, el ilustre George A. Romero, creador de la gran “La noche de los muertos vivientes”, fuente de donde ha bebido gran cantidad del cine de terror.

De hecho fue una de las más aplaudidas, vitoreadas, carcajeadas y comentadas a voz en grito por el rebaño de histriónicos con incontinencia glandular que ya he comentado otras veces y, quizá por esa razón, no fui capaz de meterme en la película de la forma que me hubiese gustado. Ya fuera por la verdadera calidad de la película o por la irritación de la algarabía formada a mi alrededor, encontré “Diario de los muertos” como una película deslabazada, de diálogos infantiles y huecos y con personajes demasiado planos y tontuelos como para merecer ser salvados.

La historia va sobre una pandilla de estudiantes de cine que intentan rodar una película de terror de ínfimo presupuesto en un bosque cualquiera, cuando reciben la noticia de que un extraño problema está surgiendo entre los muertos más recientes del país. Resulta que vuelven a la vida con una agresividad fuera de lo común para ser fiambres y un gusto por pegar mordiscos a la gente sana preocupante. Así que, todos juntos, intentarán huir en una furgoneta, mientras uno de ellos graba todo lo que sucede a su alrededor a modo de testimonio.

Parece que la idea de “REC” y “Monstruoso” se ha filtrado en los cerebelos de un buen puñado de directores en el mismo periodo de tiempo, como si de un virus mutante se tratase, y en un escaso lapso de tiempo afloran como setas las películas rodadas desde el punto de vista del cámara. El efecto sorpresa, por lo tanto, desaparece completamente, lo que me volvió mucho más crítico con esta película que con las anteriormente citadas.

Aún así, Romero no es un principiante y las escenas en las que los protagonistas destrozan, decapitan, mutilan y aplastan zombis están cargadas de buen gore y una buena dosis de humor negro, pero esto no basta para arreglar un guión que no ofrece apenas interés.

Romero se limita a llevar a los protagonistas de un lado a otro sin demasiado sentido, a ofrecer algún personaje bastante gracioso (como el sordomudo que se encuentran a mitad de metraje) y a llenar la pantalla de los zombis más lentos que he visto en una pantalla de cine, en profunda contraposición con la rabia desatada de los de “28 días después” y “28 semanas después “ de Danny Boyle y Juan Carlos Fresnadillo. Tanto es así, que parece imposible que nadie con un mínimo de atención e inteligencia pueda ser atrapado por estos seres, lo que resta un punto de emoción a la historia.

Por lo tanto, “Diario de los muertos” fue una de las grandes decepciones de la jornada de cine fantástico, lo cual apunta a que Romero debería ir cambiando el discurso, pues se ve que nada le queda por decir con respecto al mundo de los muertos vivientes. Un cambio de rumbo de vez en cuando, puede ser sumamente beneficioso.

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16/03/2008

PENELOPE

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En el festival de cine fantástico no sólo había espacio para las películas frikis de argumento inabordable, para idas de olla de japoneses pretendidamente graciosos y minimalismos varios, sino que las superproducciones usamericanas también tenían un espacio en el que hacerse hueco. Una de ellas fue la fábula blandita y moralizante con protagonismo absoluto de la otrora reina del universo del rarismo, Christina Ricci.

La historia parte de un argumento propio de cuento infantil, para ir desarrollándose en el género de la comedia romántica de alto presupuesto a lo largo de algo más de hora y media que se pasa en un suspiro.

Penelope es una adolescente encerrada en su mansión de papis ricos por culpa de una maldición lanzada sobre todas las féminas de la familia, que las condena a nacer con nariz y orejas de cerdito hasta que alguien de su misma condición la quiera exactamente cómo es. De esta manera, tendrá que sufrir constantes audiencias con jóvenes ricos casaderos, orquestadas por su superficial madre, hasta que de con aquel que no sólo se quede en la superficie y se enamore de su bondadoso carácter.

No hay nada realmente novedoso ni en argumento, ni en la puesta en escena, ni puñetera falta que hace. La cuidada ambientación, la sensación de que esta vez no están tratando al espectador como si tuviera un coeficiente por debajo de la media, la cuidadísima ambientación y un buen puñado de actores muy resultones son suficientes como para saciar las expectativas de los enganchados al romanticismo.

