Tuesday, November 17, 2009

LET’S GET LOST VS. THIS IS IT

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Todo parece indicar que cuando llevábamos octubre mediado, un día cualquiera me levanté de la cama, me miré al espejo y me sentí cultureta. Evidentemente, esas sensaciones hay que mantenerlas todo lo posible, pues no pasan muy a menudo, así que las dos películas que vi las siguientes semanas fueron dos documentales sobre músicos de vidas raras, fallecidos. Aunque dicen los gafapastas, que uno de los documentales es cultureta y el otro no. En este ejercicio de agudeza mental, el intrépido lector tendrá que adivinar cual es apto para el gafapastismo natural y cual no lo es. Empecemos las pistas.

Uno de ellos es un documental en blanco y negro, de un trompetista de Jazz maldito y drogadicto, realizado por un fotógrafo obsesionado por su figura, a través de viejas fotografías y entrevistas personales tanto al músico como a aquellos que lo conocieron y padecieron y montado de forma etérea y confusa. El otro es una especie de backstage de los ensayos de los 50 megaconciertos que estuvo a punto de dar uno de los mayores iconos de este siglo y el pasado, capaz de vender más camisetas, gorros y guantes con lentejuelas que nadie, en color, con sonido sensurroundmasterblaster, en el que tanto el músico como los que le rodean hablan poco y que se centra en su mayoría en los ensayos de las coreografías y la música.

Uno trata sobre Chet Baker. El otro sobre Michael Jackson. El primero estuvo nominado a los Oscar en la categoría de mejor documental. El otro pretende ser un taquillazo y aupar su banda sonora a los discos más vendidos. ¿Ya vamos intuyendo cual es el minoritario?

Pues mientras me quito mis gafas de pasta falsas y mi camiseta a rallas verdaderas, ya os voy diciendo que me lo pasé mejor en el del amigo Jacko que en el del jazzista yonkarra. Sensación cultureta off, vuelta al mundo mainstream.

“Let’s get lost” nos muestra una visión de un músico caradura, genial, demacrado y manipulador. Un tipo con un don para generar melodías inmortales a través de una trompeta que vivió tan sólo para sí mismo. Un enamorado de la música, los coches, las mujeres y los viajes psicotrópicos.

Sin embargo, un ritmo desmesuradamente lento y un montaje demasiado “poético” me sacó a menudo de la historia de esta fuerte personalidad dejándome un batiburrillo de personajes que desfilaban por la pantalla, en su mayoría destacando la parte gamberra del personaje. Exnovias, exmujeres, examigos, excamellos y explicaciones (como hilo, ¿eh?) del propio Baker forman el retrato de un vividor sin complejos, al que si dejáramos sin su don se quedaría en un tipo sin amigos ni magnetismo.

Por otra parte, “This is it” no sé si se puede calificar de documental. Es más bien un “making of” de los conciertos que MJ tenía previsto dar en Londres, poniendo así punto final a su experiencia encima de los escenarios (o eso decía él).

Lo que más interesante me pareció de “This is it” fue lo poco que se podía entrever de la personalidad del artista y lo mucho que se barrunta sobre su estado de salud en el momento de los ensayos.

Las pocas partes de la cinta en la que Jackson no está bailando o cantando y se pone a hablar, dejan entrever un carácter infantil y tímido al mismo tiempo. Vemos a una persona acostumbrada a estar siempre rodeada de gente que no para de alabarla. Una falsa modestia planea casi siempre entre sus frases a la vez que trata de parecer la mejor persona del universo en su trato hacia los demás. Si a esto le unimos una forma de expresarse más bien pobre, estos momentos sin música dan lugar a un buen número de momentos que desfilan entre la comicidad y la ternura.

En cuanto a su estado físico, desde luego no era boyante. Mantiene el sentido del ritmo innato que le caracterizó en su carrera y se le nota un gran esfuerzo a la hora de intentar llevar sus coreografías a sus tiempos clásicos, pero no vemos ni uno de sus famosos giros a toda velocidad, ni un “Moonwalker”, ni una posturita sobre las puntas de sus pies. Por el contrario, su voz sigue siendo la de siempre. Los gritos, los agudos, las canciones funky y las baladas melosas siguen sonando prácticamente igual que en los discos. Es impresionante ver cómo es capaz de dar instrucciones a la sección rítmica de los músicos imitando un bajo y una batería sólo con su voz, o competir en virtuosismo vocal con una veinteañera.

Desde luego, a este paso nunca voy a entrar en la élite cinéfila, prefiriendo un Transformer a Klaatu, “Star Wars” a “Blade Runner” o “Good morning Vietnam” a “Apocalipse now”. ¡A la hoguera conmigo!

