Cine, música, teatro, viajes, ideas... en definitiva, vida

VIAJES INICIÁTICOS Y FINALES

2010 February 8
Posted by Heitor

Hoy, toca doble post. Porque sí, porque yo lo valgo… porque justo ahora he encontrado estas dos cosillas que merece la pena poner.

Hace ya un tiempo, apareció un anuncio por la red. Unos animadores gallegos querían parir una película sobre misterios, crímenes y conspiraciones en el camino de Santiago, con colaboración de actores famosos… y en stop motion (vamos, figuritas de plastilina en movimiento). (modo irónico on)Dada la enoooorme facilidad de las arcas públicas para soltar calderilla en forma de subvenciones a películas que valgan la pena (modo irónico off), los responsables del film decidieron ir un poquito más allá y pedir la colaboración popular, para tener algo con lo que comprar la plastilina, al menos. Algo así como aquel momento único de la Lola Flores diciendo: “si cada español me diera una peseta…”. Así, quien quisiera, se podría convertir en productor, teniendo luego la posibilidad, si la cosa funcionaba bien en taquilla, de participar en el reparto de beneficios. No lo tuve que pensar mucho, cine, en galicia y de animación. Me convertí en pequeño productor y esperé a ver los resultados.

Pues bien, el trailer de “O apóstolo” (traducido al castellano, “El apostol”, aunque supongo que lo habíais deducido) acaba de salir a la luz y tiene la siguiente pinta:

El segundo video lo pongo en una especie de baile de animadora para dar ánimos a estos otros animadores patrios. Resulta que, después de ganar chorrocientos premios o más por España adelante, acaban de ser nominados al Oscar al mejor cortometraje de animación. Ya sabemos todos que los Oscar son una patraña, que nunca ganan los que más se lo merecen, que es un espectáculo absurdo y bla bla bla, pero oye, si haces una cosa de estas y te lo dan, tiene que molar un kilo y medio. Así que, suerte para los responsables de la bella historia de “La dama y la muerte”.

EL HIJO DE RAMBOW

2010 February 8
Posted by Heitor

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El poder del cine en el cerebro infantil. Este título daría para una extensa tesis tanto en el terreno psicológico, como en el cinematográfico, como en del estudio del cerebro humano. ¿Cómo reacciona la bayeta de triple absorción que se convertirá en un cerebro adulto en unos cuantos años ante las primeras películas? ¿Cambiará en algo el mecanismo de pensamientos de un chaval dependiendo de si ve o no cierta película en ese periodo de maduración personal?

Recuerdo perfectamente ir a ver “E.T. el extraterrestre” con mi padre al estreno, o tragarme todas las películas de Schwarzenegger con mi mejor amigo cuando estábamos en el colegio y supongo que eso contribuyó en cierta manera a mi forma de ser y a mi capacidad imaginativa. Y al contrario de lo que la “liga de padres protectores del correcto y cuadriculado pensamiento infantil” diga, he salido pacifista y calmado, a pesar de haberme tragado todos los episodios de “Bola de dragón” y de “Caballeros del zodiaco” y haber hecho un montón de años artes marciales, pero ve y explícales tú que un chaval distingue perfectamente entre realidad y ficción y que hay factores mucho más poderosos a la hora de definir personalidades, como que dichos padres se preocupen más de escuchar, jugar y pasar tiempo con su hijo.

Al lío, que me voy por las ramas cual tití con sobredosis de cafeína. En la pequeña película inglesa que hoy comento (y que pasó por los cines a una velocidad vertiginosa… por los pocos cines que pasó, quiero decir) se juega con esta idea y consigue transportarnos de vuelta a una infancia en la que la imaginación era el arma de destrucción masiva más poderosa (algunos dirigentes se olvidan de estos momentos, si es que los tuvieron, y las buscan donde no están). Al igual que en la deliciosa “Cuenta conmigo”, el director, Garth Jennings, consigue plasmar la profunda complicidad entre amigos inseparables antes de que la pubertad empiece a sembrar el rostro de granos. También como en “Cuenta conmigo”, se relata la amistad entre chavales con una infancia complicada, quizá los más necesitados de almas gemelas con las que evadirse a dimensiones paralelas.

Will Proudfoot es un chaval con una imaginación desbordante atrapada en el mundo más cuadriculado, hermético, inmovilista y estricto que puede haber. Su madre viuda, pertenece a la secta ultracatólica de “Los hermanos”, una especie de Amish pero lo a lo bestia, así que tiene prohibida la televisión, invento del diablo donde los haya. Por eso, cada vez que en clase ponen algún video, tiene que salirse al pasillo, donde se dedica a llenar su biblia de dibujos fantásticos e historias alucinantes. Es en uno de estos descansos, cuando conoce a Lee Carter, un crio perdido y con ínfulas de matón diametralmente opuesto a él, que vive con su hermano y echa de menos a una madre casada con un millonario y de permanente viaje por Europa. Como suele pasar, los polos opuestos se atraen y Will, acaba viendo, con ojos como platos, su primera película en casa de Lee, nada más y nada menos que “Rambo: acorralado”.

