Desde los 80 hacia las estrellas
Nos habíamos jurado a nosotros mismos que no volveríamos a caer en la trampa. Que con la experiencia del año pasado había bastado y habíamos madurado, nos habíamos vuelto más sabios, más altos, más rubios, más guapos. Cuando nos afanamos en engañarnos a nosotros mismos somos mejores que Rubalcaba en pleno debate pre-electoral.
Al final, nos entró la cartelera por los ojos y volvimos a pecar. A lo bestia. Hola, somos frikis adictos al festival de Sitges y hemos vuelto a asistir a un maratón nocturno. No entiendo cómo no nos han entrevistado aún los de callejeros.
¿Que por qué es malo asistir a un maratón? Pues es algo así como hacer barranquismo en tiempos de sequía con zapatos de tacón. A primera vista puede parecer glamuroso, exótico y divertido, pero la posibilidad de que el terreno te juegue una mala pasada, te tuerzas algo y acabes con las neuronas desparramadas es elevada.
Los subproductos que suelen pasearse por los escenarios de estos eventos, son de lo más variopinto y no los invitaríamos a una fiesta con padres. Por si fuera poco, las horas vespertinas, la tensión acumulada entre la rabadilla y las últimas vértebras, que tiende poco a poco hacia la hernia discal y el ambiente de histerismo que sobrevuela el patio de butacas, como si estuviera poblada por niños con falta de sueño, provocan reacciones que fluctúan entre la cabezada babeante y la risa de hiena con sobredosis de red bull.
Para muestra, un botón. O más bien, un callejón. En el que se desarrolla una de las películas más locas, psicotrópicas, alucinantes e imposibles que he visto jamás. Probablemente, el producto de serie Z repleto de gañanadas con el que más me he reído en mi vida. Y no una risa cualquiera, sino una de esas que nacen del germen de la vergüenza ajena, del “cómo ha llegado esto aquí” y del ” de qué sabor será el yogur caducado que se comió el guionista”.
Porque en el primero que piensas es en el guionista, rodeado de sustancias ilegales y, de ahí, el pensamiento salta hacia el director, sentado al lado del primero, respondiendo: “¿que no hay huevos a filmar la paranoia que me acabas de contar? ¿No te sabes la historia de cuando Howard Hawks le dijo a Ernest Hemingway que podía hacer un peliculón de su peor novela y se curró Tener y no tener? Pues lo veo y lo triplico”.
Luego descubres que esta escena no pudo haberse dado. Básicamente porque guionista y director son la misma persona. Un economista, periodista, guionista, crítico y cinéfilo que ha participado en la escritura de capítulos de series como “El comisario” o “Los serrano” (¿el final quizás?), programas como “La hora chanante” o “No va +” o películas como “Agnosia”.
Así que, el curriculo no parece moco de pavo por lo que cabe preguntarse: ¿en qué momento un tipo que sabe de cine, que escribe en “Fotogramas”, culto y con gran bagaje cultural, piensa que una mezcla entre “Buffy cazavampiros”, “La hora de José Mota” y “Los asesinatos de la calle Morgue” puede acabar bien?
Aunque esta no es la única pregunta que me asaltó, desde luego. ¿Quién aconseja a una joven actriz en ciernes, de cara angelical y cuerpo demoníaco, que acepte el papel protagonista? ¿El mismo que le susurró que “Mentiras y gordas” iba a ser un antes y un después en la ficción española? ¿O la pobre se ve obligada a trabajar sin descanso para mantener el visado?
A estas alturas, os estaréis preguntando de qué va todo esto. No os impacientéis, todo lo bueno se hace esperar. Aunque antes, debo advertiros de que, al contrario de lo que suele ser mi política en este mundo nuncajamaseño, me veo demasiado tentado a soltar algún spoiler que otro. Tanto que soy incapaz de contenerme. Así que, quien quiera experimentar en sus carnes y sin destripes el viaje alucinante que supone esta cinta, que reprima las ganas de leer que suele generar mi verbo florido y afilado y detenga el movimiento escalonado de su pupila. Los demás, prosigan.
Todo empieza con unos títulos de crédito sacados de una película erótica de los setenta, con Ana de Armas (la joven y guapísima actriz que se dio a conocer con el internado y con problemas de criterio) bailando una música dance ratonera entre colores chillones y montajes de cámara propios de Valerio Lazarov con sobredosis de Petazetas.
Tras ello, cuando las primeras risas nerviosas empezaban a aflorar a nuestros labios, la trama se centra en una joven empleada de limpieza de un hotel que vuelve a casa y se detiene en una lavandería de autoservicio de nuestra ciudad más cosmopolita y moderna: Benidorm. Lavandería sita en un oscuro callejón, sin salida, repleto de sombras peligrosas.
Al rato, pasa un vagabundo con muy malas pintas, que parece muy malo, pero no lo es y, para su suerte, es acompañada por un joven cubano que parece muy bueno, pero no lo es. Así que en un hitchockiano giro dramático, la joven empieza a ser acosada por el tipo, que quiere darle matarife.
Hasta aquí, la historia no pasaría de convencional, aburrida y plana, pero eso es porque no contabais con los rocambolescos juegos de montaje del avezado director. Partiendo la cámara en dos o tres, con escenas simultáneas, cuadros que se deslizan como si de un cómic filmado se tratase y reacciones tan fantásticas como que la niña llame a su ex-novio por el móvil para pedir ayuda, utilizando su único medio de comunicación con el exterior, se cabree y lo estampe contra el suelo (al móvil, no al ex-novio).
Cuando creíamos que las carcajadas no podían llenar más la sala, el galán asesino cubano y su hermana, que pasaba por allí y es igual de malvada, se convierten en demonios feísimos, organizando una persecución en la lavandería que no sería capaz de superar ni el mismísimo Benny Hill. Por no hablar de ese final retorcido, propio de algún capítulo de “La dimensión desconocida” que ya quisiera Shyamalan para levantar cabeza.
Después de este festival del humor, a mí, particularmente, me quedaron tres dudas. Algunas más acuciantes que otras.
