28/11/2007

[REC]

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Cuando uno es aficionado al cine de terror, generalmente se lleva pocas sorpresas. El nivel no suele ser muy elevado y las ideas acaban en remakes más o menos directos, con lo que solemos aspirar a ver una película entretenida y poco más. En cuanto a las nacionalidades, los reyes del género suelen estar en el país del sol naciente, de donde vienen las mejores ideas y un gran número de estas películas suele general su réplica usamericana. Éstos últimos, los yankis, pueden dotar a sus films de terror de un bonito y reluciente envoltorio a base de apoquinar dólares, pero son pocos los cineastas que se arriesgan con ideas originales en el género. En el cine patrio, hay una revitalización del género desde la “Tesis” de Amenabar hasta hoy y de vez en cuando sale algún producto que no desmerece en lo más mínimo a lo encontrado fuera de nuestras fronteras, pero suelen aparecer con cuentagotas.

Lo que quiero decir con esta introducción es que, cuando hoy en día se entra en una sala para ver una película de terror, ni de coña se piensa que va a ver una obra maestra. Pues bien, eso cambió ayer. Cuando salí de “[REC]” tuve claro que acababa de ver una de las mejores cintas del género que jamás se hubieran rodado. Una propuesta diferente, visionaria, arriesgada, rompedora, agónica y claustrofóbica que marca un antes y un después en el cine de miedito, de la misma forma que lo pudieron hacer “Nosferatu”, las primeras películas de “Drácula”, “La noche de los muertos vivientes”, “El exorcista” o “Alien, el 8º pasajero”.

Jaume Balagueró y Paco Plaza han roto el molde. Desde que se atrevieron a codirigir aquel extraño documental titulado “O.T., la película” (también, a su modo, terrorífico) sin ser señalados y vapuleados por la crítica, demostraron que son capaces de enfrentarse a cualquier cosa y salir victoriosos. Por separado han dirigido cintas como “Frágiles” y “Darkness” (Balagueró) o “El segundo nombre” y “Romasanta” (Plaza) así como firmar, respectivamente, dos de los mejores capítulos de “Películas para no dormir”: “Para entrar a vivir” y “Cuento de Navidad”. Además, en el guión aparece también Luiso Berdejo, del que he publicado un post hace algunos días.

La historia, brilla por su sencillez. Un cámara y una reportera van a pasar la noche en compañía del cuerpo de bomberos para realizar un reportaje que será emitido en una cadena local. Cuando todo indicaba que la noche iba transcurrir sin pena ni gloria, una llamada provoca que se personen en un antiguo edificio, donde los vecinos dicen que una señora mayor y algo huraña está encerrada en su piso dando gritos. En ese momento, empieza el horror.

La película está filmada como si de un reportaje con cámara al hombro se tratase. La única cámara es la del reportero, que vive lo que sucede a su alrededor. El realismo de lo que estamos viendo es tal, que desde el primer momento, con los comentarios de la reportera sobre la previsiblemente aburrida noche o sus meteduras de pata, nos metemos en la película de una forma brutal. Por lo tanto, cuando comienza la acción, ésta nos golpea con contundencia al sentirnos desprotegidos de la parte irreal que suele acompañar a este tipo de películas.

La grabación se corta cuando obligan al cámara a dejar de grabar, se reanuda en un momento diferente, se alternan entrevistas, pierde el sonido cuando el aparato se golpea, no para de moverse cuando el que filma huye, da vueltas buscando el centro de la acción sin previo aviso. Todo está filmado de forma tan natural que incluso los varios sustos y sobresaltos sobrevienen sin el, muchas veces esperado, aumento de volumen de la banda sonora, simplemente, porque ésta no existe.

Incluso las interpretaciones carecen de todo efectismo, que unido a la ausencia de caras conocidas, si exceptuamos a Manuela Velasco, conocida presentadora de televisión que interpreta a la reportera, nos deja la sensación de que lo que estamos viendo es real.