Fascinados por la historia (sobre todo Will), deciden rodar ellos mismos una especie de secuela en la que toda idea tiene cabida, desde perros voladores hasta malvados espantapájaros secuestradores, durante la que se harán hermanos inseparables y se odiarán a muerte, en esos fantásticos extremismos volátiles que sólo se dan a edades muy tempranas.

Es ese comienzo, cuando se muestran las familias de ambos, sus problemas y su viaje iniciático hacia la auténtica amistad, lo que más me fascinó de la película, cuando vemos los diferentes caracteres de los chavales, la abnegación y fe del primero y el carácter rebelde y transgresor del segundo. Interés que voy perdiendo pasado el meridiano del film, momento en el que se pierde un poco al incorporar personajes caricaturescos que ralentizan la trama bastante.

De todas formas, “El hijo de Rambow” es una interesante mirada sobre el mundo de la infancia y su poderosa imaginación, arma capaz de elevarnos por encima de cualquier penuria y conseguir que lleguemos, antes o después (en mi caso aún no vislumbro ese momento) al mundo adulto sin volvernos majaretas perdidos.

Leer critica El hijo de Rambow en Muchocine.net

GLENGARRY GLEN ROSS

2010 February 4
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Posted by Heitor

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Llevamos una época así como de culturetas. Teatro de renombre, películas de directores personalísimos y temas supuestamente profundos han sido nuestros últimos viajes hacia la cuarta pared. Debe ser que estoy tan desacostumbrado a que me bombardeen el encéfalo con tanta información, que eso provocaba que no saliesen nuevas críticas. O eso, o que soy un vaguete y estos días no me he sentado a ello. O que realmente estaba ocupado con quehaceres importantes. Votad por una de las tres respuestas y ganad grandes premios.

El caso es que, aprovechando que estaba por tiempo muy limitado en el Teatro Español, con un plantel muy atractivo, la obra “Glengarry Glen Ross”, del guionista y dramaturgo americano David Mamet, premiada con el Pulitzer, pues por allí nos acercamos. Una obra de la que surgió una película llenita de gente muy importante de Jolibú, como Jack Lemmon, Al Pacino, Ed Harris, Alan Arkin, Kevin Spacey o Alec Baldwin y que no he tenido (aún) el gusto de ver, motivo por el que me dirigí al teatro sin mucha idea de lo que iba a ver (como me suelo dirigir a todos lados, sin mucha idea de nada).

Allí, en una barata butaca del segundo anfiteatro, intentando encontrar un ángulo de visión adecuado entre la mata de pelo de la del asiento de delante y la barra que impedía que la gente saltara a la platea, asistí a una obra cortita y con diálogos rápidos e inteligentes y descubrí lo buen actor que se puede llegar a ser sin sacarse la nacionalidad británica, admirando a dos gigantes de la profesión: Gonzalo de Castro y, sobre todo, Carlos Hipólito.

La historia es la de unos vendedores inmobiliarios que intentan ganarse los cuartos a base de verborrea, engaños, traiciones, anulación de la ética y demás manipulaciones, para intentar llegar a ser el mejor vendedor del mes, llevarse un premio-zanahoria con cuatro ruedas bastante atractivo y, sobre todo, no ser despedido, consiguiendo o manteniendo el estatus de todoterreno rentable.

El ambiente humano que se respira durante toda la obra es infernal. Un catálogo de personalidades retorcidas en las que la camaradería consiste en escoger la mejor alianza para lograr los propios intereses. Un trabajo en el que el currículo se formatea a golpe de mala racha y el brillo profesional dura lo que un informe de recalificación urbanística a las puertas de un ayuntamiento.

Cada personalidad tiene sus propios matices: el antiguo gran vendedor venido a menos, el jefe recién ascendido y con tendencias dictatoriales, la actual estrella de la oficina, el lameculos perdido y nervioso, el tramposo y liante… un muestrario de bajezas de nuestra especie con un denominador común: el éxito a cualquier precio. Parece ser que David Mamet concibió la obra después de haber sufrido un trabajo en una de estas oficinas y se ve a las claras que sabe de lo que habla y es capaz de expresarlo de una manera feroz.

De todas maneras, el texto y la idea no cristalizarían en la gran alquimia que vimos en el escenario sin una interpretación que consiga dotar de vida las palabras y ahí es donde entra el buen hacer de los dos actores antes mencionados, acompañados de Ginés García Millán, Alberto Jiménez, Jorge Bosch, Andrés Herrera y Alberto Gomez. ¿Cómo se puede poner tanta pasión y tanta credibilidad mientras se escupe un monólogo a la velocidad del sonido sin que se te haga un nudo en la lengua, sin desconcentrarse mientras suena un móvil en la sala (si amigos, los lerdos también van al teatro)? ¿Un actor como Carlos Hipólito nace, o se hace? ¿O muta?

Preguntas sin respuesta. Lo que sí se puede sacar en claro es que “Glengarry Glen Ross es una grandísima obra, no apta para cerebros proclives a la dispersión, enganchados a la acción y la risa fácil o con necesidad de evadirse a otras realidades. Dicholocualo, ahora pienso… ¿y por qué diantres me ha gustado a mí?