La primera es, si todo esto no será realmente una parodia que no llegamos a comprender del todo. Algo que cuesta pensar, ya que la película, extrañamente, parece tomarse en serio a sí misma.
La segunda, que me descoyunta el corazón, me pellizca el alma y me congestiona la almorrana, es qué escribiría Trashorras en su crítica sobre esta película. Y cuántas estrellas le daría.
Por último… ¿Me dejaría Ana de Armas que yo la aconseje? ¿También sobre cine?
Recién entrado el invierno, la cartelera también recibe el aire gélido propio de la época, con una estrena más bien flojilla en estrenos, con un par de excepciones muy jugosas, aptas para refugiarse en el calor de una sala de cine. Ya si encontráis uno de esos raros cines que cuentan con público respetuoso, que no comentan cada escena como si fueran tertulianos pelmas de salón, la sensación es la repera. Momentos únicos que forman las manías de cinéfagos de todo el mundo, dejando escenas, interpretaciones, frases y finales en la memoria, arraigados de tal forma que ni el más furibundo de los Alzheimers puede destruir.
Y por ese sendero discurre una de las novedades jugosas de la semana. Veamos.
ARRUGAS
Esta película es uno de esos milagros que aparecen de cuando en vez por los cines de nuestro país. Una película destinada a un público minoritario que, aupada por su calidad y por el empeño y la pasión de sus artífices, consigue llegar a un destino que difícilmente habría podido soñar.
Por un lado, tenemos a Paco Roca, un apasionado de la novela gráfica y el cómic que ha acabado dedicándose a su pasión (maldito afortunado). Como suele pasar, su talento pasa desapercibido en este país que considera la cultura como un hobbie de serie B y triunfa en Francia con su historia “Rides”, que es declarado uno de las 20 mejores novelas gráficas del año. Sólo entonces consigue su oportunidad de edición en España y este cuento agridulce sobre la vejez triunfa como la cocacola.
Por otro, Ignacio Ferreras, un hispano-argentino acostumbrado a bregar en batallas animadas atípicas, como “El ilusionista”, en 2D y para adultos (eso es un guerrero legendario y no el Aragorn) que leyó el cómic y se enamoró, empeñándose en sacar adelante la adaptación cinematográfica.
El resultado es “Arrugas”, una película diferente, un niño repeinao, gafotas y acusica en una clase llena de pijos de jersey de cuello de pico y con los bolsillos forrados, pero con un mundo interior capaz de abatir a todos estos niños de papá. No hay duda:
J. EDGAR
Los biopics son peliagudos. En general, aportar una visión objetiva sobre un ser humano, es una tarea compleja, por no decir inabarcable. Si el ser humano en cuestión es una figura pública, cuya vida ha influido en el devenir de un país e incluso de la historia mundial, el epíteto se me sale de mi léxico.
J. Edgar Hoover fue director del F.B.I. desde su creación hasta su muerte, 48 años más tarde. No es difícil suponer que la cantidad de información confidencial de todo tipo que pasó por delante de sus pupilas durante ese gigantesco periodo de tiempo, fue de tal magnitud como para que la posibilidad de que se embriagara de poder fuese cercana al 100%.
Su anticomunismo furibundo, su antisemitismo y su tendencia a rodear la ley para la consecución de los objetivos lo convierten en una golosina para cualquier director y para cualquier actor y el hecho de que esas dos figuras estén ocupadas por Clint Eastwood y Leonardo DiCaprio hacen que la película se coloque rápidamente en mi disparadero cinematográfico. Así que, para la vida del señor Hoover:
EL MONJE
Extraña película basada en una novela gótica de finales del siglo XVIII, donde se criticaba la macabra inquisición española y en la que un monje, por primera vez, era la figura maligna de la historia. Una novela escrita por un británico llamado Matthew Gregory Lewis, tuvo una gran repercusión en la época, al contener escenas de incesto, violación, pactos satánicos y el recurrente tema del judío errante.
Tener a Vincent Cassell en un papel de estas características, con ese careto de tipo raro que se gasta (capaz de enamorar a Monica Belucci, por otra parte) es una garantía de buen hacer. Aún así, dicen las críticas que puede pecar de lenta y densa, así que igual no es oro todo lo que reluce.
De todas formas, el trailer muestra un ambiente gótico a ratos y de belleza muy cuidada otros, así que, para mi gusto, se presenta como una opción interesante, a tener en cuenta. Así que para el monje oscuro:
ALBERT NOBBS
Mucha gente asocia, por alguna razón, a dos actrices de enorme talento como Meryl Streep y Glenn Close. Son dos personas camaleónicas, capaces de transformarse delante de una cámara en otras personas, vestirse con otras vidas, mirar a traves de otros ojos.
Las dos últimas películas que ambas han presentado, también se parecen en un par de cosas: ellas son la razón central para acercarse al cine y comprar una entrada y ambas están nominadas a la estatuilla dorada, con opciones muy fuertes.
En este caso, la historia de una mujer que se hace pasar por hombre para sobrevivir y prosperar, adaptación de una obra teatral, puede sonarme a ligeramente manida y poco interesante. Pero el papelón de la Close y la dirección de un tipo que se está labrando una buena carrera como realizador, como es Rodrigo García, me acaban llamando la atención. Así que para este dramón:
AQUELLO QUE AMAMOS
Película polaca pre-seleccionada por este país para los Oscar que cuenta las peripecias de un tipo, hijo de militar, que quiere montar una banda de punk-rock en una época convulsa, en un país en el que chocan el mundo militar, el religioso y el político.
Tiendo a pensar que, a no ser que estén muy bien contadas, estas películas tienen el peligro de volverse localistas y difíciles para el público que no esté muy al tanto de la historia de allí donde fueron filmadas. Hay enormes excepciones, está claro, pero es algo complicado de conseguir.
De todas formas, se le puede ofrecer el beneficio de la duda y otorgarle:
POPIELUSZKO. LA LIBERTAD ESTÁ EN NOSOTROS
Curioso. Dos películas polacas que llegan a la vez a nuestra cartelera y que se encuadran en la misma época de revueltas sociales e inestabilidad. Eso sí, con dos enfoques bien distintos.
