28/10/2007

7:35 DE LA MAÑANA

Aprovechando el estreno, ya comentado en otros posts, del director Nacho Vigalondo en el mundo del largometraje con “Los cronocrímenes”, es un buen momento para hacer otra entrega del mundo del cortometraje, que estos días anda un poco revuelto.

Resulta que los cortometrajistas españoles están bastante cabreados y con razón ya que les han hecho una jugarreta importante. Mandamases de esos que piensan poco y deciden mucho han decidido que la ceremonia de los Goya sigue siendo demasiado larga, así que para reducir tiempo han eliminado de la misma la entrega de premios hacia este sector cinematográfico, cantera de directores y poblada de gente que trabaja por amor al arte, ya que hacerse millonario con esa profesión viene siendo bastante difícil. Evidentemente, la decisión les ha sentado mal y han iniciado movilizaciones para que la razón se imponga.

Por otra parte, ya había comentado anteriormente que Nacho Vigalondo está teniendo problemas para encontrar distribución de su película en España. Sin embargo, la productora Magnolia Pictures se ha interesado por su trabajo y se va a hacer cargo de su distribución en países anglosajones. Así que observaremos la curiosa paradoja de que “Los cronocrímenes” se estrenará, si todo sigue así, antes fuera de nuestras fronteras que en nuestras salas. Venga, hagamos todos la ola por la política cinematográfica española.

Pero dejémonos de historias y demos paso al corto de hoy. Aquí está “7:35 de la mañana”, del director, escritor y actor Nacho Vigalondo, corto seleccionado para competir por el Oscar del 2004.

alt : http://www.youtube.com/v/5QTx-LBaMIw&rel=1
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27/10/2007

STARDUST

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La primera impresión que tuve cuando llevaba tan solo 10 minutos de metraje del nuevo preestreno al que la FNAC tuvo el detalle de poner entradas a nuestra disposición, es la de que todo estaba sucediendo muy rápido, de forma un poco precipitada. La historia comenzaba sin dar casi tiempo a identificarse con los personajes, mezclando elementos mágicos con los reales sin previo aviso.

Pero tras el impacto inicial, todo empezó a fluir de forma engrasada. De repente todos los personajes empezaron a desarrollar sus historias en sendas paralelas y el mundo mágico empezó a atraparme para no soltarme en el resto de la película. Como en los mejores libros de Roal Dahl, mi cuerpo empezó a encogerse en la butaca hasta alcanzar el cuerpo de un niño de seis años y la fantasía empezó a cobrar una forma sólida a mi alrededor.

La historia es la de un curioso pueblo que está parcialmente rodeado por un extraño muro, que separa el mundo real de un increíble universo fantástico. En este pueblo hay un muchacho que le hace una promesa a la chica de sus sueños. Si consigue penetrar en ese universo y traerle un pedazo de estrella antes de que transcurra una semana, la chica accederá a casarse con él.

Así empieza una de las aventuras más fascinantes, descontroladas, locas, hilarantes y entretenidas que he visto últimamente. El film posee ese ambiente tan difícil de conseguir que tienen películas míticas como “La princesa prometida”, “Legend” o “E.T. el extraterrestre” o de libros como “Momo” o “Jim Botón y Lucas el maquinista”, solo que aderezado con un montón de notas de humor que salpican y colorean la historia.

Por si esto fuera poco, no solo el argumento y el ambiente me parecieron geniales, sino que la calidad de los actores que dan vida a los personajes es indiscutible. Michelle Pfeiffer componiendo de nuevo un personaje de mala malosa, una bruja obsesionada por conseguir la eterna juventud y poseedora de magia muy poderosa. Claire Danes, desaparecida últimamente, en el papel de la compañera de aventuras del protagonista. Robert deNiro, en uno de los papeles caricaturescos que en el último tramo de su carrera consigue bordar, interpreta a un feroz pirata y cazador de rayos con un curioso secreto (como el Pirata Roberts de “La princesa prometida”). Peter O’Toole y Rupert Everett en pequeñas y exquisitas apariciones. David Kelly, el simpático abuelote de Charlie en “Charlie y la fábrica de chocolate” en el divertido rol de guardian del muro y el joven y desconocido Carlie Cox en el papel protagonista. Un plantel inmejorable.

Es imposible apartar la vista de la pantalla en cada uno de los planos, imposible no emocionarse con cada giro del guión (aunque algunos se vean venir, es algo que deja de importar) e imposible no dejar escapar una carcajada con las excentricidades de los personajes. Una película deliciosa y con sabor a cine a la antigua usanza de las que no se suelen ver muy a menudo. Con la ingenuidad necesaria para que disfruten los peques y los mayores sin preocuparse por dobles sentidos o interpretaciones sesudas.