Christina Ricci es una buena actriz y demuestra que no sólo se la puede sacar partido en papeles de marginada o desequilibrada y es capaz de emocionar con el típico papel de tristona protagonista con corazón de oro. James McAvoy da la perfecta réplica de galán gamberro, con esa mirada desvalida que consigue arrancar sin esfuerzo los suspiros de la sección femenina del patio de butacas. Catherine O’Hara – la madre de “Solo en casa” o la histérica de “Bitelchús” – es el prototipo de madre hiperprotectora y agobiada. Reese Witherspoon se coge esta vez un pequeño papelito de macarrilla que apenas da tiempo a disfrutarla y Peter Dinklage demuestra ser uno de los pocos actores enanos capaces de hacernos olvidar su estatura a base de capacidad de actuación.

La película mezcla humor y desengaños amorosos en la estudiada proporción de este estilo de películas y el final no ofrece lugar a la imaginación, por lo tanto los que sean alérgicos al género ya saben que van a sufrir de lo lindo si tienen la obligación de acompañar a su pareja. Sin embargo, los que no renieguen del exceso de azúcar podrán disfrutar de una producción muy superior a la media de pasteladas que suelen asolar la cartelera cada año.

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12/03/2008

EL GRAN HOMBRE DE JAPÓN

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El humor no es tan internacional como se cree, o por lo menos no todo el humor. Quizá grupos como tricicle, o algunos clowns, que basan su espectáculo en la mímica, logren provocar risas en diferentes culturas con el mismo éxito, pero cuando entramos en otros estilos de comicidad, la cosa va por barrios. Esta película debe de ser uno de esos casos, ya que Hitoshi Matsumoto, un cómico muy conocido en Japón, salta a la pantalla grande protagonizando una película con algunos puntos sumamente graciosos, pero aburrida en demasiados momentos.

El país del sol naciente tiene una concepción del mundo bastante diferente a la nuestra. Su cultura cinematográfica y su mitología están plagadas de monstruos, diablos, demonios y héroes que me resultan muy difíciles de comprender y abarcar y su paciencia muchas veces me desquicia. Esos planos largos y pausados que abundan en su cine me ponen muy nervioso.

La historia de “El gran hombre de Japón” es la de un tipo gris, aburrido y egocéntrico que pertenece a una estirpe de defensores de la isla contra los monstruos que la asolan día sí y día también, con la capacidad de aumentar drásticamente de tamaño cuando recibe chorrocientos mil voltios a través de sus pezones. Así tendrá que luchar contra los monstruos más absurdos que se puedan inventar librando al país del desastre intentando que los resultados de las audiencias de las peleas no sigan bajando en picado, a la vez que su reputación.

Gran parte de la película está rodada como un largo y aburrido documental en el que se entrevista al personaje, mientras éste da respuestas cortas e insulsas. La entrevista se corta cada vez que Dai Nipponjin – el protagonista – recibe una llamada de las autoridades para transformarse en gigante y estas son las partes más divertidas de la película, pues cada monstruo al que se tiene que enfrentar es más absurdo que el anterior. Las peleas son de lo más estúpido y algunas conversaciones en medio de la batalla son francamente hilarantes.

Pero donde Matsumoto da la campanada es en el último tramo de la película, cuando lo invade un espíritu puramente “Montypytoniano” y todo se transforma en un no parar de puntos surrealistas que llenó la sala del cine de una mezcla de carcajadas e incredulidad, rematando la historia a un nivel mucho más alto de lo que había empezado, lo que fue de agradecer.

Si Matsumoto hubiese optado por imprimir a toda la cinta de ese humor absurdo, dejando tan solo las peleas con las abominaciones y el final estrella, posiblemente estaría dando forma a otra crítica totalmente diferente, pero las casi 2 horas de película se hacen demasiado largas, las entrevistas interminables y el personaje acaba siendo bastante repelente.

No creo que llegue a las carteleras españolas, pero aquel que quiera echarse unas risas en una aburrida tarde de domingo, con la posibilidad de acelerar el DVD en las partes aburridas, esta rarísima comedia es una posible opción.

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11/03/2008

REBOBINE POR FAVOR

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Ya tenía clasificado al rarito de Michel Gondry en la lista de directores interesantes después de haber visto esa obra maestra llamada “Olvídate de mí”, unos cuantos e innovadores videoclips y la inclasificable “La ciencia del sueño”. Mi impresión sobre él era la de un tipo inquieto y muy creativo, con capacidad de sorprender en cada nuevo proyecto, seguramente un tipo que acabaría siendo irregular por lo arriesgado de sus propuestas. En fin, un cineasta al que merecía la pena seguir la pista. Pero lo que no me esperaba de él, es que me ofreciese una de las mejores comedias que he visto en los últimos tiempos, capaz de hacerme llorar de risa como no lo habían hecho en una sala de cine desde tiempos remotos.