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Tuesday, November 10, 2009

ANTICRISTO

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Tanta curiosidad nos produjo el nuevo experimento del depresivo, atormentado, ingenioso, hiperactivo, condenadamente creativo y rarito Lars Von Trier, que no pudimos evitar acercarnos a esa película ya con el estigma de maldita. Abucheada en Cannes, insultada por críticos de todos lados (que se escandalizan rápido, todo hay que decirlo), con desmayos en las salas (de gente que no sabe a qué entra), el reconocimiento prácticamente unánime a sus dos protagonistas y comentarios tanto de gente que la había visto como (cómo no, para eso vivimos donde vivimos) de los que no la habían visto.

Demasiado gore hemos visto ya a estas alturas como para que este bagaje nos asuste, así que, con una cena ligerita (tampoco hay que forzar) nos acomodamos en la butaca para adentrarnos en la particular visión de la depresión del director danés, que casi no pudo acabar la película de lo trastornado que se hallaba su cerebro mientras intentaba llevarla a cabo.

La cinta se divide en tres o cuatro actos centrales más su prólogo y epílogo y si hubiera que dibujar su línea argumental en un folio, claramente sería una espiral que se adentra en un punto más negro que el culo de un grillo. Una caída hacia lo irracional, un descenso a los infiernos del alma humana. Esto es lo que se entrevé en la primera mitad de película, porque llega un momento en el que al amigo Lars se le va la perola por completo y empieza a vomitar imágenes desquiciadas perdiendo el norte y cayendo en una ensalada de barbaridades sin demasiado sentido.

Pero, ¿de qué va anticristo? Pues al principio, relata el drama de una pareja que pierde a su hijo pequeño, que intenta dar un triple mortal con tirabuzón desde un quinto piso. Así que, razonablemente, la mujer se trastorna un poco y el marido, que es psicoterapeuta, decide tratarla intentando que venza sus miedos. Para eso, la lleva a una cabaña en medio de un bosque y es allí donde observa que la señora tiene el tejado más agujereado que un casco de esgrimista. Será aquí donde Lars vacíe sus visiones e inunde la pantalla de zorros que hablan mientras se devoran a si mismos, pesas que agujerean piernas, tijeras que rebanan clítoris, penes q eyaculan sangre y un final surrealista que acaba de rematar lo poco que se había cogido durante la película.

¿Todo esto convierte a “Anticristo” en una mala película? Chico, pues yo que sé. No deja indiferente, eso está claro y hay algunas imágenes que impactan por su belleza, en una cámara ultralenta y acompañadas por un aria de Häendel (imágenes que por bellas no dejan de intentar escandalizar, como la del bebé cayendo al vacío o una penetración en primer plano en la ducha). Así que no pude evitar pasarme toda la película oscilando entre las ganas de internar al dire en un psiquiátrico que tuviera el electroshock incluido en el precio y admirar la capacidad imaginativa y visual de este genial desquiciado.

¿Se saca algo en claro después del ramillete de salidas de tiesto? Pues la impresión de que Lars Von Trier ha utilizado la cámara como si fuera un cómodo diván para curar sus neuras y que algo le ha tenido que haber hecho alguna mujer, porque el papel que le da a la premiada Charlotte Gainsbourg tiene tela.

Lo que está claro es que Lars Von Trier es un excelente narrador, pues hasta cuando no tiene nada que contar, es capaz de narrarlo muy bien.

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Thursday, November 5, 2009

MOON

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Es raro ver hoy en día una película que nos llega del otro lado del charco, con proyección internacional, de ciencia-ficción y sin apenas efectos especiales. De sobra tenemos comprobado que la enjundia en el guión se suele suplir con explosiones espectaculares, infografías imposibles, terceras dimensiones y todo tipo de juegos visuales que nos ayudan a disfrutar sin la necesidad de una historia bien armada.

Soy el primero que disfruta con algunos de estos productos realizados, que van directamente del ojo a la región cerebral del placer, sin hacer parada técnica en el raciocinio, pero de pascuas a ramos, cuando una película estimula la olvidada zona del intelecto y sacude las telarañas, reconozco que se me cae la baba.

Duncan Jones parece opinar que merece la pena rascarse las meninges para dar con una buena idea sin apresurarse. Sin apresurarse, porque ha esperado hasta los 39 años para desarrollar su primer largometraje, algo que posiblemente hubiera conseguido mucho antes si hubiese querido, utilizando en vano el nombre de su padre, el gran duque blanco, David Bowie. Pero ha preferido elegir la senda del trabajo y la constancia (algo raro en esta era de Grandes Hermanos y escaladas gracias a amigos de amigos de amigos) hasta lograr perfilar un proyecto personal que bebe de las aguas de la ciencia-ficción clásica.

En un relato con prácticamente un solo protagonista, se alía con un inconmensurable Sam Rockwell (“La milla verde”) que se marca un ejercicio actoral perfecto, acompañado a ratos de la voz de Kevin Spacey (“Seven”, “American Beauty”) en un papel que recuerda en gran medida al HAL9000 de “2001, una odisea espacial”. “Moon” es la experiencia vital y filosófica de un hombre aislado en un asentamiento lunar que se replantea toda su existencia. Un tratado sobre nuestra mortalidad y sobre el lugar que ocupamos en el universo.