Sé de muchos niños que querrán ir en busca de una estrella a un mundo fantástico y recordarán estas aventuras el resto de su vida. Estoy seguro de que será la culpable de forjar algún nuevo cinéfilo o eterno Peter Pan, de la misma forma que lo hicieron en mí muchos otros libros y películas.

P.D. Pues sí, Otro de Sanci, otra adaptación de libro infantil. Estás de enhorabuena.

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25/10/2007

MIOPÍA SELECTIVA II

A raíz de los últimos comentarios de Tomy en el blog (gracias por dedicarle tiempo a la noticia, veo que ha generado debate y eso siempre es bueno), me había salido un comentario quizá demasiado extenso para dejarlo tan solo en eso, en un comentario. Así que he decidido pasarlo a un segundo post, por si la gente se quiere seguir animando a discutir un tema que tiene tantos matices y aristas.

Contestando a tu comentario, yo creo que es precisamente a nivel local y particular por donde hay que empezar a luchar por cambiar las costumbres medioambientales, e incluso, las políticas. Lo de la hipocresía del granito de arena, debería dejar de ser un acto de "caridad" que cedemos en nuestro nivel de vida para parecer más modernos o más espléndidos. El hecho de reducir nuestra comodidad y sustituir en la manera en que sea posible el coche por el transporte público (por ejemplo) va en nuestro beneficio y aún más, en el de nuestros descendientes. Precisamente esta concienciación debe realizarse a nivel local, pues no sirven de nada discursos furibundos desde los púlpitos.

A nivel personal también es nuestra responsabilidad, no solo el llevar la mierda al contenedor adecuado, sino educar bien a los que están a nuestro alrededor y penalizar con dureza a nuestros gobernantes si no cumplen nuestras expectativas. Evidentemente la política mundial tendrá que reaccionar si se quiere hacer algo por desacelerar el proceso del cambio climático, pero es desde las bases desde donde debemos protestar y empujar para que esto suceda, aunque finalmente solo lo hagan por tener contentos a sus votantes. Esto ya no es una cuestión de color político, pero aquellos partidos que no tomen profunda conciencia del problema deberían ser castigados (en las urnas, se entiende).

Por desgracia, muchas de las veces es mucho más cómodo cruzarse de brazos y mirar para otro lado mientras se alega que uno ya hace todo lo que puede llevando el vidrio al contenedor adecuado.

Otra de las misiones del post era poner en la palestra el hecho de que, ahora mismo, el PP sigue la política de la negación, de protestar porque sí, porque viene del otro lado, sin atender a razones ni pararse a pensar. La derecha nunca había sido tan extrema en la historia democrática de este país y esto no beneficia a nadie, ya que el diálogo entre partidos debería ser lo que lleve a cambios beneficiosos. En un patio en el que todo el mundo chilla, es imposible llegar a nada en claro. Que esta absurda seña de identidad se de en dos de las personas más visibles e influyentes del partido es más que preocupante.

De todas formas hay algo evidente y meridianamente claro: no todos los votantes del PP piensan de esta forma, ni tan siquiera todos los miembros del partido y en algún momento tiene que darse un relevo que devuelva las aguas al cauce del sentido común. A ver si ahora vamos a ser tan vanidosos como para pensar que los que creen en ideales de derechas tienen rabo, cuernos y huelen a azufre.

Hoy mismo, en la votación sobre los presupuestos que ha presentado el gobierno ha habido un miembro del PP que ha votado a favor de los mismos y en contra de su partido. He encontrado un artículo en el que Joaquín Calomarde, que es como se llama este diputado, expone su visión de la política española de una forma que me ha llamado gratamente la atención. Esperemos que sea el principio de un cambio.

Tocando el segundo de los temas, en la frase de Churchill se estaba hablando precisamente de eso, de la frase, y no de la actuación del mandatario. La frase es extremadamente acertada si estamos, evidentemente, en unas condiciones de democracia. En una dictadura no tiene ningún sentido, ya que no es el pueblo el que elige, sino el que la sufre. Es como el que dice que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta y otro le contesta: bueno, eso si estamos en un sistema euclídeo porque si no, puede no cumplirse.

Para finalizar, el estar atentos a ver qué edificios oficiales no tienen bandera española me parece una forma de crispar y posicionar a la población en dos extremos muy alejados, algo que se debería tratar de evitar en el ambiente que estamos viviendo. Nadie dice que no deba estar la bandera, sino que preocuparse por fiscalizarlo debería ser la más pequeña de las preocupaciones. Cuando ciertos dirigentes salen por la televisión tocando este tema, estoy seguro que lo último en lo que piensan es en la bandera en sí, o en la injusticia de que no ondee orgullosa en el mástil, sino en arañar unos cuantos votos más soliviantando los ánimos. Lo curioso es que a base de la repetición machacona, parece que lo están consiguiendo.

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23/10/2007

EL ARTE DE LA MIOPÍA SELECTIVA


Hoy mi nivel de incredulidad, acojone y cabreo ha llegado a extremos estratosféricos, así que no puedo evitar realizar un cambio de tema y comentar algunas noticias que he estado leyendo estos días.

