29/01/2008

AQUEL RITMILLO

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Ha pasado un tiempo ya largo desde mi última entrada de la sección de cortos (¿habéis visto que bien hilado?). Así que tirando de memoria y viendo que se estrena por estas fechas la segunda parte de "Mortadelo y Filemón" en nuestras pantallas, he recordado al director de la primera entrega de los detectives patrios, Javier Fesser.
Debo reconocer que ni las primeras aventuras de los agentes de la T.I.A., ni su primer y alabado largometraje "El milagro de P. Tinto" me produjeron grandes carcajadas, aunque algo más las desventuras de los marcianos de P. Tinto. Pero sí que soy un gran fan de sus cortometrajes.
Al margen de que a uno le haga más o menos gracia su forma de filmar, a Fesser hay que reconocerle una originalidad extraordinaria y un magnífico pulso en su cine. La decoración siempre está cuidada hasta el más mínimo detalle y en pueblan la pantalla objetos que todos los de mí quinta guardamos en la retina con cierta nostalgia. Además, la colaboración con su hermano Guillermo, la mitad de Gomaespuma, dota a sus guiones de un esperpento y un surrealismo que de vez en cuando da en la diana de la salvaje carcajada.
Quizá su corto más famoso es "El secdleto de la tdlompeta", pero este fue el primero de ellos. De nuevo con el bonachón de Luis Ciges en el papel principal, es tan fuera de lo común y tan auténtico que es un pecado no haberlo visto. Así que ya sabéis, perded un cuarto de hora de vuestras vidas y se volverán más felices.

P.D. Está dividido en dos partes. Lo digo para el que se pierda al contar el número de vídeos que hay aquí abajo.

alt : http://www.youtube.com/v/XqL0ibldfbg&rel=1
alt : http://www.youtube.com/v/ytjHcyMHBks&rel=1
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28/01/2008

12 HOMBRES SIN PIEDAD

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Ya hacía mucho tiempo que no degustábamos una ración de cine clásico, así que en la sobremesa del Domingo, convencí a la abogada para prescindir del Technicolor y paladear una joya del cine de juicios a cargo de Sydney Lumet y su cine político. Se trata de la teatral “12 hombres sin piedad”.

Para ser un ejemplar del cine de reos, salas y presuntos culpables, empieza de manera inusual, justo en el último paso del juicio, cuando el jurado se retira para deliberar si el acusado, en este caso con un posible homicidio en primer grado a sus espaldas, debe ser declarado culpable y merecedor de la pena de muerte.

Es a este jurado a quien sigue la cámara, que se instalará junto a ellos en una pequeña sala de reunión en una tarde sofocante, para asistir de forma pasiva a sus deliberaciones. Lo que en principio parece un mero trámite en un caso claro, con multitud de pruebas en contra del sospechoso y varios testigos, se ve prolongado por la duda de uno de los miembros, reticente a mandar al chico a la cárcel si no ve las cosas absolutamente claras y sin un asomo de duda razonable.

A medida que la película avanza, el único participante en la discusión que desde el principio plantea la primera duda – un enorme Henry Fonda –, tratará de razonar con los demás los pormenores del juicio. Diversas personalidades irán saliendo a la palestra retratando una pequeña muestra de la sociedad. Prejuicios, hombres irascibles junto a tipos tímidos, varios estratos sociales y diferentes edades deben ponerse de acuerdo sobre la vida de un hombre.

En medio de los 12 hombres, dos destacan por su claridad de ideas y de exposición de las mismas, cada uno en un bando, mientras a su alrededor el resto va cambiando de opinión dándose cuenta de que no es tan fácil mandar a alguien al otro barrio cuando uno debe estar totalmente seguro de su culpabilidad. La duda razonable empieza a hacer mella en las mentes y las conciencias del grupo.

La película es prácticamente una obra de teatro, con un solo escenario, un número reducido de personas y diálogos que se entrecruzan, se solapan, se cortan y pelean en torno a la vida de un muchacho. Aunque quizá con el tiempo haya perdido algo de su fuerza inicial, sigue siendo un alegato calmado y certero contra la pena de muerte, intentando demostrar que incluso en el juicio más cristalino puede haber puntos oscuros que manden a un inocente a la silla eléctrica.