En este caso, una mirada sobre un cura que fue beatificado hace poco, que fue torturado y asesinado por la policía por apoyar un sindicato obrero que se había rebelado contra el régimen comunista.
De forma mucho más evidente que la anterior, por tratar una figura real en vez de un tema universal, puede quedar lejana para alguien que, como yo, no sepa un cagao de la historia polaca. Así que, me quedo más o menos igual:
BAJO AMENAZA
Analicemos los ingredientes, para hacernos una idea de cómo puede saber el guiso.
Director: Joel Schumacher, capaz de productos ochenteros muy recordables como “Jóvenes ocultos” o “Línea mortal”, pasteladas como “Elegir un amor”, aciertos como “Un día de furia”, productos palomiteros como “El cliente”, “Tiempo de matar” o “Última llamada” o engendros como “Batman Forever” o “Batman & Robin”.
Protagonista masculino: Nicholas Cage, que lo mismo te hace un papelón como en “Leaving Las Vegas”, como aparece resultón en productos de acción como “Cara a cara”, como te mata de aburrimiento haciendo de angelote triste en “City of angels” o se involucra en un esperpento como “Ghost rider”.
Protagonista femenina: Nicole Kidman, heroína ochentera en “Los bicivoladores”, actriz con posibilidades de eclosionar en “Todo por un sueño”, enorme en “Moulin Rouge”, “Las horas” o “Dogville” y desaparecida en combate últimamente con pelis como “Margot y la boda” o “Sígueme el rollo.
¿Resultado? Pues con estos curriculos, vete tú a saber. Yo, por lo pronto, miedito. Así que déjame dejarle:
UNDERWORLD: EL DESPERTAR
La primera película de la serie, tenía un pase. Un producto de acción, en el que la bellísima Kate Beckinsale se dedicaba a darle cera a un montón de vampiros y licántropos en medio de saltos imposibles, piruetas matrixeras y patadas voladoras.
Al llegar a la cuarta, es posible que el interés se reduzca a ver a la chica, que sigue conservándose fenomenalmente, enfundada en cuero retorciéndose en túneles oscuros y eso, me temo, no vale el carísimo precio de una entrada.
Así que, hace mucho que dejó de interesarme la trama del mundo subterráneo. Sin dudar ni por un momento:
IBIZA OCCIDENTE
Documental alemán sobre el paraíso de la música electrónica, de las fiestas salvajes, de los viajes express de guiris, de la noche loca: Ibiza.
No engaña a nadie. Si eres un enamorado de este tipo de juerga nocturna, quizás te interese. Si no, te importará más bien poco. Yo, que prefiero el rock malasañero, soy de los segundos. Así que, para el documental con luces estroboscópicas:
El género humano es… ¿cómo diría yo? Como la familia Real. Todo protocolo, buenas maneras y buena fachada por fuera y unos líos, unos tejemanejes y una de pelusas escondidas debajo de la alfombra inimaginable. Lo de lavar los trapos en casa y pretender de puertas para afuera que se es estupendo, amabilérrimo y cabal es una de las leyes fundamentales implementadas en nuestro firmware. Quizá fue eso lo que se nos pegó al ser expulsados del paraíso y no lo de ganar el pan con el sudor de nuestra frente, que está ya pasado de moda. Ahora los que dan tralla a las glándulas sudoríparas no tienen ni para pan y los que tienen para rellenar el pan con caviar de Beluga con incrustaciones de diamantes lo hacen exprimiendo el sudor, la sangre, las lágrimas y la médula ósea de los primeros.
Pero me estoy desviando.
De lo que quería hablar es de la acertada disección de esa clase media burguesa agilipollada que puebla el llamado primer mundo, a cargo de la dramaturga Yasmina Reza, que se dedica a retratar las maneras, la moral y los prejuicios de las mismas almas que después nos descojonamos con sus textos. Quizá sea otra de nuestras grandes cualidades, el ver retratadas las características más abyectas de nuestro ser en una pantalla o un escenario y, en una pirueta mental fantástica pensar: uf, menos mal que YO no soy así, pero esos personajes se parecen mucho a fulanito, menganita, marcianito y chuflanita.
Lo mejor de las obras de Reza son esos diálogos veloces e inteligentes que disparan las afiladas lenguas de sus personajes. No necesita nada más. Personajes, un escenario y la mala y acertada baba de su texto y, su amigo Roman Polanski, lo sabe muy bien. Por eso, cuando decidió llevar a la pantalla grande una de sus obras, tenía claro que no iba a ser más que una obra de teatro filmada. Eso sí, muy bien filmada, situando con precisión la cámara en el limitado espacio de una casa, como ya había hecho, de forma magistral, en “La muerte y la doncella”.
Además, Polanski es un chico listo… o por lo menos lo es ahora que pregunta la edad de las señoritas antes de invitarlas a cocacolas, y se rodea de cuatro actorazos inmensos, consiguiendo sacarles cuatro interpretaciones de las que hacen época. Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz y John C. Reilly se dejan llevar por el menudo director y se meten en esas dos parejas de progenitores que intentan arreglar una escena de matonismo a cargo de sus respectivos vástagos (uno agresor, otro agredido), vestidos, al menos al principio, con los vistosos trajes de las buenas maneras y lo políticamente y socialmente correcto.
A medida que la obra avanza, de manera ágil, sin un momento de descanso en ese derribo de las buenas maneras, los personajes van perdiendo capas de educación hasta quedar expuestos a los demás tal y como son. Las relaciones entre las parejas, al principio unidas frente al otro bando, van viendo como se descascarilla la fachada del “aquí no pasa nada” para acabar filtrando todas las fugas que va provocando la convivencia y la diversidad de caracteres.
La bola de detritus que viene acumulando pullas desde principio de película, llega al final del film, 80 minutos más tarde de los títulos de crédito iniciales, convertida en un godzilla gigantesco y es cuando Polanski decide cerrar de manera extraña y, a mi modo de ver, brillante. Está todo contado, las caretas yacen por el suelo del salón y no ha lugar para epílogos innecesarios, cuando el espectador dispone de todas las cartas de navegación para hacerse una idea de dónde nos encontramos y cómo hemos llegado hasta aquí.