Parecía que era imposible, pero el milagro se ha obrado. Hay una nueva joya del cine de terror y ha sido gestada en nuestro país. ¿Conseguiremos cuidar y reconocer a los creadores?

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26/11/2007

NUNCA LLUEVE ETERNAMENTE

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Para la segunda entrega de la sección de “escenas” he escogido una película que tiene más de leyenda que de cinematográfico. En su día se dijo que era una de las mejores adaptaciones de cómic jamás realizadas (puede que esto sea mucho decir), pero la verdad es que supuso todo un acontecimiento, más por el dolor y la sorpresa que acompañaron el rodaje.

En 1994 vio a la luz “El cuervo”, película basada en el cómic de James O’Barr del mismo nombre, dirigida por el poco prolífico Alex Proyas. Para el papel protagonista sonaron nombres como River Phoenix o Christian Slater, pero al final el tesón y las ganas de Brandon Lee, hijo del mítico Bruce Lee, le dieron el papel.

La obsesión de Brandon Lee por dotar al personaje de la oscura personalidad que poseía en las páginas del cómic, hacía que leyese una y otra vez las historias, imitando las poses y consiguiendo una actuación soberbia. Su logrado papel, unido al diseño de la película, siempre de noche, con una lluvia perpetua y geniales planos en movimiento, que más tarde Proyas volvería a explotar en la curiosa “Dark city”, provocan que la película enganche a pesar del limitado interés de la historia.

El argumento trata sobre el asesinato de una pareja de novios en la noche de Halloween por parte de una banda de maleantes que los quiere echar de un viejo ático. Al cumplirse un año del suceso, en la siguiente noche de Halloween, el espíritu del protagonista, Eric Draven, es devuelto a la tierra por un cuervo para vengarse de quienes lo mataron.

Una de las últimas escenas que se rodaron fue el flashback que muestra la terrible matanza. En ella, Eric vuelve a casa para ver como los maleantes están violando y golpeando a su prometida. Acto seguido, uno de los agresores le dispara para a continuación arrojarlo por la ventana. Lo que tenía que haber sido una bala de fogueo, fue en realidad una bala real, olvidada en el tambor del revolver al hacer el cambio de unidad de filmación. Aquel fue el final de Brandon Lee, que, al igual que en la película, se iba a casar con su novia a las pocas semanas.

Al margen de la fascinación que surgió por la película a causa de este hecho, todo el metraje está plagado de frases oscuras e ingeniosas y escenas con una estética muy de cómic (“Soy policía y digo que no se mueva o es hombre muerto” “Y yo digo que estoy muerto… y me muevo”). Mi preferida, la que hoy os traigo, es la siguiente.

El cuervo entra por una ventana y se dirige hacia uno de los tipos que habían profanado su hogar y segado tanto su vida como la de su novia. Eric se dirige hacia Fun-boy con un desagradable rasgueo de guitarra y pone una mano en el cañón de la pistola mientras le susurra: “Dispara Fun-boy, seguro que me matas”.

Fun-boy le mira y le espeta: “oye tío, ¿te has mirado la cabeza? Necesitas la ayuda de un profesional, ¿sabes?”.

El rugido de un disparo provoca eco en la habitación y Eric pega un alarido de dolor mientras Fun-boy, aún con los efectos de la droga en su mente, pega un grito de júbilo. Poco a poco la cara de Eric empieza a transformarse en una malévola sonrisa y mientras mira a su atacante a través del agujero de su mano, éste se va cerrando.

Fun-boy exclama asustado: “¡Santo Cristo!”.

Eric Draven, con una sonrisa excéntrica repite: “Santo Cristo”. Luego empieza a acercarse a él mientras el otro vuelve a dispararle una y otra vez y empieza a hablar, con la perenne y loca sonrisa en la cara.

“Si ya te lo sabes dímelo. Cristo va y entra en un hotel. Tres clavos le da al posadero y le pregunta: ¿tiene cruces libres?”.

