Monday, September 29, 2008

LAS EDADES DEL MUNDO

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Sí, lo sé. Sé que prometí que, ahora que por fin tenía acceso a la red de redes desde casa, incrementaría mi frecuencia de posteo. Pero la vorágine de la vida, el disfrutar de los amigos, el tiempo dedicado a ganarme el pan con el sudor de las yemas de mis dedos, el exprimir al máximo la vida y, por qué no decirlo, el “Guitar Hero”, convierten esas promesas en lejanas quimeras. Pero me portaré mejor.

De momento, a falta de seguir comentando las pelis que voy viendo, os voy a dejar con un artículo que me pasó mi compi Yassine, parido por el escritor y periodista argentino Hernán Casciari  y que me ha parecido un auténtico derroche de humor e ingenio. Sin duda alguna, si estuviéramos hablando de otro arte que no fuera el escrito, sería considerado como una pequeña obra de idem. Pero para que las palabras sean tenidas en alta estima, en general tienen que estar reunidas en tomos gordos y llenos de polvo y deben versar sobre temas profundos.

El artículo destila ese poso irónico y poético que frecuentan muchos escritores sudamericanos, como Eduardo Galeano o el maestro Quino. Los gallegos, que frecuentamos mucho aquellas tierras hace no tantos años, lo llamamos “retranca” y algunos incluso pensarán que se trata de mala baba. Que cada uno juzgue y nombre como quiera, pero estoy seguro de que la inmensa mayoría disfrutará con este pequeño cuento.



Leí una vez que la Argentina no es mejor ni peor que España, sólo más joven. Me gustó esa teoría y entonces inventé un truco para descubrir la edad de los países basándome en el ’sistema perro’.

 

Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro era joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. En el caso de los países hay que dividir su edad histórica entre 14 para saber su correspondencia humana. ¿Confuso?

 

En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores.

 

Argentina nació en 1816, por lo tanto ya tiene 190 años. Si lo dividimos entre 14, Argentina tiene ‘humanamente’ alrededor de 13 años y medio, o sea, está en la edad del pavo.

 

Es rebelde, pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné (¿será por eso que le dicen el granero del mundo?

 

Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, forman pandillas.

 

La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garaje, hacen mucho ruido y jamás han sacado un disco.

 

Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse a ellos para hacer los coros. En realidad, como la mayoría de las chicas de su edad, quiere tener sexo, en este caso con Brasil, que tiene 14 años y el miembro grande.

 

México también es adolescente, pero con ascendente indígena. Por eso se ríe poco y no fuma ni un inofensivo porro, como el resto de sus amiguitos, sino que mastica peyote, y se junta con Estados Unidos, un retrasado mental de 17, que se dedica a atacar a los chicos hambrientos de 6 añitos en otros continentes.

 

En el otro extremo está la China milenaria. Si dividimos sus 1,200 años por 14 obtenemos una señora de 85, conservadora, con olor a pipí de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene -por ahora- para comprarse una dentadura postiza. La China tiene un nieto de 8 años, Taiwán, que le hace la vida imposible.

 

Está divorciada desde hace rato de Japón, un viejo cascarrabias, que se juntó con Filipinas, una jovencita pendeja, que siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero.

 

Después, están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo, Australia y Canadá, típicos países que crecieron al amparo de papá Inglaterra y mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y que ahora se hacen los locos. Australia es una pendeja de poco más de 18 años, que hace topless y tiene sexo con Sudáfrica; mientras que Canadá es un chico gay emancipado, que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia para formar una de esas familias alternativas que están de moda.

 

Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Tiene un hijo de apenas 6 años: Mónaco, que va camino de ser puto o bailarín… o ambas cosas. Es amante esporádica de Alemania, camionero rico que está casado con Austria, que sabe que es cornuda, pero no le importa.

 

Italia es viuda desde hace mucho tiempo. Vive cuidando a San Marino y al Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders. Estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron a Suiza), pero ahora no quiere saber nada con los hombres.