Un deleite para los sentidos, la razón, la autocrítica constructiva y el sentido del humor, que no podía haber tenido mejores aliados.
Semana modesta, en cuanto a estrenos se refiere, con una clara candidata, tanto a la memoria de los espectadores, como al éxito en la ceremonia de los eunucos calvos, armados, dorados y usamericanos.
Salvo eso, un thriller español, un par de estrenos europeos, una incógnita de acción y una tontería con bufón por partida doble. Vamos al repaso, algo tardío, de los estrenos del viernes pasado.
LOS DESCENDIENTES
Alexander Payne es un director de esos que tienen la suerte de contar con un enorme boca a boca que le catapulta a la fama. Su película “Entre copas” empezó a sonar en los circuitos indie, hasta elevarla a la categoría de culto, gracias al trabajo actoral de mi adorado Paul Giamatti y de un por entonces desconocido Thomas Hayden Church. A partir de ahí, categoría de director con galones.
Llega ahora su última película, un drama que coge carrerilla hacia la línea de meta con pancarta con la palabra “OSCARS” escrita. Pero sobre todo, se habla de la mejor interpretación de la carrera de George Clooney, que no para de mejorar como actor a cada película. Un drama familiar con instantes de comedia con muy buena pinta a la que hay que darle:
Nota: por una de esas estupideces de los que mandan, el trailer en vo y subtitulado tiene inhabilitada la opción de incrustarlo en una web, pero no la de linkarlo. He colgado la versión original a pelo y la doblada la tenéis aquí. Solo puedo decir: no entiendo un cagao.
SILENCIO EN LA NIEVE
Hay algo que no se le puede achacar a Gererdo Herrero por haber dirigido esta película: falta de redaños. Hay que ser valiente para parir, en un cine conservadorcillo como es el nuestro (aunque empieza, poco a poco, a echar a volar a nuevos horizontes), una película sobre un asesino en serie en medio de la división azul, con aquellos españolitos que luchaban para ver si el caudillo bajito ferrolano se hacía amiguito del caudillo bajito berlinés, mandando pegar tiros a los rusos en su estepa.
Un asesino en serie francmasón, para más señas, en una loca trama de intriga en medio de la nieve. Una especie de “Se7en” en la que las víctimas aparecen con inscripciones grabadas a cuchillo en la piel, formando un bonito poema que no sabemos si rima. Más misterio aún.
Por lo pronto, simpatizo con el intento de Herrero de hacer un cine diferente y, admitámoslo, mucho más locas son las tramas de las películas jolibudienses de acción, así que, le voy a dar un voto de confianza, qué caray, y otorgarle:
BUNRAKU
Un cazarrecompensas vaquero en un mundo sin armas y un samurai sin espada se unen para derrotar un mal común, dice el trailer. En un universo con decorados de cartón piedra y luz de puticlub, maquillajes salidos del cabaret parisino y el vestuario del carnaval hortera del pueblo de al lado, añadiría yo.
Lo cierto es que no sé qué pensar de esta producción extrañísima, con aire comiquero y repleta de nombres famosos: Josh Hartnett, Woody Harrelson, Ron Perlman, Demi Moore y, atención redoble, nuestro galán Jordi Mollà haciendo de malísimo de la muerte con sombrero de bailarín ruso del Tetris.
Una película de artes marciales, usamericana, con el estilo del “Dick Tracy” de Warren Beaty y los movimientos de cámara de los Wachowsky. Un cruce entre peli de ninjas y dibujos animados que me tiene mitad fascinado, mitad cagado de miedo. Así que, aunque sólo sea por la originalidad, ahí voy a dejarle:
ORO NEGRO
Si leo los nombres, mi barra de nivel de interés, crece ligeramente. Antonio Banderas con perilla y turbante, Mark Strong de una guisa similar y Freida Pinto, que últimamente aparece por todos lados, luciendo cual diamante entre las dunas del desierto. En la batuta, Jean Jaques Annaud, el responsable de “El nombre de la rosa”, “El oso”, “El amante” o “Enemigo a las puertas”.
Luego, veo el trailer y la barrita desciende, entre esa historia de dos jeques que se llevan fatal, que se prestan a los hijos y que se enfurruñan por culpa del preciado oro negro. Todo parece un quiero y no puedo de historia épica con romance ambientada en las arenas que pisó Lawrence de Arabia.
A mí, me ha dejado algo tibio, así que le voy a dar:
SOMBRAS DEL TIEMPO
Si antes teníamos una producción francesa, hablada en inglés, ambientada en tierras árabes, ahora nos encontramos con una cinta alemana, hablada en indi, que sitúa su historia en tierras Indias.
La diferencia es que si la anterior podía plantear dudas por el interés de su historia, esta me plantea dudas por todo. Por una historia tópica con un tufillo a “Slumdog millonaire” sin la premisa original de la cinta inglesa ni el pulso narrativo de Danny Boyle, por ese trailer lleno frases profundas entre escena y escena, por un aire a telefilme que tira para atrás, por ese beso bajo la lluvia taaaaan típico.
Así que, si la gala pasaba el corte, me parece a mí que la germana se va a quedar a las puertas con:
JACK Y SU HERMANA GEMELA (JACK Y JILL)
Esto es una petición para Tom Cruise. Tom, si lees esto, y no dudo de que lo harás, deja de cargarte la carrera de tu santa esposa. Todos los tipos de mi edad estábamos enamorados de Joey cuando salía en “Dawson crece”. Era una tía maja, de mirada límpida, mohines adorables y colegueo perpetuo y, desde que está contigo, sale en más moñigas que películas dignas. Por favor, déjala libre.
Una vez dicho esto, el público de la película está sumamente claro: espectadores cercanos al coeficiente intelectual negativo con sentido del humor adicto a programas como “Vídeos de primera” o “Genio y figura”. Amantes del Arévalo más tardío y capaces de contarte el chiste del perro Mistetas al menor descuido. Lo que se viene llamando la típica comedia de Adam Sandler.