Jones se toma su tiempo en desarrollar lo que tiene en mente y evita centrar todo en un giro de guión final que podía haberlo fagocitado todo. Por el contrario, da el giro casi al principio para desarrollar las implicaciones de tal revelación en el protagonista, optando por la meditación en vez del efectismo, por el debate en vez del espectáculo.

Ni siquiera se molesta el director en cerrar por completo todas las interrogantes mostradas en pantalla, dejando al espectador un camino que debe recorrer sólo, si uno es capaz de aceptar los juegos mentales en los que introduce a su protagonista.

Sé que la información sobre el argumento queda más críptica que una comisión de investigación interna del caso Gürtel, pero la gracia de la película es poder llegar a ella con el mínimo de información y el cerebro abierto a las propias interpretaciones.

Después de ver la película, tan sólo me queda una pequeña duda: ¿cuántas veces habrá escuchado el pequeño Duncan la canción Space Oddity y se habrá quedado con una mirada de ensoñación, imaginando como sería salir de una nave y notar la soledad del universo a su alrededor?

Estoy convencido que más de una.

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Friday, October 23, 2009

STARMAN

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Acompañadme en un pequeño viaje. Cerrad los ojos mientras notáis que vuestro cuerpo se encoge y a la vez vuestra piel se estira hasta volverse tersa. Vuestra mente se despereza como una flor por la mañana y adquiere las propiedades de los trapos Villeda, capaz de absorber la menor gota de información.

De repente, volvéis a tener ocho o nueve años y paseáis por los polvorientos pasillos de un videoclub de barrio, pero para vosotros es la cámara de los tesoros. Princesas de cabellos rubios, castillos encantados, mundos repletos de aventuras y oxidadas naves espaciales se esconden en las estanterías, a ambos lados de vosotros, perdiéndose en la distancia. Exacto, estáis de nuevo en la sección de “películas de mi infancia”.

Esta vez me llama la atención una extraña luz azul que brilla de forma tenue en una de las carátulas. Unas manos envuelven una pequeña bola brillante y al fondo vemos un paisaje negro plagado de estrellas. Es imposible que la intuición nos engañe; eso va de extraterrestres, uno de los temas predilectos en este pequeño e impresionable cerebro. Esa será la elegida, la del hombre de las estrellas.

La película comienza con el viaje hacia el infinito de una sonda que la humanidad decide lanzar al espacio, en la que se adjunta una grabación dando la bienvenida a la Tierra a todo aquel que pueda descifrar el mensaje, además de alguna información sobre la vida en este minúsculo planeta azul. Estamos en la época en la que la investigación espacial y la búsqueda de vida extraterrestre se toma con entusiasmo, el SETI está en pleno auge y los hippies ven lucecillas de otros mundos a su alrededor en los conciertos de Hendrix.

Los títulos de crédito acaban y la cámara nos lleva a un lugar mucho más mundano. Observamos a una mujer viendo una vieja película casera, acompañada por una copa de vino tinto. Queda claro, por su cara, que le embargan la tristeza y la nostalgia. El vídeo se centra en las payasadas de la que intuimos que es su pareja. O lo fue. Deducimos que una joven viuda, una noche más, se va a la cama añorando a su marido, muerto prematuramente.

Un momento… ¡las caras de ambos nos suenan! Todo friki de medio pelo tiene grabadas a fuego las caras de Marion, la primera pareja y eterno amor de Indy (Karen Allen) y el valiente programador que se ve obligado a pelear con un ordenador en “Tron” (Jeff Bridges). Ella es una actriz repleta de registros, siempre natural ante las cámaras y muy poco aprovechada y él, a estas alturas, es ya una leyenda del cine.

Acto seguido observamos como los de la NASA (o algún que otro organismo que se ocupa en observar el espacio aéreo para analizar todo lo que caiga por ahí y, si es menester, cargárselo) siguen la trayectoria de un objeto que cae en algún descampado del país yanki (dónde si no). Efectivamente, el artefacto se mete un rijostio importante contra el suelo y sale una bola azul que sabemos que tiene inteligencia gracias a un efecto de cámara que hoy en día cualquier cani podría hacer con su móvil de última generación. La bola se dirige a la casa de la joven viuda, registra un poquillo, se pone la peli que estaba enchufada para pasar un rato, investiga un antiguo álbum de fotos de la pareja y encuentra un cabello del finado. Esta es la suya… una fiel copia del ADN realizada en dos patadas y la bola empieza a convertirse en un ser humano, desde un feo bebé con aspecto de Barriguitas desgastado, hasta… un Jeff Bridges hecho y derecho. Evidentemente, la joven viuda, que a estas alturas ya se ha despertado, lo flipa muchísimo y tras desmayarse, trata de poner pies en polvorosa, pero por poco tiempo, porque todo está a punto de convertirse en una “buddie movie” (peli de compis, ya habíamos tratado el término, a ver si la clase está atenta) extraterréstre y romántica, ahí es nada el cruce de géneros.