Parece ser que científicos super-sabihondos pertenecientes al IPCC (que para el que no lo sepa, como yo antes de leerlo, quiere decir Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático… esto está desordenado, ¿no?), organismo de listos que pertenece a las Naciones Unidas y que ha recibido estos días el Nobel de la Paz junto con Al Gore, han llegado a la conclusión de que nos estamos cargando el planeta aún más rápido de lo que pensábamos. Ya sabían, y así lo pusieron en su primer informe hace 17 años, que estábamos jodiendo nuestra casa a una buena marcha, pero resulta que se olvidaron de que la Tierra podría flaquear en su pequeño empeño por absorber nuestra mierda. Evidentemente, cuando el planeta está pachucho, pues el seguir bombardeándolo con emisiones de porquería, no le está sentando nada bien. Así que han dicho que, se haga lo que se haga en este siglo para intentar evitarlo, el riesgo de sequías, inundaciones, subida del nivel del mar y extinciones de varias especies, será preocupantemente alto.

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Es decir, que nuestras emisiones de CO2, están alterando muy gravemente el cambio climático y es posible que nos estemos acercando a pasos agigantados a un punto sin retorno. Aún así, nos dejan una puerta abierta a la esperanza pronosticando que se podrían reducir las emisiones entre un 60% y un 80% sin llevar a pique la economía mundial (aunque, a ver a quien le interesa el dinero cuando tengamos que vivir en cuevas) de forma que ralentizásemos el calentamiento.

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Por otra parte, ya se sabe que a los españoles no nos gusta perder en nada. Ya sea en tenis, fútbol, baloncesto o bolos castellanos, nos gusta ganar. En esta materia no íbamos a ser menos y otros científicos distintos (si es que salen como setas), esta vez pertenecientes al Ministerio del Medio Ambiente (o incluso de Un Cuarto de Ambiente, a estas alturas), han sacado un informe que dice que los españoles consumen y contaminan casi tres veces por encima de su capacidad biológica. Aún así, como sucede últimamente en balompié y automovilismo, no hemos ganado (¿quién es el que apaga la luz cuando se pira de casa?), ya que Estados Unidos, Europa, India y China consumen y contaminan más del 200% de lo que deberían y el gran campeón de campeones, Japón, supera el 560%.

Sí, amigos. Datos preocupantes. Pero siempre hay quien pone una nota de humor a todo el tinglado. Parece ser que al insigne Mariano Rajoy le han preguntado que le parece todo esto del cambio climático. El tío ha tirado de facilidad de palabra y ha contestado, después de decir que tenía un primo Físico que sabía un montón (esto no es coña, de verdad ha pasado), lo siguiente: “He traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo y ninguno me ha garantizado el tiempo que hará mañana en Sevilla. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?”

Así que el tiempo que hará mañana en una ciudad es más o menos lo mismo que predecir el clima mundial en un lapso de tres siglos. Interesante. Por esa regla de tres, si este señor dice una chorrada en temática de medio ambiente, podemos deducir que el resto de discursos que suelte por esa boquita de piñón en cualquier tema van a ser todas auténticas chorradas. Bueno, ahora me cuadra todo bastante más.

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Pero no es el único al que todo el tema del clima (o como él diría, el tiempo) se la trae al pairo. Desde que estoy viviendo en Madrid he asistido a los tejemanejes que se trae Esperanza Aguirre con su mayoría aboluta. Para muestra, algunos botones:

- Sobre el tercer depósito de agua del Canal de Isabel II, el alcalde prometió a los vecinos un bonito parque. Lo que “Espe” construyó en realidad, fue un campo de prácticas de golf con 100 puestos de tiro, nueve hoyos y césped artificial en más de la mitad del terreno. Aunque Gallardón trató de parar las obras aduciendo que el campo de golf no estaba en la solicitud de licencia de obras municipal, la presidenta lo solucionó decretándolo de interés general. Por cierto, y por si quedaba alguna duda, el campo de golf es de pago.

- Existe un elitista club llamado Real Club Puerta de Hierro cuya nómina incluye a socios de rancio abolengo. Aunque no tiene problemas económicos, el ayuntamiento va a donar un millón de euros destinados a construir una balsa de agua reciclada para regar los dos campos de golf.

- Se está llevando a cabo la aplicación de una “Ley de medidas urgentes y modernización del Gobierno y la Administración de la Comunidad de Madrid que entre otras lindezas se ocupará de impedir a los agentes forestales entrar en fincas privadas (que va en contra de la ley de montes pero quizá podría llevar a la denuncia de algún ricachón haciendo mal uso del suelo y la flora, Dios no lo quiera), eludir la obligación de que los Ayuntamientos publiquen íntegramente el contenido de los planes generales (algo que incorpora la Ley de Suelo estatal), generalizar las construcciones en suelo no urbanizable protegido (algo contrario a la Ley de Suelo) o posibilitar que la Comunidad de Madrid apruebe y construya embalses en la región (algo que solo compete al Estado).