Ah, aunque en el trailer anglosajón no salga (a saber por qué no les ha parecido importante), aparece Santiago Segura en un papelín (no sé por qué, papelina me evoca al guionista de la cinta). En el trailer patrio tiene sus segundos de gloria y en el cartel está anunciado con letras gordas (seguramente en Comic Sans negrita).
Ala, a disfrutarla. Y esperad por mí, que iré corriendo al cine más cercano después de cascarle:
Vamos con un poco de folk rock.
Mumford & Sons no pensaron, ni por un momento, que su estilo musical pudiera ser comercial. Pero, ni Risto Mejide puede dar un verdadero significado de comercial. Aquello que se vende, aquello que gusta a grandes grupos de personas, es un concepto más allá de la comprensión humana, si no, no se entiende que Pitbull llene estadios.
“Little Lion Man”, el single de su primer disco, lo petó. Empezó a sonar alrededor del paneta y oreja a la que llegaba la musiquilla dominada por el banjo, la guitarra española y la curiosa voz rota de Marcus Mumford, oreja que sonreía.
El descaro y la frescura de esa mezcla de folk popular con ritmos más modernos, fue todo un descubrimiento. Tan convencidos estaban de su sonido, que los cuatro miembros del grupo, el citado Mumford, Ben Lovett, Winston Marshall y Ted Dwane, financiaron el disco sin ayuda, para evitar interferencias externas que pudieran pretender alterar aquello en lo que creían.
Se avecina ya nuevo disco y han ido dejando perlas de sus próximos temas en sus actuaciones en directo. En concreto, en Glastonbury, nos enseñaron este “Hopeless wanderer”, un temazo que va de menos a más, una pastilla contra la apatía, una canción que puede convertirse en himno de festivales con facilidad.
Ahí os lo dejo.
Hagamos un ejercicio psicológico. Podéis probarlo en casa, como juego para mantener viva la llama familiar. El juego consiste en decir un cantante o grupo musical y, a continuación, en plan antónimo, pensar en otro que no tenga absolutamente nada que ver.
Venga, empiezo yo:
Luciano Pavarotti … Katy Perry
Celine Dion … Mojinos Escozíos
Queen … Ramoncín
Metallica … Parchís
Alice Cooper … Ke$ha
¿Cómo? ¿Que he perdido? ¿Por qué?
No sé qué me da más miedo, si la rubia atreviéndose a destrozar la canción o al decano del rock colaborando en la herejía.
Enero es conocido como el mes de las listas. La lista de los objetivos a cumplir en el nuevo año, la lista de los mejores discos del año pasado, la de los mejores momentos televisivos, la de los mejores discursos en el congreso, las mejores series, los mejores polvos, la lista de la compra, la lista de la clase… Así que Nunca Jamás no iba a ser menos y presenta su particular lista de películas del 2011. Bueno, por ese motivo y porque Barbur tiene una lista propia de lo que le ha quedado pendiente por ver en materia cinematográfica y no ha contado con mi infalible criterio para confeccionarla y tal desfachatez no podía quedar impune. Para castigarla, he decidido dedicarle este post y, si hay suerte, igual consigo una nueva lectora ocasional a la que, esta vez, no tengo que pagar por entrar.
Vamos al grano. Para comenzar, una pregunta que os puede surgir al leer este post: ¿Están aquí las mejores películas estrenadas en nuestro país el año pasado? Pues no, por varias razones.
La primera, porque no me ha dado tiempo a ver todas las películas que se han estrenado en España durante 365 días. Dudo de que a nadie le haya dado tiempo, así que, niños, no os fiéis de las listas que afirman categóricamente cuales han sido las mejores películas, porque los señores que las hacen no pueden ver todo el cine que se hace. Tampoco os fiéis de los que regalan caramelos por la calle ni de los tipos que llevan gabardina y las pantorrillas al aire.
La segunda, porque no he tratado de valorar la calidad fílmica de las películas que he visto y hacer un ranking, puesto que es algo tan subjetivo que no merece ni la pena intentarlo. Lo que aquí encontraréis es la lista de las películas que más me han hecho disfrutar en una sala de cine. Esos momentos únicos en los que las butacas desaparecen, dejas de escuchar el sonido de las palomitas, las toses y las bolsas de plástico y entras en el universo que hay detrás de la pantalla.
La tercera, porque, asumámoslo, yo no sé una mierda de cine. Sé lo que me gusta y me pone como una moto y es el único baremo que conozco para colocar las películas en mi ranking particular.
Así que, explicadas las reglas del juego, aquí os traigo la lista de las 15 películas que mejor me lo hicieron pasar este año que acabamos de finiquitar, más un bonus en forma de cortometraje que no os podéis perder, con bonitos enlaces a las críticas de aquellas que la tienen.
15 – MIDNIGHT IN PARIS
El cuento romántico.
En el último puesto de la lista, entrando por los pelos, está la cita anual de Woody Allen. Una peli bonica, bonica, ambientada en el París bohemio e intelectual del siglo pasado, con magia, romanticismo, humor y, como no podía ser menos, diálogos geniales. Parece mentira que Woody siga, a su edad, filmando una película por año.
14 – CAPITÁN AMÉRICA: EL PRIMER VENGADOR
La adaptación comiquera.
Esta es la demostración de que no se trata de una lista al uso y probablemente por esta afirmación sería expulsado del club de críticos sesudos, si hubiese estado alguna vez dentro. Una adaptación con sentido, buen ritmo y buenas interpretaciones. El último pasito antes de que se estrene la ansiada reunión de Los Vengadores.
13 – NADER Y SIMIN: UNA SEPARACIÓN
La apuesta de lo sencillo.
Una película iraní, con pocos medios, pero gran sensibilidad. La historia de una ruptura de pareja, sus porqués, sus efectos colaterales. Personajes muy humanos e interpretaciones perfectas. La demostración de que no hace falta mucho billete verde para realizar un buen film, sino un buen guión y talento.
12 – ARTHUR CHRISTMAS: OPERACIÓN REGALO
Los dibus locos.