El argumento, probablemente hubiera provocado que mis ganas de ver la película fueran nulas si no hubiese conocido a su creador. Un par de colegas bastante limitados, se hacen cargo de un videoclub de barrio que se resiste a dar el paso al DVD mientras su dueño está fuera. Tras el absurdo intento de uno de ellos de sabotear una estación eléctrica y quedar magnetizado, borra todas las cintas del videoclub por accidente, con lo que tendrán que volver a rodarlas ellos mismos para que el negocio no acabe de hundirse.

Con esta idea de base, dos cómicos en estado de gracia como el acelerado Jack Black – cansino en muchas de sus películas pero desternillante en ésta – y el rapero y actor Mos Def, se enfrentan a situaciones exageradamente hilarantes llenas de guiños cinéfilos al cine de los 80 y 90. Si habéis visto películas como “Los cazafantasmas” o “Robocop” os partiréis de risa con las ocurrencias de los dos tarados, pero si encima sois de los que presumís de recordar las películas escena a escena entonces probablemente necesitéis reanimación cardiopulmonar al no poder frenar la carcajada en algunos momentos.

Gondry sigue fiel a su estilo y mezcla su pasión por la tecnología y los efectos digitales con un gusto muy personal hacia las escenas “bricomaníacas”. El creador del “bullet time” – el conocido efecto en el que la cámara gira ralentizando el tiempo que hizo famosa a la película “Matrix” – tiene una capacidad infinita para rodearse de un atrezzo de lo más raro y construir escenarios a mitad de camino entre lo onírico y lo artesanal y el argumento le viene al pelo para dar rienda suelta a su creatividad visual y su personal sentido del humor.

Quizás el empacho de carcajadas en el tramo medio de la película provoca un bajón hacia la parte final, donde la gamberrada toma un leve giro hacia la crítica a una sociedad acelerada, adicta a todo lo que suponga una novedad o una evolución y demasiado cruel hacia los pequeños creadores en detrimento de las grandes empresas, que juegan con ventaja. El discurso se vuelve más blandito y enfila hacia un desenlace que intenta jugar con la emoción de lo que hemos visto. Pero en ese momento, lo que el cuerpo me seguía pidiendo era continuar con el desmadre, cosa que no pasa.

De todas formas, en ese punto ya no hay quien me quite la sensación de haber pasado uno de los mejores ratos delante de una pantalla en mucho tiempo. Ese es el momento en el que la peli acaba, obvio el final y me dispongo a recordar los incontables gags con mi compañero/a de butaca, llegar a casa y escenificarlos a quien tenga delante, sacar el tema en los botellones…

Que social vuelve esto de la risa.

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10/03/2008

V MUESTRA DE CINE FANTÁSTICO DE MADRID

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Pues sí, amigos, aprovechando que el Tuela pasa cerca de San Ciprián (coña que sólo pillarán unos pocos afortunados, los demás me estudiáis un poco más), he asistido aL primer festival de cine de mi vida. Esto parece un acto repleto de glamour y personas sesudas desmenuzando con pulso de cirujano películas iraníes, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, asistir a un festival de este estilo supone desafiar los límites del aguante físico y psicológico comprando un bono que permite visionar 15 películas en el tiempo record de 4 días al módico precio de 2 euros por película, una tarea que sólo pueden desempeñar de forma completa frikis de nivel 4, insomnes sin cura y adictos a las imágenes en movimiento con gran capacidad para echarse una cabezadita en las películas malas. Por supuesto, yo estoy dentro de la tercera clasificación, ya que mi facilidad para quedarme sobado en los más diversos ambientes sólo se iguala a mi nulo sentido de la orientación.

15 pelis (en realidad 14 y una sesión de cortos) de cine fantástico podrían dar para mucho pero, sin poder comparar esta edición con otras anteriores, me ha parecido que el nivel de este año no estaba demasiado alto. Cuatro películas son las que mejor huella me dejaron una vez concluido el festival, un resultado no demasiado abultado ante muchas otras cintas que no sé muy bien qué pintaban en una muestra de cine fantástico.