En el último disparo de Fat-boy, Eric reacciona y le da un manotazo a la pistola haciendo que el drogado asesino se vuele la pierna.

Eric pega un salto y se queda en cuclillas en la cama mirando con curiosidad a Fat-boy.

- ¿Duele?

- ¡Coño claro!

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Posted by Heitor at 22:05:56 | Permanent Link | Comments (4) |

25/11/2007

SAW IV

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Hace poco más de un año ya de mi primera crítica, en la que empezaba poniendo a caldo la tercera parte de una saga que había arrancado de manera excepcional. Saw III, decía por aquel entonces, suponía la muerte cerebral de las andanzas de un asesino en serie que se distinguía por sus guiones inteligentes, sorprendentes y adictivos. Las dos primeras películas supusieron todo un “boom” en cuanto a estética y planteamiento y pasaron a ser dos de mis películas de terror favoritas. En la tercera, como acabo de decir, observé que se había acabado el ingenio pero, como dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, volví a caer en la trampa cuando se estrenó la cuarta parte de los malévolos planes de Jigsaw. Volví a pagar una entrada de cine. Mal hecho, pues esta es aún peor, si cabe, que su predecesora.

Esta vez, el director original, James Wan, se desvincula por completo de la película (puede que oliendo cual iba a ser el resultado) y el guión y la historia hacen aguas por los cuatro costados. Sintiendo curiosidad por quien sería el lumbreras que le ha dado forma esta vez a los nuevos crímenes sangrientos, me molesté en buscar al guionista. Cual sería mi sorpresa cuando la historia la firman ¡cinco personas! ¿Cinco fulanos para engendrar semejante despropósito? Si hubieran pagado a un mono golpeando teclas de un ordenador al azar, les hubiera salido más o menos igual y mucho más barato.

En la anterior, habíamos visto como, por fin, moría Jigsaw, el vengador asesino dispuesto a enseñar a los perdidos mortales el valor de la vida. Creíamos que ahí había acabado todo, pero estábamos muy equivocados. La película comienza con una sangrienta y explícita autopsia de Jigsaw, que revela una nueva cinta dentro de su estómago. Ahí nos dice que no por haber muerto se ha acabado todo, sino que el juego, nuevamente, acaba de empezar. Esto es una excusa para mostrar los inicios de los juegos asesinos de Jigsaw, en una serie de innecesarios flasbacks sin demasiado sentido, mientras, en una historia paralela, dos agentes del FBI persiguen a un policía que sigue una serie de pistas dejadas por el muerto para lograr salvar a un compañero del cuerpo.

Esta vez, hasta la baza de los originales crímenes, que aún se mantenía en la tercera parte (de hecho era casi lo único que se mantenía), pierde totalmente el norte. Las víctimas nos importan un comino, las formas en las que mueren son del todo absurdas y, lo peor de todo, los diálogos parecen sacados del peor telefilm que podamos haber visto en la hora de la siesta.

Los actores son todos increíblemente inexpresivos y el horrendo doblaje en castellano no ayuda mucho a que nos creamos la sarta de tonterías que sueltan a lo largo de la película. Quizá el único que se salva de la quema es Tobin Bell, el actor que desde la primera película encarna al asesino protagonista, que sigue clavando el rol de asesino sádico, manipulador, frío y calculador de una manera muy acertada.

El resto, un total y absoluto desaguisado, con especial mención a un final tan cogido por los pelos que puede llegar a cabrear. Incluso la genial banda sonora que redondeaba las dos primeras entregas, brilla por su ausencia.

Esta vez sí, no volveré a caer. Desde aquí atestiguo, que si los productores usamericanos cometen el desatino de hacer una quinta entrega, va a ir a verla al cine Rita la Cantaora. Otra cosa es que no acabe viéndola en casa… si algún día me aburro.

Ah, me olvidaba, lo que no ha fallado en ninguna de los capítulos es el cartel. Un 10 para los publicistas.