SGAE, DESCARGAS, ANTEPROYECTOS Y SALIDAS DE TIESTO

2010 January 25
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Posted by Heitor

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Como nos gusta hablar en este país. Nos ponen una caña y unas aceitunas delante y somos capaces de dar solución a los problemas de Pellegrini con el equipo blanco, de opinar sobre la ley de economía sostenible (o cualquier otra ley, propia o foránea), sobre los derechos de autor y la cultura gratis, de criticar la obra magna en la fachada de Belén Esteban o acabar con la crisis económica mundial antes de la segunda ronda. Somos así, joviales, cotillas, alegres…

Pero si en vez de compartir disertaciones delante de una barra de bar, lo hacemos a través del ciberespacio, la conversación suele ser única: SGAE, derechos de autor, manifestaciones de cantantes millonarios que se mueren de hambre, el precio de los cedés, las burradas de los políticos con respecto al tema y el cambio de fachada de Belén Esteban (sí, este tema es recurrente, ¿pero habéis visto lo que se ha hecho?).

Y es que Internet es un universo tan vasto, tan imparable, con tantas posibilidades, que intentar detener su avance es como tratar de detener el curso de un río con un condón. Las multinacionales intentan mantener su obsoleto y caduco modelo de negocio obviando los avances tecnológicos que permiten, por una parte, la difusión de la información a cada punto del mundo y, por otro, la capacidad de los creadores para parir su obra sin grandes corporaciones detrás. Un cineasta no necesita más que una cámara digital y un ordenador para filmar y montar un film y un músico no necesita un gran estudio detrás, pues el software necesario para lograr un disco de calidad está al alcance de la mano.

Eso no quiere decir, que los frikis que opinamos que la legislación debe cambiar, que el modelo de negocio audiovisual debe modificarse y que quien no coja el tren de la tecnología y quiera seguir lucrándose a base de desinformar al gran público no tardará en desaparecer, lo queramos todo gratis, como afirman los que no están dispuestos a asumir este cambio. Creemos en los derechos de autor, necesarios para que el artista viva de lo que hace, pero pensamos también que no se están repartiendo debidamente.

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Cómo no, el principal partido de la oposición ha aprovechado para subirse al carro, a ver si rapiña votos de algunos despistados, cuando hace no mucho opinaban todo lo contrario. Que raro que estos cambien de opinión de una legislatura a la siguiente. No será por llevar la contraria. Aquí podemos ver al amigo Rajoy hablar de los “bloks” y de cómo los malosos pueden cerrárnoslos a las primeras de cambio dejando claro que sabe bien de qué habla.

Y todo esto nos lleva a la SGAE y a todas las tonterías que están haciendo últimamente, tantas que los propios autores están protestando contra su gestión (como el caso de Ángel Martín, Aviador Dro, Carmen París o Vetusta Morla), se producen discrepancias en el seno interno de la sociedad o salen informes desde la Comisión Nacional de Competencia acusándola de monopolio.

Pero la sociedad sigue a su bola, que si intento cobrar la recaudación de un concierto de Creative Commons, que si monto un holding de teatros y cines millonaria, que si recaudo en bodas, conciertos benéficos y demás fiestas de guardar… y la última, cobrar a las peluquerías por poner la radio. Según las últimas declaraciones de la SGAE, esto se viene haciendo durante años y sólo en aquellas que tienen hilo musical en el local, pero las peluquerías catalanas dicen que no es así y que tratan de cobrarles un canon al mes por encender el aparato en el establecimiento. Por ello han sacado el cartel que corona este post.

Para comprobar la información de primera mano (y aquí llegamos a donde estaba intentando, como siempre, de forma concisa y sin ningún rodeo), Ana Morgade, colaboradora del programa de Andreu Buenafuente, se hizo pasar por una peluquera y llamó a la sede de la Sociedad General de Autores Españoles para preguntar por el tema. Con tan buena suerte, que le cogió el teléfono una señora tremendamente informada y capacitada para responder a sus preguntas, de verbo fácil y recursos inagotables. Quizá se tenía que haber quedado callada y pasar a la humorista con alguien más capacitado, pero así se las gastan las grandes organizaciones, en plan mafiosos sicilianos. Para qué informar si podemos sentenciar.

Os dejo con la impagable entrevista.



P.D. La viñeta es una genialidad de Manel Fontdevila, humorista que publica sus ideas en el diario Público. Podéis visitar aquí su blog.

SHERLOCK HOLMES

2010 January 24
Posted by Heitor

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Si nos vamos al diccionario de la real academia, aparecen dos acepciones para el verbo criticar:

1 - Juzgar de las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte.

2 - Censurar, notar, vituperar las acciones o conducta de alguien.

Parece que en el caso de “Sherlock Holmes”, la práctica total de la crítica cinematográfica internetera se ha concentrado en la segunda definición. Han entrado a degüello a la nueva película del ex de la tentación rubia poniéndola a caldo (a la peli, no a la tentación). Han dicho de ella que es excesiva, videoclipera, que desvirtuaba y destrozaba los personajes creados por Sir Arthur Conan Doyle. Han protestado sobre su estilo, sus métodos, su vestuario, su relación, su esencia misma. No hay nada como abordar un personaje popular como para que los puristas afilen sus colmillos con ganas de hacer pupita.