La apuesta animada de este año y lo curioso es que no viene firmada por Pixar, sino por la factoría Aardman, los mismos que son capaces de hacer virguerías de plastilina como “Wallace y Gromit” o “Chicken run: evasión en la granja”. Un prólogo brutal y desternillante que abre una película repleta de espíritu navideño.
11 – VALOR DE LEY
El western moderno.
Ya casi no nos acordamos, ya que llegó a nuestro país a principios del año pasado, pero no hay que olvidarse de este western atípico, firmado por los hermanos Coen. Una película sustentada por las dos enormes interpretaciones de Hailee Steinfeld, la niña lenguaraz con ansias de venganza y de Jeff Bridges, el borrachuzo jefe de policía que la ayuda en su propósito.
10 – UN DIOS SALVAJE
La obra de teatro
Roman Polanski se evade de sus problemas con la justicia y de sus arrestos con lo que mejor sabe hacer: cine. Adaptación del grandioso texto de Yasmina Reza que permite que se luzcan a gusto sus cuatro intérpretes, Jodie Foster, John C. Reilly, Kate Winslet y Christoph Waltz. Una sátira sobre la podredumbre social que se oculta bajo la alfombra de lo políticamente correcto.
9 – MIENTRAS DUERMES
El coco personificado.
Jaume Balagueró mete mucho miedo con la historia de César, un portero cabrón que vive para hacer infelices a los demás. Soberbias las interpretaciones de Luis Tosar y Marta Etura en una película que domina el suspense a la perfección, que va enseñando sus cartas poco a poco hasta llegar a un final brutal y demoledor.
8 – OTRA TIERRA
La filosofía ficción
Una historia de redención y culpa en el marco de la ciencia ficción. Personajes rotos por dentro que buscan respuestas y un descubrimiento astronómico que brinda la oportunidad de contestarlas. Un relato íntimo sobre dos personas solitarias que tratan de sobrevivir al pasado. Una de las sorpresas independientes de la temporada.
7 – RED STATE
La reinvención del bufón
Una alegría descubrir que mi admirado Kevin Smith ha sido capaz de salir del hoyo creativo en el que se encontraba, dejando la comedia y adentrándose en el thriller vertiginoso, sin dejar de lado la brillantez de sus diálogos. Una historia llena de corrupción moral, hipocresía y disparos en la que Smith se pasa los cánones del género por el forro.
6 – CRIADAS Y SEÑORAS
La protesta dulce
Disney aparece en los puestos altos de la lista con esta película sobre la putada de haber nacido de color negro en los Usamérica de los años 50. La estupidez de la alta sociedad de la época, de esas niñas que pretendían ser adultas y su única preocupación era jugar al bridge y parir retoños, para ser criados por las criadas negras sin ninguna clase de derecho. Una realidad durísima contada desde el buen rollito.
5 – LA RED SOCIAL
La soledad del genio
Fincher no para de dar en el clavo. Esta vez, filmando la ascensión a la fama y la riqueza del fundador de Facebook y muy bien asentado en el poderoso guión de Aaron Sorkin, con diálogos soltados a toda velocidad y una dirección brillante. Un genio que se encuentra con una autopista hacia la inmortalidad y se olvida de conservar a sus amigos para no viajar solo.
4 – SUPER 8
El regreso a los 80
Un regalo para los que crecimos en la década mágica que nos regaló “Los Goonies”, “Exploradores”, “Cuenta conmigo”, “D.A.R.Y.L.” y muchas más películas que trataban al público infantil con respeto, llenando sus sueños de aventuras imposibles y viajes alucinantes. Fotogramas nostálgicos que construyen una película de buenos sentimientos de la que no se puede salir sin una sonrisa.
3 – CISNE NEGRO
El terror de la perfección
Aronofsky vuelve a las películas claustrofóbicas y agobiantes con la espiral de locura en la que se interna una bailarina de ballet que ansía el puesto principal de El lago de los cisnes. Un cuento de terror con la dirección habil del director de Brooklyn y la increíble interpretación de Natalie Portman, que ofrece un verdadero recital metiéndose en la piel de esta bailarina insegura e introvertida.
2 – TUCKER & DALE VS. EVIL
La carcajada sorpresa
Cuando, en medio del festival SyFy del año pasado, nadie esperaba nada de un título como este, surgio la sorpresa. El típico slasher sureño dado la vuelta para construir una comedia desternillante. Los asesinos en serie no volverán a ser lo mismo después de esta parodia perfecta, capaz de desencajar las mandíbulas de todo un cine durante una hora y media.
1 – THE ARTIST
El amor por el cine
La obra maestra del año. Un canto al cine con un film que cuenta un trocito de historia en el paso del mudo al sonoro, realizada con el encanto de antaño y con el atrevimiento de su realización, en blanco y negro y sin sonido. Hay que empezar a memorizar el nombre de Michel Hazanavicius, porque un tipo enamorado del cine capaz de regalarnos esta joya puede hacer grandes cosas. Si te gusta el séptimo arte, es imposible que no salgas de esta peli reconciliado con el mundo. Imprescindible.
Bonus track – A MORNING STROLL
El corto.
Un cortometraje único, que pudimos ver este año en Sitges. Un paseo matutino de un pollo que tiene que lidiar, en tres épocas diferentes, con los peligros de la ciudad. Tres estilos, tres épocas, tres sketches hilarantes. Si podéis encontrarlo por la red, no dudéis en verlo.
Y esto es todo. Ahí tenéis mi desquiciada lista de las 15 películas que más me suliveyaron este año. Ya podéis empezar a insultarme.
Otra semana post navideña. Aún no nos hemos hecho a la vuelta a la rutina y lo poco que nos salva del suicidio colectivo es refugiarnos en un ambiente conocido y seguro como una sala de cine, que esta semana llega con pocos estrenos, aunque alguna perla entre ellos. Veamos.
MILLENNIUM: LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES
Sólo hace falta una palabra para saber si es imprescindible ver esta película en pantalla grande: Fincher.
Un tipo que ha dirigido “Se7en”, “The game”, “El club de la lucha”, “Zodiac” y “La red social” tiene asegurada mi entrada durante muchas películas y crédito para cometer un buen número de cagadas. A mi juicio, cagada aún no tenido ninguna y películas menos interesantes, muy pocas comparadas con el número de peliculones.
