Cine, música, teatro, viajes, ideas... en definitiva, vida

THE KARATE KID

2010 September 6
Posted by Heitor

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Era éste, a priori, otro de esos remakes ochenteros sin ningún sentido, que venían a escarbar en nuestra memoria infantil buscando vaciar los bolsillos a una tropa de treintañeros a los que todo lo que huela a Pantera Rosa con Mirinda nos provoca chirivitas en los ojos. Por si esto no fuera todo, sonaba además a niño rico dándole a sus padres multimillonarios una lista de regalos por su cumpleaños:

Querido papá molón y buenrrollista y mamá buenorra y simpática,

este año he sido muy bueno. He soportado sin protestar hacer con papá una peli coñazo y he sacado un notable alto en mates. No me he reído mucho de las pintas de mi hermanita Willow (aunque se llame como el enano de la peli) y me he acabado dos veces el plato de espinacas. Por eso quería pediros la tercera planta del Toys ‘R’ Us, una maqueta a tamaño real de un X-Wing, una fábrica de caramelos de cola y ser el protagonista de una película millonaria.

Un beso muy grande

Jaden.”

Lo del X-Wing no lo consiguieron, porque George Lucas les pedía demasiada pasta por los derechos de colocación en habitación infantil privada, pero el resto se hizo realidad sin mucho problema. Así que de esta forma se llegó al revisionado de aquella mítica cinta en la que Daniel San y el señor Miyagi ponían cera y pulían cera, se enfrentaban a los canis de la escuela Cobra Kai y nos sorprendían con la épica técnica de la grulla.

Como ya sabréis, por muy mala y casposa que parezca la película, si viene con la etiqueta ochentera, hay una vocecilla interior que me controla en estas situaciones y no puedo evitar acercarme al cine a comprobar cómo se mean en mis ídolos de juventud. ¿Y sabéis qué? Contra todo pronóstico y al contrario de lo que me esperaba, salí bastante satisfecho del cine.

Bastante satisfecho pero algo apesadumbrado, ya que si el director hubiera sido consciente del tipo de film que tenía entre sus manos, dicha sensación podría haberse transformado en muy satisfecho y hasta haber pensado que la copia superaba al original. Pero el desconocido Harald Zuart (director de la infame “La pantera rosa 2” y de “Superagente Cody Banks”) no se da cuenta de que está haciendo una película familiar, destinada a entretener sin pérdidas de tiempo y cree que está filmando “El último emperador”, plantándonos una duración de ¡2 horas y 20 minutos! en los que los primeros 40 se dedica a filmar un drama muy poco afortunado de cómo la madre y el hijo se mudan a China desde Detroit tras el fallecimiento del padre y las dificultades del retoño en un ambiente totalmente nuevo en el que hablan muy raro.

Superado el hastío de esa plomiza primera parte y a partir de que el asunto se centra (como debería haber sido desde un principio, tras una ágil y liviana presentación) en la relación entre pupilo y maestro (que pasan de Daniel San y señor Miyagi a Dre Parker y Señor Han), las palizas que le meten al chaval los gamberros del barrio (que reducen la edad de la adolescencia a la infancia) y el entrenamiento hasta ese enorme torneo final, el pulso narrativo coge fuerza, la historia gana enteros en interés y la emoción se dispara como un cohete.

La historia es, básicamente la que todos conocemos, con el lavado de cara suficiente como para ofrecer un punto de interés (al contrario de lo que sucedía con “Pesadilla en Elm Street”, donde se dedicaban a fotocopiar el guión). Una madre y un hijo que, como decíamos, se mudan a la China mandarina en donde el chaval comienza a practicar Kung Fu (¿pero no se titulaba “The karate kid”? Preguntarás clavando tu pupila en mi pupila castaña. Pozí, pero en China son más de Kung fu, así como en Bilbao son más de pintxos) con las enseñanzas del bedel del edificio en el que vive para poder hacer frente a los malotes del cole, enamorar a la compañera de turno e intentar (aunque intentar se queda corto… ¡que es el hijo de Will Smith!) ganar el torneo correspondiente con tan solo un mes de práctica.

Las batallas individuales entre ambas películas se saldan con unas cuantas sorpresas. Entre el hijísimo Jaden Smith y el mítico Ralph Macchio, ambos juegan bien sus cartas. Aunque en las escenas más dramáticas Jaden derrocha talento, la mayor parte del tiempo el amigo Ralph le gana con creces en cuanto a naturalidad y carisma. Pero cuando la pelea parece que se va a decantar del lado del ochentero, comienza el kung fu y las peleas y el pequeño Smith se sale, demostrando que se ha empleado a fondo en las enseñanzas de Jackie Chan, logrando que las coreografías de los combates sean mucho más espectaculares esta vez. Podríamos dejarlo en un empate técnico.

En el enfrentamiento entre el legendario Pat Morita y el dicharachero Jackie Chan, el lance es aún más igualado. Es muy difícil combatir contra el icono del señor Miyagi, instalado en la memoria colectiva de todo el que haya visto el film original en su época, pero Chan sorprende y mucho con la construcción de un personaje muy alejado a la imagen que tenemos de él. Mucho más contenido, bordando los momentos más intensos y con una apariencia mucho más frágil, nos entrega a un mentor traumatizado por un suceso personal terrible, parco en palabras e inmensamente cercano. Démosles otro empate.

En cuanto a los malos de la función, no hay color. El malísimo Martin Klove de la escuela Cobra Kai interpretado por John Kreese se come con patatas al actual maestro Li, interpretado por Rongguang Yu (un conocido actor y experto en artes marciales chino que ya había trabajado con Jackie), en gran medida porque el peso del segundo es mucho menor en la historia que el primero. K.O. sin discusiones en este apartado para la peli de 1984.

Por último, la espectacularidad de las escenas de acción, tanto en los entrenamientos como en las peleas callejeras y el torneo final, caen sin ninguna discusión en manos del remake. Se agradecen mucho los guiños a la película antigua; por ejemplo, muestra a Jackie Chan dando cera a un coche en un breve momento pero el ejercicio del pupilo se cambia por el de ponerse y quitarse la chaqueta (mención aparte merece el emotivo lance final, donde asistimos a una grulla 2.0 que es para morirse por emocionante y fantasma, momento en el que no sabes si aplaudir o partirte la caja). Pero en general, todo está mucho mejor hecho, la preparación de maestro y aprendiz está a años luz de la ochentera, las coreografías están muchísimo más cuidadas y el tramo final, en pleno torneo, es mucho más emocionante. Puntazo para la película aspirante.

Al final, la contienda puede zanjarse con un equilibrado empate, con lo que el visionado de esta nueva propuesta se hace ameno aunque nos deje la sensación de que, con menos pretenciosidad todo hubiera quedado mucho más redondo. Como bonustrack nos ofrece la posibilidad de admirar preciosos planos de China (gracias a Jackie, un ídolo en su país, se pudo filmar tanto en la muralla como dentro de la ciudad prohibida) y la sensación de que el rodaje no ha sido una completa pérdida de tiempo.

Que no es poco lector San.

Era éste, a priori, otro de esos remakes ochenteros sin ningún sentido, que venían a escarbar en nuestra memoria infantil buscando vaciar los bolsillos a una tropa de treintañeros a los que todo lo que huela a Pantera Rosa con Mirinda nos provoca chirivitas en los ojos. Por si esto no fuera todo, sonaba además a niño rico dándole a sus padres multimillonarios una lista de regalos por su cumpleaños:

“Querido papá molón y buenrrollista y mamá buenorra y simpática,

este año he sido muy bueno. He soportado sin protestar hacer con papá una peli coñazo y he sacado un notable alto en mates. No me he reído mucho de las pintas de mi hermanita Willow (aunque se llame como el enano de la peli) y me he acabado dos veces el plato de espinacas. Por eso quería pediros la tercera planta del Toys ‘R’ Us, una maqueta a tamaño real de un X-Wing, una fábrica de caramelos de cola y ser el protagonista de una película millonaria.

Un beso muy grande

Jaden.”

Lo del X-Wing no lo consiguieron, porque George Lucas les pedía demasiada pasta por los derechos de colocación en habitación infantil privada, pero el resto se hizo realidad sin mucho problema. Así que de esta forma se llegó al revisionado de aquella mítica cinta en la que Daniel San y el señor Miyagi ponían cera y pulían cera, se enfrentaban a los canis de la escuela Cobra Kai y nos sorprendían con la épica técnica de la grulla.

Como ya sabréis, por muy mala y casposa que parezca la película, si viene con la etiqueta ochentera, hay una vocecilla interior que me controla en estas situaciones y no puedo evitar acercarme al cine a comprobar cómo se mean en mis ídolos de juventud. ¿Y sabéis qué? Contra todo pronóstico y al contrario de lo que me esperaba, salí bastante satisfecho del cine.