Como yo, ni soy crítico, ni leído, ni tengo ningún prestigio que tirar abajo, me puedo permitir el lujo de decir que esta nueva revisitación del personaje me ha divertido, entretenido, y entusiasmado. Me parecen dos horas repletas de acción, humor y sentido del espectáculo que para nada desvirtúan el personaje del investigador y son fieles al espíritu último de los relatos del escritor escocés: entretener.

Yo me pregunto si alguno de los críticos que destrozan la película alegando que se aleja del personaje y el espíritu original, se ha leído alguna de las novelas o alguno de los relatos en los que el genial y excéntrico investigador hacía uso de su casi sobrenatural capacidad de análisis o más bien, se basan en las anteriores películas sobre su figura.

Tenemos la idea de Holmes como un tipo tranquilo, deductivo, vestido con un sombrero muy particular y una pipa curvada, que toca el violín y vive con su compañero de fatigas y biógrafo, el doctor Watson, un cirujano más bien bajito y rechoncho muy por debajo de las capacidades del detective. Sin embargo, Conan Doyle describe a Holmes como un hombre inquieto, necesitado de casos y un completo desastre cuando no los tiene, drogadicto, con un perfecto conocimiento de las técnicas pugilísticas y de esgrima, maestro en el arte del disfraz y viviendo en medio del desorden doméstico más absoluto y a su compañero de fatigas como un exmilitar muy alejado físicamente de lo que las películas anteriores han descrito, características que vemos en la película.

De hecho, rasgos distintivos, que enseguida asociamos con el personaje del genial inquilino del 221B de Baker Street, aparecieron posteriormente a las novelas. Por ejemplo, el famoso sombrero cazador fue dibujado por primera vez por el ilustrador Sydney Pager para una revista, la pipa curvada aparece en una obra de teatro en la década de 1920 o la idea de que Watson es un hombre de mediana edad más bien bajo y gordo nos viene de sus primeras películas.

Así que los que se tiran al cuello de la producción enarbolando estos temas como bandera no me convencen ni lo más mínimo. Otra cosa es que la película no guste por no entretener, por considerar excesiva la acción o por su tono, motivos totalmente subjetivos que respeto muchísimo más. Porque hay dos puntos en los que el film de Guy Ritchie sí se distancia ampliamente de las novelas: el ritmo y el objetivo de la historia, centrado en un villano en vez de en un caso, influenciados ambos puntos por un aire muy comiquero.

Efectivamente, el tono de cómic se ve enseguida y no se trata de esconder. De hecho, el último responsable de que este producto haya aparecido en las pantallas, es el escritor y productor Lionel Wigram, que imaginó ese nuevo aspecto del detective, tan distinto a todo lo que habíamos visto en pantalla hasta ahora y lo plasmó en un cómic, dibujado por John Watkiss, que le serviría también para vender su producto a las productoras y a modo de primer storyboard. La Warner le echo el ojo y le pareció un tratamiento similar al que había dado nuevos bríos al caballero oscuro en “Batman begins” y se embarcó en el proyecto.

Pero a pesar de los sólidos mimbres que aportaban la historia y el buen pulso narrativo de Guy Ritchie, el producto resultante no hubiese resultado tan goloso sin la aportación de sus dos actores protagonistas, un excéntrico, maniático y genial Robert Downey Jr. como Sherlock Holmes y un elegante, irónico y sobrio Jude Law como John Watson. La perfecta química entre ambos da lugar a los mejores diálogos de la película, rápidos e ingeniosos, irónicos y graciosos, poniendo el contrapunto a la acción y la espectacularidad, bazas principales del film.

En el papel antagonista, Mark Strong interpreta al villano necesario para el lucimiento de los héroes (cuanto mejor sea el malo, más se lucirá el bueno, norma nº1 del lector de comics y consumidor de películas de aventuras), Lord Blackwood, un experto en magia negra, ocultismo y demás artes diabólicas que pretende (cómo no) dominar el mundo y que está basado (no en sus objetivos, pero sí en porte y misterio) en el oscuro y polémico Aleister Crowley, un librepensador, ensayista, poeta e iniciado en temas esotéricos que se dio a conocer en la primera mitad del siglo XX. Por cierto, tema el del ocultismo, también tratado en las aventuras escritas por Conan Doyle.

La película arranca con una persecución nocturna en la que en el primer acercamiento al detective podemos ver, de un plumazo, a que tipo de Holmes nos enfrentamos. Sherlock entra en un edificio y se encuentra a un grandullón al que se tiene que ventilar para llegar a su objetivo. La cámara muestra el rostro de Downey Jr. en primer plano por primera vez, mientras la voz en off de su pensamiento toma el mando de la escena, aplicando todo su poder deductivo y lógico a la resolución del conflicto. Holmes piensa el método más acertado para deshacerse del matón, mientras vemos, a cámara lenta, la ejecución de sus deducciones, para a continuación, pasar a la acción, desarrollando el proceso imaginado a toda pastilla. En una sola escena, hemos visto los rasgos principales que caracterizan al protagonista, nos hemos enamorado del personaje y estamos totalmente metidos en la película, ahí es nada. A partir de ahí, sólo tenemos que dejarnos envolver por los efectos especiales y la magnífica escenografía, que nos presentan un Londres enigmático y sucio, con su mítico puente a medio construir y por una partitura de Hans Zimmer que encaja como un traje hecho a medida.