Una de las pocas personas que pueden generarme ilusión con un remake de una película reciente. No hay ninguna duda:
THE COLLECTOR
Si la semana pasada teníamos a dos bandas de atracadores que, con mala fortuna, entraban a robar en el mismo banco el mismo día, esta nos llega una suerte aún peor. Un ladrón que entra a robar a una casa de ricos y se encuentra a un torturador que ha secuestrado a la familia, ha llenado la casa de trampas de tortura y se dispone a jugar al gato y al ratón.
Nos cuentan que el guión lo escriben los guionistas de las tres últimas partes de Saw, lo que no suena a buena carta de presentación, pero se vislumbra un festival de “torture porn” de no te menees. Es decir, aquellas películas en las que las imágenes sangrientas y gore son tratadas con mimo y desmesura, traspasando el gore hacia los límites de lo visible, al estilo de “Hostel” o “Martyrs”.
Una buena peli para los más atrevidos en esto del terror explícito. No apta para ir con la pareja si no sois emos. Para el coleccionista de torturas:
JUAN DE LOS MUERTOS
Iban la vio en el festival de Sitges y nos contó aquí su opinión. Parece que el resultado es una parodia de pelis de zombies con regusto y crítica cubana. Una nada desdeñable película candidata a convertirse en un film de culto.
Atendiendo a su valoración, este honrado trabajador del asesinato del familiar podrido, se lleva:
LA CHISPA DE LA VIDA
Si es que desde que sale con la Carolina Bang, Alex de la Iglesia está desbocado. Se ha lanzado a hacer películas como un Woody Allen de la vida, a un ritmo impresionante. No sé qué le dará la señorita para insuflarle tanta energía.
Después de los payasos cabrones de “Balada triste de trompeta”, el ex-presidente de la academia vuelve a la carga con una crítica al sistema, a los medios de comunicación, al televidente ávido de carnaza y al sistema podrido en el que vivimos. Parece que ha salido calentito del cargo que ostentaba.
Con José Mota, Salma Hayek, Juan Luis Galiardo, Fernando Tejero y varios de sus amiguetes habituales, of the Church prueba a meterse de nuevo al público en el bolsillo disparando contra todo lo que se mueve. Yo le voy a dar el crédito que merece y le otorgo:
LA HORA MÁS OSCURA
Tomadme por loco, pero la película que hoy se estrena, me recuerda horriblemente a esta otra que pudimos ver en Sitges en el 2010, un pastiche regulero sobre unas sombras que te engullían si te salías de la luz.
En este caso, unos extraterrestres con más energía que las pilas del conejillo rosa de los anuncios, se fulminan a los humanos deshaciéndolos en bosones al contacto con un rayo naranja. Un argumento que podría estar ideado por un chaval de guardería, o aún peor, de la E.S.O.
Efectos especiales a tutiplén, acción sin demasiada neurona y actores desconocidos para una película que dudo que valga una entrada. Así que para esta hora oscura:
LAS OLAS
Vamos a ver, señor Alberto Morais, un consejo, así gratuito, como persona generosa que soy. La próxima vez que haga usted una peli, intente no dejar un trailer de cinco minutos y medio en el que no pasa nada. Por eso de no desmoralizar.
Tampoco es que necesite un avance a lo misión imposible, repleto de explosiones y melenas al viento, pero un mínimo de montaje en algo de longitud más comprimida, quizá ayudaría a no aburrir a las ovejas.
Que no digo yo que la película esté mal, habría que verla. Con Laia Marull ahí, digo yo que algo tendrá. Pero es que después de esta tortura, lo que menos apetece es pagar por echar la siesta en un país en el que es de lo poco que aún nos sale gratis. Así que, hasta que se me demuestre lo contrario:
Existía otro film que, teníamos claro, antes de llegar a la costa catalana, que queríamos ir a ver, ya que sus directores, Alexandre Bustillo y Julien Maury, nos habían regalado una de las películas más bruticas, sangrientas y psicóticas de los últimos tiempos. La francesa “A l’interieur” supuso uno de los mejores descubrimientos del festival SyFy de hace, por lo menos, tres años. Un film desquiciado sobre una loca que quiere arrebatarle el hijo a una mujer, con el agravante de que la segunda aún no ha dado a luz, que produjo más de una cara de asco (y posiblemente alguna retirada).
Con esta carta de presentación, esperábamos mucho de los realizadores galos y su propuesta titulada “Livide”, una historia que parecía mezclar fantasmas y vampiros, pero el tiro no volvió a dar en el centro de la diana. De hecho, apenas alcanzó la diana.
Lucy va a empezar a trabajar como enfermera visitacional, así que comienza a realizar prácticas con la enfermera veterana del barrio, que le hace un tour por los ancianos del lugar que necesitan algún tipo de ayuda. Así que allá que se va, conociendo a los extraños y solitarios seres que precisan de algún cuidado, sorprendiendo a su tutora con su carácter tranquilo y decidido.
Hasta que llega a la ancianísima señora Jessel, una especie de momia que yace en coma en una enorme cama dentro de una mansión de aspecto siniestro, repleta de libros polvorientos y mobiliario de época. Un caserón en el que, según la leyenda popular, se halla un tesoro escondido, que podría solucionar los problemas financieros de Lucy y su pendenciero novio William. Así que ellos dos, acompañados de Ben, el hermano pequeño de William, se adentran una noche en la casa, descubriendo que la mujer no estaba tan en coma como parecía y que la casa esconde un montón de turbios, oscuros y paranormales secretos.
Lo mejor de la película es la ambientación. El departamento encargado del diseño de producción puede estar contento por el ambiente tétrico que logra imprimir a la vieja mansión, rodeando cada estancia de un ambiente malsano, de un olor a mal rollito del más allá. Cada vez que una puerta se abre, descubriendo un nuevo lugar, se nos erizan los pelillos del cogote, suponiendo que algo horrible se esconde detrás. Lástima que la sensación dure poco gracias a una historia sin pies ni cabeza que mezcla ingredientes típicos de películas de terror, consiguiendo una masa informe que se lanza en picado hacia un final cogido con pinzas que logra que se te quede cara de zombie pasmao.