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23/11/2007

LOS COPPERFIELD DE LAS FINANZAS

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Estaba dando yo vueltas al lobanillo para escribir una de mis sesiones de apertura de espita, para dejar salir mi frustración por causa de la actualidad, cuando he encontrado un post de El Gran Wyoming, procedente de su gran blog "Asuntos & cuestiones" que lo expresa mucho mejor de lo que yo lo podría hacer. Así que, sin más dilación, aquí os lo dejo:

¿FUENTES DE RIQUEZA O DEPOSITOS DE RIQUEZA?

El anuncio del PP de que rebajará los impuestos ha inaugurado una etapa de crítica serena de las propuestas de los partidos. A los medios de comunicación esta medida, concretamente, no les parece electoralista; a fin de cuentas, y nunca mejor dicho, la propiedad de los medios es de unas empresas a las que les encantan estas iniciativas.

De repente, nos subimos a un guindo del que no queremos caer. La rebaja de los impuestos viene acompañada de un sinfín de promesas que incrementarán el gasto. David Copperfield, el mago de Las Vegas que hace aparecer y desaparecer cosas a su antojo, prima sobre la razón y se convierte en el único garante de la viabilidad del programa electoral. Se acepta que mejorando la gestión se harían más cosas con menos coste. Claro, mejorando la gestión. Y si yo tuviera un pene bífido estaría en la feria internacional del ganado.

¿Cómo se mejora la gestión? Privatizándola. Para los liberales en economía, está claro que todos los cerebros de la sociedad se encuentran fuera de la Administración. El fin de la privatización de los servicios supone la presencia de un nuevo agente intermediario, inteligente, cuya única intención es hacer negocio. ¿Cómo? Rebajando la calidad de la prestación, o el salario del currante. Normalmente, las empresas bien gestionadas y con criterios de productividad coherentes hacen las dos cosas. La empresas adjudicatarias, las únicas beneficiadas del proceso, se convierten en fuentes de riqueza, que es de lo que se trata, de crear riqueza donde antes no la había. Es la apoteosis de la era liberal, ver brotar un manantial de riqueza de la nada, bueno, o de nuestros bolsillos, qué más da, la belleza está en el manantial, no en el acuífero, subterráneo, ignoto y profundo.

El Gran Wyoming
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21/11/2007

SONG FOR GEORGE / CLIFFS OF DOVER

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Hacía ya mucho tiempo que no dábamos un nuevo empujón a la sección de guitarristas y ya era hora de solucionar esto. Así que vayamos con uno de los más versátiles, queridos y modestos músicos del panorama guitarrero mundial, el genial Eric Johnson.

La primera vez que oí hablar de él, fue cuando Paulino me recomendó ese tremendo disco, ya mencionado varias veces en esta sección, llamado “G3 tour”, en el que Steve Vai, Joe Satriani y el citado Eric Johnson ofrecían uno de los conciertos más antológicos jamas organizados en el mundo del rock instrumental. Así como Vai y Satriani salían al escenario y se ganaban al público a base de desparpajo y carisma, Eric Johnson se presentaba ante el auditorio casi de puntillas, como sin querer ser visto. Unos enormes cascos le ayudaban a sacar un sonido melódico y rápido a su guitarra y lo que escuché en aquel concierto me sonaba a nuevo.

Eric Johnson nació en Austin (Texas) allá por 1954 y enseguida se dio cuenta de que la guitarra era lo suyo. Empezó su carrera profesional a los 16 años pero su salto cualitativo se produjo cuando participó en el programa de televisión “Austin City Limits” y tuvo como espectador de excepción a Prince, que se quedó sorprendido con el talento del chaval y lo recomendó a su compañía de discos. Así vio la luz su primer album, “Tones”, y recibió un gramy a la mejor canción instrumental por el tema “Zap”.

Pero fue su segundo album el que considero su obra maestra, el increíble “Ah! Via musicom”, un disco plagado de buenísimas canciones que le confirió el mérito de ser el primer artista que tuvo tres temas instrumentales dentro del top 10.