- Se está intentando el desarrollo urbanístico de la finca histórica Monesterio, con la intención de crear una nueva ciudad a 10 Km del casco urbano, en un entorno de alto valor ecológico e histórico-cultural, con una población mayor que la que ahora tiene San Lorenzo, que traería consigo 7000 nuevas casas, 18.000 habitantes, 20.000 coches…

- Proclamar a los cuatro vientos que el lince ibérico está extinguido en el noroeste de Madrid para que no le estorbe a la hora de convertir un tramo de carretera en autovía, al contrario de lo que expone la página web de la propia consejería de medio ambiente y descalificando estudios anteriores que detectaron la presencia del felino más amenazado del mundo.

Podría seguir así un buen rato, pero no es plan de cansar a los posibles lectores que se hayan atrevido a llegar hasta aquí con más datos, pues ya está demostrado que a esta señora el poder le sirve para lo que le sirve: para usarlo a su antojo y esquivando con soltura cualquier clase de vergüenza.

Esto me hace plantearme dos cosas. ¿Qué pasaría si el PP se hiciese con la mayoría absoluta a nivel estatal? y ¿por qué se le sigue votando mayoritariamente, a pesar de todos los desaguisados que está cometiendo?

Pues nada, a seguir poniendo banderas en edificios oficiales, que es lo importante.

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Nota: todas las viñetas son obra del gran Ramón, publicadas en El País.

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22/10/2007

LA HUELLA vs. LA HUELLA

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Hace 35 años aparecía en las carteleras de cine la que sería la última película de Joseph L. Mankiewicz. Este director usamericano había firmado grandes títulos como “De repente el último verano”, “Cleopatra”, “La condesa descalza” o “Eva al desnudo”, sin embargo eligió para despedirse una compleja obra de apariencia teatral, muy pocos personajes, grandes diálogos e astuto guión, firmada por el dramaturgo Anthony Shaffer. Por si esto no bastase, eligió para interpretarla a dos auténticos genios, un par de antagonistas que consiguieron elevar la película a la categoría de clásico, el joven Michael Caine y el increíble Lawrence Olivier. La película en cuestión se titulaba “La huella” y desde el momento en que la vi, se convirtió sin duda alguna en una de mis preferidas.

En ella, un rico escritor de novelas policíacas invita a su mansión a un peluquero de origen modesto que, sin tratar de ocultarlo, se está beneficiando a su mujer. Desde el primer momento, la película se convierte en un macabro juego, en el que el rico trata de manipular a su antojo al pobre, en el que el culto trata de poner en ridículo al humilde trabajador sin estudios, en el que el poderoso trata de amedrentar al anónimo.

Toda la obra es un complicado y peligroso juego en el que nada es lo que parece, sembrado de secuencias memorables y de una poderosa fuerza visual. Desde el primer momento, en el que Milo Tindle (Michael Caine) llega a casa del famoso escritor Andrew Wyke y tiene que buscarlo en el laberinto del jardín, pasando por el interior de la mansión de Wyke, inundada por un patológico gusto por los juegos, como el puzzle en blanco, el complicado juego similar al ajedrez, la diana que oculta las riquezas y un ciento de juguetes mecánicos esparcidos por las diferentes habitaciones.

La película no solo cuenta, a lo largo de 138 minutos que pasan en un suspiro, con un guión perfectamente ideado y diálogos exquisitos sino que pone el jaque mate a la partida con uno de los mejores finales que se han visto en el séptimo arte, redondeando la película de forma magistral.

Hace unos cuantos meses escuché la noticia de que se estaba realizando el remake de la obra maestra y de que Michael Caine participaría interpretando el papel que Lawrence Olivier clavó en la original. Su antagonista sería el que es considerado sucesor de Caine por su elegancia y por ser el elegido para dar vida a otro de sus personajes más recordados: Alfie. Además, el encargado de manejar la batuta de este atrevimiento, sería el inteligente Keneth Branagh, fiel lector de Shakespeare y responsable de un buen puñado de buenas películas.

Mi opinión al respecto pasó por un buen número de etapas, desde la estupefacción absoluta ante tal osadía, pasando por la indignación por que traten de rehacer algo que es casi perfecto, la seguridad de que la jugada les iba a salir fatal, la incomprensión de que Caine se embarcase en dicha nave e incluso la curiosidad insana y morbosa por comprobar cual sería el resultado final.

Así que finalmente este fin de semana fui a satisfacer la curiosidad, antes de que un gato sufriese por mi culpa y, como el típico demonio rojo que suele aparecer en el hombro en estos casos me aseguraba, la difícilmente inevitable decepción cayó sobre mí.