Jeff Bridges se llevó nominaciones en los globos de oro y los Oscars del año 1985 por encarnar a un extraterrestre inocentón, de bondad extrema y en pleno aprendizaje del comportamiento humano en esta película del prolífico John Carpenter. Probablemente, los dos actores son la parte más resaltable de la película, con un guión que basa prácticamente todas sus bazas en la ignorancia y los sentimientos de este visitante de nuestro planeta y en la química entre Allen y Bridges. Aunque también deja huella la banda sonora de Jack Nitzsche, un fondo de sintetizadores que remarcan la acción de forma casi imperceptible dejando sus tres o cuatro notas predominantes en la cabeza.

Apenas un año después, viendo el éxito de la cinta, saldría una serie, protagonizada por Robert Hays (el protagonista de “Aterriza como puedas”) que continuaba la acción algunos años después de donde la remata la película. Sólo aguantó una temporada, pero también recuerdo entre neblinas alguna tarde frente al televisor siguiendo las andanzas del bondadoso marciano, que había regresado a la tierra 14 años después para comprobar cómo de guapo le había salido el hijo humano que se había marcado con la Allen (inocente, pero no tonto) y que trataba de encontrar a su ex perseguido por un infatigable sabueso empeñado en abrirle en canal para estudiarlo.

Quizá “Starman” no sea una obra maestra, pero es una gran muestra de aquel cine familiar y con moraleja de los ochenta que era capaz de sentarme y dejarme boquiabierto frente a la pantalla de la televisión. Un cine inocente que es muy raro ver en pantalla hoy en día entre tanto efecto especial, “fuck” ametrallado y preadolescente de vuelta de todo.

Ser chaval por aquellos años, era una delicia.

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Wednesday, October 21, 2009

CUATRO VIDAS

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Felicidad, placer, tristeza, amor. El neoyorquino de ascendencia oriental Jieho Lee, toma estos cuatro conceptos y los moldea y retuerce para hacer una película de historias cruzadas y desordenadas, de personajes singulares y anónimos, al estilo de las historias de Iñárritu & Arriaga. Una especie de tratado sobre el destino y una exposición de la idea de que todos los seres pensantes (y hasta los políticos) estamos conectados. Cada movimiento que haces, puede repercutir en las personas (y hasta políticos) que tienes a tu alrededor de una forma inimaginable. Pero, ¿ hasta qué punto podemos influir en los demás? ¿Es el amor una fuerza más poderosa que el destino? ¿Es éste inamovible hagamos lo que hagamos?

Jieho Lee nos expone un juego en el que el destino y el amor se entrecruzan para crear un bonito puzzle de piezas que van asentándose sin prisa, posando la cámara en el baile que dichas piezas ejecutan en el aire, antes de encajarse en el tablero, pero dejando entrever que su posición en el mismo no es única, sino que pueden conformar, al final, distíntas imágenes.

“Cuatro vidas” (traducción libérrima de “The air I breathe”) narra cuatro episodios de cuatro instantes vitales que se entrecruzan. Forest Whitaker (Felicidad) es un gris y aburrido trabajador de bolsa que trata de cambiar su vida apostando un montón de pasta (que no tiene) al caballo de una carrera amañada. Brendan Fraser (Placer) es un matón al servicio de un gangster apodado Fingers (Andy García) que tiene el don de ver flashes del futuro, pero la maldición de no poder cambiarlo, lo que lo ha vuelto destemido y nihilista. Sarah Michelle Gellar (Tristeza) es una cantante que triunfa  tras su primer single y que oculta su nombre tras un seudónimo y sus sentimientos tras una botella de alcohol. Kevin Bacon es un médico enamorado de la mujer de su mejor amigo, que tendrá que salvarla en un tiempo record buscando un tipo de sangre inusualmente raro.

El azar marcará los caminos de estos cuatro personajes, llevándolos hasta cruces que influirán en su destino. Una mariposa marcará el inicio (y fin) del viaje en el que será el personaje de Fraser, el único que puede entrever a través de las nieblas del futuro, el que ponga los recodos al resto de sendas que tiene a su alrededor. Será en el momento en el que se dé cuenta de que puede cambiar lo que está escrito, cuando pierda su visión hacia la persona que más le importa, ironía que le llevará a producir una explosión que mueva al resto de personajes en direcciones distintas.

“Cuatro vidas” es un cuento de corte oriental, cadencioso y bien contado en el que prima ese ritmo sosegado del que carecemos los estresados occidentales. También es una nueva ocasión para demostrar que cuando Brendan Fraser se aparta de sus papeles cómicos o aventureros, consigue interpretaciones muy buenas, como ya demostró en la estupenda “Dioses y monstruos” y que Sarah Michelle Gellar es algo más que una cazavampiros si cuenta con una buena dirección detrás. Forest Whitaker y Kevin Bacon ya no tienen nada que demostrar sobre su calidad como intérpretes a estas alturas y Andy García viene haciendo más o menos el mismo (y conseguido) papel desde que empezó (¿para qué cambiar lo que ya funciona?).