Johnson es capaz de fusionar estilos como muy poca gente lo ha conseguido dentro del mundo del rock. Blues, rock, folk, jazz, country… nada se le escapa a este tímido genio, compositor de algunas de las más grandes canciones que ha dado la guitarra.

Haciendo una excepción, esta vez voy a dejar dos vídeos: uno cortito para los perezosos, de su canción “Song for George”, un tremendo tema interpretado a guitarra acústica. La otra es “Cliffs of dover”, una proeza de velocidad con una primera parte de improvisación. Para el que se canse (que yo comprendo que la improvisación a pelo puede resultar complicada a oídos no acostumbrados), la canción de verdad empieza aproximadamente a los 2 minutos.

Sin más dilación, aquí os dejo al gran Eric Johnson.

alt : http://www.youtube.com/v/Rm6kVjhD7TI&rel=1 alt : http://www.youtube.com/v/urf5VmGEANo&rel=1
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20/11/2007

YA NO PUEDE CAMINAR

Hoy volvamos con una nueva entrega del apartado de cortometrajes con una demostración fehaciente de cómo cuidamos a nuestros artistas potenciales.

Luis Alejandro Berdejo es un cortometrajista y guionista español con bastante renombre entre los entendidos, creador del multipremiadérrimo cortometraje “Ya no puedo caminar” o “La guerra” y guionista de la película de cercano estreno “REC” de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Que el chaval destilaba maneras de buen creador, nadie lo ponía en duda, pero parece ser que los que sueltan la pasta no lo tenían tan claro pues tras seis años buscando un proyecto en nuestro país, razonablemente, se ha cansado. Así que ha decidido buscarse las castañas al otro lado del charco.

Así que, pegando un gran brinco desde Amara, su barrio donostiarra, hasta Hollywood, ha conseguido cerrar un contrato para dirigir su primer largometraje dirigiendo, nada menos, que a Kevin Costner, que viendo el guión que le presentó el aguerrido agente de nuestro héroe, Adrián Guerra, y los cortos del propio Berdejo, se mostró encantado de sumarse al proyecto.

La aventura llevará por título “The new daughter” y está basada en una novela de suspense titulada Nocturnes, de John Conolly. También podremos ver, en su primera experiencia usamericana a Ivana Baquero, la niña de “El laberinto del fauno”, interpretando a la hija de Costner.

Hay un dicho popular que reza “el que quiere peces, ha de mojarse el culo”. Desde luego, con lo que se arriesgan los productores nacionales a la hora de invertir en películas, me parece normal que nuestro cine esté de capa caída. Esto pasa cuando el cine está dirigido por personas a las que no les gusta el séptimo arte.

De momento, y para abrir boca, aquí os dejo el corto que ha hecho posible uno de los sueños de Luiso Berdejo. Con todos ustedes, “Ya no puede caminar”.

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19/11/2007

LA HABITACIÓN DE FERMAT

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¿A quién no le gusta una buena novela de misterio en una tarde de lluvia, o una partidita de Cluedo sintiéndose el sagaz y pausado inspector, presto a descubrir quién asesinó a la señora de la casa con la soga en la sala de música? Todo aquel que disfrutase con los libros de “elige tu propia aventura” o que intentaba desentrañar los misterios de “Los cinco” o “Los Hollister” antes de que se acabara el libro, disfrutará con “La habitación de Fermat”.

La película de la que hablamos es un buen comienzo para la primera incursión en el cine de los televisivos Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña. Un inteligente salto sin red, apoyados tan solo en un guión trabajado, con el sabor de las novelas de Agatha Christie mezclado con la propuesta de “Cube” y la única y noble pretensión de entretener. Un puzzle sembrado de pistas, sin demasiadas trampas y que consigue una complicidad por parte del espectador que la hace imprescindible para un cine, el nuestro, algo carente de ideas.