Digo bastante satisfecho algo apesadumbrado, ya que si el director hubiera sido consciente del tipo de film que tenía entre sus manos, dicha sensación podría haberse transformado en muy satisfecho y hasta haber pensado que la copia superaba al original. Pero el desconocido Harald Zuart (director de la infame “La pantera rosa 2” y de “Superagente Cody Banks”) no se da cuenta de que está haciendo una película familiar, destinada a entretener sin pérdidas de tiempo y cree que está filmando “El último emperador”, plantándonos una duración de ¡2 horas y 20 minutos! en los que los primeros 40 se dedica a filmar un drama muy poco afortunado de cómo la madre y el hijo se mudan a China desde Detroit tras el fallecimiento del padre y las dificultades del retoño en un ambiente totalmente nuevo en el que hablan muy raro.

Superado el hastío de esa plomiza primera parte y a partir de que el asunto se centra (como debería haber sido desde un principio, tras una ágil y liviana presentación) en la relación entre pupilo y maestro (que pasan de Daniel San y señor Miyagi a Dre Parker y Señor Han), las palizas que le meten al chaval los gamberros del barrio (que reducen la edad de la adolescencia a la infancia) y el entrenamiento hasta ese enorme torneo final, el pulso narrativo coge fuerza, la historia gana enteros en interés y la emoción se dispara como un cohete.

La historia es, básicamente la que todos conocemos, con el lavado de cara suficiente como para ofrecer un punto de interés (al contrario de lo que sucedía con “Pesadilla en Elm Street”, donde se dedicaban a fotocopiar el guión). Una madre y un hijo que, como decíamos, se mudan a la China mandarina y que comienza a practicar Kung Fu (¿pero no se titulaba “The karate kid”? Preguntarás clavando tu pupila en mi pupila castaña. Pozí, pero en China son más de Kung fu, así como en Bilbao son más de pintxos) con las enseñanzas del bedel del edificio en el que vive para poder hacer frente a los malotes del cole, enamorar a la compañera de turno e intentar (aunque intentar se queda corto… ¡que es el hijo de Will Smith!) ganar el torneo correspondiente con tan solo un mes de práctica.

Las batallas individuales entre ambas películas se saldan con unas cuantas sorpresas. Entre el hijísimo Jaden Smith y el mítico Ralph Macchio, ambos juegan bien sus cartas. Aunque en las escenas más dramáticas Jaden derrocha talento, la mayor parte del tiempo el amigo Ralph le gana con creces en cuanto a naturalidad y carisma. Pero cuando la pelea parece que se va a decantar del lado del ochentero, comienza el kung fu y las peleas y el pequeño Smith se sale, demostrando que se ha empleado a fondo en las enseñanzas de Jackie Chan, logrando que las coreografías de los combates sean mucho más espectaculares esta vez. Podríamos dejarlo en un empate técnico.

En el enfrentamiento entre el legendario Pat Morita y el dicharachero Jackie Chan, el lance es aún más igualado. Es muy difícil combatir contra el icono del señor Miyagi, instalado en la memoria colectiva de todo el que haya visto el film original en su época, pero Chan sorprende y mucho con la construcción de un personaje muy alejado a la imagen que tenemos de él. Mucho más contenido, bordando los momentos más intensos y con una apariencia mucho más frágil, nos entrega a un mentor traumatizado por un suceso personal terrible, parco en palabras e inmensamente cercano. Démosles otro empate.

En cuanto a los malos de la función, no hay color. El malísimo Martin Klove de la escuela Cobra Kai interpretado por John Kreese se come con patatas al actual maestro Li, interpretado por Rongguang Yu (un conocido actor y experto en artes marciales chino que ya había trabajado con Jackie), en gran medida porque el peso del segundo es mucho menor en la historia que el primero. K.O. sin discusiones en este apartado para la peli de 1984.

Por último, la espectacularidad de las escenas de acción, tanto en los entrenamientos como en las peleas callejeras y el torneo final, caen sin ninguna discusión en manos del remake. Se agradecen mucho los guiños a la película antigua; por ejemplo, muestra a Jackie Chan dando cera a un coche en un breve momento pero el ejercicio del pupilo se cambia por el de ponerse y quitarse la chaqueta (mención aparte merece el emotivo lance final, donde asistimos a una grulla 2.0 que es para morirse por emocionante y fantasma, momento en el que no sabes si aplaudir o partirte la caja). Pero en general, todo está mucho mejor hecho, la preparación de maestro y aprendiz está a años luz de la ochentera, las coreografías están muchísimo más cuidadas y el tramo final, en pleno torneo, es mucho más emocionante. Puntazo para la película aspirante.

Al final, la contienda puede zanjarse con un equilibrado empate, con lo que el visionado de esta nueva propuesta se hace ameno aunque nos deje la sensación de que, con menos pretenciosidad todo hubiera quedado mucho más redondo. Como bonustrack nos ofrece la posibilidad de admirar preciosos planos de China (gracias a Jackie, un ídolo en su país, se pudo filmar tanto en la muralla como dentro de la ciudad prohibida) y la sensación de que el rodaje no ha sido una completa pérdida de tiempo.

Que no es poco lector San.

ORIGEN

2010 September 3
Posted by Heitor

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Este verano, la cartelera ha estado marcada por una triste realidad que abate la cinematografía yanki. Ya sea por la falta de agallas de los productores, o por la falta de ideas de los guionistas (me inclino de lleno a pensar que mucho más de lo primero que de lo segundo), hemos visto como los cines se inundaban de remakes, reboots, recordatorios, renovaciones y retornos de películas, series y personajes míticos de antaño. “El equipo A”, “Karate kid”, “Predators”, “Pesadilla en Elm Street”, “Toy story 3” han sido algunas de las propuestas que han aterrizado, con mayor o menor fortuna.

Afortunadamente, siempre hay directores iluminados que tratan de ofrecer al espectador el gusto de probar nuevos sabores, que intentan sorprender y no sólo hacer caja, que persiguen el fin último de la magia del cine: entretener y dejarnos con los ojos abiertos. Uno de ellos, de los pocos que aún no tienen marcado en mi memoria ningún patinazo, es Christopher Nolan. El mismo que, ayudado por la pluma (de escribir, me refiero) de su hermano Jonathan nos avisó de que sería un nombre a tener en cuenta con “Memento”, que resucitó al caballero oscuro con “Batman begins”, que nos puso muy nerviosos con el ambiente malsano de “Insomnio”, que nos introdujo en el mundo de la prestidigitación con “El truco final” y que nos enseñó que el comic, el cine negro y las obras maestras pueden ir de la mano con “El caballero oscuro”. Este tipo, nos trae bajo el brazo una historia que lleva desarrollando un porrón de años, dándole vueltas, puliéndola y retorciéndola, un juego de espejos, una matruzca rusa con decenas de niveles, un juego de pistas y despistes. Su título es “Origen” y la papeleta que me supone hablar de ella sin destripar absolutamente nada del argumento es descomunal.

Porque la forma ideal de acercarse a ver esta película es sin saber nada de ella, con la ingenuidad de un viajero que se adentra en terreno desconocido, a ser posible, sin expectativas de ningún tipo, ni buenas ni malas (algo que sí que no voy a conseguir, dado el tono épico que seguro que irá alcanzando este post), con la mente transformada en un tapiz en blanco que espera ser inundada de dibujos, de ideas, de trampas y de teoremas.

Nolan construye una historia compleja, en un mundo imaginario donde las reglas cambian, aunque dota a sus personajes de discursos y diálogos suficientes como para explicar el camino al espectador sin dejar que se pierda completamente. Podría haber hecho el sendero mucho más difícil si hubiera querido, pero lo que intenta es sentar las bases del misterio y minar el terreno de huellas y pistas mientras va moviendo las piezas de ajedrez que él mismo se ha tallado, sin olvidar asombrarnos con unas imágenes cautivadoras y emocionantes.

Es evidente que lo más importante en esta película es la historia, esa laberíntica escalera de Escher en la que Nolan nos adentra para que intentemos buscar por nosotros mismos la salida y, en realidad, los sherpas que desfilan por la pantalla guiándonos durante la travesía, son un bien necesario pero secundario. Eso no quita para que su buen trabajo consiga sumar algunas décimas a una nota que ya se había instalado en el sobresaliente. Tanto Leonardo DiCaprio, como Ellen Page, Joseph Gordon-Levitt, Ken Watanabe, Tom Berenger, Marion Cotillard, Cillian Murphy, Michael Caine o Tom Hardy están inmensos y el enorme número de nombres conocidos que pueblan el cartel demuestra que la fama de Nolan como director infalible sube como la espuma.

Christopher sienta las leyes físicas de un nuevo mundo e introduce al espectador en él, dándole la misma información que a los protagonistas y permitiéndole jugar con las mismas reglas. Si uno está atento, quizás al recibir la información de lo que es un totem, pueda encontrar el suyo propio para no perderse. Si en el momento adecuado, se nos explica la idea del origen, debemos estar atentos por si alguien nos la quiere jugar del mismo modo. Así, la fantástica idea de la película, se convierte en una experiencia casi interactiva en donde, si queremos jugar, tendremos que estar atentos a todos los movimientos.