Para ello, Sydney Lumet hace algo tan complicado como poner la cámara y desentenderse de ella, sin soflamas incendiarias ni discursos elevados, tan sólo un grupo de hombres corrientes soltando frases corrientes. No hay un héroe que los convence, ni tampoco un villano deseoso de provocar una muerte, sino más bien dudas, vivencias y sentimientos poco definidos que se entrecruzan.

Una película sencilla en estructura pero con un gran trabajo de guión, de esos que hicieron famosos a directores como Robert Altman o, (espero no recibir amenazas de muerte tras esta comparación absurda) las primeras películas del ahora algo desnortado Kevin Smith, repleta de diálogos sobre los que se desliza la narración.

Perfecta para paladear sin prisas una tarde de Domingo.

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27/01/2008

LOS CRÍMENES DE OXFORD

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“El crimen perfecto no es aquel que queda sin resolver, sino el que se resuelve con un falso culpable”.

El gran (en varios sentidos) Alex de la Iglesia cambia de registro, de temática y de país para servirnos un producto de puro entretenimiento, al estilo de las novelas de Dan Brown, con un extraño crimen relacionado con las matemáticas, unos cuantos sospechosos bastante freaks y unos diálogos cargados de teorías conspirativas, visiones pseudo-filosóficas y pinceladas de humor marca de la casa.

Martin (Elijah Word) es un brillante estudiante de matemáticas que vuela desde América hasta Londres para que el profesor Seldom (John Hurt), una reconocida eminencia, supervise su doctorado. Aunque en un primer momento, sus diferentes visiones sobre la ciencia y la vida los separarán, el asesinato de la casera de Martin, amiga íntima de Seldom, los unirán en la búsqueda del culpable.

Las sucesivas muertes y unas notas dejadas por el asesino con evidentes connotaciones matemáticas, parecen relacionar al viejo profesor en los crímenes, iniciándose una batalla intelectual entre el perseguido y sus captores.

Las diferentes visiones de la realidad de los dos protagonistas, convierten la trama en un juego dialéctico en el que cada uno intenta convencer al otro de sus ideas. La visión romántica e idealista de Martin, que cree que existen ideas absolutas, verdades universales inmutables a partir de las cuales se puede comprender tanto la naturaleza como el comportamiento humano choca frontalmente contra el cinismo del profesor Seldom, convencido de que al final el azar es una de las bases de la vida, de la que jamás te puedes fiar ni llegar a analizar. ¿Puede el aleteo de una mariposa provocar un huracán en la otra parte del mundo?

La película me mantuvo casi sin pestañear durante toda su duración, unas veces por los rápidos diálogos, con réplicas y contrarréplicas enlazadas, otras por tratar de descubrir con las pistas que de la Iglesia va dejando, quién ha cometido el asesinato y otras pocas, por la contundente belleza de Leonor Watling, que deja para la posteridad una escena en delantal que pasa a mi galería de fetiches de por vida.

Alex de la Iglesia pone un punto de ruptura a su cinematografía, prescindiendo de casi todos sus tics característicos para servir una película más académica, por decirlo de alguna forma. Para mí esto no supone ni mucho menos un paso atrás o una traición hacia su cine, sino una búsqueda de nuevas formas, de nuevos retos, de nuevas imágenes.

Además, “Los crímenes de Oxford” le sirve a de la Iglesia para algunas proezas a nivel técnico, como el falso plano secuencia (usease, un plano largo, en apariencia sin cortes de secuencia) que me recordó a cómo está rodada “La soga”, de Alfred Hitchcock, en la que el director presenta a los personajes relacionados en una maravillosa coreografía.

Quizá el único momento en la que la película chirría es en las relaciones de Martin con los personajes femeninos, demasiado apuradas, quizá en un intento de no distraer la atención sobre la trama central y de no alargar el metraje de forma innecesaria en una obra que es puro entretenimiento, sin más pretensiones.

De todas formas, aquel que vaya a ver “Los crímenes de Oxford” olvidándose de quién es el director, dispuesto tan solo a dejarse llevar por el juego, disfrutará un Cluedo de primera categoría, con giros sorprendentes y personajes deliciosos. ¿Quién se apunta a resolver el misterio?

