[REC]
Cuando uno es aficionado al cine de terror, generalmente se lleva pocas sorpresas. El nivel no suele ser muy elevado y las ideas acaban en remakes más o menos directos, con lo que solemos aspirar a ver una película entretenida y poco más. En cuanto a las nacionalidades, los reyes del género suelen estar en el país del sol naciente, de donde vienen las mejores ideas y un gran número de estas películas suele general su réplica usamericana. Éstos últimos, los yankis, pueden dotar a sus films de terror de un bonito y reluciente envoltorio a base de apoquinar dólares, pero son pocos los cineastas que se arriesgan con ideas originales en el género. En el cine patrio, hay una revitalización del género desde la “Tesis” de Amenabar hasta hoy y de vez en cuando sale algún producto que no desmerece en lo más mínimo a lo encontrado fuera de nuestras fronteras, pero suelen aparecer con cuentagotas.
Lo que quiero decir con esta introducción es que, cuando hoy en día se entra en una sala para ver una película de terror, ni de coña se piensa que va a ver una obra maestra. Pues bien, eso cambió ayer. Cuando salí de “[REC]” tuve claro que acababa de ver una de las mejores cintas del género que jamás se hubieran rodado. Una propuesta diferente, visionaria, arriesgada, rompedora, agónica y claustrofóbica que marca un antes y un después en el cine de miedito, de la misma forma que lo pudieron hacer “Nosferatu”, las primeras películas de “Drácula”, “La noche de los muertos vivientes”, “El exorcista” o “Alien, el 8º pasajero”.
Jaume Balagueró y Paco Plaza han roto el molde. Desde que se atrevieron a codirigir aquel extraño documental titulado “O.T., la película” (también, a su modo, terrorífico) sin ser señalados y vapuleados por la crítica, demostraron que son capaces de enfrentarse a cualquier cosa y salir victoriosos. Por separado han dirigido cintas como “Frágiles” y “Darkness” (Balagueró) o “El segundo nombre” y “Romasanta” (Plaza) así como firmar, respectivamente, dos de los mejores capítulos de “Películas para no dormir”: “Para entrar a vivir” y “Cuento de Navidad”. Además, en el guión aparece también Luiso Berdejo, del que he publicado un post hace algunos días.
La historia, brilla por su sencillez. Un cámara y una reportera van a pasar la noche en compañía del cuerpo de bomberos para realizar un reportaje que será emitido en una cadena local. Cuando todo indicaba que la noche iba transcurrir sin pena ni gloria, una llamada provoca que se personen en un antiguo edificio, donde los vecinos dicen que una señora mayor y algo huraña está encerrada en su piso dando gritos. En ese momento, empieza el horror.
La película está filmada como si de un reportaje con cámara al hombro se tratase. La única cámara es la del reportero, que vive lo que sucede a su alrededor. El realismo de lo que estamos viendo es tal, que desde el primer momento, con los comentarios de la reportera sobre la previsiblemente aburrida noche o sus meteduras de pata, nos metemos en la película de una forma brutal. Por lo tanto, cuando comienza la acción, ésta nos golpea con contundencia al sentirnos desprotegidos de la parte irreal que suele acompañar a este tipo de películas.
La grabación se corta cuando obligan al cámara a dejar de grabar, se reanuda en un momento diferente, se alternan entrevistas, pierde el sonido cuando el aparato se golpea, no para de moverse cuando el que filma huye, da vueltas buscando el centro de la acción sin previo aviso. Todo está filmado de forma tan natural que incluso los varios sustos y sobresaltos sobrevienen sin el, muchas veces esperado, aumento de volumen de la banda sonora, simplemente, porque ésta no existe.
Incluso las interpretaciones carecen de todo efectismo, que unido a la ausencia de caras conocidas, si exceptuamos a Manuela Velasco, conocida presentadora de televisión que interpreta a la reportera, nos deja la sensación de que lo que estamos viendo es real.
Parecía que era imposible, pero el milagro se ha obrado. Hay una nueva joya del cine de terror y ha sido gestada en nuestro país. ¿Conseguiremos cuidar y reconocer a los creadores?