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Wednesday, October 14, 2009

MALDITOS BASTARDOS

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Quentin Tarantino tiene pinta de ser un tipo indicado para ir con él a tomarse unas cañas, o mejor, unos tequilas. Inteligente, rápido, divertido, cachondo, una metralleta verbal capaz de convertirse en el centro de atención a la mínima oportunidad. Lo veo haciendo chistes políticamente incorrectos mientras le tira los trastos a la camarera que trae la cuarta ronda de chupitos y recomendándote a renglón seguido una película de serie Z (y porque no existen más letras detrás) tailandesa sobre orientales manteniendo duelos al sol en el salvaje oeste para intentar defender al dragón protector de la aldea, o algo así.

Porque el cachondo de Tarantino, no es un cinéfilo, es un cinéfago y eso hace que me caiga muy bien. Es un tipo sin prejuicios al que le gusta pasárselo como un enano en el cine. Se la suda lo del cine de autor y lo que quiere son dos horas en las que pueda evadirse y salir contento, triste, asustado o con los pantalones húmedos de la risa (o de lo que sea), pero nunca criticando los encuadres, la iluminación o la falta de trasfondo, porque lo que le encanta es que la historia sea entretenida.

Pero no sólo eso, sino que Tarantino es una batea, pero no de las de mejillones, sino uno de aquellos platos que se usaban en el antiguo oeste en la fiebre del oro. Los buscadores llenaban aquella especie de ensaladera con agua y arena y le daban vueltas hasta que se quedaban con la pepita de oro, desechando lo que no valía. Él es igual, deposita en su batea mental las películas de chinos, westerns, bélicas y demás argumentos de la serie B y las agita hasta que extrae la parte más valiosa. Luego la pule a base de sus geniales diálogos y la pasa por su innato estilo de buen cineasta sin pensar en críticos ni convencionalismos. Si entras en su juego, te esperan por delante dos o tres horas de entretenimiento.

Después de darle la vuelta como un calcetín al género de artes marciales y a las típicas sesiones dobles americanas de serie B junto con su colega Robert Rodríguez, se ha pasado al bélico del estilo de “12 del patíbulo”. Para su concepción, Tarantino parte de un subgénero chusco (cómo no) apodado “Macaroni combat”, en el que los italianos, muy dados a italianizar los géneros estadounidenses (algunas veces de forma muy acertada, lo digo apuntando a Sergio Leone) se metieron en una vorágine de películas de género bélico. En concreto parte, de aquella manera, de una película de Enzo G. Castellari titulada “Quel maledetto treno blindato” y llevada a los Usamérica con el nuevo título “Inglourious Bastards” (a ver si vamos a ser los únicos que cambiamos sin ton ni son los títulos extranjeros). Y digo que parte de aquella manera, porque tras pasar aquella producción italiana por su batea mental, la pepita que quedó en el circuito neuronal de Quentin fue la emoción de pasarse la historia de la segunda guerra mundial por el forro y desmadrar con una pandilla de encantadores salvajes. Así, comienza el juego de la incorrección en el mismo título, ya que en su versión original la llama “Inglourious basterds”, cometiendo la primera salida de tiesto al escribir mal una de las palabras y siguiendo por plantarnos una película bélica disfrazada de western… o al revés, como demuestra esa gran entrada con los títulos de crédito bajo la música de la película “El álamo” de Morricone (que iba a componer la banda sonora y al quedarse sin tiempo lo único que pudo hacer fue elegir unas cuantas piezas de su creación o adaptar algunas otras) o la transformación que logra hacer el músico italiano del “Para Elisa” de Beethoven, de pieza clásica a perfecta ambientación de un duelo de tiradores.

Desde la premisa de total y absoluta libertad creativa, a Quentin no le importa nada más que elaborar la historia que le gustaría ver como espectador. Buenos violentos, salvajes e ignorantes, malos educados, refinados y cultos, bellas traidoras, asesinos enamorados, estética de cómic, violencia a raudales, diálogos rápidos y deslumbrantes, una banda sonora extravagante y precisa y gamberradas a diestro y siniestro.

Cómo en una novela gráfica, el director plantea una misión suicida, que se empeña en tratar de asesinar a Hitler y acabar así con la segunda guerra mundial de un plumazo, desarrollando la historia en forma de capítulos, utilizando los primeros para la (brillante) presentación de los personajes principales y sus motivaciones y los últimos para la misión en sí, en la que diferentes grupos, con diferentes intereses, tratan de cargarse a la plana mayor del Tercer Reich en el estreno de una película de Goebbels sobre un héroe de guerra.