De todas formas, hay algo que sí he sacado en claro: asistir a un festival de cine uno sólo, tiene que ser más duro que estudiar unas oposiciones. Si conseguí disfrutar de la actividad fue gracias a una compañía inmejorable, muchos de los cuales eran desconocidos para mí hasta ese momento y que asociaré de aquí en adelante al concurso de resistencia más friki y más gracioso al que he asistido. Muchas gracias a Carlos, Rafa, Almudena, Ana, Paco y Leo por ese maratón de rarezas, dulces de leche, comida basura, muñecas hinchables desechables y exposiciones casposas que convirtieron un fin de semana cualquiera en toda una experiencia.

Intentaré darle caña a las neuronas las próximas semanas para dejar constancia de todas y cada una de las marcianadas que tuvimos oportunidad de contemplar, pero por lo pronto, aquí va un resumen del festival.

El Jueves era el primer día del evento y con tan sólo una película en cartel, debía ser el más sencillo de soportar. Era el momento para las presentaciones, coger confianza y acudir a la exposición que se anunciaba junto con el festival.

Recomiendo a todo el que tenga en su casa más de 4 artículos relacionados con el cine que se anime a organizar una exposición sobre el tema. Da igual que tan sólo sea una goma de borrar de “La loca historia de las galaxias”, una careta de los chinos de “Spiderman”, una foto con un falso autógrafo de Ana Belén en “Zampo y yo” y una maqueta del detector de alienígenas marca Mikasa de “El milagro de P. Tinto”, porque ya será mucho mejor que la cutrez presentada en el centro de la capital.

Para recuperarnos del shock, asistimos a una de las mejores películas del festival, la hilarante y extraña nueva película de ese ex director de videoclips metido a cineasta de culto llamado Michel Gondry. Hacía mucho que no lloraba de risa en un cine y las tonterías de Jack Black y Mos Def lo lograron con creces.

El viernes ya suponía un esfuerzo considerable de resistencia, con tres películas y una sesión de cortos del festival de San Sebastián programados para la tarde. En los cortometrajes exhibidos hubo alguna curiosidad, pero nada que llamase la atención de forma remarcable. En cuanto a las películas, una ida de olla de un humorista japonés en una película de un superhéroe cobarde y venido a menos con puntos sumamente graciosos mezclados con partes extremadamente soporíferas en “El gran hombre de Japón”, una comedia romántica de las de toda la vida con buenos actores, buenas intenciones y guión lineal, previsible y agradable en “Penélope” y la enésima vuelta de tuerca del monotemático George A. Romero y su extensa tesis sobre los muertos vivientes. Un día bastante flojillo tan sólo animado por los discursos del descubrimiento del fin de semana, la simpática actriz Leticia Dolera. Tiene mucho mérito lanzarse delante de una enorme panda de frikis que, a no ser que seas Kevin Smith en un ataque de locuacidad ya que criticarán cada una de tus palabras, te silbarán, abuchearán y piropearán sin descanso. Su desparpajo e intento de conectar con la audiencia hizo que me cayera bien desde el primer momento, a pesar de que no dejáramos de meternos con ella.

El sábado era el día duro y crucial del experimento sociológico al que fuimos sometidos. Una película por la mañana y cinco a la tarde rallaba el límite del sadismo o la locura, pero eso no consiguió echarnos atrás, así que allí estábamos los más valientes, a las 12 de la mañana para asistir a “Las crónicas de Spiderwick”, una fábula basada en libro muy vendido, con personajes fantásticos y niño (en este caso niños) protagonistas. ¿A que a nadie le suena de nada?

Tras coger fuerzas en un asturiano a base de sidra y tapitas, nos lanzamos al extraño día de la marmota concentrado en el que se convirtió el resto de la jornada. Entrábamos, cogíamos sitio en la parte izquierda (siempre) del cine, veíamos la película, salíamos, nos daban un bote de intragable dulce de leche, hacíamos cola, comentábamos la peli, entrábamos… una espiral con la que todos llegamos a tener oscuras pesadillas.

Esa tarde contemplamos la complicada existencia de una coreana que se cree un cyborg y necesita alimentarse de la energía de unas cuantas pilas y su romance con un tipo que es capaz de robar las habilidades de la gente en “Soy un cyborg”, tres historias hiladas por tres directores diferentes sobre una señal electromagnética que convierte a la gente en paranoicos asesinos en “The signal”, una persecución de una agente del F.B.I. buscando a un psicótico asesino que mata a la velocidad que marquen los visitantes de su macabra página web en “Rastro oculto” (otro brillante cambio de título hacia uno imposible de recordar de aquí a dos meses), un enorme cocodrilo con gusto por los turistas torpes en “Rogue: el territorio de la bestia” y los traumas de un tímido y bondadoso personaje enamorado de una muñeca hinchable en “Lars, una chica de verdad”.