En fin, no había disfrutado de una versión tan novedosa y fresca del investigador privado desde que de pequeño admiré los primeros efectos especiales por ordenador en la nostálgica “El secreto de la pirámide” (que algún día revisaré en la sección de “películas de mi infancia”) o desde que hace unas cuantas temporadas vimos nacer al irónico, inteligente, gruñón y televisivo doctor Gregory House (o a ver si os creíais que la similitud entre los nombres House - Wilson y Holmes – Watson son casuales, o que el médico viva en el número 221B por puro azar).

Ahora, sólo tenemos que esperar a su secuela (sólo hay que ver el final de la película y contemplar el dinero recaudado en taquilla para sumar dos y dos) para ver enfrentarse a Sherlock con su archienemigo, el profesor Moriarty, dando lugar al inicio de una saga que se presenta muy atractiva.

Como diría Moriarty en la serie de dibujos que tan buenos ratos nos hizo pasar a los de mi generación: “Jajejijoju”.

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EL TRAJE NUEVO DEL MUNDO

2010 January 23
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Pues ya iba siendo hora, después de tres años y pico, de que le cambiara el traje a Nunca Jamás, que de tanto usarlo, había perdido lustre y brillo. Así que, en las poquitas opciones que me da la plataforma en la que decidí meter el blog (no muy acertada, por cierto), he transformado ligeramente el entorno. Nueva imagen de cabecera, nuevos colores y, por fin, arreglada la ventanita de comentarios, que era un coñazo enorme. Así que, hasta que se me hinche de todo la pluma del gorro y decida migrar a otra estrella, así queda la cosa.

Y para conmemorar mi breve falta de vagancia, un poco de música. Muse presenta el vídeo de su nuevo single, “The resistance”, y resulta que está grabado en Madrid, en el concierto al que asistimos impresionados al desplegue multimedia que se cascaron. Así que, todos a jugar a buscar a Wally y a encontrar a los conocidos que suponíais en el palacio de deportes.

Pedazo de concierto.

MULHOLLAND DRIVE

2010 January 21
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Me daba un poco de miedito ver “Mulholland Drive”. En parte porque David Lynch es un tipo cuya forma de hacer cine es tan atractiva como opaca. Un director que es capaz de maravillarte con escenas oníricas e hipnóticas y dejarte, al acabar el film, más perdido que Espe en una manifestación contra la corrupción. Un director que me dejó maravillado con la serie “Twin Peaks” y los peliculones “El hombre elefante” y “Una historia verdadera” pero me aburrió con “Carretera perdida”, a pesar de que me parece que tiene un arranque cojonudo para una película.

De todas formas, es un tipo con el que merece la pena arriesgarse. Lo meto en el saco en el que he incluido a directores como Terry Gilliam, Michelle Gondry o Spike Jonze. Artistas tan personales, con un mundo interior y cinematográfico tan rico y extraordinario que casi nunca dejan indiferentes. Para bien o para mal (son creativos pero no infalibles), plantarán ante tus ojos algo diferente y vale la pena aprovecharlo, porque lo diferente no inunda, precisamente, las salas comerciales de cine.

Así que, después de evitar la película desde su estreno en 2001 (que ya son años evitando), por fin decidí sumergirme en los oscuros y tortuosos sueños del señor Lynch y el resultado fue mucho más satisfactorio del que esperaba. Evidentemente, no la entendí del todo y me quedé con muchas preguntas en la cabeza pero, por lo menos, pude elaborar mis teorías al respecto (que seguramente estarán totalmente desencaminadas, pero peor es quedarse sólo con la cara de interrogación) y tuve la oportunidad de dejarme atrapar por la Lynchiana atmósfera, asistí al despegue de una actriz con un grandioso talento que rivaliza con su belleza, la enorme Naomi Watts y me envolví en la siempre inquietante música del compositor habitual del director, Angelo Badalamenti (responsable de esas cuerdas que resuenan en nuestra cabeza cuando pensamos en el inicio de cada capítulo de “Twin Peaks”).

Todo empieza (o no… quizá hay algo antes) con una chica en el interior de un coche, en una noche cerrada. El coche se detiene a un lado en la carretera y la chica mira extrañada a los sujetos que se encuentran en el asiento de delante. De repente, uno de los tipos saca una pistola. Está claro que la vida de la muchacha está a punto de llegar a su fin, pero entonces, se produce un accidente y tan sólo la chica sale ilesa, desorientada y, como veremos más tarde, amnésica.

La chica se dirige a una casa y se cuela dentro en el momento en que los dueños parecen salir hacia un largo viaje, siendo encontrada posteriormente por la sobrina de la dueña, que en un principio cree que la amnésica está allí de invitada, como ella, pero luego descubre que no. Aún así, decide ayudarla a desentrañar el misterio de quién es y que diantres pinta allí.