Por si no bastase la pericia de Tarantino, éste se rodea de una serie de actores que dan lo mejor de sí, no sé si gracias a la libertad que suponen los locos papeles que les ofrece o la dirección de actores del director. Supongo que será mezcla de ambas. El caso es que, los dos pesos pesados de la película, Crhistoph Waltz y Brad Pitt, están inmensos. El primero, un detective alemán tan sagaz como cruel, tan educado como manipulador. Un interrogador brillante, apodado “el cazajudíos” y que parece quererse a sí mismo lo indecible. El segundo, un teniente americano de cultura escasa, con la afición de cargarse nazis y guardarse sus cabelleras como recuerdo, con un sentido del honor más bien dudoso y una habilidad discutible como tatuador. Rodeándoles, una ingente cantidad de secundarios políglotas que enriquecen la película como si fueran una versión mejorada de caldo Starlux, como Eli Roth (dire de “Hostel” y coleguita de Tarantino), Diane Kruger (“Troya”, “La búsqueda”) o Daniel Brühl (“Good bye Lenin!”, hablando español, inglés, francés y alemán puede trabajar donde le de la gana).

Tarantino no se corta un pelo y nos planta dos horas y media de diversión, imaginación y talento en el que el único punto que puede resultarnos chirriante es la no linealidad de la acción, compuesta, como ya he dicho, a base de capítulos, pero que, todo el que tenga el lóbulo temporal acostumbrado a leer cómics, asumirá sin ningún problema. Eso sí, cada capítulo supone una realización brillante. Da gusto ver cómo este tío maneja el ritmo adecuado de cada escena como si hubiera absorbido todos los superpoderes de Hitchcock (no confundir con Hancock).

Han pasado 17 años, siete películas y unas cuantas colaboraciones desde que Tarantino sorprendió al mundo con “Reservoir dogs”. Se lo toma con calma entre peli y peli y eso le sirve para elegir cada nuevo proyecto con el mimo y las ganas que se merecen. Si continúa marcándose cintas de esta calidad, le dejo que se tome el tiempo que quiera para la siguiente. No te cortes, Quentin, elige otro género y pásalo por la Tarantinator.

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Posted by Heitor at 16:33:37 | Permalink | Comments (2)

Thursday, October 8, 2009

DISTRITO 9

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El Distrito 9 es un oscuro rincón del alma humana. Un gueto sucio y maloliente donde salen a la luz nuestros peores defectos, la capacidad para mirar hacia otro lado en presencia de injusticias, nuestro miedo y rechazo hacia lo diferente, nuestros egos más salvajes, nuestra hipocresía, nuestra innata capacidad para mentirnos a nosotros mismos haciendo que nuestra vida sea más fácil. Yo y mi yo y mi familia estamos bien… cada palo que aguante su vela y si hay quien lo tiene jodido y sufre miserias, algo habrá hecho.

Todo esto se encuentra en el Distrito 9, en Johannesburgo, en donde el racismo se mueve en el aire a golpe de orden militar. Ellos nos quitan nuestra tierra, comen nuestra comida y se mezclan con nuestras nobles familias intentando imponernos su sucia cultura. Aún así, hacemos de tripas corazón y por pura bondad, los acogemos, les damos un agujero lugar donde vivir y los tratamos condescendientemente, mientras seguimos dando fuste a nuestra raza robándoles su tecnología, a ver si encontramos nuevas formas de darnos por saco.

Podría ser un documental de algún país actual, algún pueblo maltratado y algún drama que los telediarios se han olvidado de incluir en portada para que no nos perdamos la nueva declaración sesuda de CR9, pero se trata de ciencia ficción. El Distrito 9 alberga un puñado de alienígenas que no son capaces de poner a volar su nave y salir de este planeta tan repleto de odio. El tono documental se centra en un tipo odioso, el típico pelota, arribista y con familia política adinerada que no ve mucho más allá de sus propias narices. Un pequeño ejemplo de nuestra peor cara que se enfrentará a su peor miedo: sentirse diferente y rechazado por los que le rodean.

Neill Blomkamp, conoce bien el percal porque ha nacido y se ha criado en la ciudad sudafricana en la que se sitúa la escena. Lo plasmó en un corto en su día, luego conoció a otro visionario, Peter Jackson y le convenció para llevar su cortometraje a la larga duración y regarlo con muchos dólares. El resultado es una de las mejores películas de ciencia-ficción de los últimos tiempos, con una idea de partida brillante, un enfoque que encaja a la perfección y una última parte del guión, cuando ya se han desarrollado todas las ideas que plasmó en el corto, en donde el género se le resbala hacia la película de acción futurista, quitando algo de brillo a un producto que podía haber sido inolvidablemente perfecto.