La historia esta vez empezaba de forma muy similar, con nuestro protagonista, Milo Tindle, esta vez convertido en actor, acudiendo a la mansión del cornudo escritor, solo que en esta ocasión, el recargado ambiente de la casa que se podía apreciar en la original, era sustituído por el minimalismo decorativo (no confundir con el mineralismo de Arrabal) y el abuso de lo tecnológico. En este escenario, el primer tercio de película se presenta interesante, con diálogos también muy trabajados y un gran trabajo de los dos actores, aunque con una trama bastante cercenada y menos implicada en los detalles. Una gran prueba de ello es que el metraje se ve acortado desde los 138 minutos de la primera a los 86 de ésta, por lo que todo se desarrollo de forma más acelerada, sin que de tiempo a paladear el misterio ni a sorprenderse con los giros de guión.

Pero en algún momento, de repente, todo cambia. Parece que al guionista, el parece ser que reputado Harold Pinter, le entre la urgencia por separarse todo lo posible del original, por sorprender al público que ha visto la primera de forma magistral y se inventa una nueva y peligrosa relación entre los protagonistas. Y es en este momento cuando la caga, de forma abundante y diarréica. Es en ese momento cuando la película empieza a vagar sin sentido, aderezada con diálogos absurdos y en busca de un final que sorprenda pero sin herramientas para hacerlo posible.

Es en este momento cuando me reafirmo en mi primer sentimiento de observador enfurruñado y aflora a mis labios el “ya te lo dije” que le hubiera soltado al señor Branagh si lo hubiera tenido a mi lado (y entendiese castellano, claro).

Además, durante toda la duración de la peli, me embargó la curiosa sensación de que estaba hecha para los que habían visto la primera, con continuos chistes sobre la profesión de Tindle (“creía que era usted peluquero…”). Como si el guionista quisiera sorprender a los que, como yo, nos enamoramos de la primera versión, y se olvidara del resto del público.

Una vez vista, y haber hinchado mi ya de por sí gran ego, constatando que este remake iba a ser un error, solo puedo instar al posible lector a que encuentre “La huella” primigenia y se sumerja en una de las historias más inteligentes que se han hecho para la gran pantalla. Estoy seguro de que entonces, no solo será una de mis preferidas.

Posted by Heitor at 22:15:11 | Permanent Link | Comments (6) |

21/10/2007

LA JOVEN JANE AUSTEN

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Hacía ya un tiempo que no pasaba, pero vuelvo a poder realizar la crítica de un preestreno gracias a las promociones de la FNAC. Madrugando un poquito ciertos sábados, tenemos la oportunidad de ver alguna película antes de que lleguen al público masivo (de gratis, además). Este jueves ha tocado un drama de época alrededor de una biografía de semi-ficción (toma categoría que me acabo de sacar de la manga) de una de las escritoras más conocidas en la lengua de Shakespeare. Estamos hablando de “La joven Jane Austen”.

Esta escritora fue famosa por sus novelas, donde mezclaba grandes hazañas amorosas junto con una fina crítica a la situación de la mujer en la época en que vivió, finales del siglo XVIII y principios del XIX. En contrapartida, fue una mujer que nunca llegó a casarse y a la que nunca se le conoció ningún idilio. Esa era la creencia general hasta que el biógrafo Jon Spence revolucionó a los fans de la escritora, publicando una nueva retrospectiva de su vida en la que afirmaba que Jane Austen había mantenido un idilio con un joven irlandés llamado Tom Lefroy.

Pues precisamente esta parte de su vida es la que trata la película. Jane Austen trata de elegir su propio destino a pesar de los convencionalismos de aquella época, del tan temido “que dirán” y de los prejuicios de su familia. Tom Lefroy será un joven de ciudad que le sacará de quicio y le atraerá a partes iguales, enseñándole ciertos aspectos de la vida que hasta entonces le eran desconocidos.

Hay veces en los que uno no está seguro de si es la película que está viendo la que no logra engancharle o son las circunstancias del momento. El caso es que el metraje se me hizo desesperantemente largo, sin llegar a importarme demasiado en ningún instante las vicisitudes de la escritora. ¿Quiere esto decir que la película no logra atrapar o que las horas y el cansancio acumulado de la semana podían más que el interés cinematográfico? Pues a saber.

De todas formas tanto la ambientación en plena campiña del siglo XIX como las actuaciones de un buen número de los intérpretes británicos más laudeados, son excelentes. Quizá la única que me pareció no estar a la altura de lo que le rodea, aunque sin llegar a desentonar del todo, es la protagonista: la joven Anne Hathaway. Una americana de periplo por las tierras de la reina, intentando quitarse su estigma de adolescente mona, sumando a su paso por la genial “Brokeback mountain”, la película que titula el post. Durante todo el metraje me dio la impresión de que, sin hacerlo mal, no llegaba a transmitirme demasiado.