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26/01/2008

HACIA RUTAS SALVAJES

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Imagino a Sean Penn como un tipo visceral, que se guía por las emociones más que por la cabeza. Un hombre que actúa por impulsos, capaz de embarcarse en cualquier aventura si le llena de verdad. Lo imagino así por su manera de actuar, de meterse en los papeles, ofreciendo a menudo interpretaciones sentidas, profundas y extremas, por su capacidad de transformarse, por su mirada a medio camino entre la tristeza de quién ha visto muchas cosas y la determinación de quien no se detiene ante nada ni ante nadie.

También me ofrece esa imagen en su faceta de director, embarcándose tan sólo en aquellos proyectos de los que se enamora, llevando a la pantalla historias con las que se identifica y escogiendo a actores que representan de manera clara su alter ego en la pantalla. Sucedía con el obsesionado detective interpretado por Jack Nicholson en “El juramento” y ocurre lo mismo aquí, con el joven Emile Hirsch, en la evocadora y ecológica “Hacia rutas salvajes”.

Christopher McCandless es un joven inteligente y rebotado con la sociedad en la que le ha tocado vivir. No comprende a sus padres, una pareja obsesionada con el dinero y el trabajo que apenas se soportan el uno al otro y tampoco comprende un sistema que anula la individualidad y premia el materialismo. Su arraigado idealismo le llevará a cambiar su entrada en la universidad por el inicio de una búsqueda interior, rompiendo con cualquier atadura de conformismo social. Para ello, dona la práctica totalidad de su fondo de estudios a una ONG y, decidido, inicia un viaje en el que intentará sobrevivir por sí mismo en plena naturaleza.

Como decía al principio, la película demuestra que Sean Penn está enamorado de la historia y, paradójicamente, este hecho lastra la narración en determinados momentos de forma clara. Penn intenta hacer llegar al espectador la mayor información posible, sin dejarse nada en el tintero, sumando a las preciosistas imágenes de una naturaleza viva y salvaje y las andanzas del protagonista, una voz en off con los pensamientos de Christopher y su hermana que, a mi modo de ver, ralentiza la narración, volviéndola en ciertos momentos demasiado guiada. Su lealtad hacia la novela original le impide dejar la visión global en manos de simples imágenes y la propia intuición del espectador, queriendo llevarlo por el camino mental que él mismo ha trazado en la lectura.

En otros momentos, sin embargo, la película discurre de modo fluido y es entonces cuando el director muestra todo su potencial, en esos pasajes en los que simplemente deja a la cámara observar al protagonista en su búsqueda, sin intentar influir ni adoctrinar. En esos momentos en los que no hacen falta palabras, deslumbra una cuidada banda sonora con la voz gastada y potente de Eddie Veder, lider del grupo Pearl Jam y compositor de unos temas en perfecta armonía con el espíritu de la película.

Además de la música y la cuidada fotografía del film, destaca de manera rotunda el actor principal, Emile Hirsch, que lleva el peso de la película de forma magnífica, retratando a un personaje carismático y cautivador, un tipo sin maldad que nos hace ver la vida de una forma mucho más limpia y privada de prejuicios.

También me llamó la atención el sensual papel de Kristen Stewart, la niña que vimos pasarlas canutas con Jodie Foster en “La habitación del pánico”, que ha crecido hasta convertirse en una adolescente con una mirada de serena perversidad salvaje.

Concluyendo, en sus dos horas y veinte de metraje, “Hacia rutas salvajes” consigue el propósito de hacer pensar al público sobre cuales son las cosas que merecen la pena en una vida de la que nos estamos perdiendo sensaciones tan atávicas como necesarias. Aunque puede que también lo hubiésemos pensado en menos tiempo.