Y no sólo descubrimos a un tipo que podría traernos grandes alegrías en el mundo del cine detrás de las cámaras, sino a otro que puede traérnoslas delante de ellas. El actor Sharlto Copley, que hasta ahora sólo había actuado en el citado corto de su amigo, está inmenso en ese retrato del trepa, cobarde, condescendiente y simple Wikus Van De Merwe. Un papel con tantos matices que es capaz de llevarnos del odio a la compasión en sólo un par de planos. Ya se lo rifan (y no me extraña) y entrará en Jolibú encarnando al loco Murdock del Equipo A en el remake que se está preparando.

Tras el verano, empiezan a llegar las propuestas interesantes y las citas imprescindibles. Que no se deje asustar el que mire a la ciencia ficción con una mueca de disgusto en la cara. Estamos ante un guión más real que muchas de las tramas políticas que nos traen las grandes productoras de Hollywood… sólo que el drama ha venido de algo más lejos.

Y si la parte de acción no os convence del todo y os hace salir con un poso agridulce, volved al verdadero mensaje de la película, a la sensación de desolación que produce su primera parte y a un final poético y cargado de buenas intenciones. Esas buenas intenciones que no suele haber en los altos dirigentes y las grandes empresas.

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Monday, October 5, 2009

SAN VALENTÍN SANGRIENTO 3D

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Un nuevo paso se ha dado a la hora de disfrutar el cine de sustos y adicción a la hemoglobina. A los efectos especiales y al sonido dolby surround versión “comotiemblalabutaca”, se suman ahora las tres dimensiones. Ya se hizo un experimento en aquella última parte de Freddy Krueger (que ahora está a punto de resucitar de nuevo en la piel de Jackie Earle Haley), pero la técnica ha evolucionado y era una posibilidad que cuadra muy bien con el género y que llegaría tarde o temprano. Ya sólo falta que nos tiren un intestino fresquito de carnicería a la cara en el momento en el que la música sube y la implicación será completa.

El caso es que, atraídos por la novedad, allá que nos fuimos, sabedores de que nos podíamos encontrar con una película horrorosa, de esas de encefalograma plano. Pero no fue del todo así. Evidentemente, se cumple en gran medida lo segundo, hay que entrar al cine, habiéndose dejado las neuronas a remojo en casa, descansando, pero no fue del todo horrorosa, en realidad.

La película comienzade forma esperanzadora. Tras un mínimo prólogo mezclado con los títulos de crédito, se nos pone al corriente de la situación en un bosquejo a grandes rasgos. No necesitamos más. Sabemos que la historia no va a ser el punto fuerte  y cuanto antes empiece a saltar la sangre, mejor.

Nos situamos en el pequeño pueblo de Harmony, en donde el día de San Valentín se produce una masacre en la mina que da sustento al pueblo, donde un tipo se carga a un montón de compañeros, entra en coma y sale de él con el regustillo de seguir clavando picos en cabezas ajenas. En esto, se cruza con unos chavales que van a hacer botellón a la susodicha mina y se carga a todos menos a cuatro, para que quede alguien que continúe la historia.

Por lo tanto, a los 5 minutos de película, ya tenemos un pico que ha cruzado a sus anchas el camino que va desde la nuca hasta el rostro y se ha hecho un pincho moruno con un ojo, que cuelga de forma etérea entre nosotros y la pantalla de cine.

Si todo hubiera seguido de esta forma, con el cachondeo, los sustos y diversas partes del cuerpo saltando fuera de la pantalla, todo hubiera quedado mucho más redondo, pero algo antes de la mitad del metraje, el susto y el gore se hacen a un lado para dar paso a una trama con intento de suspense y que se empieza a tomar en serio a sí misma y es aquí donde todo cojea. Donde veíamos un homenaje pseudo-paródico a “Viernes 13″, “Halloween” y compañía, con jóvenes descerebrados en busca de alcohol y sexo que van exhibiendo su interior (en el sentido más literal, tanto debajo de la ropa como debajo de la propia epidermis) ante la cámara, jovencitas con tersas y saltarinas mamas que corren hacia el escondrijo más absurdo e inverosímil y diálogos descerebrados, ahora tenemos a un director que juega al thriller psicológico. Pero jugar a algo psicológico, con personajes con la profundidad del programa político de Alianza Nacional, cuando ya teníamos claro que nuestras neuronas no están con nosotros en estos momentos, es un boleto para el aburrimiento.

No hay nada original en la película y la trama entre el chico que volvió al pueblo, el poli, su mujer y la amante embarazada no funciona. Íbamos a ver gore adolescente y tontorrón y da la impresión de que nos han intentado colar en el paquete un supuesto thriller de suspense. El terror adolescente está, pero la segunda parte no cuela. Por eso, en varios momentos nos descubrimos pensando: venga va, ensarta otra cabecita en el pico y déjate de jugar al Cluedo.