Sin embargo ha sido todo un descubrimiento el actor que encarga al supuesto amor de Jane Austen, el escocés James McAvoy, que pudimos ver interpretando a un fauno en “Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario” o como coprotagonista de “El último rey de escocia”, que no he tenido la oportunidad de ver. En este caso compone el personaje de Tom Lefroy con un buen número de matices, desde el gamberro simpático de la primera parte de la película hasta el joven enamorado y sufridor de la última.

El resto del elenco lo componen, como ya hemos dicho, grandes actores como Maggie Smith (“Harry Potter”, “Un cadáver a los postres”), James Cromwell (“The Queen”, “Babe, el cerdito valiente”, “Un cadáver a los postres”) o Julie Walters (“Harry Potter”, “Billy Elliot”), que son siempre un valor seguro para cualquier película.

En resumen, una película bien facturada y bien interpretada que, por alguna razón no demasiado definida, no consiguió engancharme demasiado. Misterios de la mente humana.

Posted by Heitor at 18:51:11 | Permanent Link | Comments (3) |

20/10/2007

SIETE MESAS DE BILLAR FRANCÉS

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Buena racha con las películas españolas. Si la última vez elogiaba la propuesta arriesgada de Antonio Hernández y su película “Oculto”, esta vez le toca el turno a Gracia Querejeta y su emotiva historia sobre seres humanos intentando sobrevivir titulada “Siete mesas de billar francés”.

Querejeta aborda de una forma muy sencilla, técnicamente hablando, un guión que otorga la mayor importancia a los personajes y los diálogos. Evidentemente esto solo puede funcionar de una forma: si dichos diálogos fluyen con rapidez y sin dañar el oído y si los actores que los transportan son capaces de llegar de forma sincera hasta el público. Pues bien, ambos requisitos se cumplen con excelente nota.

La historia no tiene demasiado de particular o de original. Una mujer viaja con su hijo pequeño a Madrid para ver a su padre moribundo y al llegar se encuentra con que ya ha muerto, dejando un viejo salón de billares cubierto de deudas. Allí se encuentra con la pareja del padre, una mujer con mucho carácter y terca como una mula (como bien se encarga de repetir su madre en repetidas ocasiones) y con una tropa de amigos del padre dispuestos a ayudarla a sacar el negocio adelante. Para colmo, al volver de vuelta a Vigo (sí amigos, habéis oído bien, Ángela, la protagonista, vive en Vigo en un piso con unas bonitas vistas a las Cíes… que cinematográficos nos estamos volviendo) se encuentra con un marido policía buscado por sus compañeros por ciertos delitos de estafa, cohecho y pillería en general.

Pero el truco de todo esto, no está en lo que se cuenta, sino en como se hace. A pesar del tono dramático que se alcanza en ciertas partes de la película, el humor acaba saliendo siempre a flote, dejando una sonrisa estúpida en el momento en el que se encienden las luces.

Aunque los verdaderos artífices de que el mecanismo funcione con precisión son unos actores en absoluto estado de gracia, especialmente remarcado en el tremendo recital interpretativo que nos ofrecen la pareja de protagonistas, Maribel Verdú y Blanca Portillo. La primera se ha convertido en una de las actrices más creíbles y auténticas de nuestro panorama y borda un papel que podría haber caído en el sentimentalismo pero que por el contrario cae bien desde el primer minuto. La segunda es un auténtico monstruo cinematográfico, capaz de expresar un sinfín de matices con una media sonrisa y, como ya sabíamos de su época en “Siete vidas”, absolutamente desternillante en los momentos de comedia.

Arropando de forma perfecta a las dos actrices, un buen puñado de secundarios que ya querría para sí el nuevo rat pack de Clooney y Pitt. Ramón Barea, un tipo que no necesita más de una frase para provocar la carcajada, Enrique Villén, nuestro Marty Feldman patrio, con ese ojo díscolo tan reconocible y capaz de saltar de registro en registro de forma camaleónica, Amparo Baró, increíble y única en cada uno de los papeles que representa, representando como nadie la ironía y la mala leche, además de los desconocidos para mí Jesús Castejón, Raúl Arévalo y Lorena Vindel. ¡Pero si hasta el clásico niño pedante consigue caer bien!

En definitiva, dos pelis españolas seguidas que consiguen ilusionar e imprimir la esperanza de que nuestra industria puede estar dando un paso adelante. Y todavía falta por ver “El orfanato” y las que lleguen de Sitges. Aunque ya he oído por ahí que “Los cronocrímenes”, de Nacho Vigalondo, aún no tiene distribución por estos lares. A ver si vamos a tener que esperar a que los usamericanos nos traigan un remake para interesarnos por ella, que a veces somos muy gilipollas.