Es este un film para dejarse arrastrar, para debatir encarnizadamente a la salida de la sala, para volver a ver si uno quiere descubrir todas las pistas, para darle vueltas y soñar con él o, simplemente, para disfrutar sin más preocupación que la de dejarse llevar por una historia imaginativa y vistosa. Escoge la opción que más vaya contigo sin ningún tipo de presión.

Ah, por cierto. Cuenta la leyenda que si uno se queda hasta el final de los títulos de crédito, puede llegar a conseguir una de las pistas más rotundas para desentrañar el misterio. Yo no llegué a comprobarlo, así que ahí queda como duda.

LOS MERCENARIOS

2010 August 24
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Posted by Heitor

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Recién llegado de unas merecidas y cortísimas vacaciones y antes de completar mi particular trilogía de la nostalgia, después de “El equipo A” y “Pesadilla en Elm Street (El origen)”, vayamos con un pequeño test para meternos en harina:

a) ¿Te consideras de la generación que disfrutó de los regalos enfundados en chandals de lycra y calzados con zapatillas Paredes que trajeron los años 80?

b) ¿Has visto “Conan”, “Depredador”, “Terminator”, “Desafío total” y “Poli de guardería” y te han gustado?

c) ¿Qué me dices de “Rocky”, “Rambo: Acorralado”, “Cobra” y “Tango y Cash”?

d) Subiendo el nivel; ¿y “Masters del universo”, “Soldado universal” y “Escorpión rojo”?

e) ¿Incluso te tragaste “El guerrero americano”, “Duro de matar” y “Kickboxer”?

f) Pasándo a la tele, ¿disfrutabas con “G.I. Joe”, “Cops” o “Caballeros del zodiaco”?

g) ¿Te hiciste adicto a los Peta-zetas, a los Bang bang y a las Panteras rosas?

Si has contestado afirmativamente a un número elevado de las preguntas anteriores, entonces, puede que te lo pases pipa con esta película, porque Stallone ha apuntado exclusivamente a la línea de flotación de la nostalgia. Una película más simple que el mecanismo de un embudo, con personajes arquetípicos de mente plana y biceps infinitos, un número mayor de proyectiles que de palabras, humor facilón, malos caricaturescos, frases demoledoras y explosiones cada 10 minutos (como mínimo). Un producto de consumo rápido y sabores intensos. Un guión que probablemente no ocupe más de diez folios a doble espacio. Una peli sin pretensiones de ningún tipo más que el de divertir y entretener que, doy fe, me divirtió y entretuvo hasta el punto en que al salir creí que tenía que correr a casa a acabar los deberes de mates.

Sly conoce muy bien sus limitaciones como actor, director y guionista y, tras ver el éxito que tuvo resucitando tanto a su veterano de guerra John Rambo, como a su boxeador con vocación de perdedor Rocky Balboa, sabe que hay toda una generación que echa de menos ese cine palmitero en el que las hostias sonaban como aplausos y el drama se reducía a ver el careto del héroe esforzándose por parecer apenado (pero no mucho y sin lloros, que eso es de nenazas) cuando mataban o torturaban a la tía buenorra, cuando nadie se preocupaba por la incorrección política, ni por el impacto que tenía en un cerebro adolescente el ver una cabeza cercenada, ni por si el mensaje tenía una ideología fascistoide y extremista.

Así que se le ocurrió una idea que ya había pasado por las cabezas de todos los chavales de mi generación por aquellos años gloriosos en los que los metrosexuales morían en la segunda escena para dejar paso a los tiparracos de brazos como muslos de elefante: reunir a todas las glorias posibles del cine de acción descerebrada en una sola película. Si eso llega a pasar cuando yo estaba en el colegio, los debates se hubiesen prolongado durante cientos de recreos.

Hubo algunos que le dijeron que no (se rumorea que entre ellos estaban Jean Claude Van Damme, intentando hacerse ahora un hueco en el cine serio, Steven Seagal o Kurt Russell y que alguno podría haber cambiado de opinión de cara a una posible secuela), pero los que le han dicho que sí son suficientes como para inundar de testosterona la pantalla. Sly se junta con viejas glorias como Dolph Lundgren, Jet Li, Eric Roberts, Mickey Rourke, Bruce Willis y Arnold Schwartzenegger (estos dos últimos en un papelito que da lugar a una escena que quedará para el recuerdo), uniendo a la tropa a nuevas figuras del rijostio como Jason Statham (“Transporter”, “Crank: veneno en la sangre”), Randy Couture (campeón de artes marciales mixtas, de las que ya comenté algo al hablar de M.A. en “El equipo A”), Steve Austin (campeón de varias categorías de lucha libre americana) o Terry Crews (ex-jugador de fútbol americano y junto con Statham, el que más experiencia cinematográfica tiene de estos últimos). Como no podía faltar, al elenco de cachas hay que añadir la cuota de bellezones femeninos, en este caso compuesta por Charisma Carpenter y Giselle Itié.

La excusa es la de un grupo de mercenarios, a cada cual más brutote, que son contratados para derrocar a un dictador de un país ficticio latinoamericano a las órdenes de un ex-miembro de la CIA. Una misión imposible para todo el mundo menos para el amigo del morro torcido y sus colegas, que en principio se niegan, pero que acaban emprendiendo para salvar a una dulce lugareña.

Podría hablar largo y tendido sobre los desaciertos de la película, que los tiene y muchos, sobre todo en cuanto a guión y planificación de las escenas de tortas, algunas demasiado liosas, que desaprovechan la espectacularidad de tipos como Jet Li o Randy Couture al meter la cámara demasiado encima de la acción, con el típico operario con Parkinson sujetándola, pero lo importante en este tinglado, son los aciertos, que logran que una idea tan sencilla se sostenga y triunfe.

Por una parte, me llamó la atención la generosidad de Stallone en cuanto a protagonismo. Evidentemente, él es la figura central de la trama y el que más plano chupa, pero deja bastante hueco a sus compañeros, sobre todo al mayor relevo fílmico en cuanto a tortas XXL se refiere, el animalico de Jason Statham. Sly se burla de su propia edad, es machacado por los malos y salvado por sus colegas mercenarios y les cede momentos para el recuerdo. Minipunto para el bueno de Sly por esa falta de ego.

Por otra parte, el tono general de la producción, con un aire a estantería de videclub y a tardes de bocata de chorizo (que sí, que ya he dicho más veces que no me gusta la Nocilla) muy conseguido a pesar (o gracias a, quien sabe) un presupuesto bastante ajustado, donde no faltan los chascarrillos en medio de la batalla y el descaro gamberro a la hora de agujerear, explotar y aniquilar hordas de dummies al servicio del malvado general, algo que el dire ya había probado en la última entrega de Rambo y que había tenido bastante éxito. El jugueteo con el gore humorístico provoca carcajadas que suben varios enteros el nivel.

Es por lo tanto, una película honesta y con buen fondo, como un gran San Bernardo viejote, leal y con mal humor, que no pretende engañar a nadie y que ofrece justo lo que promete, a pesar de sus evidentes y casi entrañables defectos.

Estoy seguro de que si hay una segunda parte (y viendo la caja que está haciendo, no lo dudo ni por un momento), Sly contará con más ayuda para dar forma a un guión un poquito más sólido manteniendo el tono gamberro de la cinta. Con eso y un par de cachas antológicos más repartiendo estopa, intentando no ahogarse tras un par de carreras (buenísimo el momento en el que Sly huye a toda pastilla de un ejército y parece que es la dama rescatada la que tira de él y lo sujeta para que no se estampe contra el suelo) tienen mi entrada asegurada.

Porque ellos lo valen.

PESADILLA EN ELM STREET (EL ORIGEN)

2010 August 10
Posted by Heitor

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Pues de origen nada, chicos. La coletilla que han tenido a bien añadirnos en nuestro país es más falsa que un duro de madera. Cuenta aproximadamente el mismo origen que Wes Craven contó en la película original. Es más, diría que han hecho aproximadamente la misma peli que hace 26 años, lo cual, cuando menos, es arriesgado. Si has de tomar la decisión de hacer un remake de una película de culto, eficaz, revolucionaria, que hizo dormir a un buen puñado de chavales de una generación con la luz encendida, intenta ofrecer algo más, un tratamiento distinto o aportar nuevos puntos de vista, porque si no lo haces, es más que probable que salgas perdiendo. Aunque sigo creyendo que la decisión más acertada es quedarse quietecito.