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22/01/2008

RARO MALO + ROMEO & JULIET

Dándome un garbeo por el heterogéneo blog del gran productor, compositor, arreglista y explotado (que injusto es el mundo) El hombre sin remedio, me han venido a la cabeza algunos vídeos musicales que compartiré con vosotros... lo queráis o no.
The killers ha sacado nuevo disco y entre grandes temazos, se encuentra una versión de "Romeo & Juliet" de los Dire Straits. Los que seguís periódicamente el blog (es decir, familiares y gente a la que pago por entrar) sabéis que disfruto de lo lindo con los grandes guitarristas y sus riffs, punteos y rasgueos y, por supuesto, el gran Mark Knopfler (que tanta grima da a Xurxo) se encuentra entre ellos. Por ello, aunque la versión de The killers me gusta, sigo prefiriendo el punteo inicial del maestro escocés. Eso sí, el vídeo de los Straits no ha envejecido muy allá, ¿no creéis?
Aquí os dejo ambas versiones

alt : http://www.youtube.com/v/87cLyBR1JTo&rel=1
alt : http://www.youtube.com/v/VuWk7taryAA&rel=1
Y como colofón, un vídeo que seguro que nos traerá a todos grandes recuerdos de aquel tremendo espacio de humor televisivo llamado "El informal". Entre las grandes parodias de videoclips históricos, se encontraba ésta del "Thriller" de Michael Jackson. Disfrutar a Flo haciendo el Moonwalker, no tiene precio.

alt : http://www.youtube.com/v/RrQ20RUouOo&rel=1
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21/01/2008

8 MUJERES

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La había pospuesto un número infinito de veces por pereza o por dejadez, pero al fin, la recomendación de mi compi de proyecto ha dado a su fin con un veredicto esperado: aunque coincidamos en un amplio gusto cinematográfico, algo probado en nuestras excursiones a los cines Renoir, seguiremos teniendo nuestros particulares lados oscuros irreconciliables. Carlos no será fácil que disfrute con mis gustos de terror y acción descerebrada y yo no compartiré así como así su gusto por los personajes extravagantes y las historias complicadas del cine europeo.

Esta película fue un acontecimiento en Francia, pues reunía por primera vez a un buen número de las grandes damas del cine galo en una película extraña, mezcla del cine heredero de las novelas de Agata Christie y el melodrama musical. Grandes intérpretes de varias generaciones como Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Fanny Ardant, Emmanuelle Beart, Virginie Ledoyen o Ludivine Sagnier componen una obra de teatro filmada, en la que 8 mujeres tratan de descubrir al asesino del único hombre de la casa.

En una mansión aislada por la nieve, ocho mujeres descubren el cadáver del marido de una de ellas. Tanto esta mujer, como su madre, su hermana, sus hijas, su cuñada o las criadas de la familia pueden esconder alguna razón para haber asesinado al hombre a sangre fría. Entre sorpresas y números musicales, las mujeres tratarán de esclarecer el misterio descubriendo las miserias y secretos de una familia muy poco usual.

Cada una de las actrices da vida a un personaje femenino, todos repletos de excentricidades, oscuros secretos y deseos ocultos en una trama que comienza de una manera clásica, recordando a películas como “10 negritos”, pero que a medida que avanza empieza a ser poseída por el espíritu de algún guionista de telenovelas. La historia se complica estableciendo relaciones imposibles entre las mujeres o dando lugar a giros de guión inesperados de tal forma que echaba de menos entre los personajes a algún Luis Alfredo o escuchar a las protagonistas hablando con el clásico acento venezolano.

Por si esto no fuera suficiente para asombrar al público, al ver a actrices del calado de las del film, habituales de un cine denso y dramático, navegar en un guión tan psicotrópico, cada cierto tiempo se desarrolla antes los perplejos ojos del espectador un número musical que poco aporta a la trama, sin ningún interés musical y con coreografías que llegan a provocar en algunos momentos la vergüenza ajena. Ver a la Deneuve mover los brazos en un intento de sensualidad al ritmo de una canción plomiza es una rareza tan digna de presenciar como de olvidar.

Es posible que haya quien se tome todo como una parodia a este tipo de películas y disfrute con el lucimiento de unas actrices que son capaces de llenar la pantalla con diálogos que en otras bocas provocarían la huida, pero yo fui incapaz de contemplar la pantalla con esa perspectiva. Así como disfruté con los números musicales de “El otro lado de la cama” o con las hilarantes intrigas detectivescas del clásico “Un cadáver a los postres”, me aburrí de forma soberana con el ir y venir de unos personajes sin chispa, incapaces de sacarme una sonrisa ni de involucrarme en una historia demasiado marciana para mi gusto.