Si la baza de “A l’interieur” se basaba en su simpleza, su historia directa y sin recovecos, alrededor de la cual se tejía un ambiente de tensión, “Livide” peca de todo lo contrario. Bustillo y Maury intentan dar un triple salto mortal con tirabuzón, tripe Axel y sin red cogiendo ladrillos clave de distintos géneros terroríficos y uniéndolos de una forma novedosa y lo que acabamos viendo es un muro sin armonía, que se cae a pedazos, sin un rasgo conjunto que cemente el total.
Lo que durante su primera hora se va apuntalando hacia una película muy bien filmada de casas encantadas, se empieza a desmoronar en cuanto empiezan a salir conejos de distintos colores de todas las chisteras que hay escondidas por la casa, dejando una sensación de guión poco trabajado y escrito a impulsos. Que si un ratito de poltergeist, que si otro de historia de dominación de madre ultraposesiva, que si vampiros heterocrómicos, que si fantasmas bailarines, que si alquimia ocultista… algo muy difícil de unir con gusto y sincronía si no eres un japo loco.
Así que, si bien no es el momento de quitar a los directores su credibilidad, no en vano llevan un 50% de acierto, mucho más de lo que muchos directores pueden decir, esperemos que en su siguiente aventura opten por volver a la sencillez, dado que tienen una buena mano para meter el miedo en el cuerpo al espectador. Aunque de momento, según las webs cinéfilas de la red, no tienen más proyectos que su participación en una obra conjunta que pretende dar la contrapartida a aquel almibarado experimento multicultural llamado “Paris je t’aime” que se titulará “Paris I’ll kill you”, en cuyos créditos figurarán nombres como los de Joe Dante, Vincenzo Natali o Paco Plaza.
Un experimento al estilo “Cuentos asombrosos” que no me pienso perder.
Es curioso. El año en el que salió a la luz una película como “Super 8”, de estética ochentera, de aventuras que nos recuerdan al cine del rey Midas de Jolibú y a nuestra infancia, dirigida por uno de los más avezados sucesores de Steven Spielberg, J. J. Abrams, es el año en el que el director de la gorra vuelve a las películas de aventuras que le hicieron famoso, de puñetazos que suenan ¡pfiu!, de persecuciones imposilbles, de malosos carismáticos.
¿Es eso lo curioso? No. Lo es que, a mi juicio, en una comparación entre ambas películas, el barbudo director pierda la partida. A pesar de alguna secuencia espectacular, algún punto de la película tremendamente brillante, de una tecnología que, ayudado por Peter Jackson, ha subido de categoría y se disfruta en pantalla grande como pocas veces hemos visto, Tintín queda por detrás de las aventuras de los niños de Abrams.
No es que la adaptación del reportero belga sea una mala película, al contrario. Está repleta de buen cine, de ramalazos del gran Spielberg, de acción con sentido y con una buena historia que la sustenta. Hombre, sólo faltaría, teniendo en cuenta el material que tiene a su disposición para construir el armazón. 24 historias que han elevado al personage de Hergé a la categoría de icono universal. Estaba claro que dos cerebros pensantes como los de Spielberg y Jackson no iban a confeccionar una chapuza con semejantes mimbres.
Y aún así, la unión de varias de las historias que han vivido en los comics Tintín, Milú, Haddock, Hernández, Fernández y compañía (en concreto de “El secreto del unicornio”, “El cangrejo de las pinzas de oro” y “El tesoro de Rackham el rojo”), no logran completar una película que me tuviera con los ojos como platos y el culillo apretado. Noto una falta de linealidad o me sobreviene un déficit de interés en lo que está sucediendo en ciertos momentos.
Tintín descubre, en una antiquísima réplica de un barco antiguo, conseguido de casualidad y justo a tiempo en un mercadillo, un mensaje oculto que desencadena una aventura y el conocer, por primera vez, al borrachín, pendenciero, malhablado e impulsivo capitán Haddock. Juntos recorrerán medio mundo para descubrir qué se oculta tras el secreto del Unicornio y enfrentarse al malvado Rackham.
La técnica empleada para rodar la película es la que ya había ensayado en varias ocasiones, olvidándose de algo tan importante como la historia, Robert Zemeckis. Una captura en 3D de los movimientos y las expresiones de los actores que dan lugar a una animación realista con las posibilidades infinitas que proporciona un dibujo animado. Una opción perfecta para adaptar una historia gráfica, ya que nos mantiene en un universo similar al del papel y que han conseguido perfeccionar hasta lograr que nos metamos en la historia a las primeras de cambio y que nos ponga, en más de una ocasión, los ojos como buhos ante tanta virguería técnica.
Además, dicha técnica, permite que apreciemos la labor del actor, que aporta su alma al personaje, algo en lo que Andy Serkis, que se ha metido en la piel de Gollum, King Kong o el monete de “El origen del planeta de los simios”, se ha hecho master absoluto, convirtiéndose en el actor sin rostro más camaleónico del cine actual. En efecto, Serkis está espectacular como el capitán Haddock, sobresaliendo con facilidad por encima del resto de sus compañeros, que no están nada mal. Jamie Bell como Tintín, Daniel Craig como Rackham el Rojo o los inseparables Simon Pegg y Nick Frost como Hernández y Fernández.
Además, cuenta con una de las escenas de acción persecutoria mejor coreografiada y más apasionante de los últimos tiempos. Un larguísimo plano secuencia (¿se puede llamar plano secuencia a algo de una peli de dibujos?), con una imposible persecución en motocicleta y side-car, por las calles de una inventada ciudad portuaria de Marruecos. Una escena en donde Spielberg demuestra que sigue dominando el arte de tenerte con los músculos en tensión y las pupilas dilatadas.
Pros y contras de una película de la que me esperaba algo más. Es el riesgo de haber realizado un puñado de películas que han pasado a la historia del cine y a lo alto de mi Hall of Fame cinéfilo particular.
