Cuatro matemáticos son invitados a una reunión para poner a prueba sus habilidades, por un misterioso anfitrión que se hace llamar Fermat, con la promesa de que se verán enfrentados al mayor acertijo jamás ideado. Una vez allí, se encuentran encerrados en una extraña habitación, sin saber por qué alguien quiere acabar con sus vidas, luchando por sobrevivir a medida que resuelven acertijos matemáticos.

Se nota que los dos directores han devorado mucho cine, pues con muy pocos elementos construyen una obra que poco tiene que envidiar a los artilugios de puro entretenimiento que han llevado a la pantalla otros reputados directores. Desde el primer momento, una banda sonora pausada y ligeramente rarita (con canciones a cargo del grupo “Los planetas”), los primerísimos planos y las vistas cenitales de la habitación consiguen imprimir en el espectador la sensación de agobio y claustrofobia que están sintiendo los protagonistas.

A todo esto ayuda el trabajo bastante correcto de los actores. LLuis Homar, acertado como en casi todo lo que hace, con un personaje de matemático ligeramente perturbado que consigue poner nervioso a las primeras de cambio. Santi Millán, que consigue hacer que olvidemos su personalidad cómica casi todo el tiempo construyendo un papel a caballo entre el dramatismo y el patetismo. Alejo Sauras, también alejado de su personaje cómico de la serie “Los Serrano”, en su papel de joven promesa. Elena Ballesteros, la que más me sorprendió por no esperarlo, con su personaje frío y serio, a pesar de que su rol está un poco de relleno y para redondear la historia y por último, en el papel del enigmático Fermat, el siempre creíble Federico Luppi, con un papel corto pero muy necesario.

Los diálogos, una de las bazas que estaba seguro de que funcionaría a la perfección a la vista del currículum de los guionistas-directores, suenan frescos y en muchos casos cargados de un humor reconocible en los monólogos que Piedrahita está acostumbrado a interpretar. Algo, por otra parte, necesario en una película que tiene bastante de obra de teatro filmada.

Todo esto lo hace un buen film, pero aún así le falta algo, un puntito de maestría, un nosequé que poseen las grandes obras y que hacen que permanezcan en la memoria de forma indeleble. Puede que adolezca de cierta ingenuidad ya que hacia el final, inevitablemente, la trama cae un poco en el tópico. Quizá era mucho pedir para una ópera prima, pero sin duda estos dos genios de las palabras han cogido el sendero adecuado para poder dar algún día con ese punto genial que sólo consiguen los que dan forma al cine amando el cine.

Posted by Heitor at 15:33:51 | Permanent Link | Comments (5) |

18/11/2007

EL CASO WELLS

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La sombra de Fincher es alargada. Fue por aquella época, poco después de estrenarse esa gran película que revolucionó el cine de asesinos en serie, “Seven”. Recuerdo que, durante un tiempo, empezaron a surgir un montón de películas claramente influenciadas por los asesinatos de John Doe y la estética oscura del film y, digo influenciadas, cuando en realidad en algunos casos eran simple y llanamente malas fotocopias. El caso más flagrante que llegue a ver era el de una peli con Chritopher Lambert como protagonista, cuyo título ni me acuerdo ni tengo ganas de buscar, que prácticamente calcaba el guión cambiando el leitmotiv del asesino y poco más. Al acabar aquel VHS alquilado, decidí que dejaría las pelis de asesinatos en serie durante una temporada.

Ya han pasado unos cuantos años, pues “Seven” (o “SE7EN”, que mola incluso más) se estrenó en 1995, pero parece que hay directores que siguen claramente influenciados. Este es el caso del Hong-Konés (o como carajo que se escriba esto) Lau Wai-Keung en su primera incursión en el sistema jolibudiense. Para ello elige una historia protagonizada por un empleado del departamento de seguridad pública que se dedica al seguimiento de agresores sexuales que supuestamente se han reinstaurado en la sociedad. Este tipo, encarnado por un inquietante Richard Gere, está a punto de ser retirado forzosamente, pero antes intentará encontrar a una chica secuestrada en su distrito de actuación ya que tiene la seguridad de que uno de sus “fichados” está implicado.