No sé como se vería el guión sobre el papel, ya que es imposible deducir el éxito de una película a priori, pero me resulta bastante complicado pensar que todas estas actrices hayan visto en una historia semejante una buena película, a no ser que accedieran bajo coacción o bajo elr peso de un montón de billetitos verdes.

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20/01/2008

BITELCHÚS

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Después del susto gordo de la ópera prima de Tim Burton, vamos con la obra que hizo que empezara a enamorarme del universo único de este rarito del cine.

Allá por 1986, tras el estreno de “La gran aventura de Pee-Wee” y su – para mí del todo inexplicable – éxito de taquilla en Usamérica, Burton había empezado a trabajar en un guión para la Warner sobre una posible adaptación de Batman para la gran pantalla, pero el proyecto no acababa de recibir el total apoyo por parte de la compañía.

Al mismo tiempo, el director buscaba algún guión que se adaptase a sus gustos, para poder construir su segundo largometraje, con muy poca fortuna. Hasta que, pasados unos años, llegó a sus manos uno escrito por un tal Michael McDowell con el extraño título de “Beatlejuice” (traducido posteriormente en nuestro país como “Bitelchús”). Como por arte de magia, en aquella historia se concentraban de forma imaginativa los que se descubrirían con el paso del tiempo como las grandes obsesiones del director: la muerte, la dualidad entre el amable mundo de los fantasmas y el aterrador y tenebroso mundo real, los protagonistas excéntricos y/o marginados y la posibilidad de innovar con efectos especiales que supieran trasladar sus ideas únicas desde su bulliciosa mente hasta el espectador. Más tarde, una vez hecha la película, se encontrarían también elementos visuales que se repitirían a lo largo de su filmografía, como los trajes a rayas blancos y negros, las maquetas, los cementerios o, si nos fijamos en la escena en la que Betelgeuse aparece con un sombrero con forma de tiovivo, podemos ver hasta la cabeza de Jack Skellington en lo alto.

La creación del guión final fue un proceso largo y complicado. Comenzaron el propio escritor, Michael McDowell, junto con un segundo guionista, tratando de dar forma a aquella comedia alocada llena de personajes inverosímiles y sin estructura definida, además del propio Burton intentando dar su propia visión y continuó con la contratación de un tercer guionista. Pero la verdadera personalidad de Betelgeuse surgió cuando Michael Keaton entró en el proyecto y conectó de pleno con la personalidad del director. El carisma, el sentido del humor, la improvisación, el gusto por la parodia y la energía de Keaton fueron los verdaderos artífices del genial personaje protagonista de la cinta y uno de sus mayores aciertos.

La historia de partida de la cinta es simple. Una pareja que vive en una enorme casa tiene un accidente al volver del pueblo y muere. A partir de entonces, convertidos en fantasmas se verán obligados a adaptarse a su nueva situación, sin poder salir de su casa e intentando echar a una familia de yuppies venidos de la ciudad que pueden hacer su larga espera eterna aún más interminable.

En sus excursiones al mundo de los muertos conocerán la burocracia del otro mundo, las catastróficas consecuencias de suicidarse y al bio-exorcista más gamberro, irreverente, marrano e irónico de la otra esfera o, ya en el de los vivos, acabarán haciendo migas con la hija de los nuevos habitantes de la casa, una adolescente depresiva y con tendencias suicidas interpretada por Winona Ryder.

En la película Burton da rienda suelta a su fértil imaginación, las transformaciones fantasmagóricas son tan grimosas como hilarantes, el mundo de Hades está repleto de planos extraños y perspectivas imposibles y las posesiones convierten – como bien dice uno de los personajes – la experiencia en un parque de atracciones. Burton consigue que tengamos unas ganas locas por darnos una vuelta por el otro mundo o buscarnos una pareja de fantasmas como amigos íntimos.