 

A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica: abogada, independiente, que usa pantalón y habla de política de tú a tú con los hombres (Bélgica también fantasea a veces con saber preparar espaguettis).

 

España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde espontaneidad por usar tanto perfume). Anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja follar por Inglaterra y después hace la denuncia.

 

España tiene hijos por todas partes (casi todos de 13 años), que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que, cuando tienen hambre, pasen una temporada en su casa y le abran la nevera.

 

Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Sale en barco por la noche, se tira a las pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende de ella. En general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer. Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia.

 

Suecia y Noruega son dos lesbianas de casi 40 años, que están buenas de cuerpo, a pesar de la edad, pero no le dan bola a nadie. Cojen y trabajan, pues son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro); otras, le histeriquean a Finlandia, que es un tipo medio andrógino de 30 años, que vive solo en un ático sin amueblar y se la pasa hablando por el móvil con Corea.

 

Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa.

 

Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque le quiere quitar sus pistolas.

 

Israel es un intelectual de 62 años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, Alemania, el camionero, no lo vio y se lo llevó por delante. Desde ese día Israel se puso como loco.

 

Ahora, en vez de leer libros, se lo pasa en la terraza tirándole piedras a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado.

 

Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un repuesto a la motoneta de Estados Unidos y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos.

 

El mundo estaba bien así, hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron como docena y media de hijos. Todos raros, algunos mongólicos, otros esquizofrénicos.

 

Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna…y ¡hasta gente!

 

A mí me da un poco de miedo que aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado y que, incluso, tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes Y yo me pregunto:

 

¿Por qué siguen naciendo países, si los que hay todavía No funcionan?

Hernán Casciari

Posted by Heitor at 22:13:39 | Permalink | Comments (7)

Tuesday, September 23, 2008

UNA PALABRA TUYA

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La sensación que me dejó “Una palabra tuya”, película, adaptada y dirigida por Ángeles González Sinde – actual presidenta de la academia de cine – a partir de la novela de Elvira Lindo, fue más bien fría. Anodina es una buena palabra que la describe. No aburre, pero no emociona; no decepciona, pero no convence; las interpretaciones no desentonan, pero parecen algo perdidas. En definitiva, me encontré con una producción descafeinada, correcta y sin demasiada alma.

La historia es la de Rosario y Milagros, dos amigas radicalmente distintas que intentan sobrevivir en un mundo que no las trata demasiado bien. La primera es realista y pragmática. Cree que más vale aceptar lo que le llega sin hacerse demasiadas ilusiones e ir tirando. Su vida serpentea entre los cuidados a una madre de la que se va apoderando el Alzheimer y un medio novio que prefiere mantener para no estar sola a pesar de no ser el amor de su vida.

La otra vive instalada en una permanente broma. Quizás ha sufrido tanto a lo largo de su vida que se niega a tomarse nada en serio para no sentirse más decepcionada. Es sumamente dependiente de Rosario e incapaz de abrirse ante nadie. Una niña pequeña que juega en un tablero que le queda demasiado grande.

La trama se narra en un permanente flasback que arranca desde un largo viaje de sus protagonistas hacia un final poco esperado, contándonos puntos de su vida, desde que se conocen hasta que un suceso desencadena la catarsis final, que supone una prueba de ambas personalidades, que prácticamente no evolucionan en la historia.

Pero no hay nada realmente profundo en lo que se nos cuenta. Tan sólo un puñado de anécdotas que vienen marcadas por los fuertes caracteres de las dos actrices protagonistas, Malena Alterio y Esperanza Pedreño, que tienen pocos momentos para el lucimiento, aunque bastante bien aprovechados. Me sorprendió especialmente Esperanza Pedreño – la Cañizares de “Camera café” – quizá porque no la había visto aún en papeles dramáticos, que construye una delicia de personaje a caballo entre la inocencia desatada y el patetismo de quien no sabe enfrentarse a los problemas.