Como si fueran pocos sus problemas, tendrá que cargar con su sustituta (¿os va sonando esto un poquito a la relación Pitt-Freeman?), enseñarle el oficio y atosigarla con sus paranoias. Así se ven en una persecución a contrarreloj intentando salvar la vida de la víctima sin saber muy bien a quien están persiguiendo.

Todo esto ya tenía un claro tufillo a “Seven”, pero el remate del tomate llegó en una de las últimas secuencias de la película. Imagináoslo conmigo: una carretera interminable perdida en un desierto estilo americano sin nadie a la vista; el culpable por fin capturado, de rodillas en el suelo y delante de él uno de los protagonistas apuntándole con un arma mientras tiene un complicado dilema moral. ¡Esto se salta claramente la barrera del homenaje!

A pesar de todo, tiene algún punto a favor. La película entretiene lo suficiente como para que uno no tenga que estar pensando continuamente en las comparaciones (por lo menos hasta llegar al punto anteriormente mencionado). Los protagonistas están francamente bien. Por un lado Richard Gere, quitándose poco a poco el sambenito de sex symbol, construyendo un personaje atormentado y afectado por los años de frecuentar la compañía de tipos bastante grimosos, obsesionado con volver a enchironar a los exconvictos o por lo menos sacarlos de su ciudad. Como contrapunto, el buen trabajo de una reaparecida Clair Danes (que encadena este trabajo con su aparición en Stardust), que resulta creíble en cada cosa que hace. En este caso clava el papel de novata no demasiado contenta con su puesto y acojonada y sobrepasada por los acontecimientos.

En los puntos flacos, pues eso, el abuso de la copia. No solo identificamos a Fincher en la película, sino también la estética “Saw” que también está inundando el cine de terror tras el éxito de la ahora tetralogía.

Supongo que si el señor Wai-Keung trata un guión menos manido, será capaz de sacar productos más que aceptables.

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16/11/2007

UN AÑO EN NUNCA JAMÁS

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Como pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando me decidí a investigar como iba eso de hacerse un blog y ya llevo un año dando la tabarra con la manía esta del cine, con mis ralladuras politiqueras, la música que se acumula en mis neuronas y toda la basurilla que me pasa por la cabeza.

Al final la cosa ha sido bastante constante y salvando vacaciones y fiestas de guardar he conseguido seguir dándole a la tecla incluso ahora que esta coartada de vida adulta que llevo de 8 a 5 y que camufla mi verdadera personalidad de Heitor Pan, me quita mucho tiempo que antes empleaba para vaguear.

No sé si mi estilo ha ido cambiando demasiado con el paso del tiempo (bueno, algunos posts se han hecho interminables, ¡lo seeeee!), pero me he ido viciando poco a poco. Nuevas secciones han ido surgiendo (espero que continúen) y lo único que he dejado tal como estaba es la apariencia del blog. Quizá algún día me meta con eso, pero me da la impresión de que para un cambio sustancial tendría que mudarme de servicio de blog y ya supondréis que mudar un mundo con su bahía de piratas, su laguna de sirenas y su campamento indio, es bastante laborioso. De todas maneras, no descartéis que un día de estos convenza a Campanilla y algunas colegas suyas para inundar todo esto de polvos (de hadas) y echarse el petate al hombro.