¿Es este remake una mala película? En realidad no lo creo. Tiene una factura cuidada, una ambientación adecuada, unas víctimas muy “matables”, un personaje principal carismático, imágenes pesadillescas para el recuerdo… el problema es que todo eso ya lo tenía la versión original. Por lo tanto, este producto es absolutamente prescindible, un sacacuartos que ha apuntado con nocturnidad y alevosía a la nostalgia. No llega al nivel del “Psicosis” de Gus Van Sant, en la que copiaba plano a plano la peli de Hitchcock (aunque algún plano calcadito sí que hay), pero, ¿para qué vas? Si ir “pa na” es tontería.

Me da un poco de pereza poner el argumento, ya que dudo que alguien no lo sepa. Puñado de chavales que empiezan a soñar con un mismo tipo, de cara quemada, jersey a rayas rojas y negras, sombrerete y guante con cuchillas (seguramente os lo habréis cruzado en algún Halloween) y, dentro de estas pesadillas, empiezan a morir uno detrás de otro, hasta que descubren (los pocos que quedan) que el tipo en cuestión había sido ajusticiado por sus progenitores por hacer cosas malas.

En principio, Jackie Earl Haley parecía adecuado para el papel, con esa cara raruna que se gasta y ese vozarrón grave, pero yo eché de menos al buenazo de Robert Englund todo el tiempo. El humor negro de Freddie, con sus chascarrillos premortales, intentaba salir a la superficie, pero parecía haber sido descafeinado. En realidad, hace un montón de tiempo que no veo la saga primigenia, pero yo la recuerdo más fresca, más acertada, más graciosa. Ahora no sé si revisitarla o más bien quedarme con los retazos que hayan quedado en el baúl de la memoria, no vaya a ser que al volver a verla empeore el recuerdo que tengo de “carapizza”.

Michael Bay sigue en su propósito de conseguir nuevos adeptos a los clásicos del terror de los 70 y 80 pasándolos a través de su tamiz “blockbustero”, empeñado en que es imposible que las nuevas generaciones disfruten con películas de veinte años para atrás (en esto puede que tenga algo de razón, ya que por lo general al Jonathan y la Jessi ese cine les parece de viejunos) y, de paso, asestándonos patadas voladoras en la memoria de los que de verdad hemos disfrutado cagándonos de miedo con esos iconos del cine. Ha reconstuido, hasta la fecha, en su calidad de productor intocable y mandón, “La matanza de texas” y “Viernes 13” y las no tan icónicas “Carretera al infierno” y “Terror en Amityville”. ¿Trauma infantil? ¿Síndrome de abstinencia de billetes verdes? ¿Ganas de tocar las pelotas?

Tengo que decir, a mi favor (si me lo permite, señoría), que no suelo picar con estos productos prefabricados del ricachón productor. A pesar de que soy capaz de disfrutar (y mucho) con las obras con exceso de red bull que dirige, como “Armaggedon”, “Dos policías rebeldes”, “La roca” o “Transformers”, que me profanen el museo mitómano a la torera, se me suele indigestar. Porque una cosa es que lleven una serie mítica a la pantalla grande, adaptando el formato y ofreciendo nuevas sensaciones, como han hecho (afortunadamente, no el señor Bay) con “El equipo A” o planean hacer con “El gran héroe americano” y otra es calcar una película que ya ha funcionado sólo por la pela.

¿Entonces por qué carajo has ido, Heitor? Buena pregunta. En este caso, tanto por la curiosidad de encontrarme a un actor del nivel de Jackie Earl Haley en el papel principal, como por tratarse de uno de mis villanos preferidos del cine, no pude evitar dejarme llevar por los cantos de sirena de volver a sentir las sensaciones que me produjo la original, cuando podía haberlo hecho de gratis y cómodamente sentado en el sofá. Los superpoderes frikis tienen a veces estos puntos negativos.

Así que, querido Bay, espero que esta vez te hayas pegado el batacazo en taquilla y dejes tranquilos a otros amiguitos de la infancia, como Chucky, Pinhead, los Critters, El hombre alto y demás tropa. Que a este paso le veo produciendo una versión en 3D de “El silencio de los corderos”.

EL EQUIPO A

2010 August 9
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Posted by Heitor

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En 1972, un comando compuesto por cuatro de los mejores hombres del ejército americano, fueron encarcelados por un delito que no habían cometido. No tardaron en fugarse de la prisión en que se encontraban recluidos. Hoy, buscados todavía por el gobierno, sobreviven como soldados de fortuna. Si tiene usted algún problema y los encuentra, quizás pueda contratarlos. Bang bang bang bang bang bang. EL EQUIPO A. Tantarantaaaaaaan tan tan taaaaaaaaaan.

Pocos fueron los chavales de mi generación que no disfrutaron con esta cortinilla de entrada allá por los años ochenta. Si tenías televisor en casa, lo suyo era despatarrarse en el sofá con el bocata de chorizo de pamplona (en mi caso, que no me gustaba la nocilla) y asistir a los descabellados planes de Hannibal, M.A., Fénix y el loco Murdock, descojonándonos cuando los coches de los malos daban chipicientas vueltas de campana y aún así los malos salían gateando de debajo como si sólo hubiera sido un derrape, viendo cómo las balas pasaban alrededor de todo personaje sin rozarles o preguntándonos por qué los malos no aprendían y siempre encerraban al equipo en una enorme ferretería para que pudieran construirse algo con lo que salir del paso.

Historias simples, malos malísimos, protagonistas de personalidades muy carismáticas, complementarias y con muy buen rollo (que parece ser que conservaban fuera de la pantalla, todos excepto George Peppard, un misógino, homófobo y xenófobo que se llevaba a matar con el resto e incluso se llegó a pelear con el mismísimo Mr. T, igual que Rocky). Elementos suficientes como para enganchar a cualquier enano con ganas de aventuras.

Estaba claro que, en esta era de rescates de formatos nostálgicos (que puede venir por falta de ideas en la meca del cine, pero si hay algo que tienen claro es que atraerán a los treintañeros frikis al cine igual que la bombilla a la polilla, y somos bastantes), no podía tardar mucho hasta que alguien intentara rescatar la serie para la pantalla grande. Ridley Scott y Tony Scott producen la película y le ceden la dirección a Joe Carnahan (“Ases calientes”) en un intento de mantener los valores de la serie y de poner nuevas caras a aquellas míticas personalidades.

Estaba claro que era una cita obligada para mi corazoncito ochentero y, aún así, me acerqué con mucho miedo, ya que la cinta llegaba precedida de unas críticas demoledoras desde usamérica, unidas a una taquilla muy baja. Si tanto crítica como público coinciden, el asunto no suele deparar nada bueno. Lo que había leído se quejaba de un guión simplón y unos actores que no conseguían alcanzar el espíritu de sus predecesores. Afortunadamente (al menos para mí), me encontré disfrutando como un enano de un film vertiginoso, divertido y totalmente respetuoso con la serie original, donde los cuatro miembros del equipo son absolutamente reconocibles y consiguen generar el mismo cariño que los de antes.

La película nos cuenta cómo se reúnen los cuatro rangers en un gran prólogo en donde se ponen de manifiesto cada una de las personalidades (nota para Shyamalan: quizá deberías echar un vistazo para ver cómo hacer una introducción que consiga conectar al espectador con los protagonistas), para a continuación mostrarnos cual fue el famoso crimen por el que fueron imputados y del que no eran responsables y de qué manera intentan limpiar sus nombres. No faltan explicaciones al por qué de alguno de los tópicos de la serie (como el miedo a volar de M.A. o su peinado), los puntos nostálgicos (la aparición de la mítica furgoneta) o los detalles imprescindibles (el puro de Hannibal y su mítica frase).

Asimismo, el lavado de cara y la puesta al día es evidente. Ahora la gente muere, ya que mantener aquel espíritu blanco de la serie sería realmente complicado; se cambia el escenario de Vietnam por el de la guerra de Irak y se multiplica por cien la espectacularidad en unas secuencias de acción tan increíbles y fantasmas como necesarias y divertidas. Ya lo he dicho alguna vez, pero el que va a ver una película de estas características y se queja porque es poco creíble, es que realmente no sabe dónde se está metiendo. Este tipo de acción loca es algo que echaba de menos desde que la etapa de Daniel Craig al frente del agente de su majestad se cargó el espíritu de Bond y sus gadgets imposibles y que estoy seguro de que volveremos a ver en esa reunión de músculos ochenteros a la llamada de Stallone en que consiste “The expendables”.