“Una palabra tuya” supone una demostración de que tenemos una muy buena cantera de actores pero pocos guiones dignos de dar sorpresas al cine español, que a menudo se instala en las aguas templadas de una historia con un ritmo constante aunque algo cansino. Son pocos los directores que se atreven a ofrecer un salto mortal sin red, o por lo menos son pocos los que consiguen llevar aire fresco a la pantalla.

En este caso, que no se preocupen los guardianes de la moral audiovisual instalada en la sede de la SGAE, porque esta película es poco probable que contribuya a seguir desmoronando la industria patria por medio de ese demonio con cuernos y rabo que para ellos supone la piratería. Eso sí, que tampoco esperen que levante demasiado la cuota de espectadores para nuestro cine. Más bien se difuminará con el tiempo sin dejar la huella de los grandes peliculones ni el batacazo de los sonados bodrios.

Leer critica Una palabra tuya en Muchocine.net

Posted by Heitor at 18:57:09 | Permalink | Comments (4)

Monday, September 15, 2008

WALL-E (BATALLÓN DE LIMPIEZA)

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Así como muchos esperan todos los años con impaciencia la puntual cita del genial Woody Allen con su película de turno, yo, que me distingo por tener gustos mucho menos refinados que el grueso de mis compañeros de blogs cinéfilos, espero cada año con impaciencia la nueva película de Pixar, el gran dios de la animación.

Hasta ahora, no me han decepcionado nunca y ya son unas cuantas pelis desde aquella asombrosa corriente de aire fresco y renovado que supuso “Toy Story”. Luego vinieron “Bichos”, “Toy Story 2”, “Monstruos S.A.”, “Buscando a Nemo”, “Los increíbles”, “Cars” y “Ratatouille”. Ocho películas imprescindibles, ocho dianas, ocho despliegues de talento que han colocado a la empresa de John Lasseter en la cima de la animación a mucha distancia de sus perseguidoras.

Ahora llegan con una atípica historia de amor entre circuitos y sistemas operativos. Dirigida por un habitual en los guiones de Pixar, Andrew Stanton, “Wall-E” supone un movimiento arriesgado, ya que es una película que apenas tiene diálogo en el primer tercio de su desarrollo, dejando el peso de la historia en la expresión facial y corporal de dos robots. Algo que a priori suena tremendamente complicado para una película de animación se transforma en una lección de sensibilidad, mímica y sentido del ritmo que tiene un aire al cine mudo clásico de Búster Keaton, Charles Chaplin o Harold Lloyd. Palabras mayores, amigos.

La historia comienza cuando la imagen se acerca a través del espacio a la Tierra. Nuestro planeta azul ha cambiado de color y, traspasando la basura cósmica que orbita a su alrededor llegamos a un mundo deshabitado, inundado por toneladas de porquería y con tormentas de arena azotándolo cada cierto tiempo. En medio de este ambiente inhóspito se mueve nuestro protagonista, Wall-E, un robot de limpieza al que alguien ha olvidado desconectar y que continúa apilando la basura y tratando de limpiar el desaguisado mientras desarrolla un marcado y simpático carácter.

En estas está cuando un suceso viene a perturbar su tranquila existencia. De una extraña nave aparece un robot nuevecito, brillante, con diseño Apple de última generación y bastante mala leche a primera vista. Pero los circuitos internos de Wall-E dan un vuelco, los LEDs se le ponen rojos y los microchips se le recalientan. No hay duda, el protagonista de esta historia se nos ha enamorado.

Así, por medio de estos dos protagonistas, Stanton desarrolla un cuento romántico enmarcado en una profunda denuncia del desmesurado consumismo y la apatía tecnológica en la que el ser humano del futuro ha caído, los peligros de dejarlo todo en manos de las máquinas y a favor de un ecologismo del que deja claro que nunca es tarde volver a abrazar, por muy mal que se hayan puesto las cosas.