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Thursday, October 1, 2009

ULTIMÁTUM A LA TIERRA

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Keanu Reeves nunca ha destacado por su variada gama de expresiones. Vamos, que si ponemos al seriote de Keanu a protagonizar “Ace Ventura”, la película no sería la misma. Por eso, le viene que ni al pelo el papel de alienígena que se viste por primera vez el traje de humano y no sabe muy bien cómo reaccionar. Eso debieron pensar los de la 20th Century Fox cuando decidieron rejuvenecer a Klaatu, el protagonista de la peli de ciencia ficción de serie B de principios de los 50 “Ultimátum a la tierra”. Así que contrataron los servicios del director Scott Derrickson (“El exorcismo de Emily Rose”), cogieron a Keanu “Carapalo” Reeves, pusieron al lado a la bellísima Jennifer Connelly y al resultón hijo de Will Smith y ala, a plantear el mismo mensaje ecológico, esta vez plagado de efectos digitales remolones. Pero ya no es lo mismo.

No es lo mismo porque nos intentan colar un mensaje serio en un envoltorio de acción y regado con dinero a espuertas y la cosa ya no tiene tanta gracia. En los 50, con poco dinero y la tecnología que había de aquella, se suplían dichas carencias con imaginación y desparpajo y el resultado era algo tierno, como un hijo feote pero simpático al que no puedes dejar de achuchar.

Ahora, viene el nuevo Klaatu, más joven y más guapete, nos dice que tenemos los días contados porque ni reciclamos, ni cerramos los grifos y encima empeoramos la contaminación acústica inventando el “Singstar” y nos da un poco la risa. Vemos al robot gigante, mezcla del hombre de hojalata y el Cíclope de “X-men” y ya no nos causa el asombro que causaba a los espectadores de los 50, porque ya hemos visto de todo y porque ya no estamos en plena guerra fría, acojonados porque pueda estallar una guerra nuclear.

De todas maneras, ya puestos a hacer la copia, qué menos que frotar alguna neurona a ver si sale algo y no dejarse llevar, simplemente, por una persecución sin mucho sentido, un montón de actores vestidos de militares y unos efectos especiales espectaculares, por no hablar de un prólogo con menos sentido que una enciclopedia en manos de Dinio. Ya que tienes entre manos un tema que, a priori, puede ser interesante, como es el que una raza alienígena nos diga que nos van a quitar de en medio para que puedan seguir existiendo el resto de las especies, no la cagues prescindiendo del hilo argumental y dejando unos protagonistas con los que es muy difícil sentir la más mínima empatía.

Así que, ¿tiene sentido un remake de ese estilo? Yo creo que no mucho y no es tanto un déficit de ideas como un acomodamiento espectacular en los mandamases de las productoras. El aborregamiento general a la hora de apostar por nuevas ideas, nuevos realizadores, nuevas formas de entender el séptimo arte, trae este tipo de cine. Se quejan de la crisis del sector, pero siguen apostando por el cine palomitero y sin demasiado criterio. ¡Se puede hacer ciencia ficción y terror sin recurrir al remake, señores del puro!

De momento, tenemos a la vista “Avatar” de James Cameron o “Moon” de Duncan Jones (hijo del heterocrómico más famoso del mundo de la música) que pueden insuflar un poco de aire puro al género. Habrá que seguir aguardando.

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Thursday, September 10, 2009

REVOLUCIONES CINEMATOGRÁFICAS

Como últimamente los posts van de dos en dos o no van, aquí va el segundo del día. Un par de trailers que se perfilan en el horizonte como dos de los estrenos más jugosos que nos esperan en los próximos meses.

El primero se oculta detrás del enorme ego de un genio. James Cameron (el dire de”Terminator”, “Terminator 2″, “Titanic”, “Abyss”) dice q es tan listísimo y omnívoro (sí hombre, de esos que pueden estar en todas partes y hacer lo que quieran) que con su siguiente película va a revolucionar el mundo del cine. Podía haber hecho igual con la física, las matemáticas o el dibujo técnico, pero ya que había hecho alguna que otra película, pues le ha dado por este mundo. Esto, a parte de generar expectativas del tamaño de Arkansas, seguro que divide a los millones de espectadores que vayan a ver “Avatar” entre acérrimos defensores y críticos de acerada lengua viperina. De momento, nos deja una azulada muestra de lo que se trae entre manos.

Por otra parte, Disney, más que revolucionar, va en busca de reencontrarse a sí misma. Después de que le salven el culo, Pixar, por una parte y los jovencitos más guapos, más castos y con los dientes más blancos de Hannah Montana, High School Musical y compañía, decide, con la ayuda del orondo y genial John Lasseter, buscar sus orígenes y su prestigio en la animación tradicional. De momento, ha encontrado historia: la de la princesa y el sapo. El trailer no pinta nada mal y tiene un sabor a “La sirenita” que emociona, no en vano, los responsables también lo fueron de aquel exitazo bajo el mar. Sería genial ver un nuevo “Aladdin” o “El rey león” y comprobar que el espíritu de Walt vuelve a sobrevolar sobre la compañía.

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