Pero por encima de todo, está la potente interpretación de un Michael Keaton pletórico e incansable. Un torbellino que da vida a un personaje único, entrañable y detestable a partes iguales, capaz de ser cruel de una manera divertida. Un personaje que, a pesar de no aparecer en largos tramos de la película, roba el protagonismo al resto de actores de una manera desproporcionada.

De nuevo, Burton eligió a Danny Elfman para que compusiera la banda sonora, y al igual que sucede con el director, Elfman da muestras de su verdadero potencial componiendo un “score” tan adecuado y rotundo que se convierte en un personaje más de la película.

En definitiva, la segunda intrusión de Burton en el largometraje supuso la confirmación del director y, para algunos espectadores, entre los que me incluyo, el comienzo de una devoción inquebrantable hacia su filmografía.

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17/01/2008

THIS IS ENGLAND

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Nueva ración de cine político y agitador de conciencias. Tras la italiana “Mi hermano es hijo único”, donde seguíamos a un adolescente a través de sus cambios de ideología, pegamos un salto a las islas británicas del gobierno de la dama de hierro a principios de los 80, en donde un chaval de 12 años asiste de primera mano al nacimiento del movimiento skin head y su nacionalismo de extrema derecha.

Shaun es un chaval solitario, con tendencia a meterse en follones y marcado por la muerte de su padre, combatiente en la guerra de Las Malvinas. En ese momento de la vida en el que se necesita algo en lo que creer y ser aceptado por un grupo, se encuentra con un grupo de skin heads de talante moderado que lo tratan como a un adulto y lo aceptan como a un igual, a pesar de la evidente diferencia de edad.

El grupo se disgregará con la llegada de Combo, un skin violento e inestable que adopta las ideas de un partido ultraderechista, obligando a Shaun a elegir entre parte de sus amigos, que prefieren dar la espalda a este cambio de rumbo y una ideología que, según Combo, honra la memoria de su padre, muerto por salvaguardar la pureza de Inglaterra.

Así como “Mi hermano es hijo único” se caracterizaba por el intento del director de permanecer neutral a la narración, sin posicionarse de forma clara en ninguna zona del espectro ideológico, el director y guionista de “This is England”, Shane Meadows, sí que toma un claro partido. Aún así, no carga hacia el movimiento skin head en su conjunto, sino que diferencia claramente a los que adoptan una actitud violenta y extremista, de los que simplemente se guiaban por una estética diferenciadora y que, más tarde, en Usamérica, se desmarcarían de los “skin heads nacional socialistas” dando lugar al movimiento Sharp (Skin heads against racial prejudice).

El director hace uso de una serie de personajes con distintas características para mostrarnos la camaradería, las rivalidades, las alegrías y tensiones de un grupo de amigos, en este caso enmarcados en un movimiento social.

En primer lugar, el protagonista, el más inocente y con la mirada más pura sobre lo que sucede a su alrededor, sin ideas preconcebidas. Un personaje que tiene la necesidad de procesar la información a medida que se va presentando porque no tiene puntos de comparación y que es el que marca el desarrollo de la historia.

Por otro lado, la gente que le rodea. Woody, el más carismático y lider del grupo hasta que Combo aparece en escena y el primero que acepta y apadrina a Shaun dentro del grupo. Milky, el miembro de color de la pandilla, que rápidamente se hace con el cariño de Shaun y servirá como uno de los puntos de ruptura entre los extremistas y los moderados. Gadget, un chaval obeso que de vez en cuando sufre la mofa de los compañeros y que será el primero en pretender sentirse aceptado por el nuevo grupo extremista de Combo. Smell, primer amor de Shaun y una mirada neutral y casi igual de inocente de lo que sucede a su alrededor o el propio Combo, elemento desestabilizador y excusa para mostrar las dos caras de la moneda.

La película avanza en un crescendo suave pero constante, añadiendo tensión y acción a un relato que intenta restar dramatismo en su primera parte con situaciones que llevan a la carcajada, pero que a medida que avanza se hace más duro y descarnado, rematando en un climax final potente y dramático, que deja al espectador tocado, sin la sensación clara de un final feliz pero imprimiendo una sensación de esperanza hacia el futuro del chaval protagonista.