El reparto encargado de devolvernos a la niñez está impecable. Liam Neeson asusta de lo que llega a parecerse a George Peppard con ese pelo teñido de blanco y consigue ese punto de prepotencia y socarronería de gran líder. Bradley Cooper, el nuevo descubrimiento de Hollywood tanto por carisma como por presencia física, que hará las delicias de la sección femenina de la audiencia, se hace con el alma de Fénix (o Face en el original), convirtiéndose en un liante y vividor que cae simpático desde la primera escena en la que aparece. Quinton “Rampage” Jackson, un campeón de Artes Marciales Mixtas (algo así como lo que practicaba el novio multimillonario de Monica en “Friends”) con una presencia física que haría que si te lo encontrases de frente por la noche, no sólo te cambiaras de acera, sino de continente, interpreta a M.A. (en su versión original B.A. “Bad Attitude”) superando al “carapalo” de Mr. T en cuanto a capacidad de interpretación e introduciendo más puntos de humor. Completando el cuarteto, Sharlto Copley, el protagonista de “Distrito 9”, se hace cargo de las locuras y las peleas con M.A. de Murdock, aportando el toque de humor descerebrado del grupo. Cuatro actores entregados a la causa que constituyen una parte esencial para que la película funcione, apoyados por Jessica Biel, que en este caso hace las delicias de la sección masculina y de Patrick Wilson, otro gran descubrimiento de los últimos tiempos, que ya había demostrado que era capaz de cuajar un malo sobresaliente en la genial “Hard Candy”.

“El equipo A” supone dos horas de acción y evasión, de viaje en una vagoneta de montaña rusa que no para de ejecutar loopings a toda pastilla, de exaltación de la nostalgia y de humor fácil y despreocupado. Una película que, sin ser una obra maestra, es mucho más difícil de conseguir de lo que parece, al menos viendo las pocas que consiguen empatizar de esta manera con el público. Así que si eras un fan de la serie, sin importar de lo que fuera tu bocata, no dudes en acercarte a verla en pantalla grande. Cuanto más grande, mejor.

Por cierto, si conseguís quedaros en la sala hasta que acaben los títulos de crédito sin que os echen, algo que a mí me costó, ya que la señora de la limpieza intentaba barrerme hacia la salida todo el rato, podréis volver a escuchar la ansiada musiquilla y ver un par de cameos que, sin ser nada del otro mundo, os dejarán una sonrisilla estúpida en los labios.

Que grandes los años 80.

AIRBENDER, EL ÚLTIMO GUERRERO

2010 August 8
Posted by Heitor

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En el momento en el que salí de la sala, lo decidí. O quizás había sido antes, en algún momento de los 100 minutos (parece increíble que solo fuera una hora y cuarenta cuando a mí me pareció muchísimo más) que había durado la película. A partir de ese día, M. Night Shyamalan, el tipo que me maravilló con “El sexto sentido”, que me sorprendió con “El protegido” y que me aburrió de ahí en adelante, pasaba a tener una crucecita roja en mi lista de directores. Le había concedido ya demasiadas oportunidades, pero su crédito ha terminado. Salvo que venga precedida por una crítica brutal, no vuelvo a pagar por ver una película de este tipo.

Con este film, el indio trataba de redimirse. Por primera vez, dirigía una historia que no había sido creada por él y contaba con un presupuesto de supermegaproducción ultrataquillera. Tratar de llevar a la pantalla una serie de dibujos, de estética manga (aunque de procedencia usamericana) con un mundo tan rico como “Avatar: the last Airbender”, era una tarea complicada y aún así, el diseño de producción es lo único que se salva de este enorme despropósito. La construcción del mundo de estos maestros de los elementos y los efectos especiales son espectaculares y por eso duele que se vean echados a perder por una dirección de actores de risa, un guión paupérrimo, unos diálogos sonrojantes, unos personajes planísimos y una dirección de serie Z (y porque no hay más letras después).

La ha cagado en tantas cosas, que no sé por donde empezar. Mejor que comience diciendo de qué va la historia, que eso parece fácil.

La acción se desarrolla en un mundo dividido en cuatro naciones, una por cada elemento clásico: agua, aire, tierra y agua. En cada nación, viven unos maestros de artes marciales capaces de dominar el elemento correspondiente y, para otorgar equilibrio a este tinglado, existe desde siempre (reencarnándose una y otra vez) un privilegiado capaz de dominar todos ellos y poder así dar un capón a quien la líe. Este ser se llama El Avatar y hace tiempo que ha desaparecido, por lo que la nación del fuego ha aprovechado para avasallar al resto y dominar la tierra. Hasta que el personaje aparece en el cuerpo de un chaval muy parecido al Krilin de “Bola de dragón”, pero con tatuajes por todo el cuerpo y, junto con un par de colegas, trata de arreglar el desaguisado.

Desde la misma secuencia de arranque, nos quedamos con las que serán las señas de identidad de la película: espectacularidad al servicio de la nada absoluta. Y tampoco tanta (espectacularidad quiero decir, la nada abunda por todas partes), porque entre una escena de acción y la siguiente tendremos que aguantar pedazos de historia más lenta que un caracol cojo y diálogos que harían obras maestras a los de las películas porno, dichos por actores absolutamente perdidos o negados. Tiendo a pensar que lo primero, porque empieza a ser un sello de identidad de las películas de Shyamalan y algo que me había llamado poderosamente la atención en la catastrófica “El incidente”, en donde Mark Wahlberg y Zooey Deschanel daban mucha penita.

Es imposible empatizar con ninguno de los personajes, ya que están desdibujados y fatal presentados. Los flashbacks que intentan contar de donde vienen tanto el bueno como el malo, son forzados y están metidos con calzador. En ningún momento se sabe qué piensan o qué sienten y su carga emocional es inexistente. Da igual que se les mueran seres queridos o que ganen batallas, a Shyamalan no parece preocuparle transmitir sus emociones en ningún momento, por lo que acaba dándonos igual lo que les pase.

Se salvan un poco las escenas de luchas, gracias al buen hacer de los actores, sobre todo del chaval protagonista, un tal Noah Ringer que parece sacado directamente de los dibujos, con un dominio de las artes marciales realmente impresionante para su edad. Pero, repito, tener que pasar por el sufrimiento y la vergüenza ajena que supone el resto de la película, no lo compensan, ni lo más mínimo, estos tres momentos contados.

Si es que empiezo hasta a preguntarme si el guión de “El sexto sentido” de verdad era de él y, si lo era, que demonios le ha pasado hasta hoy en día. ¿Acaso le interesaba tan poco el proyecto que lo escribió con dejadez y desidia? ¿Como puede sonar cada frase de cada actor tan vacía, impostada y ridícula? Hay un momento que se me quedó grabado, en el que los protas llegan a la ciudad del agua del norte y el Avatar en cuestión le pregunta a la princesa (o algo así) del lugar, una rubia de bote con aspecto de haber salido de la típica película de institutos pijos americanos, si existe por allí un lugar sagrado. Juro que yo oí como respuesta de la pija, aunque no lo dijera: “Sí, hay un lugar supersagrado, osea, sígueme”. Estoy seguro de que no dijo eso, pero en mi cerebro sonó tal cual.

Para acabar el cúmulo de penalidades, la sesión a la que quería ir, por razones de horario, justo coincidía con la versión en 3D de la película, con lo que me sablearon un par de euros adicionales por un absoluto timo de tercera dimensión, que no se aprecia en casi ningún momento. Había momentos en los que me sacaba las gafas para comparar y la escena se veía exactamente igual pero más clarita, lo cual me cabreó aún más de lo que estaba. A ver si dejan de intentar vendernos la moto con el añadido de la tercera dimensión en post-producción para intentar hacer más taquilla, que ya está bien.

Resumiendo, una peli que aburrirá a los pequeñajos de la casa, dormirá a los padres y cabreará a los fans de la serie y un director que pasa a mi lista negra particular. Voy a ver si encuentro por ahí una cabeza de caballo para mandársela.

LAS VIDAS POSIBLES DE MR. NOBODY

2010 August 5
Posted by Heitor

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Pues quien lo iba a decir. Ayer dije que hoy colgaría la crítica de esta película y voy y lo hago. Fuera de toda previsión, consigo escribir dos días seguidos en Nunca Jamás. A lo mejor me estoy desvaguizando o algo… jeje, seguro que es eso.

Sea como fuere, atraídos por el aire marciano y de ciencia ficción de esta coproducción franco-belga-canadiense y a pesar de saber de antemano que íbamos a tener que estar con el culo pegado a la butaca 140 minutazos, nos acercamos a ver esta rareza filosófico-futurista al servicio de Jared Leto. Una película con un punto de partida interesante, con un desarrollo algo errático y a la que le pesa bastante su excesivo metraje, ya que, en realidad, no tiene demasiado que contar.

Estamos en el año 2092 y las pantallas de todo el mundo siguen en directo los últimos días del último hombre mortal del planeta. El señor en cuestión tiene ya la nada despreciable edad de 120 tacos y, como es lógico, sus recuerdos se encuentran ligeramente deslavazados y su memoria va perdiendo trocitos en la laguna del olvido. Un joven periodista se cuela en su habitación para hacerle una última entrevista y un doctor con un tatuaje que es una mezcla entre Mike Tyson y Coto Matamoros intenta hacerle recordar quién es.