Así, burla burlando, llegó por fin el cuarto y definitivo acto. Estábamos hinchados de botes dulzones, teníamos la forma de nuestros culos en las butacas, los más valientes habían recomendado a Leti que no dijera tantos tacos, Carlos se había llevado una novia de plástico y aún nos faltaban cuatro películas más por ver. Una locura.

Así que todo acabó con las aventuras de dos vividores en un mundo en el que la caca humana es la principal fuente de energía y el gobierno controla los culos de la población mediante chips en “Aachi and Ssipack”, una soporífera película basada en un juego de consola de peleas que se distinguió por tener la menor densidad de peleas por centímetro de película del mundo en “Like a dragon”, una brutalidad sangrienta, gore y deliciosamente desagradable sobre una loca obsesionada por hacer una cesárea prematura a una chica en “L’interieur” y la confirmación de que Frank Darabont se gradúa “cum laude” en adaptaciones al cine de escritos de Stephen King con la historia de un pequeño pueblo haciendo frente a seres de otra dimensión en la interesante “La niebla”.

Sin embargo, en toda experiencia hay un reverso tenebroso y este caso no iba a ser menos. Hacia la parte de atrás, una pandilla de ruidosos especimenes con exceso de testosterona y ganas de dar la nota de forma continuada, decidieron que era menester aplaudir, vitorear y silbar cada muerte de zombie, cada mutilación y cada patada voladora de todas y cada una de las películas (me imagino que esta gente en Sitges o San Sebastián acabará con muñones de tanta efusividad). También había dos o tres genios de la palabra diseminados a lo largo de la sala que, en los momentos de silencio, decidía compartir alguna rara conexión neuronal con toda la sala, incapaz de retener su chascarrillo de todo a 100 en su círculo de proximidad. Me pregunto si será el mal funcionamiento de alguna glándula el que provoca estas mutaciones hacia la estupidez y si sucede por regla general en todos los festivales.

El caso es que en los próximos días, habrá críticas más o menos lúcidas (dependiendo del nivel de sopor de cada película) de las cintas del festival. Muchas gracias de nuevo a mis compañeros de correrías por hacer de él una experiencia única e irrepetible.

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04/03/2008

WΔZ

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Existen puntos de partida clásicos para ciertos géneros a partir de los cuales pueden salir películas de calidad muy diferente. En la comedia romántica es un clásico el malentendido de la pareja y la búsqueda del reencuentro, en el terror el aislamiento de un grupo de personas perseguidas por un ente maligno, en el cine de aventuras el viaje iniciático del joven protagonista y así pasando por un montón de géneros definidos por clichés más o menos recurrentes.

En el thriller es común el asesino con motivaciones, el psicópata que va dejando pistas a la policía para que intente descubrirlo, el duelo intelectual entre las fuerzas del bien y las del mal, las trampas en el guión que proponen un juego entre el espectador y el director, el final sorprendente en el que el asesino gana o pierde la partida. Bajo esta premisa han salido buenas películas como “El silencio de los corderos”, “Seven” o “Los crímenes de Oxford” y también grandes y numerosas cagadas (cada cual que ponga en esta categoría las que considere, hay para elegir).

En el caso de “WAZ” (más bien escrito con una delta, como pongo en el título, pero dejadme obviarlo a partir de ahora), el resultado es un poquito de cal y un poquito de arena. Una buena idea llevada a cabo por un director que pretende imprimir un ritmo a base de planos cortos y cámara en mano que consiguen marear al espectador demasiado a menudo, pero que por momentos consigue, a base de buenos actores, un nivel de complicidad e interés algo elevado.

En el distrito del cínico detective Eddie Argo (Stellan Skargard) empiezan a aparecer una serie de asesinatos con una serie de rasgos en común. Las víctimas aparecen de dos en dos, dichas parejas siempre parecen tener profundos vínculos, en una de las dos víctimas siempre aparece grabada en la piel una especie de fórmula matemática y casualmente, todas están relacionadas con una pandilla de barrio.

Eddie y su nueva ayudante Helen Westcott (Melissa George) deberán seguir la pista dejada por el asesino y tratar de solucionar el difícil caso, descubriendo al fin que tendrá implicaciones más personales de lo que pensaban.