La película comienza con una introducción más bien inocente y sencilla que va evolucionando en encriptación y oscuridad a medida que avanza el metraje, incrementando el ritmo, introduciéndonos en una espiral en la que nuestro cerebro cada vez tiene que trabajar más rápido, sobrecargado de información, hasta que estalla en un último montaje loco y acelerado, dejándonos con cara de pasmo.

Quizá esta caída sin frenos hacia la locura se pueda explicar en parte pensando que “Mulholland Drive” fue concebida en un primer momento por Lynch como una serie de televisión, en la que todo se tenía que desarrollar, trama y personajes, en mucho más tiempo. Podría haber sido un nuevo “Twin Peaks”, pero los productores no vieron con buenos ojos la empanada mental de Lynch y suspendieron el proyecto. Pero cuando todo parecía perdido, el azar intervino en forma de tipo listo de Canal + Francia, dándole la oportunidad (y la pasta) de rodar escenas adicionales y convertir el piloto en película.

El resultado es un absoluto disfrute, tanto durante la película, como después de ella, cuando nuestras neuronas inician la frenética actividad de encontrar sentido a la ingente cantidad de imágenes que hemos presenciado. De hecho, tras la debacle monetaria de las primeras semanas de exhibición, alguien debió presionar a Lynch para que ayudase al público en su camino hacia la luz y el director dio diez pistas que guiarían al sabio espectador en el viaje, como si de un Robert Langdom cinéfilo se tratase (que podéis encontrar en la entrada de la película en la wikipedia). Aunque suponiendo la divertida y juguetona personalidad de David Lynch, habría que ver si todas las pistas guían o alguna también despista.

En lo que todo el mundo parece estar de acuerdo (a tenor de las millones de páginas que se pueden encontrar por internet dispuestas a desentrañar el misterio) es que “Mulholland Drive” es, por un lado, una trágica e intensa historia de amor y, por otro, una crítica despiadada al sistema de producción de películas de Hollywood, con el que Lynch se ha tenido que pelear cada vez que ha intentado mostrar al mundo sus ideas.

¿Ya tenéis vuestra teoría? Animaos a dejaros caer en el universo de “Mulholland Drive” y opinad, que (de momento) es gratis.

Vaya, ahora me han entrado ganas de darle una segunda oportunidad a “Carretera perdida”.

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BIENVENIDOS A ZOMBIELAND

2010 January 20
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Posted by Heitor

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Me pasa a veces. Aunque tenga el sambenito de que me gusta todo (preguntadle a cualquiera de mis amigos: “a Heitor no se le puede preguntar sobre cine, le gusta todo”. Siempre he sabido juntarme con gente sabia) hay veces que llego al cine y no consigo entrar en la película. Quizá se podría decir de igual manera que me gusta todo, como que no me gusta nada, porque el entrar o no entrar no tiene nada que ver con el género. Puedo no pestañear en una comedia romántica y bostezar de una bélica, o quedarme clavado en la butaca en un drama victoriano y ser un culo de mal asiento en una de aventuras. Supongo que es una mezcla de lo que se ha visto, lo que uno ha ido clasificando como buenas películas en el ranking particular y el estado de ánimo.

Me pasó con “Avatar”, donde el guión me pegaba una patada cada vez que quería introducirme en Pandora y me ha vuelto a pasar en “Bienvenidos a Zombieland”. En ambas, a pesar de que me entretuvieron y no se me hicieron largas, salí con la sensación de película fallida.

En esta última, la que hoy comento, hay varios momentos que me gustaron. Como el inicio, en donde el protagonista expone la situación (el mundo está plagadito de zombies, o al menos usamérica, que para ellos es el mundo) y nos enumera las normas básicas que ha ido recopilando, a base de experiencia y películas frikis, para poder sobrevivir en este escenario. Rollo cómic plagado de gags y parodias que prologa la película de manera perfecta.

Me gusta la secuencia en Beverly Hills, con la tronchante participación de BM, el/la dueño/a de la mansión más lujosa de Hollywood (que no destripo para no fastidiar el momento).

Me gusta el flashback en el que nuestro friki protagonista cuenta su toma de contacto con la plaga, justo en el momento en el que está a punto de besar por primera vez a una chica, la vecina buenorra, ni más ni menos, rematada por una delirante persecución.

Me gusta el personaje de Woody Harrelson, que para variar se casca un tipo al límite, un animalico, un raruno, una bestia parda, personaje en el que se está especializando a pasos agigantados desde que empezara con el bobalicón de Woody en ”Cheers”.

Y hasta aquí puedo leer. Quizá porque aún tenía demasiado reciente la fenomenal, hilarante y genial “Zombies Party” de Edgar Wright (que está a punto de sacar nueva película, “Scott Pilgrim vs. the world”, esta vez sin sus inseparables Simon Pegg y Nick Frost) y eso deslucía un poco el mundo de Zombieland. En este caso, el humor yanki deja algo de lado los diálogos y las situaciones (con excepciones) a favor de la acción, el gamberrismo gore y los efectos especiales y, si has visto la parodia británica de las películas de zombies, no puedes evitar comparar.