Una película con un ritmo y una evolución perfectos, de esas que son capaces de aflorar una gama de sentimientos contrapuestos enorme y que deja un poso amargo que tarda en desaparecer.

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16/01/2008

METEORO Y EL SEÑOR CONEJO

Después de algunos días sin postear, hoy me ha dado el arrebato y toca ración doble. Después de la sección de sapos y culebras, toca algo de musiquilla para relajar el ambiente.
Ya lo adelantó Jorge en su blog y no puedo por menos que hacerme eco de la noticia. Iván Ferreiro, ex-cantante de Los Piratas y vigués de renombre, está a punto de sacar nuevo disco. Si nos hacemos con entradas, será cita ineludible en su concierto madrileño, donde disfrutaremos de su voz aniñada y sus letras con cargas de profundidad.
De momento, ha salido su primer single, todo un regalo para los oídos. Ahí os lo dejo.
alt : http://www.youtube.com/v/oIDNcUyndpg&rel=1
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EL BRAZO DURO DEL PARTIDO

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Vaya tinglado que se ha montado en el PP con esto de la batalla entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz Gallardón, o lo que es lo mismo, el sector duro, autoritario y dictatorial contra una derecha más suave dialogante y racional. ¿A que no adivináis quién se ha salido con la suya? Pues en una España donde se premia el amiguismo, el trapicheo y el hacerse rico a toda costa estaba más que claro que serían los duros del Saloon los que se llevarían el gato al agua.

La llegada de Gallardón a la cúpula del PP podría haber supuesto una esperada (por algunos) vuelta a la racionalidad en los salones de la política de nuestro país. Un escenario en el que el insulto y el desgaste podría dejar paso a la crítica constructiva y el diálogo, algo que se ha echado en falta como nunca en esta legislatura. Estos últimos cuatro años, el PP ha llegado a todas las cotas posibles de mentira y política barriobajera. Se ha utilizado el terrorismo como un arma política arrojadiza de una manera que nunca se había hecho en la historia parlamental española de forma tan constante que al final ha llegado a parecer una forma natural de protesta. El número de políticos populares implicados en casos de corrupción, cohecho, malversación de fondos y toda clase de robo ha superado con creces a los de cualquier otro partido nacional, pero a nadie parece extrañarle. Es más, incluso llega a parecer que es aplaudido por sus seguidores.

El reinado de Esperanza Aguirre en la comunidad de Madrid ha sido uno de los que más me han asombrado, supongo que por proximidad. Ha autorizado campos de golf en parques que anteriormente eran públicos, ha sacado nuevas leyes para recalificar suelo protegido con impunidad, ha permitido la construcción desmesurada e incontrolada de nuevas urbanizaciones o, lo último que ha salido, los cuatro hospitales que había prometido a la comunidad, resulta que van a ser de gestión privada. Es una señora que utiliza el poder de una forma dictatorial y sin el menor asomo de sonrojo, haciendo ricos a sus amigos y abatiendo a sus enemigos, cabeza visible de la sección del Partido Popular más dura, junto con personajes como Ángel Acebes.

Al final han ganado la batalla. En una estrategia digna del perro del hortelano han preferido apear al máximo rival en una futura lucha por la dirección del partido que ganarse tal distinción por meritos propios. Han chantajeado y amenazado hasta conseguir sus objetivos. Después de esto, Gallardón ha decidido dejar la política, algo bastante congruente.

Si estuviéramos hablando de cualquier otro partido, podría asegurar que todo esto traería sus consecuencias. Gente dividida a favor y en contra de la decisión que afectaría a los votos del partido. Pero estamos hablando del PP, el único partido, diría que en la galaxia, que tiene un número de votos fijos. Fieles acólitos que no se cuestionan las direcciones, tan solo las acatan, como sacados de una reaccionaria película bélica americana.

La verdad es que me asusta esa ceguera casi tanto como el pensar que hay quien valora de forma muy positiva esa clase de lucha sucia y marrullera por el poder. Si alguien pelea de forma tan encarnizada por el bastón de mando, quien sabe lo que podría llegar a hacer con él.

Posted by Heitor at 10:14:07 | Permanent Link | Comments (3) |
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