Posted by Heitor at 18:28:37 | Permanent Link | Comments (3) |

18/10/2007

OCULTO

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Que el cine español tiene grandes ideas, es un hecho. Hay nombres como Amenabar, Fresnadillo, Nacho Cerdá, Nacho Vigalondo, José Luís Guerín, Jaume Balagueró o Paco Plaza que vienen con ideas y ganas de hacer un cine, a mi modo de ver, interesante.

Este es el caso de Antonio Hernández (“En la ciudad sin límites”, “Los Borgia”), que firma la realización de esta película que pasó bastante de puntillas por la cartelera y probablemente no habría sido así de haberse tratado de una publicitada producción usamericana, aunque fuera de mucha menor calidad. Esto hace que uno se plantee donde están realmente las trabas de nuestro cine. Por qué llegan (y triunfan) en las carteleras algunos subproductos patrios (vease “El equipo Ja”) cuando otros mucho más interesantes se quedan por el camino. Seguramente esta es una pregunta sin una solución sencilla y desde luego algo que no voy a desarrollar ahora que estamos en la hora de la siesta.

Lo que venía a contar es mi impresión sobre “Oculto”, película del ya mencionado Antonio Hernández y protagonizada por Leonardo Sbaraglia, Laia Marull y Angie Cepeda. Un thriller muy bien contado e interpretado que logró sorprenderme con un puzzle muy inteligente.

Todo empieza con una conferencia sobre los sueños, donde coinciden, por motivos diferentes, los tres protagonistas. Alex (Leonardo Sbaraglia) acude para recopilar información sobre un reportaje que está elaborando sobre la materia, Beatriz (Laia Marull) es una de las coordinadoras del evento y Natalia (Angie Cepeda) busca explicación sobre ciertos sueños repetitivos y aparentemente premonitorios. Mientras Natalia explica sus sueños, Beatriz, aterrada, se desmaya al escuchar la historia. Poco a poco, los tres personajes se verán envueltos en una búsqueda del significado de sus sueños hacia un desenlace que no esperaban.

La película es un juego de equívocos muy bien montado. Una casa de los espejos donde nada es lo que parece, donde el mundo real y el onírico se entremezclan en una pesadilla que rodea y mueve a los protagonistas. Desde el comienzo caí fascinado en el juego, dejándome arrastrar hacia cada uno de los giros para poder ver a donde me llevaba la montaña rusa.

Ayuda sobremanera a meterse de lleno en el tinglado las actuaciones del trío protagonista. Un Sbaraglia seductor y descreído que consigue borrar por completo su acento argntino, Laia Marull, que compone un personaje aparentemente frágil e inestable y Angie Cepeda, que desarrolla una gran evolución en una caída hacia el terror nocturno y el miedo a soñar.

Una peli de esas que resulta agradable descubrir tras ser ignoradas en su paso por los cines. De esas que tendríamos que aprender a mantener en la cartelera a base de visitas en vez de otras tonterías que se tiran meses sin merecerlo.

Posted by Heitor at 16:26:29 | Permanent Link | Comments (4) |

16/10/2007

LOS SEIS SIGNOS DE LA LUZ

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A veces sucede. Hay veces en las que una película sobresale en prácticamente todos sus apartados técnicos y sin embargo el resultado total es de una mediocridad aplastante. Este es el caso de la nueva adaptación de literatura infantil que pasa por nuestras carteleras después de “Un puente hacia Terabithia” o la primera entrega de “Las crónicas de Narnia”. “Los seis signos de la luz” (otra traducción libre del original “The dark is rising”) es una historia plana, demasiado inocente y con un guión sin chispa, que avanza erráticamente, sin intentar sembrar en el espectador ni una pizca de emoción ni de intriga.

La historia gira alrededor de Will Staunton, el séptimo hijo de un séptimo hijo, un chaval que acaba de cumplir 14 años y que empieza a ver y sentir cosas extrañas a su alrededor. La aventura comienza cuando un misterioso hombre le comunica que es parte de una raza llamada “los ancestrales”, guardianes de la luz. Will será capaz de viajar a través del tiempo, contará con una fuerza descomunal y será capaz de invocar fuego (poderes que desperdicia o ignora constantemente a lo largo de la película).

Como he empezado diciendo, la factura de la película es poco menos que impecable. Los efectos especiales no llaman la atención, ni para bien ni para mal, la fotografía consigue recrear los ambientes fantásticos que la trama requiere a pesar de que David L. Cunningham, el director, intente ser original demasiado tiempo seguido, con planos deformados, movimientos de cámara extraños y continuos picados y contrapicados que no vienen a nada. La música encaja perfectamente, los actores están todos bastante bien… pero nada de esto consigue salvar el guión. Los diálogos son, la mayor parte del tiempo, de risa, los personajes sobrenaturales que pueblan la historia están desaprovechados y la misión del protagonista se va consiguiendo sin ninguna emoción, como por casualidad.