La película tiene ese aire oscuro que se ha instalado en el género desde que “Seven” salió a la luz, pero en este caso, tanto la cámara nerviosa de la que hablábamos, como el tono general de la cinta, no consiguen ofrecer el mismo resultado. A pesar de que los actores están correctos, en algunas partes del argumento se les ve desorientados, como si no se llegaran a creer su papel.

Todo mejora a medida que se aproxima al desenlace, donde el sadismo se apodera del tono de la cinta y pasa del thriller al terror en algunos tramos en los que, una inquietante Selma Blair, se hace con las últimas escenas con un papel sádico y triste que es de lo mejor del film. Es en ese final cuando más sufrimos y más nos identificamos con los protagonistas, a pesar del giro final, algo cogido por los pelos.

En definitiva, una primera parte demasiado lenta y deshilachada que existe sólo como una excusa para llegar al último golpe de efecto, con unas últimas escenas rayando el gore, insuficientes para los que busquen emociones fuertes y quizá demasiado explícitas para los que quieran solamente una trama policíaca.

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03/03/2008

NO ES PAÍS PARA VIEJOS

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No soy un fan acérrimo de los hermanos Coen. Algunas de las películas más aclamadas de su filmografía, como “Fargo” o “Muerte entre las flores” no me dijeron nada en su momento y, por el contrario, algunas de las menores como “El gran salto” y “O Brother!” sí que consiguieron cautivarme. Por lo tanto, me suelo tomar sus nuevos estrenos, por mucho que vengan precedidos por las alabancias de la crítica, con una buena dosis de escepticismo.

Pero esta vez, el western sosegado, la violencia con pausa, el slasher reconvertido o lo que diablos sea esa mezcla que han conseguido los dos hermanos, me ha atrapado desde el primer minuto. Desde el primer minuto, sí, pero no hasta el último.

Joel y Ethan Coen construyen una historia de perdedores, de seres humanos que creen estar de vuelta de todo pero que se ven superados continuamente por las circunstancias. De tipos duros, que se enfrentan a las adversidades de frente para ser machacados por la espalda. De personajes sin escrúpulos con férreos códigos de honor y un buen número de personalidades complejas, llenas de baches y aristas.

Llewelyn Moss es un tipo rudo, de los que caminan durante horas por el desierto sin notar el calor y viven en una caravana junto a una chica a la que quieren sin demostrarlo demasiado. Sus problemas empiezan cuando encuentra una matanza en medio del desierto en lo que parece un intercambio frustrado de droga y una maleta llena de dinero, que se llevará sin pensarlo demasiado.

El problema es que no es el único que sabe de la existencia del dinero. Un despiadado y psicótico asesino llamado Anton Chigurh le seguirá la pista en una lenta y persistente persecución por donde quiera que vaya, sembrando el camino de muerte y destrucción.

Detrás de ambos, intentando poner orden en los acontecimientos, un veterano sheriff apura los últimos días antes de su jubilación aportando una mirada cínica y descreída a los acontecimientos.

La película discurre lenta y obstinadamente por la violenta persecución, mostrando a unos personajes en estado de gracia. Javier Bardem está perfecto en su papel de malo malísimo, aunque no sé hasta que punto merece dicho rol el oscar más que el de su compañero de reparto, Josh Brolin (que nostalgia cuando uno lo imagina con la cinta de deporte en la cabeza en las aventuras de “Los Goonies”), igualmente magistral en su creación de un personaje rudo y obstinado.

En medio de ambos, Tommy Lee Jones borda un personaje al que ya nos tiene acostumbrados y por ello no llega a sorprendernos. Uno imagina que cuando se mete en la piel de estos tipos sarcásticos y de vuelta de todo no está interpretando, sino mostrándose natural ante las cámaras.

La trama no presenta demasiados diálogos, pero los pocos que hay complementan la historia de un modo único. Las conversaciones consiguen llevar al espectador desde la angustia hacia la carcajada en décimas de segundo, con ese peculiar sentido del humor de los dos cineastas.

Tanto dichos diálogos, como los tres personajes, me mantienen totalmente absorto en la historia hasta llegar al desenlace de la misma, momento en el que el guión toma un brusco giro hacia unos derroteros que provocaron que me dispersase de forma brutal, esperando un nuevo giro que diese forma a un final que nunca llega.

Ni entendí el último tramo del guión, ni me atrapó, ni sé que es lo que intentaban los Coen, pero ni siquiera esta tara de la película mitigó la sensación de haber presenciado un film de una fuerza increíble.

No sé que pasará con la próxima, pero en su última obra, los Coen me han dejado más que satisfecho.

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