También me choca un poco el inevitable “happy ending”. Es una peli gamberra, cercenamos zombies y les machacamos el cerebelo, nos mofamos de artistas de toda índole, escribimos una parodia en toda regla… pero al final todo debe acabar en buenos sentimientos. La buenorra se pirra por el friki y el basto encuentra su corazoncito. No vaya a ser que no encontremos financiación o distribución.

Maldito Hollywood.

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PETER PAN, EL MUSICAL

2010 January 11
Posted by Heitor

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Atentos a las aproximaciones que se realizan por pantallas y escenarios a mi alter ego, el niño que no quería crecer y el mundo en el que decidí colocar sueños, ilusiones, aventuras y posts variados, este fin de semana, la nena y yo decidimos ir a ver el musical de la obra de J. M. Barrie, que llegaba desde tierras londinenses con grandes críticas. Fui, eso sí, sin grandes expectativas, ya que trasladar la obra de teatro al musical, a priori no me parecía otra cosa que aprovechar el tirón de este género en nuestro país. Así que allá que nos sentamos en la butaca, dispuestos a volar hacia la segunda estrella a la derecha junto a Wendy, Campanilla, Tootles, Garfio, sirenas, pieles rojas y demás habitantes, pero las indicaciones tenían que estar mal, pues el sitio al que llegamos sí tenía un lejano parecido a Nunca Jamás, pero tenía más puntos en común con el plató de Operación Triunfo.

La adaptación a la que asistimos resultó ser un pastiche de enfoques tan heterogéneo que acababa por no encajar en ninguno, con un casting horrible en algunos apartados y escaso en otros, un libreto que cercenaba la historia del escritor escocés (que consigue sitúar al guión de Disney al nivel de un premio Pulitzer) y unas canciones… dignas del tiempo en que vivimos, para qué nos vamos a engañar. Canciones que siguen la estela de la ya mencionada O.T, de Hannah Montana, los Jonas Brothers y demás productos de consumo rápido e indigesto.

Parece que en la industria del entretenimiento sigue pensando que un niño es un raro ser de escaso raciocinio que se conforma con cuatro gracias y dos muecas, cuando en realidad tienen más criterio que muchos adultos. Pero si tan sólo lo enfocasen a los más pequeños, tampoco podría haber salido esto. Está claro que también querían meter al público de entre 9 y 14 años, ya que los momentos "Fama, a bailar" abundan, como el número de las sirenas, totalmente prescindible en la historia (pues los personajes ni siquiera interactúan con ellas), que sólo sirve para montar un número de baile.

Se cargan también la esencia de algún personaje, convirtiendo al entrañable, nervioso y vejete Smee en un andaluz graciosete y pachorrento, con más alma de monologuista que de pirata y no sólo eso, sino que después de tamaña herejía, resulta uno de los mejores personajes de la obra. Ciertamente, mejor que una Wendy sobrada de muecas, mohines y ñoñez (aunque con una voz espectacular), o que unos Michael y John, interpretados por dos actores demasiado mayores como para que cuadre sin resultar casi ridículo.

Un plantel, además, demasiado reducido, provocando que veas las mismas caras en los indios, en los niños perdidos y en los piratas, o que haya una mayoría de mujeres piratas al mando de Garfio, algo que choca de frente con la idea con la que fueron concebidos en la obra.

Sin embargo, hay varias notas positivas en la producción, no quiero ser más garfista que Garfio y ponerme gruñón y quisquilloso todo el rato. Por un lado, la elección de la actriz (por tradición, en toda obra de Peter Pan que se precie deben cumplirse dos premisas: que a Peter Pan lo interprete una mujer y que el personaje del señor Darling y de Garfio lo interprete el mismo actor) que interpreta al niño que se niega a crecer, la sevillana Silvia Villaú, que transmite la energía, el carácter rebelde y bromista y la ternura que el personaje requiere. Tanto en los momentos cantados, como en las bromas a Garfio, como en los dramáticos, como en la interactuación con el público, estamos viendo en todo momento a Peter Pan. Gracias a ella, el espectáculo consigue ganar muchos enteros.

Por otro lado, la narradora, la señora Darling, también está perfecta, interpretada por Cristina Fargas, que es también la directora artística de la obra y la responsable de la adaptación del libreto original o el actor Miguel Angel Gamero que consigue crear a un digno capitán Garfio.

De todas formas, a pesar de todo lo que cuento aquí, que son tan sólo mis impresiones, "Peter Pan, el musical" está teniendo una trayectoria intachable. Se estrenó en 2002 en Madrid, se tiró 6 años de ciudad en ciudad con una asistencia de espectadores espectacular, fue el primer musical con capital íntegramente español representado en nuestro idioma en el West End londinense con el mismo montaje que en estas tierras y ahora ha vuelto con más fuerza que nunca. Así que, está claro que las opiniones son tan personales y variadas como los humanos. Si tenéis hijos, sobrinos o chavales pequeños cercanos, llevadlos y que juzguen desde su virgen perspectiva, probablemente sean mucho más fiables.

Como dice mi padre, en cuanto a gustos, sólo hay una verdad inmutable. Pruébalo y si te gusta, está bueno.

DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS

2010 January 9
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Posted by Heitor

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Maurice Sendak es un escritor e ilustrador de cuentos para niños atípico. No es lo normal el que alguien que se dedica a hacer libros para críos los trate como adultos, los enfrente a sus miedos, sus fobias y sus sentimientos más profundos de forma directa y sin tapujos, sin moralinas, sin princesas de cuento ni héroes valientes. No es lo normal el que muchas de sus obras sean elogiadas por los pequeños de la casa y censuradas o mal vistas por sus padres, que en muchos casos intentan proteger de tal forma a sus hijos que pretenden que no piensen para que no sientan, una anestesia imposible e insana. No es lo normal y eso es bueno.

Spike Jonze es un director de cine atípico. No es lo normal el que un director de videoclips y documentales de skateboard triunfe con su primer largo con un argumento tan marciano como el de un tipo que descubre una puerta secreta que lleva al interior de la mente del actor John Malkovich. No es lo normal el que ese mismo tipo, sea uno de los creadores y productores de una serie tan marciana como “Jackass”, tan diferente al resto de la programación televisiva y tan absurda y políticamente incorrecta. No es lo normal y eso es bueno.

Cuando Sendak se reunió con Jonze para plantearle la posibilidad de que fuera él quien adaptara uno de sus libros más famosos, el escritor le impuso una única exigencia: puedes hacer lo que te de la gana con el guión, siempre que no trates a los niños como imbéciles, ni con condescendencia. A Sendak le daba igual que cambiara situaciones, hechos (algo necesario, pues el cuento es muy cortito) e incluso el tono de la historia, mucho más oscuro en la película, siempre que su premisa se cumpliese. En efecto, lo que ha realizado Jonze, no es una película para niños, ni para adultos, sino una película sobre la infancia. Sobre los sentimientos de un chaval en una familia desestructurada, con una madre soltera, una hermana que se aleja hacia el mundo de los adultos, sobre la soledad, la ira, el sentimiento de culpa, el odio, emociones que en esa edad aún no hemos aprendido a canalizar, comprender y manejar. Estaba claro que de esta relación de seres atípicos, saldría una película atípica.

Max es un chaval de nueve años con una imaginación portentosa, una hermana mayor que pasa bastante de él y una madre que intenta criarlo de la mejor forma posible mientras intenta conducir su propia vida. Pero hoy, Max está teniendo un día de mierda. Los amigos de su hermana le gastan una broma pesada mientras él trata de sentirse cómplice de la pandilla, su hermana no le defiende, su madre ha traído a cenar a su novio y la ira le ha jugado una mala pasada, por lo que decide escapar de casa y correr. Correr con todas sus fuerzas, subirse al barco de la imaginación y poner rumbo a una remota isla, donde se encuentra un montón de monstruos que también están bastante perdidos, como él. De hecho, son extrañamente parecidos a él mismo… o a partes de él.

La forma de retratar ese universo interior de Max, tanto la isla como los monstruos, me incrustó salvajemente en la película (lástima que tres cotorras que no distinguen entre ver la película en el sofá de casa, comentando tranquilamente y riendo como gallinas cluecas y verla rodeadas de humanos a los que les importa una soberana bosta que opinaran que los monstruos eran supermooooooonos por favor (sic), me sacasen de ella de cuando en vez). Nada de colorines e infografía por todas partes (no os quiero decir qué hubiese pasado si se llega a hacer James Cameron con el proyecto), sino enormes peluches salidos de la factoría de Jim Henson (el difunto y genial creador de los teleñecos y director de “Cristal oscuro” y “Dentro del laberinto”), toques de efectos por ordenador para dar expresividad a los rostros y salvar escenas demasiado movidas y un paisaje árido y oscuro. No sé qué pensaría yo si tuviera 9 o 10 años y me metiera en una sala de cine en una película como ésta… probablemente, y sabiendo lo cagado que era por aquella época, me iría llorando de la sala, pero los chavales de hoy en día están hechos de otra pasta. Aunque no sabría decir si esto es bueno o malo.

Pero no es el único punto que me cautivó de la película. También el actor protagonista, un portento de chaval llamado Max (como el personaje) Records, que consigue transmitir la enorme gama de estados anímicos por los que pasa su personaje, acompañado de Catherine Keener como su madre o las monstruosas voces de James Gandolfini (el Soprano más conocido), Forest Whitaker (“Ghost dog”, “El último rey de Escocia”), Catherine O’Hara (la madre de Makauley Culkin en “Solo en casa” o de Winona Rider en “Bitelchus”) o Chris Cooper (el misterioso Conklin de “El caso Bourne” y su gravísima voz). O también la música, encargada a Karen O, la cantante de los “Yeah yeah yeahs”, que la fue escribiendo mientras se filmaba la película, dándole a la misma ese aire melancólico e íntimo que seguramente Jonze buscaba.

Así que ya sabéis, si estáis dispuestos a adentraros en el atípico mundo de Max, compartir sus vivencias con sus (nuestros) monstruos personales y dejaros seducir por el rarismo de Spike Jonze en contra del mundo convencional de las películas infantiles, no lo dudéis y acercaos allá donde viven los monstruos.

Atípicos del mundo, uníos.

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