Los productores de películas infantiles siguen olvidando, con demasiada facilidad, que los chavales no son tontos. Detrás de mi, dos niños de unos 10 años iban adivinando sin ningún problema que era lo que iba a pasar a continuación. Una buena película debe empezar por un buen guión que sustente las imágenes y ni el mejor director ni los mejores actores, pueden salvar el film si la escritura del mismo es el punto flojo.

En definitiva, esta es una película que hubiera ido a poblar directamente las estanterías de los videoclubs si no hubiesen invertido tanto dinero en ella.

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14/10/2007

DENTRO DEL LABERINTO

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Photo Sharing and Video Hosting at PhotobucketNoche de sábado, tirados en casa y nueva sesión de cinefagia donde sólo los más valientes resisten despiertos hasta las tantas de la madrugada. Esta vez toca engrosar la categoría de “Películas de mi infancia” de la mano de uno de los maestros de los monigotes, creador de personajes inolvidables como la rana Gustavo (el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo), la cerdita Peggy, los Fraggle rock o aquella aventura repleta de fantasía llamada “Cristal oscuro”, el gran Jim Henson. Estamos hablando de “Dentro del laberinto”, una de esas películas para las que el tiempo se detiene, que dejan un recuerdo imborrable en todo aquel que tiene la suerte de verlas a una edad temprana. Una fábula exquisita que nos descubrió la belleza y los ojos de una jovencísima Jennifer Connelly y las dotes para la actuación de uno de los cantantes más iconográficos de la historia, el andrógino David Bowie.

Photo Sharing and Video Hosting at PhotobucketEn 1986, cuatro años después de haber mostrado al mundo del cine lo que era capaz de hacer con unas marionetas en "Cristal oscuro", Jim Henson puso su imaginación al servicio de una historia que mezclaría su habilidad con los muñecos junto con personajes de carne y hueso. Una simple y entretenida historia fantástica en el que una adolescente tendría que ir en busca de su hermano pequeño secuestrado por Jareth, el rey de los goblins. Para este papel, Jim Henson quería contar con uno de los músicos del momento como Michael Jackson o Prince. Al final el elegido fue el carismático David Bowie.

Bowie, además, fue el encargado de componer e interpretar la banda sonora, que convierte por momentos a esta cinta fantástica hacia el género musical, con unos cuantos números integrados en el argumento, con el cantante rodeado de marionetas por todos lados, lo que convertía algunos sets de grabación en auténticos quesos de Gruyere.

Photo Sharing and Video Hosting at PhotobucketLa actriz que lleva el peso de la película junto con “el duque blanco” es una guapísima Jennifer Connelly que contaba tan solo con 14 años y que habíamos descubierto en “Érase una vez en América”, para posteriormente verla madurar hasta convertirse en la gran actriz que es hoy, con títulos a sus espaldas como “Una mente maravillosa”, “Diamante de sangre” o “Réquiem por un sueño”. Una niña con cara de ángel que resultó ser perfecta para el papel por esa mezcla de inocencia y determinación que le caracteriza.

Photo Sharing and Video Hosting at PhotobucketAl ser una película esencialmente de marionetas hecha a mediados de los 80, evidentemente los efectos especiales no son perfectos, e incluso hay momentos que hoy en día nos llaman la atención, como puede ser el baile de la banda del fuego, donde los marionetistas tenían que desaparecer en un fondo negro vestidos de terciopelo del mismo color para después ser incluida la imagen del bosque donde se desarrolla. Todo esto no hace más que imprimir al film un aspecto artesanal que a mí particularmente me resulta tremendamente agradable.

Photo Sharing and Video Hosting at PhotobucketEl mundo del laberinto está repleto de personajes entrañables y escenarios imposibles en una mezcla de imaginación y técnica difícil de igualar. Desde el personaje de Hoggle al que le dan vida cinco personas perfectamente sincronizadas, pasando por el momento en el que Sarah persigue a su hermano en un famoso cuadro de Esher o en el que cae en el pozo de las manos. Todo tiene un cuidado diseño que nos adentra en uno de los ambientes más mágicos que hayan pasado por las pantallas de cine.

Photo Sharing and Video Hosting at PhotobucketUno de los artistas que contribuyen a conferir a “Dentro del laberinto” un aire mágico es Michael Moschen, especialmente a la figura del rey de los goblins. Moschen es un artista conceptual, malabarista y podríamos decir que ilusionista, que es el encargado de mover las esferas de Jareth de la forma que se ve en la película. Un tipo que es capaz de hacer posible lo imposible. Desde aquí mando una sugerencia a Tony, creador del gran blog “La magia del asombro”, para que nos haga una pequeña retrospectiva de este genio y nos enseñe alguna pincelada de sus espectáculos.

En definitiva, “Dentro del laberinto” es una película atemporal, con fantásticos personajes, de esas que consiguen devolvernos durante unas horas a Nunca Jamás y hacernos un poco más felices de lo que éramos antes de verlas.

Posted by Heitor at 13:58:15 | Permanent Link | Comments (8) |
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