Por si fuera poco, a los genios de Pixar les da tiempo a marcarse unos cuantos homenajes con “2001, una odisea del espacio” y dejarnos para siempre en la retina el baile espacial más romántico que hayamos visto, mientras demuestra que sigue siendo mucho mejor cuando anima personajes mecánicos o inventados que cuando lo hace con hombres de carne y hueso, a los que siempre suele prestar mucha menos atención, incluso en su importancia dentro del desarrollo de la historia.

Al acabar la película, no podemos evitar querer coger de la mano al que tengamos al lado (así que elegid bien a vuestra pareja) y pensar que aún estamos a tiempo de hacer algo antes de tener que tomar las de Villadiego dejando atrás un mundo repleto de merchandaising, objetos de rebajas y las últimas novedades en tecnología. Aunque probablemente se olvide muy rápido y acabemos en la cadena hamburguesera de turno coleccionando los mismos personajes que han intentado enseñarnos la lección. Complicaditos somos…

Leer critica Wall-E en Muchocine.net

Posted by Heitor at 19:21:25 | Permalink | Comments (13)

Tuesday, September 2, 2008

MAMMA MIA!

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No lo puedo remediar, me gustan los musicales. Me gustan en general, pero si son de esos alegres, que sabes que van a acabar de la mejor manera posible y, encima, de los que de repente todo el mundo se sabe la coreografía y se pone a bailar al unísono, me gustan aún más. Me emociono con las canciones horteras cantadas por actores conocidos y me entrego a la historia sin titubeos. Será que me gusta lo absurdo, que en el fondo soy más cursi que Calimero con tutú o que es fácil hacerme feliz, pero el caso es que me gustan.

Con este denigrante currículo, es obvio que no puedo ser demasiado objetivo con “Mamma mía!”. A pesar de que la historia sea de las mil veces vista y de que los protagonistas jóvenes sean más sosos que Piqueras con depresión, ahí están las canciones de Abba y ese trío femenino y maduro protagonista que me han dado momentos para la carcajada o la sonrisa perenne.

La historia puede resumirse en unas pocas líneas. Una joven de tan sólo 20 años está a punto de casarse (¡que valor!) y decide que es hora de descubrir quien es su padre, así que les manda una invitación a tres posibles candidatos a espaldas de su madre. Evidentemente, cuando los tres individuos llegan, todo se empieza a liar.

Si hay una protagonista mayor que las canciones del grupo sueco, esa es Meryl Streep. Ha llegado un momento en el que, haga lo que haga, esta señora lo borda. Cae simpática en cuanto se lo propone, se come a cualquiera que esté a su lado en cualquier escena y encima no canta nada mal. Gran parte de la película se sostiene gracias a ella y a sus dos amigas en la ficción, interpretadas por Julie Walters (“Billy Elliot” o la saga de Harry Potter) o la más televisiva Christine Baranski, que son un verdadero terremoto y dan lugar a los gags más divertidos de la película.

Por detrás de ellas, siguiéndolas a una distancia prudencial, está el trío masculino. Mucho más comedidos, con menos presencia en pantalla pero con algún momento para el recuerdo como el comprobar lo mal que canta el pobre Pierce Brosnan, que se toma el papel con mucho humor y tirando de su flema irlandesa, o el desenlace del personaje de Colin Firth, con su habitual cara de no haber roto nunca un plato.

Aparte de esto, aún no habiendo visto la obra de teatro, sospecho que no se sale demasiado su planteamiento, llegando a veces a dar la impresión de ser la misma obra filmada en un escenario enorme, incluso con una especie de interrelación entre la pantalla y el público al final de la película a cargo de la Streep que queda bastante forzada.

En definitiva, nada nuevo aporta este musical, aunque gracias a su plantel sale un film entretenido sin más pretensión que la de hacer pasar un buen rato al espectador meneando el pie al ritmo de las conocidas canciones setenteras del famoso cuarteto sueco.

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Posted by Heitor at 07:19:32 | Permalink | Comments (8)