Así, el anciano nos irá contando su niñez y su juventud… o más bien sus niñeces y juventudes, hilvanando un multiverso de los caminos vitales nacidos de decisiones y casualidades a lo largo de su existencia en donde el tiempo se tuerce y ramifica sin saber nunca qué parte corresponde a la realidad y cual a la imaginación del narrador.

El punto de partida prometía y la realización, con montajes rarunos y una fotografía cuidada y preciosista (que recuerda un poco a “Requiem por un sueño”, protagonizada por el mismo actor), ayuda a meterse en la mente de Nemo Nobody, el protagonista de la historia. Cuando al principio las posibles vidas de Nobody empiezan a desdoblarse, con el tiempo corriendo hacia delante y hacia atrás y no se sabe muy bien qué está contando el director, caí en el relato con esperanzas, pero poco a poco todo se torna demasiado repetitivo.

Todo gira alrededor del concepto del amor y de la existencia, pero aunque esto pueda parecer profundo y elaborado, el relato acaba convirtiéndose en una bonita carcasa con un interior lleno de humo, sin peso. Tres mujeres e infinidad de posibles finales se van intercalando mientras mi paciencia se iba agotando poco a poco. Tan solo el gran trabajo de los actores, muy especialmente el de un entregado Jared Leto, tanto en sus papeles de joven, como en el de anciano,  muy bien acompañado por Diane Kruger y Sarah Polley como dos de sus posibles medias naranjas, consiguieron mantener mi atención hasta el final.

Un final que se queda a años luz por debajo de su interesante comienzo, que no consigue ofrecer el más mínimo debate interno y que me pareció simplón hasta la médula. Lo que comienza siendo un enorme chicle que promete un montón de sabores distintos, acaba siendo un pedazo de goma insulso que se hace bola en la boca.

Sin embargo, antes de llegar a ese insípido desenlace, la película va pegando altibajos a lo largo del desmesurado metraje. Al tratarse de historias divergentes con el mismo personaje central, hay algunas que lograron interesarme mucho más que otras, unas están mucho más desarrolladas mientras que el resto las ventila en unas cuantas pinceladas y algunas poseen más alma que las restantes, con lo que el total queda bastante descompensado.

La impresión general es que, Jaco Van Dormael, el director, trata de abarcar mucho más de lo que puede. La película se toma demasiado en serio a sí misma e intenta plantear preguntas que resultan menos interesantes a medida que se profundiza en ellas. No es que siquiera trate de contestarlas, ni tampoco es lo que yo le pido, sino que al final todo es demasiado simple y demasiado recargado, con un poso de intelectualidad de pacotilla que acaba sacándome de la propuesta.

De todas formas, aunque la valoración general de la película no pase de ser interesante, todo hace presagiar que sus dos máximos responsables nos darán más de una alegría en esto del cine. Por un lado, Jared Leto, que ya demostró una intensidad y un carisma abultados en la ya nombrada “Requiem por un sueño” y por otro, Jaco Van Dormael, con un par de películas a sus espaldas con buenas críticas, que me han generado bastante curiosidad: “Totó el héroe”, con un argumento que parece tener lazos en común con esta última y “El octavo día”, que por lo que he leído parece una especie de “Rain man” a la francesa.

Apuntadas quedan.

EL BECARIO TITULADOR

2010 August 4
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Iba a hablar de la última película que he visto, “Las vidas posibles de Mr. Nobody”, pero he empezado el post encabronado, me he ido emocionando a medida que pulsaba teclas y al final tenía una introducción que iba a triplicar la crítica. Así que he decidido cambiar de tercio y currarme un panfleto protesta, que desahoga mucho eso de patalear, ponerse colorado y dejar de respirar un rato.

El cabreo en cuestión viene de muy atrás. El becario que ponen al frente de las decisiones y los títulos de la cartelera sigue en sus trece de enmendarle la plana al director. ¿POR QUÉ? (Léase esta pregunta en un grito con las manos alzadas hacia el cielo mientras caigo sobre mis rodillas). ¿Por qué diantres tiene que completar el título cuando el creador de la película no lo ha decidido así? Si el título original es “Mr. Nobody”, o sea, un apellido (que significa “nadie”, pero apellido al fin y al cabo), déjalo así. Nuestro becario cree que si un título no define el tipo de película que vas a ver (“Bosta movie” o “Títulalo como puedas” son dos buenos ejemplos) o no dice algo del argumento, nos vamos a sentir más perdidos que un político en un museo y ya no vamos a ir a verla. Así que el lumbreras de turno, opina que el título no puede quedar tan sólo con el dichoso nombrecito y aclara: “Las vidas posibles de Mr. Nobody”. Que sepas que va de un tío que imagina posibles vidas, no vayas a creer que va de la reproducción de la garza real en el siglo de oro y no te acerques a la sala.

Así que, aquí estaba yo ciscándome en su familia, cuando me he puesto a dar un repaso a los últimos estrenos de la cartelera, encontrándome con que la mano del mamón del becario es alargada y todo lo alcanza. Así que os he traído ejemplos para aburrir.

La recién estrenada “Splice” (que ya os comenté cuando os di la vara sobre el festival sci-fi y que se podría traducir como unión o empalme), aparece en nuestras carteleras como “Splice: experimento mortal”, no vayamos a pensarnos que va de las aventuras de un electricista en su día a día y su lucha contra los cortocircuitos. “A nightmare on Elm Street” deja el título idéntico al de su película predecesora, pero aquí nos llega como “Pesadilla en Elm Street (el origen)”, no ocurra que nos creamos que se trata de la película de 1984 y no vayamos a verla por no repetir y gastar el dinero tontamente. O la última gran adaptación de cómic que hemos visto, cuyo título original de la peli, del cómic y del héroe en cuestión (que no se traduce en su doblaje español) es “Kick-Ass”, pero al becario le suena a poco y le pone su cabreante coletilla: “Kick-Ass: listo para machacar”. Muy bien, colega, gracias a ti me han entrado unas ganas indescriptibles de gastarme siete pavos.

Sin embargo, ese carácter contestatario y propenso a llevar la contraria que se gasta, hay veces que le hace actuar justo al revés. Lo vemos en el estreno de una película llamada “The vampire’s assistant – Cirque du freak”, que adapta los tres primeros libros de una saga literaria. Pero en este caso, becarito cree que el título es demasiado largo y decide suprimir cualquier mención a los chupasangres, que no hay que hacerle sombra a la saga “Crepúsculo”, dejándolo sólo en “El circo de los extraños”, cuando el primer libro de la saga se tradujo en nuestro país como “El tenebroso Cirque du Freak”.

Por otra parte, cuando le llega un título imposible de traducir literalmente, como es el caso de la película de Tom Cruise y Cameron Diaz, llamada “Knight and day” (knight significa caballero, pero se pronuncia prácticamente igual a night, que significa noche, así que “caballero y día” y “noche y día” suena igual), pasa de comerse la cabeza y lo deja como “Noche y día”, quitándole toda la gracia al asunto. O la cuarta (y esperemos que última) entrega del ogro verde, titulada allén del océano como “Shrek, forever after” (algo así como para siempre después, o después de para siempre) cambia a “Shrek, felices para siempre”, que no tiene nada que ver, pero es que ese día no apetecía nada pensar.

Pero, puestos a cambiar, ¿por qué no cambiar del todo? Le llega una película egipcia cuyo título es “Ehky ya Scheherazade”, que vosotros no tendréis la cultura suficiente, pero yo que hice un curso de CCC de egipcio por correspondencia, os diré que se podría traducir como “Cuéntame, oh Scheherazade”. Nuestro becario entonces piensa: ¿quien coño va a saber quién es esa tipa? Aquí en la wikipedia me dice que es la protagonista de “Las mil y una noches”, que suena a peli porno. Así que más vale sacar toda referencia del nombre en el título, no sea que la califiquen como peli para mayores de 18 y dejar algo que el pueblo llano pueda entender, como “Mujeres de El Cairo”.

Luego le llega un documental sobre una banda de heavy llamada Anvil, cuyo título es “Anvil! The story of Anvil”. Está claro que eso queda cojo y en la escuela le han enseñado que la palabra definida no debe entrar en la definición, así que sin dudar ni un segundo lo mejora a “Anvil – El sueño de una banda de rock”, que así queda cristalino.

En las películas cómicas esto ya lo toma por sistema. Le pasan la nueva tontería de Brendan Fraser titulada “Furry vengeance” (algo así como venganza peluda). Así que se lee la sinopsis, para no cagarla, viendo que va de unos animales que se vengan (sí, nuestro becario no tiene ni idea del idioma de Shakespeare). Pero el título original no le parece muy gracioso y no olvidemos que la peli es de risa. No os preocupéis, ahí está él para salvar la papeleta con su chispa. Si un humano se pone en pie de guerra, entonces un animal se alzaría “En pata de guerra”. Carcajada y taquilla asegurada. Si ya le decía su madre que era todo ocurrencia.