En fin, espero que algún bloguero poco exigente disfrute leyendo mis chorradillas al menos un 10% de lo que yo disfruto escribiéndolas, con eso me daría por satisfecho. De momento, para celebrar el aniversario ahí os dejo un vídeo musical, que ya hacía mucho tiempo que no inundábamos esto de blancas y corcheas. Es una canción con su componente cinematográfico, pero en vez de poner la versión original, con sus imágenes de la película, he tirado hacia esta versión con imágenes de moteras-cañón. Abajo los convencionalismos, this blog has born to be wild!

alt : http://www.youtube.com/v/4z9w5_ras1M&rel=1
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14/11/2007

PROMESAS DEL ESTE

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El canadiense David Cronenberg es un director que ejerce sobre mí una oscura atracción. Sin haber visto ni la cuarta parte de sus películas, ya es un nombre que espero con avidez a que pase por las carteleras. Su elección de los guiones, su tratamiento de la parte viscosa y atormentada del ser humano y sus poderosas imágenes me llevan hacia sus películas de igual forma que la engañosa luz de una trampa anti-insectos atrae a los bichos alados sin remisión (bicho 1: ¡No vayas hacia la luz!; bicho 2: no puedo evitarlo, es tan bonita…). Tan poderoso es el influjo, que en mi fiebre de los últimos tiempos por abrir categorías nuevas, voy a establecer una nueva que repasará su filmografía. Así que en un lapso indeterminado, con una frecuencia imprecisa, veréis aparecer por estos lares entradas a todas (o muchas, o algunas, ya veremos) de sus películas.

En cualquier caso, empezaremos por la última que ha realizado este retorcido director, Promesas del Este, una historia contenida y de violencia soterrada situada en el mundo de las mafias rusas protagonizada por Viggo Mortensen, Naomi Watts, Vincent Cassel y Armin Mueller-Stahl.

La historia comienza cuando una chica de la Europa del este de 14 años llega al hospital londinense donde trabaja Anna (Naomi Watts), medio desangrada y a punto de dar a luz. La adolescente muere en el parto, dejando un bebé desamparado y un diario escrito en ruso. En su afán por encontrar a los parientes más cercanos del bebé, Anna, conoce al dueño de un restaurante, que le sirve de tapadera de uno de los clanes de la mafia rusa, de la que es el máximo jefazo. Poco a poco iremos descubriendo que el diario plasma la relación existente entre la mafia y la chica muerta y se irán estableciendo los complicados vínculos entre el jefe, su desubicado e inestable hijo (Vincent Cassel) y el chofer de éste último (Viggo Mortensen).

La película va avanzando siempre en un clima anterior a la tormenta. Se respira todo el rato ese ambiente cargado que precede a la violencia desatada. Los personajes de la mafia se identifican por su paradójico comportamiento; mientras que el de Vincent Cassel es el más nervioso y activo, se acaba intuyendo que es el que posee más temores y el más pacífico, mientras que por otra parte, tanto el jefe como Nikolai, el chofer, son personas calmadas y discretas, pero que ocultan bajo esa máscara una violencia cruda, latente y peligrosa.

Cronenberg da rienda suelta a todo el nervio acumulado en una sola escena, corta, cruda realista y muy dura, en la que Nikolai se debe enfrentar a dos sicarios que pretenden segar su vida mientras él trata de defenderse totalmente desnudo. Nuevamente, los usaméricanos dieron la nota cuando criticaron esta parte desde su estúpida moralina, entrando en un debate de si a Viggo se le veía o no durante algún microsegundo la minga, sin poner ni una pega al sadismo explícito de la escena. Así les va, con esa escasez de miras.

La actuación de Mortensen es, una de las mayores bazas de la película. Parece que el actor se siente cómodo con Cronenberg y el director consigue, nuevamente, tras “Una historia de violencia”, sacar lo mejor del actor neoyorquino. Su composición de Nikolai está milimétricamente calculada, imprime admiración y temor a partes iguales, no deja escapar un gesto de más ni un movimiento que no venga a cuento. Mortensen va construyendo una interesante carrera a cada paso que da y encima deja una ristra de elogios a su paso entre la gente con la que trabaja.

Sin embargo, a pesar de que Cronenberg ha realizado otro peliculón, parece que se aleja un poco de sus proyectos más personales y marcianos. ¿Es el director el que está cambiando o es una forma de alternar el cine más comercial con su vena rarita? Habrá que comprobarlo en su próximo proyecto.

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