Si esto os parece descabellado, agarraos porque andanadas de humor salen a flote con las comedias románticas, donde demuestra toda su capacidad. Como la última de Amy Adams llamada “Leap year”, aparentemente sin ningún problema de traducción: literalmente “Año bisiesto”. ¿Pero a quien le gustan las cosas fáciles? ¿Y qué información da eso al espectador? Está claro que el dire se ha confundido de estrategia, así que decide llamarla “Tenías que ser tú”. O la de Kristen Bell titulada “When in Rome”, fácil para todos, ¿verdad? De forma literal sería “Cuando en Roma” y lo arreglamos como queramos. Pero ya sabemos que él va varias zancadas más allá, y decide mejorarlo de forma creativa y didáctica: “En la boda de mi hermana”. Con dos güitos y un palito.

¿Creíais que esto era todo? De eso nada, hay días que nuestro becario se levanta con el día rebelde y decide darle un par de nuevas vueltas de tuerca a sus ideas. Un día, le llega el título original y no le apetece ni traducirlo, ni dejarlo como está. ¿Qué hacer? Tic, tac, tic, tac. El becario ingenioso siempre tiene la solución: dejamos el título original y le ponemos el inventado, en castellano, al lado y entre paréntesis, así los gafapastas no le pueden decir nada, que ahí están los dos para que cada cual escoja el que quiera. El ejemplo, lo tenemos en la película que le dio el Oscar a Sandra Bullock. Título original: “The blind side”. Vale, es difícil de traducir, porque aunque literalmente significa “el lado ciego”, se refiere al hecho de coger a alguien desprevenido y, encima, es un término de fútbol americano. Así que no se lía: “The blind side (un sueño posible)”.

Aunque también puede hacerlo al revés, el inventado de primero y el original entre paréntesis. Como la última del Banderas, cuyo título original es “The other man” (esta no necesito ni traducírosla) y nos ha llegado como “Crónica de un engaño (The other man)”. Clarito, clarito, para que no te tengas que ver el trailer antes.

Tan sólo he cogido las películas desde principios de Junio hasta hoy, pero nos podríamos seguir remontando, tanto en el pasado como hacia el futuro y seguir reuniendo boletos para la rifa de una paliza no mortal al dichoso becario de turno. O bien, como dicen por ahí, si no puedes vencerlos, únete a ellos. ¿Por qué no buscar títulos aún mejores? Si yo trabajara en esa oficina de traducción de títulos, estas películas hubieran llegado así:

Mr. Nobody –> Requiem por un viejuno que sueña

Splice –> Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo de los monstruos genéticos y no se atrevió a preguntar

A nightmare on Elm Street –> Cómo Freddy consiguió sus uñas cuando era joven

Kick-Ass –> El pateaculos (y sus locos seguidores)

The vampire’s assistant – Cirque du freak –> The freak vampire du cirque’s assistant

Knight and day –> Misión imposible… mente descacharrante

Shrek forever after –> Shrek para siempre (y no da acabado)

Ehky ya Scheherazade –> La jo-joya del Ni-nilo

Anvil! The story of Anvil –> Agitando la melena (el documental más cañero)

Furry vengeance –> Haciendo el animal con su carrera

Leap year –> El efecto erasmus

When in Rome –> Mete tu moneda en mi fontana

The blind side –> American retarded idol (Este es otro estúpido en una película americana)

The other man –> Seducción latina (Iban un irlandés, una americana y un español…)

Pero, ¿por qué dejarlo ahí? Demos un paso más allá y tratemos las películas míticas como se merecen. No a los títulos sosos. Así se deberían haber llamado:

(Aviso: algunas de estas chorradas pueden suponer spoilers, en tu mano está seguir adelante o no)

La guerra de las galaxias –> Arturito y Citripio recorren la galaxia (A que te llevo a lo oscuro)

El sexto sentido –> Aquí huele a muerto (y no quiero mirar a nadie)

Se7en –> Que le corten la cabeza (No te encariñes con ella)

Regreso al futuro –> Historia de (casi) un incesto

Instinto básico –> Pica mi hielo (crossleg)

Thelma y Louise –> Frena que nos piñamos

La vida de Brian –> Montando el cristo

Kickboxer –> Ábrete de patas (que te golpeo el cocotero)

El hombre de Alcatraz –> La cagaste Burt Lancaster

Pretty woman –> De puta a princesa (sin besos con lengua)

La vida es bella –> Mi padre, ¡qué preso! (la chiflada historia de un judío huérfano)

Braveheart –> Me juego el cuello a que libro

Grease –> Chelmimor, chelmimor

El club de los poetas muertos –> El profe molón

Saw –> Este muerto está muy vivo

Como se puede ver, todos podemos ser el becario cabroncete, sólo hay que ponerse… y que a gusto se queda uno. Animo a mis miles… qué digo miles, cienes de lectores que aporten nuevos ejemplos de títulos que no hicieron justicia a la película, proponiendo los adecuados.

Y ya mañana (si el spaghetti volador quiere), hablaré de la película.

La foto incluida pertenece al inimitable Forges, cuya página web podéis visitar aquí.

IRON MAN 2

2010 July 27
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Tenía pendiente por escribir mi opinión sobre la incursión más reciente del universo Marvel en el celuloide desde hacía ya un montón, pero recuerdo que cuadró en aquel interminable ramillete de críticas de las pelis del festival SyFy y el asunto se demoró más de lo previsto. Pero una película tan de mi estilo, no podía faltar en el mundo de Nunca Jamás, así que voy a cerrar muy fuerte los ojos, hasta que vea chispazos blancos, para intentar recordar lo que pensé al salir de la sala (aparte de lo guay que sería tener un traje de la factoría Stark para darse unos garbeos aéreos a la velocidad del sonido).

La Marvel, con el dinero de la todopoderosa Disney (que ahora que tiene los derechos para el cine de la editorial y a los genios de Pixar se estará haciendo de oro), sigue construyendo paso a paso su amplísimo universo de héroes. Algunas veces con gran acierto (“Iron man”, “Spiderman”, “X-men”), otras con un éxito discreto (“Hulk”, “Wolverine: origins”) y otras veces con resultado catastrófico (“Spiderman 3”, “Los 4 fantásticos”, “El motorista fantasma”), pero sus pasos dan esperanzas a los fans para disfrutar durante mucho tiempo.

“Iron man” se confió a un director que tenía más experiencia delante de las cámaras que tras ellas (fue el novio multimillonario de Monica en “Friends” y el director de “Elf” y “Zathura: una aventura espacial”) pero lo suficientemente friki y seguidor de comics de superhéroes como para implicarse de lleno en el proyecto. Esta parte, la de la dirección, era importante, pero no lo fue menos el encontrar al actor ideal para encarnar a Tony Stark/Iron man, un multimillonario con un coeficiente intelectual fuera de lo normal, adicto al alcohol y las mujeres, con un ego desmedido y una personalidad absolutamente magnética. El sí de Robert Downey Jr. al personaje fue un seguro de vida para la saga del hombre de hierro. Pocas veces se ha visto una simbiosis mejor entre un actor y un héroe de la Marvel, excepto, quizás, el caso de Hugh Jackman y Lobezno (si no fuese por el físico, ya que Lobezno en los cómics es un retaco).

La unión de actor y director fructificó en una amistad y una compenetración que logró una química perfecta en pantalla y la primera parte de cabeza de lata suscitó las alabanzas de los fans a lo largo del planeta tanto por la magnífica interpretación de Downey Jr., como por el ritmo acelerado de la película, los acertados efectos especiales y los necesarios toques de humor que caracterizan la personalidad de Stark (algo que se echaba de menos en el Spiderman de Sam Raimi).

Una vez puesto en pantalla el nacimiento de Iron man, la segunda parte se presentaba una empresa realmente complicada. Por un lado, había que ofrecer un villano a la altura, por otra, ya que sorprender al espectador iba a estar difícil, se imponía un guión con mayores dosis de acción y emoción y por último, había que seguir enlazando las piezas del mundo de Marvel, avanzando sin tregua hacia esa consumación orgásmica que puede suponer la película de “Los vengadores” (o la más triste de las decepciones, todo puede ser), cuyo equipo acaba de ser presentado en la ComicCon de San Diego (convención de comiqueros mundiales que suele servir de trampolín a producciones cinematográficas de esas que nos ponen los pelos del sobaco de punta a los frikis).

La historia arranca donde acaba la anterior película, con Tony Stark disfrutando (y padeciendo) la fama por haber revelado al mundo que él está detrás del colorado traje de hierro. Pero poco podrá disfrutar, porque varias amenazas surgen en el horizonte. Por un lado, otro millonario ambicioso, un tal Justin Hammer, que trata de hacerse con la tecnología de Stark, mejorarla y venderla al mejor postor. Por otro, un ruso con ansias de venganza, hijo de un antiguo colaborador del padre de Tony que fue repudiado y olvidado y con la tecnología y mala uva suficiente como para hacer peligrar la integridad de Iron man. Y por otro, la depresión que supone ver que el invento que le mantiene con vida, la fuente de energía que hace latir su corazón, le está envenenando y no puede hacer nada por evitarlo.

Tres frentes abiertos que, a mi modo de ver, se entremezclan con cuidado para no saturar el guión, como pasaba en “Spiderman 3”, que tanto villano y tanto problema dejaban el libreto de la película como una sucesión de sketches sin demasiado sentido. En este caso, no sucede así. La historia avanza sin grandes saltos, mezclando con tino la espectacularidad con las dudas existenciales y suicidas de Tony Stark.

Quizá las partes más aisladas sean las que tratan de enlazar al superhéroe con los planes de SHIELD y su futuro proyecto de Los vengadores, a veces metidas un poco con calzador. Especialmente el personaje de Natasha Romanoff, alias Viuda Negra, más una figura decorativa (y vaya decoración, esa Scarlett Johansson enfundada en negro) destinada a un posible “spin off”.

Para paliar estos momentos de relleno, asistimos a un par de secuencias que nos dejan con la boca abierta. Por un lado, la aparición de Ivan Vanko como Whiplash en el circuito de Mónaco para darle un par de bofetones al ego de Stark y, por otro, la batalla final, con la aparición de Máquina de guerra en un mano a mano con el hombre de hierro contra un montón de clones con ganas de juerga.

Ayudan también al triunfo de la película unos cuantos actores en estado de gracia, tanto el ya mencionado Robert Downey Jr., como Sam Rockwell y Mickey Rourke en los roles de villanos y otros tantos que, sin deslumbrar, resultan efectivos, como Don Cheadle, Gwyneth Paltrow (con mejores líneas que en la primera parte, que parecía que se habían olvidado de ella) o Samuel L. Jackson en su papel de Nick Furia, unión entre las diferentes sagas comiqueras de la editorial.

Una secuela, en definitiva, que no levanta el pie del acelerador, que deja unos cuantos guiños a los fans de los cómics (la aparición del escudo del capi es brillante, así como el epílogo, que enlaza con la siguiente superproducción de la casa), con su dosis de humor fantasma (ese descubrimiento de un nuevo elemento para la tabla periódica, ahí es nada) y su perfecto dominio de la acción repleta de adrenalina, elemento en el que Favreau se mueve como pez en el agua.

Ya estamos esperando, con las glándulas salivales a pleno rendimiento, los tres siguientes bombazos del universo marvel: “Thor”, “El capitán América” y, por fin “Los vengadores”. Si lo pienso mucho, lloro de la emoción.

TOY STORY 3

2010 July 23
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Hace mucho, mucho tiempo, el cine de animación estaba considerado como un género menor, destinado a los ojos de los más pequeños y que los adultos, salvo excepciones, estaban obligados a sufrir como figuras de acompañamiento. Eran los tiempos en que las series de televisión eran el primo menor (y medio tonto) del cine, en que para salir en la pantalla chica había que poseer alguna habilidad especial, en que los chicles mantenían su sabor más de 5 minutos en la boca y en que los sueldos y los precios de las casas tenían una cierta correlación. Pero todo esto, lo bueno y lo malo, no duraría eternamente.

Con el tiempo, llegó la especulación inmobiliaria, desaparecieron los chicles “Bang Bang”, apareció gran hermano, se hicieron series como “Los Soprano” y, el mayor acontecimiento desde que Fleming descubriese la Penicilina, aparecieron en escena una pandilla de genios adictos a las historias y los ordenadores con su primer largometraje, una historia de juguetes pensantes llamada “Toy story”. Woody y Buzz Lightyear pasaron rápidamente a ocupar el espacio vip de la memoria cinéfila de millones de adultos y pequeñajos de todo el mundo y comenzó el reinado indiscutible en el mundo de los largometrajes (y cortometrajes) de dibujos animados.

Quince años y diez películas más tarde, nos llega a las pantallas una nueva proeza de estos dioses del mundo del cine. El cierre de la que puede ser considerada como la trilogía de oro del mundo del celuloide. No creo quedarme corto al opinar que han sido los únicos héroes capaces de continuar una saga (tanto animada como de acción real) durante tres episodios superándose en creatividad, genio, técnica y éxito en cada película (al menos a la espera de que Christopher Nolan nos sorprenda con su tercera inmersión en el universo de Batman). Pixar pone el cartel de “The end” a las aventuras de los juguetes de Andy realizando una absoluta obra maestra.

En nuestro propio homenaje a nuestros ídolos, Elisa y yo decidimos asistir al nuevo regalo de Pixar de la mejor manera posible: el día del estreno y en los cines IMAX, los mejores en cuanto a calidad de imagen, técnica de tres dimensiones y tamaño de pantallaca. Ambos nos reimos, nos emocionamos, nos volvimos niños de nuevo y flipamos en colores y 3D con la película.

Ya desde el arranque de la misma, con una escena que bien podría ser un homenaje al mejor Steven Spielberg y su apertura de la magnífica ultima cruzada de Indy, en la que vemos una historia que transcurre en la imaginación de Andy y en la que sus juguetes son los absolutos protagonistas, sabemos que estamos ante algo muy grande. El nivel inicia el vuelo muy alto para no soltarlo ya en todo el metraje y a continuación nos muestran un recorrido en la vida de la pandilla “juguetil” en su universo-habitación (un poco al estilo del impresionante arranque de “Up”, pero con menor intensidad) para llegar al punto actual, en el que el chaval se ha hecho mayor, debe ir a la universidad y los juguetes, que llevan tiempo sin participar en batallas, búsquedas y demás vicisitudes épicas, se enfrentan a su destino: la donación, el destierro al trastero o su fin en la basura.

En este punto, John Lasseter (una ola para el caballero, por favor), Andrew Stanton y el director Lee Unkrich, creadores de la historia, y Michael Arndt, su guionista (así como de la deliciosa “Pequeña Miss Sunshine”), parten del esquema básico de las dos entregas anteriores, una equivocación o un mal paso que da lugar a la aventura, para asombrarnos con un sentido del ritmo, del espectáculo, de la épica y del cine en general, fuera de serie, homenajeando a géneros y a amigos con el tacto de un tallista de gemas.

No quiero contar demasiado, porque lo genial es que te vaya sorprendiendo, pero sí puedo contaros que las nuevas incorporaciones de personajes siguen siendo brutales. El papel de Barbie ya había aparecido brevemente en la anterior entrega, pero en ésta toma más protagonismo al aparecer Ken en escena, pareja que se reserva algunas de los mejores momentos cómicos de la película, junto con el señor Patata, los momentos “románticos” de Buzz Lightyear y el clásico mono que toca los platillos, que tiene un par de escenas desternillantes. En cuanto a la aparición de Totoro, uno de los personajes del maestro Miyazaki, demuestra la amistad que mantienen éste y Lasseter desde hace años y es un guiño a los amantes del mejor anime y la demostración de que ser colega de este gordito de camisas excéntricas tiene que ser todo un lujo.

En lo concerniente a los géneros, el amor por el cine de los miembros de la compañía del flexo sigue fluyendo en torrentes en cada imagen, en cada plano (no he visto ninguna otra productora de pelis de dibujos que planifique de esa forma tan cuidada los planos), en cada línea argumental. He disfrutado de lo lindo con esos homenajes al género de gangsters, al las películas de evasiones, al western, a las películas de terror y los “slasher”, a la “screwball comedy”, al cine de aventuras, al drama… una concepción tan entrañable del cine que consigue mezclar en una marmita todos los posibles ingredientes y dar una verdadera lección de cultura fílmica.

Es imposible, a no ser que uno tenga el corazón de cartón-piedra, no emocionarse con el final de la película y muy posiblemente de la saga de los juguetes. Pixar demuestra el profundo cariño que siente por los personajes y les da un final emotivo y cuidado, dejando de lado el sentimentalismo barato, para a continuación, como en los mejores conciertos, subir el ánimo del personal con pequeños epílogos durante los títulos de crédito absolutamente desternillantes.

Pero, por si fuera poco dejar para la posteridad este tratado de cine, como es costumbre en estos magos, nos ofrecen también un bonustrack antes de la película. Un cortometraje en el que demuestran cómo utilizar el 3D sin poner la tecnología por encima de la imaginación. Un derroche de glamour visual en una historia sencilla y ocurrente, en una batalla de egos entre el día y la noche.

Poco más se puede (o debe) contar en una crítica. Tan sólo recomendar a grandes y pequeños, altos y bajos, gordos y flacos, terrestres y extraterrestres, humanos y juguetes, que vayan a ver sin falta esta explosión de genio y ya luego, nos juntamos y repasamos los chistes, los personajes y las escenas delante de un enorme batido de chocolate, mientras esperamos, un año más, a que vuelvan los hijos de Luxo jr. a abrirnos mandíbulas y ojos de par en par.